<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732</id><updated>2011-08-02T06:09:26.704-07:00</updated><title type='text'>OBRAS Y LIGEREZAS DE FERNANDO ITURBURU</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cholocepeda.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>86</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-8786863509377529709</id><published>2010-11-05T00:53:00.000-07:00</published><updated>2010-11-05T01:13:04.777-07:00</updated><title type='text'>EL REGRESO DEL CHOLO CEPEDA</title><content type='html'>¡Ya está impreso el tercero de la Trilogía Chola! Calientito y más pilas que nunca, el investigador Cepeda va repartiendo palo a los enemigos del bajo y alto mundo de Guayaquil y otras latitudes, incluyendo a políticos y bravucones de barrio. Como siempre, con escenas callejeras y rumberas y la entrada en escena del policía Kumaris, el abogado Carlos Ferrín, la mujer de Cumaná, los doctores Bonilla y Villacís, la secretaria Yvonne, la Satanasa, entre otros. Cómpralo en el CEN de Guayaquil, o ruega que te den uno grateche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/TNO4dIx_juI/AAAAAAAAAFo/8VPBqoiRmNY/s1600/cholo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 250px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/TNO4dIx_juI/AAAAAAAAAFo/8VPBqoiRmNY/s320/cholo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5535971177681358562" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-8786863509377529709?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8786863509377529709'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8786863509377529709'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2010/11/el-regreso-del-cholo-cepeda.html' title='EL REGRESO DEL CHOLO CEPEDA'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/TNO4dIx_juI/AAAAAAAAAFo/8VPBqoiRmNY/s72-c/cholo.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-792921322874277854</id><published>2010-08-27T14:14:00.000-07:00</published><updated>2010-08-27T15:43:12.118-07:00</updated><title type='text'>Entrevista al antropólogo guayaquileño (Profesor en la U. de Fordham, NY) Hugo Benavides</title><content type='html'>Fragmento tomado de "El águila bajo el sol"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué paralelismos harías entre lo que ocurre en Ecuador y Guayaquil y otras geografías? ¿Qué compartimos y en qué nos diferenciamos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Creo que el mayor beneficio sería en comparar al Ecuador con el mundo caribeño, es un encuentro necesario y doloroso, con un legado cultural que aún no hemos logrado articular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de todos estos años de trabajar sobre Guayaquil y Ecuador ¿Qué cambios has visto en sus habitantes y en la investigación académica? ¿Hay algo que cambiarías o readecuarías a términos más actuales? ¿Cómo entiendes ahora las rivalidades entre costeños y serranos, homosexuales y heterosexuales, blancos versus mestizos/negros/indios/cholos). ¿Aconsejarías alguna forma práctica de solucionarlos? ¿Ha habido una recepción diferente a tu ensayo sobre los enchaquirados?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Estos últimos años he estado haciendo investigaciones en otros países americanos, incluyendo los Estados Unidos y Perú, lo que me ha alejado un poco del análisis de la realidad nacional.  Sin embargo, cada vez que regreso a mi interés de la problemática ecuatoriana, lo que salta es lo fuerte que son las estructuras culturales (o de poder, por llamarlas así) que se mantienen muy sólidas aún cuando los cambios en la superfice parecieran indicar lo contrario.  Al mismo tiempo, no quiero negar que en los últimos años se han producido claros logros políticos muy significativos, pero no sólo queda mucho camino por recorrer sino también, y esto es más importante, la necesidad de apreciar cuáles realmente son los cambios logrados y lo que significa y para quiénes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Analizas el caso del Cristo de los Milagros (el Cristo Negro de Daule) y el regreso de esa imagen, “por sí sola y contra corriente”, como ejemplo de la tensión entre el campo (Daule) y la ciudad (Guayaquil). ¿Podrías decir algo similar en el caso de Narcisa de Jesús? ¿Ves un paralelismo entre el Cristo de los esclavos negros de la Lima colonial y el Cristo de los gitanos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Creo que Narcisa es un excelente ejemplo de esta tensión en la Costa.  Y, como a muchos, me trae recuerdos personales ir a Nobol, al encuentro con esta santa cadáver que, de alguna manera, marcaba (macabramente) pautas mucho más fuertes que las supuestamente religiosas.  Era como regresar a un pasado que era presente, marcado por comidas, gustos, vistas y olores que no teníamos a diario en Guayaquil.  Y, sin embargo, al mismo tiempo lo reconocíamos todo porque eran esos olores y colores los que definían a la gran mayoría de guayaquileños, construyendo en ese sentido otra manera de apropiarse de y negar, a la misma vez y en el mismo modo, nuestra identidad.&lt;br /&gt;...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-792921322874277854?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/792921322874277854'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/792921322874277854'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2010/08/entrevista-al-antropologo-guayaquileno.html' title='Entrevista al antropólogo guayaquileño (Profesor en la U. de Fordham, NY) Hugo Benavides'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-5909138181953541866</id><published>2010-08-22T06:17:00.000-07:00</published><updated>2010-08-22T06:26:58.463-07:00</updated><title type='text'>El águila bajo el sol. Entrevistas a ecuatorianistas de Estados Unidos</title><content type='html'>Hace tiempo comencé a trabajar un libro sobre Guayaquil. En el período de lecturas y recolección de datos me encontré con la bibliografía de algunos ecuatorianistas de Estados Unidos; es decir, profesores e investigadores que han hecho de nuestro país el centro de su trabajo intelectual. A diferencia de otros "interesados" casuales (que también los hay), de esos que usan Ecuador como excusa para viajar, hacerse de amigos "influyentes" y amarrar invitaciones en Congresos internacionales, los que entrevisto en este libro son lo contrario: aman a Ecuador, lo conocen, se bronquean y se preocupan por el país, tienen una relación de comprensión y de amor, saludable, por así decirlo. Esto es lo que marca la diferencia entre los verdaderos y los falsos estudiosos de nuestra realidad y cultura, de nuestra manera de vivir. El libro empieza a circular pero se lo puede adquirir en el Centro Ecuatoriano Norteamericano de Guayaquil (editor del mismo). Quizá haya un lanzamiento en Octubre o Noviembre. Debo advertir que el tercer libro del Cholo Cepeda entrará a imprenta en los próximos meses, a ver si nos encontramos entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/THEjrMDPbVI/AAAAAAAAAFQ/CYhrEyuvEDk/s1600/3era_portada_b.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 229px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/THEjrMDPbVI/AAAAAAAAAFQ/CYhrEyuvEDk/s320/3era_portada_b.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5508223044126993746" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-5909138181953541866?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/5909138181953541866'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/5909138181953541866'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2010/08/el-aguila-bajo-el-sol-entrevistas.html' title='El águila bajo el sol. Entrevistas a ecuatorianistas de Estados Unidos'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/THEjrMDPbVI/AAAAAAAAAFQ/CYhrEyuvEDk/s72-c/3era_portada_b.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-8447704261633443834</id><published>2010-06-19T14:08:00.000-07:00</published><updated>2010-06-19T14:13:40.610-07:00</updated><title type='text'>De "Días de familia" (2006)</title><content type='html'>DIAS DE FAMILIA (2006)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es noche y mi hija duerme junto a mi esposa &lt;br /&gt;en la blanda y amplia cama &lt;br /&gt;cubiertas por el edredón de cuadros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche es silenciosa y fría &lt;br /&gt;la oscuridad del cuarto quebrada por la tenue luz de una lámpara &lt;br /&gt;la quieta nieve descansa sobre las calles &lt;br /&gt;bajo el resplandor de la luna &lt;br /&gt;frente a mí pasa el irremediable pretérito:&lt;br /&gt;el río de mi infancia y el viento del verano &lt;br /&gt;mi barrio y los que me precedieron &lt;br /&gt;la voz de mi madre llamándome. &lt;br /&gt;Mi madre era una mujer blanca y diminuta &lt;br /&gt;y dentro de ella también vivía un río &lt;br /&gt;mientras de sus labios fluía la tarde &lt;br /&gt;ahora ella duerme en el alma de Fabia Matilde &lt;br /&gt;mi hija, la gota de Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ella nació su corazón latía débil &lt;br /&gt;su corazón de pan y yerbabuena &lt;br /&gt;y rezamos y suplicamos a Dios por ella &lt;br /&gt;y en ese momento temí a Dios &lt;br /&gt;y pedimos que el regalo no nos fuera arrebatado &lt;br /&gt;y nuestra súplica fue escuchada &lt;br /&gt;ahora todo es como un interminable juego &lt;br /&gt;y ella crece con su sonrisa, agitando sus bracitos extendidos &lt;br /&gt;como si fuera un pequeño helicóptero de fantasía.&lt;br /&gt;Fabia y yo bailamos música de Sinatra antes de dormir &lt;br /&gt;y también tangos y algunos pasillos que cantaba mi viejo &lt;br /&gt;en el teatro Bogotá, al pié del Cerro Santa Ana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasa la noche con el pretérito y con mi padre &lt;br /&gt;con su traje blanco, el bigote corto, bien delineado &lt;br /&gt;y el pelo negro con brillantina.&lt;br /&gt;Mi padre era uno de esos cholos guapos &lt;br /&gt;que sabía llevar una conversación amena &lt;br /&gt;y tomarse una botella de aguardiente para aplacar el trueno &lt;br /&gt;lo veo en un recorte de periódico de los años cincuenta &lt;br /&gt;anunciando hora y fecha de su presentación &lt;br /&gt;trabajaba en una imprenta &lt;br /&gt;jugaba a las cartas y cantaba cada mañana &lt;br /&gt;con la radio a todo volumen &lt;br /&gt;y cometía los errores más monstruosamente humanos.&lt;br /&gt;Ya retirado, al caer la tarde en la Ciudadela 9 de Octubre &lt;br /&gt;salía al parque del barrio &lt;br /&gt;a recordar su juventud con otros viejos &lt;br /&gt;y nosotros decíamos que eran La Sonora Matancera &lt;br /&gt;y Don Rocafuerte era Caíto y Don Carabalí Don Rogelio &lt;br /&gt;y mi viejo era Daniel Santos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, el barrio es como un tapiz que tejen los indios &lt;br /&gt;en las calladas montañas de los Andes &lt;br /&gt;un tapiz en el cual se graban escenas diarias. &lt;br /&gt;Allí aparecen también nuestro primer paseo en bicicleta &lt;br /&gt;la lista de las mejores canciones de año &lt;br /&gt;el beso inaugural, la primera pelea y las traiciones &lt;br /&gt;los partidos de índor &lt;br /&gt;la quema de los añoviejos y el llanto de sus viudas &lt;br /&gt;la dictadura militar y el colegio Eloy Alfaro &lt;br /&gt;las frutas del trópico y el interminable sol de Guayaquil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sur era nuestro y aferrados vivíamos a ese tiempo. &lt;br /&gt;Sonaban canciones de Cat Stevens, Serrat y los Inti Illimani &lt;br /&gt;como si sonaran pertardos junto con violines &lt;br /&gt;¿Dónde estará Grace Bustamante &lt;br /&gt;vestida de uniforme escolar &lt;br /&gt;cantando canciones de Claudia e Hilda Murillo? &lt;br /&gt;¿Qué historias seguirá inventando Carlos Medina? &lt;br /&gt;¿Cuántos nuevos crímenes habrán cometido mis amigos? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche sigue callada mientras duermen mis mujeres &lt;br /&gt;la lámpara en la sala &lt;br /&gt;sigue encendida y muda en su rincón &lt;br /&gt;Fabiola sueña y se ve sembrando veraneras en el jardín de su casa &lt;br /&gt;mientras Fabia Matilde corre entre las flores &lt;br /&gt;y se dibujan ríos y esteros abriéndose al océano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a mí transcurre mi pecado &lt;br /&gt;de cuando era joven y confundido &lt;br /&gt;en el tiempo y la geografía del mundo &lt;br /&gt;en un mediodía del cual me quedan sólo anónimas calles de Paris &lt;br /&gt;un paseo en bicicleta en Amsterdam &lt;br /&gt;una tienda de armaduras en Londres &lt;br /&gt;los largos días de Oregon y los bares de la Lima colonial &lt;br /&gt;las rieles del tren antes de llegar al Desierto de Palmira &lt;br /&gt;la interminable lluvia de Guayaquil una noche de febrero &lt;br /&gt;mis alumnos y mis compañeros &lt;br /&gt;la última conversación que tuve con Eduardo López &lt;br /&gt;un domingo por la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eduardo murió sin tener un hijo, que era lo que más deseaba &lt;br /&gt;era raro que un poeta quisiera tener un hijo &lt;br /&gt;porque los poetas no quieren tener hijos &lt;br /&gt;ni tener tiempo para los hijos que ya tienen &lt;br /&gt;los poetas quieren solamente escribir un gran poema &lt;br /&gt;en vez de preparar una teta o cambiar pañales &lt;br /&gt;“Para eso están las madres o las empleadas”, nos dicen &lt;br /&gt;mientras se sientan a reflexionar sobre los misterios de la poesía &lt;br /&gt;(como si la poesía tuviera misterios) &lt;br /&gt;y en esas confusiones, los poetas terminan creyéndose superiores &lt;br /&gt;porque nadie los entiende &lt;br /&gt;y se ven como Saturno devorando a sus hijos &lt;br /&gt;casi con orgullo porque ahora ya son dioses y poetas. &lt;br /&gt;Los poetas quieren encontrarse a sí mismos &lt;br /&gt;ser por fin lo que siempre han buscado &lt;br /&gt;pero sin ajustarse cuentas sin verse frente al espejo &lt;br /&gt;hablando de Dios en sus poemas sin creer en Dios. &lt;br /&gt;Eduardo López, en cambio, dijo en un verso &lt;br /&gt;“fui vencido por niños sonrientes” &lt;br /&gt;que es un verso que los poetas nunca podrán escribir. &lt;br /&gt;Eduardo, en verdad, se llevó consigo la sonrisa de esos niños. &lt;br /&gt;En parte, por eso cuestiono la poesía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a mi esposa, ahora me dedico a Fabia Maltide &lt;br /&gt;la más hermosa flor guayaquileña &lt;br /&gt;“Fragancia de los trigales” &lt;br /&gt;y a todas partes quiero ir con mis mujeres de grandes ojos &lt;br /&gt;ahora yo también podré descansar junto a ellas &lt;br /&gt;sobre la blanda y amplia cama.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-8447704261633443834?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8447704261633443834'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8447704261633443834'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2010/06/de-dias-de-familia-2006.html' title='De &quot;Días de familia&quot; (2006)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-1607869622330766249</id><published>2010-04-15T05:29:00.000-07:00</published><updated>2010-04-15T05:30:08.254-07:00</updated><title type='text'>"El libro del barrio" y "Los patriotas del sur" gratis</title><content type='html'>Noticia sobre 2 de mis best-sellers de bodega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El libro del barrio", publicado por el CEN en el 2009, se encuentra aquí, gratis:&lt;br /&gt;http://www.mediafire.com/?mvmgdbne1m5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Igualmente, "Los patriotas del sur" (CEN 2007): http://www.mediafire.com/?lzmgj4ij3rt&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-1607869622330766249?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1607869622330766249'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1607869622330766249'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2010/04/el-libro-del-barrio-y-los-patriotas-del.html' title='&quot;El libro del barrio&quot; y &quot;Los patriotas del sur&quot; gratis'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-401626826086076943</id><published>2010-03-03T13:12:00.001-08:00</published><updated>2010-03-03T13:13:56.918-08:00</updated><title type='text'>El águila bajo el sol. Entrevistas a ecuatorianistas estadounidenses (libro que saldrá pronto)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/S47Q_1QlRrI/AAAAAAAAAFI/xfjWWzaJFd4/s1600-h/Portada+Aguila.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 229px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/S47Q_1QlRrI/AAAAAAAAAFI/xfjWWzaJFd4/s320/Portada+Aguila.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444518794584475314" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[ya daré más detalles]&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-401626826086076943?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/401626826086076943'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/401626826086076943'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2010/03/el-aguila-bajo-el-sol-entrevistas.html' title='El águila bajo el sol. Entrevistas a ecuatorianistas estadounidenses (libro que saldrá pronto)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/S47Q_1QlRrI/AAAAAAAAAFI/xfjWWzaJFd4/s72-c/Portada+Aguila.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-6895516737099905935</id><published>2010-01-28T14:32:00.000-08:00</published><updated>2010-01-28T14:36:18.350-08:00</updated><title type='text'>De "El regreso del Cholo Cepeda"</title><content type='html'>Del cuento "El Nazareno me dijo"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Yo que me voy lejos a olvidarla y lo que hago es recordarla más y más por lo chucha que fue conmigo. En la gaver y cachudo, abandonado por esa meca de mala muerte, me tuve que ir de Guayaquil, cholo varón, dejar el Puerto Principal varón, el Puerto. Tá chévere me dije, de todos modos, por allá también debe haber un buen camello y un vacilón grifil. Así me encamó una vez mi pana el colorado Minguche, un aniñado de Los Ceibos. Lorenzo, me dijo, ándate a la Amazonía. Allá la grifa es riquísima y te puedes meter cualquier cantidad de hongos en el mate, a vaca mú. Ve, varón, hablando de aniñados de Los Ceibos, por allí trajeron a la Bandita de Ceibos Norte, los culicagados tirados a malos que choreaban las caletas de sus mismos panas. Hasta psicólogos les han puesto, como si estuvieran locos. Y lo que pasa es que están locos pero por pegarse una fumiza. Buen sable les espera, ya verán. Pero sigo mi relato, cholo varón. Te decía que la Amazonía es el paraíso de los hippies fumones, las petroleras y un cerro de hijueputas que para qué te cuento, varón, porque allá no se sabe quién es quién ni para quién trabajas.  Y eso que estamos en territorio patrio, como bien dijo el presi: limitamos al norte con las FARC y somos un país de vocación pacífica. O sea: estamos en la verga y cualquiera nos ve la cara de cojudos. Pero vayamos al bollo cholo varón y pásame esa grifa en corto antes de que los muchachos del pabellón se la quieran fumar entre ellos. Yo, que tanto les he acolitado estos meses de soledad compartiendo la mafafa, ahora no quieren dejarme gozar la soledad de la grifera, ni un ratito, ahora que el Nazareno me dijo que cuidara a mis amigos. No hay derecho, varón, no hay derecho. Dime por qué/ dime por qué me abandonaste/ no me atormentes/ amor no me mates/ ten compasión dime por qué."&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-6895516737099905935?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6895516737099905935'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6895516737099905935'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2010/01/de-el-regreso-del-cholo-cepeda.html' title='De &quot;El regreso del Cholo Cepeda&quot;'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7664686935191238483</id><published>2009-11-01T15:52:00.000-08:00</published><updated>2009-11-02T16:21:58.278-08:00</updated><title type='text'>Cielo de otoño en Plattsburgh, NY</title><content type='html'>[Estas fotos las tomó mi fotógrafa privada y esposa: Fabiola Ayala-Poggi -también llamada Japioleta Japioleta]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su93h_9wxJI/AAAAAAAAAFA/LSr_rdkYNhc/s1600-h/azul.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su93h_9wxJI/AAAAAAAAAFA/LSr_rdkYNhc/s320/azul.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399665904230384786" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4f1HDA50I/AAAAAAAAAE4/nZ8qeeGUQ7s/s1600-h/cielo+de+plattsburgh+4.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4f1HDA50I/AAAAAAAAAE4/nZ8qeeGUQ7s/s320/cielo+de+plattsburgh+4.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399288000549021506" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4fwDM8DnI/AAAAAAAAAEw/9-coIaE9980/s1600-h/cielo+de+plattsburgh+3.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4fwDM8DnI/AAAAAAAAAEw/9-coIaE9980/s320/cielo+de+plattsburgh+3.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399287913617559154" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4fsGoI2fI/AAAAAAAAAEo/BxV2EkNMSRk/s1600-h/cielo+de+plattsburgh+2.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4fsGoI2fI/AAAAAAAAAEo/BxV2EkNMSRk/s320/cielo+de+plattsburgh+2.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399287845817473522" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4fnZkwIvI/AAAAAAAAAEg/sd2gcrEmw6E/s1600-h/cielo+de+plattsburgh.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4fnZkwIvI/AAAAAAAAAEg/sd2gcrEmw6E/s320/cielo+de+plattsburgh.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399287765004198642" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4fgS3PQXI/AAAAAAAAAEY/YftJdQ_zODY/s1600-h/luna+de+plattsburgh.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su4fgS3PQXI/AAAAAAAAAEY/YftJdQ_zODY/s320/luna+de+plattsburgh.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399287642943603058" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7664686935191238483?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7664686935191238483'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7664686935191238483'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/11/cielo-de-otono-en-plattsburgh-ny.html' title='Cielo de otoño en Plattsburgh, NY'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Su93h_9wxJI/AAAAAAAAAFA/LSr_rdkYNhc/s72-c/azul.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-4063221383308498456</id><published>2009-09-03T09:17:00.000-07:00</published><updated>2009-09-03T09:20:28.088-07:00</updated><title type='text'>De “Trápala del Minotauro y “De Maitines y Laudes” (1981-1983) [en "Rumor de inventario"]</title><content type='html'>[Pasado el fervor y transición del colegio y a la Universidad Católica, pasados los años de militancia política en búsqueda de justicia social, y pasado mi período de “realismo social” en poesía -en el cual produje un libro que luego destruí, y otros ejercicios de diversión que se perdieron o fueron a dar a manos de gente que jamás volví a ver- entré en una etapa de introspección y abundantes lecturas, sobre todo de los clásicos, tanto “universales” como contemporáneos. Dicho examen interior nunca dejó de estar marcado por un sentido de frustración existencial. Al mismo tiempo, volví a la vida diaria, a disfrutar de mis amigos de barrio y todo lo que eso encierra, pero en mis poemas me centré lo que más pude en un vocabulario que, siendo a veces impersonal y rebuscado, me permitía expresarme de manera íntima. El otro felíz evento de este segundo período fue la entrada al taller literario de Miguel Donoso Pareja, en donde aprendí a ser consistente en organizar un texto, comentarlo, madurar ideas, recibir y hacer crítica positiva a otros integrantes, corregir, toda una revelación para mí.] &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a Miguel Donoso Pareja &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ese enlutable 13 de Julio, sobre las hierbas y a la sombra de un amigo &lt;br /&gt;descubrí que para mí no volvería a transcurrir el tiempo &lt;br /&gt;que empezaba a morirme de tristeza llevando agolpadas en el corazón &lt;br /&gt;a todas las mujeres &lt;br /&gt;esa mañana tarde y noche me estuve encontrando siempre con el Destino &lt;br /&gt;y no sé aún si tuve frente a mí a la Vida o a la Muerte &lt;br /&gt;porque gente olvido lugares que transité rostros y brujas &lt;br /&gt;se estuvieron confundiendo irreconocibles todos ellos &lt;br /&gt;¿en qué cuerpo habito y camino cuando no estoy atrapado de carne? &lt;br /&gt;¿en qué beso se agarrará mi alma? &lt;br /&gt;todo desde ahora es un hondísimo agujero &lt;br /&gt;lecturas abundantes y apresuradas para ver si es posible encontrarme &lt;br /&gt;en algún libro en alguna cita o frase subrayada &lt;br /&gt;sé que debo estar por alguna parte &lt;br /&gt;guardo entonces mi lucidez y expongo una teoría del destierro para mantenerme incesante &lt;br /&gt;desde ese día no transcurro y el maldito aún no pasa aún no pasa &lt;br /&gt;me consagro entonces como ventrílocuo pero sin manos &lt;br /&gt;sin voces ni rodillas que me aguanten &lt;br /&gt;como una cosa arrimada por allí &lt;br /&gt;confundida como paja y escoba &lt;br /&gt;como perdición y laberinto &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Secamente digo que se trata de un archipiélago de sombras: &lt;br /&gt;Alma alborotada y juego de cuchillos encima del blanco &lt;br /&gt;Desvanecimiento y formación de un temporal de rondas &lt;br /&gt;La mano que detiene al sol es un guijarro sobre el pecho &lt;br /&gt;Esta esquina que nos recibe con atuendos y serpentinas a veces falla &lt;br /&gt;La casa descolorida que bordea lo eterno y siempre nos remite al pasado se derrumba. &lt;br /&gt;Ociosos los cuerpos sobre las escaleras que nos hablan de gitanos &lt;br /&gt;Brinca el estupor en estos rostros y cada cita acude a la cita &lt;br /&gt;Todo predestinado todo elaborado pero inadmisible &lt;br /&gt;Los círculos así lo confirman: del polvo al polvo nos dijeron &lt;br /&gt;Hallarse cortando silencios sobre el ojo. &lt;br /&gt;Efectivamente: las contradicciones tienen olor a leche tibia &lt;br /&gt;Dónde mierda el dador. Ahora sólo un ruidito los justifica: &lt;br /&gt;La ventana no se puede cerrar por la persistencia del viento &lt;br /&gt;Nada será ni proximidad ni lejanía tampoco taladros del ahora &lt;br /&gt;Así renacerá la conquista del desencanto: abrazando piedras &lt;br /&gt;“Ya no tendrán en qué pensar estos mortales” &lt;br /&gt;El héroe con su cabeza extraviada iniciará cientos de viajes para encontrarse &lt;br /&gt;Debajo de las ruinas yace el recuerdo del filo y de la sangre &lt;br /&gt;Escondido entre matorrales este sapo vulgar se presenta: &lt;br /&gt;“A nosotros tampoco nos maravillan los nevados o los mares” &lt;br /&gt;Qué invocaciones qué sordera más precisa qué errores &lt;br /&gt;La soledad que yo nombro pertenece al desconcierto &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los piqueros tristemente me van abandonando con sus cantos &lt;br /&gt;Y soy como un caracol rebosante de algas &lt;br /&gt;Hablo siempre desde el fondo de esta oscura caja muerta &lt;br /&gt;Cuando miro y cambio de rumbo yo sé que una vela más se enciende en mi velorio &lt;br /&gt;¿Será por esto que en mis sueños aparecen aquellos que hace mucho fallecieron? &lt;br /&gt;Están presentes: la ceniza y el agua detrás del manuscrito las botellas vacías &lt;br /&gt;En las frías bodegas los periódicos pasados &lt;br /&gt;¿Será que aún las cosas profundamente se ingenian una manera de acercarme al &lt;br /&gt;exterminio? &lt;br /&gt;Yo les hablo siempre a los demonios, les digo que a cada rato &lt;br /&gt;Entro y salgo de la muerte y ellos no me escuchan, desprestigian mis honores: &lt;br /&gt;“Mortal, si creyéramos en ti, creeríamos en nosotros” &lt;br /&gt;Mi vida entonces es como un islote poblado por iguanas &lt;br /&gt;Es la crónica de “un sombrío muchacho medio loco” &lt;br /&gt;¿Quiero volver a las ruinas amarradas a voces y a palomas? &lt;br /&gt;¿Cómo saltarán las ratas y los sapos cuando pierda el triste equilibrio del sujeto? &lt;br /&gt;Volver a neblina huir de los faroles &lt;br /&gt;Es descansar por cuenta propia &lt;br /&gt;Cedo al enjuiciamiento de los otros: salgo de las imágenes y empiezo a correr &lt;br /&gt;Sobre la acera &lt;br /&gt;Por fin renacen mis horarios &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armaré los retazos de los que un día me maldijeron &lt;br /&gt;El día en que pierda el triste equilibrio del sujeto saldré a buscar diarios revistas fechas &lt;br /&gt;Ese lúgubre día de la pérdida total del Firmamento podré dedicarme a secuestrar mujeres &lt;br /&gt;y a quererlas &lt;br /&gt;Arrojaré las cenizas de los que me precedieron &lt;br /&gt;Y la borrachera de la esquina será el cedazo de las bondades &lt;br /&gt;Y los hombres anexarán sus cataclismos y virtudes &lt;br /&gt;Las brutales permanencias golpearán los urinarios &lt;br /&gt;Esas orejas concentrarán todas las voces. Gemirán el descontento &lt;br /&gt;Críticas arropadas que emergen a la inundación del abrazo &lt;br /&gt;Mis deudas contribuirán a la edificación del rompeolas &lt;br /&gt;Habrá cuidados posteriores (que la advertencia siga el curso de los ríos) &lt;br /&gt;El día en que la razón se me extravíe una inocente figura poblará las manos &lt;br /&gt;Invirtiendo y destruyendo toda recluída destreza &lt;br /&gt;Haciendo que los muertos persistan &lt;br /&gt;¡Ya pondremos nombres a estas calles! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carros vi que llevaban multitudes para ser exterminadas &lt;br /&gt;¡Asimílate lengua a la boca de los desarparecidos &lt;br /&gt;Bajo el techo de esta casa familiar! &lt;br /&gt;¡Asimílate! &lt;br /&gt;Y sostén aún el secreto rito por la eterna duda de la salvación &lt;br /&gt;Que no sea un solo hombre el descubridor de la basura y lo profano &lt;br /&gt;¡Asimílate! &lt;br /&gt;Para exterminar el privado placer del que discierne &lt;br /&gt;Destruye el temor al castigo batiéndote contra él &lt;br /&gt;Guardián de ovejas &lt;br /&gt;Que el temblor de las arterias sea propicio en la advertencia &lt;br /&gt;En el contraste de la paz y el perdón &lt;br /&gt;Que no venza otra vez la mercancía &lt;br /&gt;No se construye la playa añadiendo de uno en uno sus elementos &lt;br /&gt;Deja que el mar arroje constelaciones desde el fondo &lt;br /&gt;Que la hormiga bruta se consagre en esa hazaña &lt;br /&gt;Que la bofetada del tiempo descarne &lt;br /&gt;Todo oficio tiene lugar y recompensa &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí Leoncio Datus siempre fue un torpe misántropo &lt;br /&gt;Ahora sus palabras resuenan en mis oídos: &lt;br /&gt;“Yo no persigo los encierros &lt;br /&gt;pero tampoco me desvaneceré en las manos del que amasa” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No permitan refererir mi tiempo al tiempo de los otros &lt;br /&gt;Ni al tiempo de las cosas &lt;br /&gt;Ni al propio tiempo mío &lt;br /&gt;Necesito destrozar los verbos terrenales &lt;br /&gt;Codificar los panales y la sangre &lt;br /&gt;Más allá del movimiento de la palabra &lt;br /&gt;Sin reposo &lt;br /&gt;Fusiónense el beso y el cataclismo &lt;br /&gt;Incluídos el tambor y la luz de los desvelos &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es el anciano pordiosero el que debe responder &lt;br /&gt;El señor fenece en su mansión y sus propiedades &lt;br /&gt;Mas la cosa banal no se trasmuta cuando anhela &lt;br /&gt;Sino cuando en su límite visualiza el descalabro &lt;br /&gt;Eterna es la batalla por romper el pétreo encierro &lt;br /&gt;Fortaleza con altares torres y habitaciones &lt;br /&gt;Resiste el empeño el exterminio &lt;br /&gt;Pero sucumbe en su rajadura &lt;br /&gt;No es el sitiar lo que derrota &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la voz articulada a la trápala inaudita &lt;br /&gt;Festina todo lo que puedas eunuco esclavo de ciudades &lt;br /&gt;Mientras los espías descubren el castigo sigiloso &lt;br /&gt;¡Pueblo de caldeos! &lt;br /&gt;No olviden la ceremonia y la sepultura &lt;br /&gt;Reliquia y atavismos son presentes merecidos &lt;br /&gt;El viento arruinador sopla y filtra grietas &lt;br /&gt;Reposa el cuerpo &lt;br /&gt;Y el sueño se apodera de los ojos &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como cruce de aguas es el terreno humano &lt;br /&gt;Como himno vacío sin hazaña &lt;br /&gt;Guardándose del predar del enemigo &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y toda expedición está incrustada de sorpresas &lt;br /&gt;Creciendo bajo el silencio y la confesión inconstante &lt;br /&gt;Buscando el estómago vital &lt;br /&gt;No el sol muerto sino el alborotado ojo de la vigilia &lt;br /&gt;-milenaria parábola del lagarto mordiendo amapolas- &lt;br /&gt;Ejemplo constante de la ecusetsre o canina silueta de espoma &lt;br /&gt;Del cangrejo danzando en torno al agujero &lt;br /&gt;Nada igual al fondo del océano &lt;br /&gt;Nada igual a la sombra de reptiles en el pozo &lt;br /&gt;Ni a la grieta erosionada por las bestias &lt;br /&gt;Ni al camino dividido y clasificado en categorías de alimañas &lt;br /&gt;Hombre contra hombre maldiciendo y arrojándose balas y comida &lt;br /&gt;En la ciudad también muriendo de sueño &lt;br /&gt;Reposando en el borde de los días &lt;br /&gt;Acostumbrado a que un día solamente haya celebraciones &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelve a los brazos el hijo &lt;br /&gt;Registra cuentas la carne &lt;br /&gt;Línea en el espacio que deja ver más líneas &lt;br /&gt;Olfato que deduce alimento y peligro &lt;br /&gt;Pájaro acabado por pájaro &lt;br /&gt;Fruta consumida por animal silvestre &lt;br /&gt;Hospedado &lt;br /&gt;El monje escribe el paisaje esplendoroso &lt;br /&gt;Consagra el recuerdo: &lt;br /&gt;Cima del alba donde ocurren los límites &lt;br /&gt;Hora que fluye mientras unifica e interroga &lt;br /&gt;Trilogía inverosímil de la estupidez &lt;br /&gt;El rostro engaña cuando muestra un camino concluído &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a Luis Cepeda, &lt;br /&gt;Iván Zavala y &lt;br /&gt;Leoncio Datus &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el centro del fuego hay otro fuego &lt;br /&gt;Como crucigrama de palabras &lt;br /&gt;Como formas inconclusas y ejercicios matemáticos &lt;br /&gt;Otro tiempo sin sombras ni alegorías &lt;br /&gt;Un puente y detrás de ese puente otro más &lt;br /&gt;Y al final más tiempo y territorio &lt;br /&gt;¿Es esta la inverosímil tierra de los esclavos y los amos? &lt;br /&gt;Llegué a un punto de arena &lt;br /&gt;En las dunas, en los montículos de cactus &lt;br /&gt;Entre los viejos epitafios de un cementerio de Data &lt;br /&gt;Para ver sentidos y razones anteriores &lt;br /&gt;Y solo hallé otro fuego y otro tiempo infinito &lt;br /&gt;Lo demás era un pasado que se magnificaba inútilmente a sí mismo &lt;br /&gt;Palabras que reflejaban inmóviles figuras &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de leche de cabra, de pimienta y cal &lt;br /&gt;cara de rinoceronte herido: verás cómo la muerte se arruga se hace hormiga &lt;br /&gt;cercarla y arrancarle el mar y el cielo de los ojos: el olvido seguro lo tiene &lt;br /&gt;cerveza y bambalina para las fiestas. ocaso del buitre solo &lt;br /&gt;qué hubo de la última fiesta de los palos y los libros &lt;br /&gt;“jirafa en la cabeza” me dice. esto es pared mosaico pizarra zapatos cafés ojos y orejas. &lt;br /&gt;eso es todo. &lt;br /&gt;hacer una muñeca de cera y enterrarle agujitas: beberle la vida y la muerte &lt;br /&gt;irle a dar serenos con los lagarteros en media semana. &lt;br /&gt;saca su aliento. lo toma en sus manos, lo corta lo hace pelotita y lo lanza &lt;br /&gt;¡estalla! se ríe y lo hace otra vez. se levanta, cruza y vuelve &lt;br /&gt;se toma ahora el pensamiento. &lt;br /&gt;no la visito. no le digo que la quiero. no le hablo. no me ve &lt;br /&gt;esta mariposa sabe que yo existo &lt;br /&gt;cabe que existo &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a Juan Carlos Josse y Urías Fuenzalida &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cargábamos gruesos árboles derribados por el tiempo &lt;br /&gt;En medio del préstamo de cobijas contra el frío &lt;br /&gt;De la protección contra el aullido de los animales &lt;br /&gt;En campo abierto &lt;br /&gt;Uno de nosotros empezó a arrancar hierbas de la tierra &lt;br /&gt;Despejando la cal &lt;br /&gt;El viento trajo aves vencidas por el extenuante aleteo &lt;br /&gt;El sol marcó nueva hora &lt;br /&gt;“Trata de salir por otro camino” &lt;br /&gt;Tocando las piedras &lt;br /&gt;Apropiándose de sus formas mis manos conocieron el lugar &lt;br /&gt;Detrás de la pared la bestia intuía mientras bufaba &lt;br /&gt;La lluvia ausente en la represa deja los artificios en el fondo &lt;br /&gt;Al doblar la primera esquina escuché: &lt;br /&gt;“Regresa, eso no tiene salida” &lt;br /&gt;Contra las horas vencidas se levantan los muros &lt;br /&gt;Aumentando el agujero del fin de las bandadas de pájaros &lt;br /&gt;La abulia descubría la dirección &lt;br /&gt;Llevándonos a cualquier parte para alejarnos &lt;br /&gt;La gente maldice el camino final de sus semejantes &lt;br /&gt;Perdidos entre los puntos cardinales el dueño del hotel nos invitó al descanso &lt;br /&gt;Y allí pasamos algunas horas &lt;br /&gt;Palo en la carne cuando caen el ojo y el dinero &lt;br /&gt;El viejo usurero cobró el hospedaje &lt;br /&gt;Adjudicándose a su eterna aventura de posesión &lt;br /&gt;Olvidamos ese acontecimiento jurando no regresar &lt;br /&gt;En la plaza la vendedora los timadores los mendigos &lt;br /&gt;Hablan y horadan los recuerdos de las sentencias inscritas y borradas &lt;br /&gt;Se testimonia en medio del delatador ruido &lt;br /&gt;Cómplice el que obra y el que calla &lt;br /&gt;Mientras hubo el abrazo fueron cifrando los mensajes &lt;br /&gt;“En la frente del traidor” &lt;br /&gt;Nosotros mirábamos el camino por el que vendrían &lt;br /&gt;Contagiados por la validez de la marca &lt;br /&gt;Refundidos en una casa &lt;br /&gt;Conociendo las habitaciones irrepetibles &lt;br /&gt;Esperamos que otros temerosos vinieran &lt;br /&gt;Pero sólo divisamos intercambiarios en el horizonte &lt;br /&gt;Trayendo la oscuridad de pandillas sus desafueros &lt;br /&gt;Amando la cadena la rendición y el desengaño &lt;br /&gt;Proponiendo la felicidad bajo el compromiso y la firma &lt;br /&gt;¡Ah! Traficantes del amor &lt;br /&gt;Bajo el imperio sucumbe la esencia fatua &lt;br /&gt;“No tienes otras excusa para detenerte, síguelos” &lt;br /&gt;Los otros ya habían salido del territorio y yo tras ellos &lt;br /&gt;El mercader persiguiéndonos para continuar el nuevo préstamo &lt;br /&gt;Mientras que la muchedumbre cargada de animales y santuarios &lt;br /&gt;se situaba alrededor &lt;br /&gt;No hay recipiente que soporte el pasado de sus días &lt;br /&gt;Ejecutaron una caravana con el progreso del viento y el sol &lt;br /&gt;Y he aquí los cuerpos vencidos por las pisadas de los camaleones &lt;br /&gt;Nuestro inicial temor aún era la prudencia y el consejo &lt;br /&gt;Inventaron en el festín la muerte &lt;br /&gt;Cuando partieron &lt;br /&gt;Solo quedó la inmensidad del campo con las lápidas destruídas &lt;br /&gt;Hacia él regresamos para revisar si las hojas secas habían reverdecido &lt;br /&gt;O si todo era cueva de roedores &lt;br /&gt;En campo abierto &lt;br /&gt;Habitado por forasteros de turno preparando el asesinato &lt;br /&gt;Silenciosos ante las miradas &lt;br /&gt;Arrancando la hierba &lt;br /&gt;Escudriñando los lugares vacíos &lt;br /&gt;Buscando otras razones en los mismos agujeros&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-4063221383308498456?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4063221383308498456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4063221383308498456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/09/de-trapala-del-minotauro-y-de-maitines.html' title='De “Trápala del Minotauro y “De Maitines y Laudes” (1981-1983) [en &quot;Rumor de inventario&quot;]'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-4319656034248005986</id><published>2009-08-23T13:42:00.000-07:00</published><updated>2009-08-23T13:52:00.345-07:00</updated><title type='text'>El libro del barrio</title><content type='html'>Muchos escritores logran fraguar en su obra una identidad comunitaria que llega a trascender los límites nacionales y, de alguna manera, le permite al lector de otras geografías identicarse con dicho autor, en una especie de reconciliación autor/a-lector/a, como hace tantos años lo estableció Roman Jackobson, al hablarnos del esquema comunicativo y las funciones del lenguaje. Esta complicidad entre quien escribe y quien lee contribuye a forjar la “comunidad imaginaria” de la cual nos habla Anderson-Imbert y que se caracteriza por tener un proyecto histórico común, a veces una misma lengua pero, sobre todo, un mismo sueño y búsqueda de sentido e identidad históricos. Cuando dicha relación va tomando cuerpo, la literaratura nos da escritores que representan un país, un período o una escuela, como son los casos de Cervantes y España, Lope de Vega y Madrid, Borges y Buenos Aires, Onetti y Santa María, García Márquez y Macondo, Faulker y Yoknapatawpha, James Joyce y Dublín, Lezama Lima y la Habana, Juan Rulfo y Comala. Entre los ecuatorianos tendríamos a Medardo A. Silva, Gallegos Lara, Fernando Nieto Cadena y Guayaquil, José de la Cuadra y el litoral ecuatoriano, Jorge Ycaza y Quito o el indigenismo, por citar algunos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una aproximación más cercana a la organización urbana de los lugares mencionados, como si se tratara de un close-up de cámara satelital, encontraremos barrios, calles, cuadras, esquinas y rincones en los cuales transitan los personajes literarios que captan nuestra atención y nos representan o tienen algo de nosotros. Este acercamiento detalla el espacio y concreta la obra. Parte fundamental de la composición de la obra literaria es la trama: lo que ocurre, con sus pasiones, deseos y frustraciones, y los personajes que las vehiculan. Así, a lo largos de párrafos, capítulos, cuentos, crónicas, sketches o poemas, los nombres de dichos personajes y sus voces cobran vida y, al hacerlo, los asumimos como nuestras. Todo lo que ocurre en el libro es lo que nos ocurre a nosotros mismos, o es lo que podemos imaginar le puede ocurrir a otros. En esta dimensión de consumo del texto existe lo que llamo, acaso de manera poco original, el libro del barrio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este sentido, debemos recordar que el arte y la literatura son la expresión estilizada de una necesidad por mantener viva la memoria y la imaginación de los pueblos, de los seres humanos concretos, y de testimoniar nuestro paso por este mundo. A dicho esfuerzo total se lo llama Libro, a secas, y su primer autor en un ser al que muchos llaman Dios. El gran medievalista Ernest Curtius articula el concepto del Libro a la Edad Media occidental y lo ve como un ejercicio divino en el cual la mano del autor transcribe lo que El conoce desde siempre. Así, los supuestos afanes totalizadores de la Modernidad son, a la postre, y de manera sencilla y práctica, simplemente destellos de un proyecto mucho mayor, el mismo que Jorge Luis Borges percibió como una tarea infinita, sea en forma de memoria eterna (Funes, el memorioso), visión simultánea (El Aleph), escritura infinita (El Libro de Arena), espacios irrepetibles (El jardín de los senderos que se bifurcan), o acciones déjà-vu (El Evangelio según Marco, Guayaquil o Pierre Menard, autor del Quijote ). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esta percepción del paso de los seres humanos por el tiempo no sólo existe en las grandes obras sino, sobre todo, en la vida concreta de la gente concreta, en sus deseos, tareas y rutinas, en los movimientos de sus cuerpos y en sus emociones. La prueba de la existencia de las personas son tanto sus huellas como los sonidos, la respiración y las palabras articuladas. Y esta gente es tan variada como la vida misma. Esta gente es todas las razas y las clases sociales, y lo que vivieron y dejaron pasar en la vida (y la vida misma, que los pasó sin ellos dares cuenta, como dice Pablo Milanés). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, ¿Por qué creer que sólo un número reducido de estilos o autores similares representa al complejo grupo o comunidad? ¿Cuál es el temor a aceptar que la riqueza de la vida está más allá de lo nosotros vemos o creemos? Temo que las respuestas sean sólo un indicio más de nuestro exagerado personalismo post-moderno. En lo personal, espero sinceramente navegar en otras aguas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si todo libro es una memoria social y ésta una mínima e instantánea formalización de las parcialidades de la historia, justo es que pensemos en la inclusión de los demás como norma de trabajo. Así, podremos decir con certeza que "El libro del barrio" (por mantener el títitulo de mi libelo) somos todos y todo, con todo lo que llevamos dentro: las buenas y malas cosas, o, para decirlo con Gilles Deleuze: todo lo que fluye. Lo que con tanto esfuerzo logró Edgar Lee Masters en su Spoon River Anthology, al contar en retrospectiva la vida de cada uno de los habitantes de un pueblito de los Estados Unidos, así como el empecinamiento legendario del poeta Fernando Nieto Cadena en asumirse solamente como guayaquileño (en detrimento de una ecuatorianidad que no siente), y cuya poesía gravita sobre la manera de ser de un hombre de clase media popular del trópico (ecuatorial y/o caribe), son ejemplos de que se puede articular un libro desde la asunción de lo que dice una comunidad, o de ser la voz de la misma comunidad pero de manera individualizada. En ambos casos, se trata de un colectivo que testimonia su paso por el mundo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-4319656034248005986?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4319656034248005986'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4319656034248005986'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/08/el-libro-del-barrio.html' title='El libro del barrio'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-920934692097412880</id><published>2009-07-31T10:17:00.001-07:00</published><updated>2009-07-31T10:17:57.885-07:00</updated><title type='text'>Lanzamiento de antología de poesía ecuatoriana TAPESTRY OF THE SUN</title><content type='html'>Un viejo sueño mío se ha realizado: traducir al inglés a poetas ecuatorianos, sobre todo que viven en Guayaquil. La contribución de Alexis Levitin, traductor profesional con un record impresionante de publicaciones, fue decisiva para esta empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miércoles 5 de Agosto, a las 7pm, en el Centro Ecuatoriano Norteamericano, tendrá lugar el lanzamiento (en realidad una formalidad, puesto que es un libro impreso en EEUU para ser distribuído en ese país, pero vale el homenaje a los poetas incluídos). Es un inicio y ojalá sirva para que otros poetas ecuatorianos sean traducidos a otros idiomas. Vanidad aparte, la cubierta (con un cuadro de Hernán Zúñiga) y la impresión son, simplemente, exquisitas. En vez de poner el énfasis en lo negativo (verle fallas a la obra), celebremos que por fin algunos de los nuestros -los no afiliados al poder centralista- serán leídos en otras partes del mundo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-920934692097412880?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/920934692097412880'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/920934692097412880'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/07/lanzamiento-de-antologia-de-poesia.html' title='Lanzamiento de antología de poesía ecuatoriana TAPESTRY OF THE SUN'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7418820961517302621</id><published>2009-07-09T03:04:00.000-07:00</published><updated>2009-07-09T03:11:05.124-07:00</updated><title type='text'>EL LIBRO DEL BARRIO</title><content type='html'>Lanzamiento&lt;br /&gt;Jueves 30 de Julio, 7pm&lt;br /&gt;Centro Ecuatoriano Norteamericano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Fotos de la portada: Charlie Pérez]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SlXBrwHoMlI/AAAAAAAAAD4/aRWUjQYjYBo/s1600-h/afiche-1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 225px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SlXBrwHoMlI/AAAAAAAAAD4/aRWUjQYjYBo/s320/afiche-1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5356400289222505042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto que he hablado y hablo de ese microcosmos, he aquí lo que, de manera concentrada, entiendo y asumo: "El libro del barrio". Se trata de una antología que va de canciones, poemas y entrevistas hasta crónicas, ensayos y posts de blogs. El tema unificador es lo que ocurre en Guayaquil, en la música popular y en la vida diaria. Un libro que, por la diversidad del material incluído, aspira a ser de entretenimiento e información, con lecturas breves y claras. Espero verlos por el CEN. Y gracias. f.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SlXBjUlrt2I/AAAAAAAAADw/Nkq0tuOI6QY/s1600-h/invitacion.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 230px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SlXBjUlrt2I/AAAAAAAAADw/Nkq0tuOI6QY/s320/invitacion.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5356400144393418594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7418820961517302621?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7418820961517302621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7418820961517302621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/07/el-libro-del-barrio.html' title='EL LIBRO DEL BARRIO'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SlXBrwHoMlI/AAAAAAAAAD4/aRWUjQYjYBo/s72-c/afiche-1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7394016935740502291</id><published>2009-07-04T16:04:00.000-07:00</published><updated>2009-07-05T02:23:55.818-07:00</updated><title type='text'>Lanzamiento de un libro mío en la Expo Libro de Guayaquil</title><content type='html'>Martes 14 de Julio del 2009; 19:00 horas.&lt;br /&gt;en la Urna Norte "Demetrio Aguilera" de la Expolibro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este libro fue publicado hace varios años en EEUU, pero es desconocido en Ecuador. Gracias a una gentileza del Consulado del Perú, y a su personero principal, el Sr. Cónsul Jorge Raffo, aparece ahora esta segunda edición. Copio abajo lo que la University Press of the South (New Orleans) ofrece como información en su catálogo on-line &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TITULO: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"(Auto)biografía y Misticismo Femeninos en la Colonia. La Relación escrita por Madre Josefa de la Providencia sobre Madre Antonia Lucía Maldonado.&lt;br /&gt;by Fernando Iturburu (State University of New York at Plattsburgh)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SINTESIS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Colonia en America Latina incluye una gran cantidad de manuscritos inéditos, escritos por monjas y mujeres religiosas criollas.  Este libro se centra en uno de estos.  Trata de evidenciar la manera en que historia, política y temas relacionados con los conceptos de raza y género sexual emergen y estructuran relaciones muy complejas en el Virreinato de Lima, durante los siglos XVII y XVIII.  Este trabajo es un análisis y edición crítica de la Relación escrita por Madre Josefa de la Providencia (1747), publicado casi cincuenta años más tarde (1793), sobre su madre espiritual, Madre Antonia Lucía Maldonado (1646-1709).  Es también un estudio de la formación de un beaterio, el rol de su fundadora, la creación de una comunidad femenina independiente y el proceso de negociación entre las carmelitas descalzas y la jerarquía masculina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DEL AUTOR&lt;br /&gt;Fernando Iturburu has published short stories, poetry and essays in Colonial and Contemporary Latin American Literature.  He is currently Assistant Professor of Spanish at the State University of New York at Plattsburgh, USA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí, parte de la portada original, hecha por pintor y escultor quiteño Juan Ormaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Sk_hpW9iRPI/AAAAAAAAADo/67svOP4vOuc/s1600-h/Iturburucoverart.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 230px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Sk_hpW9iRPI/AAAAAAAAADo/67svOP4vOuc/s320/Iturburucoverart.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354746582621373682" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7394016935740502291?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7394016935740502291'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7394016935740502291'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/07/lanzamiento-de-un-libro-mio-en-la-expo.html' title='Lanzamiento de un libro mío en la Expo Libro de Guayaquil'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Sk_hpW9iRPI/AAAAAAAAADo/67svOP4vOuc/s72-c/Iturburucoverart.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7224981574327841743</id><published>2009-06-25T10:15:00.001-07:00</published><updated>2009-07-03T02:52:29.641-07:00</updated><title type='text'>Oh, barrio. "En tus calles yo crecí/ y allí quisiera morirme" (Ciudadela 9 de Octubre. Guayaquil)</title><content type='html'>La cita del título sale de una canción de Marvin Santiago (creo, autoría de Tite Curet), ambos boricuas. Pero como trópico es trópico y ya está establecido que "Guayaquil es el último Puerto del Caribe y primero del Infierno", vale la relación (entre negros nos entendemos). Aquí aparece la Avenida 3ra de la Ciudadela 9 de Octubre: a la derecha el colegio Eloy Alfaro (mi colegio) y a la zquierda el Parque de la Madre con la calle 7, bifurcándose en los parterres que llegan hasta la Domingo Comín. En estas calles crecí y, como ocurre con todo hombre de zona popular, en estas calles moriré, cuando llegue la hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SkOxCUJ1uBI/AAAAAAAAADc/UXUYp6ckmu8/s1600-h/2300129.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SkOxCUJ1uBI/AAAAAAAAADc/UXUYp6ckmu8/s320/2300129.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5351315435574114322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7224981574327841743?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7224981574327841743'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7224981574327841743'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/06/oh-barrio-en-tus-calles-yo-creci-y-alli.html' title='Oh, barrio. &quot;En tus calles yo crecí/ y allí quisiera morirme&quot; (Ciudadela 9 de Octubre. Guayaquil)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SkOxCUJ1uBI/AAAAAAAAADc/UXUYp6ckmu8/s72-c/2300129.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-451733182216251892</id><published>2009-06-21T17:05:00.001-07:00</published><updated>2009-06-21T17:11:35.272-07:00</updated><title type='text'>De por qué vale la pena ser padre</title><content type='html'>Sólo para que se pongan bravos (o se alegren, según), un par de fotos con mis trumbirungas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Sj7LAOnNaPI/AAAAAAAAADM/1sOEWr4IaWE/s1600-h/100_2156.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Sj7LAOnNaPI/AAAAAAAAADM/1sOEWr4IaWE/s320/100_2156.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349936612145719538" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[Aquí, cruzando en el ferry que va desde Plattsburgh, en el norte de NY, a Vermont. Luego nos fuimos más hacia el norte y el cielo estaba tan azul y soleado como en esta foto]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Sj7LLDXmogI/AAAAAAAAADU/xCiImdNDYko/s1600-h/100_2191.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Sj7LLDXmogI/AAAAAAAAADU/xCiImdNDYko/s320/100_2191.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349936798106034690" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[Esta foto es de antología, pues Fabiola siempre rehúsa a verse retratada de cualquier manera. La pobre, aún no se acostumbra a la pérdida de su estatus de diva. Es de la semana anterior, en el Mall, luego de haber visto la película UP, que no convenció a ninguno de los 3]&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-451733182216251892?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/451733182216251892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/451733182216251892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/06/de-por-que-vale-la-pena-ser-padre.html' title='De por qué vale la pena ser padre'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Sj7LAOnNaPI/AAAAAAAAADM/1sOEWr4IaWE/s72-c/100_2156.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-8958416872732967667</id><published>2009-05-25T15:36:00.001-07:00</published><updated>2009-05-25T15:38:01.249-07:00</updated><title type='text'>Fabia y yo, antes de su cumpleaños</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/ShsdpVUhAjI/AAAAAAAAADE/6rrrrxxNKxc/s1600-h/100_1769.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/ShsdpVUhAjI/AAAAAAAAADE/6rrrrxxNKxc/s320/100_1769.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339894379112890930" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;["Por favor, no molestar". Foto de Fabiola Ayala Poggi]&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-8958416872732967667?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8958416872732967667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8958416872732967667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/05/fabia-y-yo-antes-de-su-cumpleanos.html' title='Fabia y yo, antes de su cumpleaños'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/ShsdpVUhAjI/AAAAAAAAADE/6rrrrxxNKxc/s72-c/100_1769.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-5866463153501803778</id><published>2009-05-18T08:25:00.000-07:00</published><updated>2009-05-22T16:29:18.053-07:00</updated><title type='text'>De cuando quería ser padre</title><content type='html'>La primera vez debe haber sido cuando tenía a mis sobrinos Katty y Germán en mis brazos, siendo yo casi niño y luego un adolescente. La segunda vez, sin duda, en Francia, mientras cuidaba a Egon y Romain, a quienes quería como si fueran mis hijos. Yo tenía 24 y ellos 5 y 10 años, pero los quería como si fueran míos (¿en dónde estarán mis muchachos ahora?). La tercera vez ya no tenía a nadie conmigo y fue en Nueva York, en el duro y violento otoño de 1988, cuando llegué por primera vez al norte. En la radio escuché esta canción (Lollipops and Roses) que logré grabar en un viejo cassette y que abría en mí fuertes deseos de participar en el curso de la vida. Hoy vuelve a mí porque Fabia tendrá pronto cuatro años, aunque conmigo, evidentemente, ella venía existiendo desde que yo mismo era un niño, así como parte de nosotros seguirá existiendo en los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LOLLIPOPS AND ROSES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tell her you care, each time you speak,&lt;br /&gt;Make it her birthday each day of the week,&lt;br /&gt;Bring her nice things, sugar and spice things,&lt;br /&gt;Roses and Lollipops,&lt;br /&gt;And Lollipops and Roses . . .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;One day she’ll smile, next day she’ll cry,&lt;br /&gt;Minute to minute, you’ll never know why!&lt;br /&gt;Coax her, pet her, better yet get her,&lt;br /&gt;Roses and Lollipops,&lt;br /&gt;And Lollipops and Roses . . .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;We try acting grown up, but as a rule,&lt;br /&gt;We’re all little children, fresh from school . . .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;So, carry her books, that’s how it starts,&lt;br /&gt;Fourteen to forty, they’re kids in their hearts . . .&lt;br /&gt;Keep them handy, flowers and candy,&lt;br /&gt;Roses and Lollipops,&lt;br /&gt;And Lollipops and Roses . . . &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/3iCDasMAyKM&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/3iCDasMAyKM&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Shc1GHM54WI/AAAAAAAAAC8/SR8coUQFgOQ/s1600-h/100_1724.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Shc1GHM54WI/AAAAAAAAAC8/SR8coUQFgOQ/s320/100_1724.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338794262399672674" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-5866463153501803778?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/5866463153501803778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/5866463153501803778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/05/de-cuando-queria-ser-padre.html' title='De cuando quería ser padre'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/Shc1GHM54WI/AAAAAAAAAC8/SR8coUQFgOQ/s72-c/100_1724.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-8489016241823280126</id><published>2009-04-18T08:21:00.000-07:00</published><updated>2009-04-18T08:23:12.269-07:00</updated><title type='text'>Los patriotas del sur (libro on line)</title><content type='html'>Los interesados en bajar/leer uno de mis super éxitos de bodega, "Los patriotas del sur", pueden hacerlo desde la dirección que aparece abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://es.geocities.com/descargareditorial2009/index_i10.htm&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-8489016241823280126?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8489016241823280126'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8489016241823280126'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/04/los-patriotas-del-sur-libro-on-line.html' title='Los patriotas del sur (libro on line)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-2203603942792691351</id><published>2009-03-24T16:33:00.001-07:00</published><updated>2009-03-24T16:33:49.306-07:00</updated><title type='text'>Días de lluvia en Guayaquil</title><content type='html'>¡La lluvia y el barrio al fin!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sábado llegué a las 4 y 30 al parque de mi Ciudadela 9 de Octubre. Había varios carros, llovía a cántaros y vi a los patriotas del sur, felices, entre los 40 y los 50 y pico de años jugandp pelota en la calle. Habían organizado una fiesta de barrio sólo porque sí. La Chocota era la del encame, junto a Nina Pacari y la Negra Linda. Días antes, junto al infaltable cholo Cepeda, llenaron sobre con invitaciones y en la cara escribían el nombre del destinatario y en el reverso el apodo (Macario luego criticaba que a Borolas no le decían de esa manera sino Tilín, muchos años antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vi al loco Roberto, a don Chowa, a Omar Aguiar, a mis hermanos los mellizos, sentados, en pantaloneta, bajo una carpa, pero con el agua hasta los tobillos, riendo felices de la lluvia, los chistes y la gente. Vi a cien más que desfilan por mi mente como en una secuencia de película. Hacía tanto que no veíamos la lluvia entre todos, que no jugábamos pelota callejera bajo el agua del invierno que, en ese momento que repetíamos el rito, fuimos nuevamente aquellos jóvenes de los años 70s. En casa de los Tenén habían instalado tres mesas para naquear, los jugadores peleaban porque el equipo ganador había hecho jugar a Raffo que no estaba inscrito, y querían que les quitaran los puntos para no quedar últimos en el campeonato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó gente de otros barrios de la Ciudadela, pero ya éramos uno solo. Por suerte y para siempre. Nicota me vio y abrió los brazos como crucificado para darme un abrazo, previo al remo de 3 dólares para comprar una botella pipona de aguardiente. Me senté y me reí de todo, del tiempo, los chistes, la lluvia y la noche que caía. Tomamos el carro de Leo y llegamos hasta el Cabo Rojeño donde estaba la otra gallada vieja: Yoyo, Galo, Kaviedes, Camareta, Marino y el Chino. Escuché mis rituales canciones, comí comida criolla y regresé a casa. Me faltaban mis mujeres, solamente. Mis ladies Fabia y Fabiola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He vuelto al Guayaquil, por dos semanas, por fin al barrio y a la lluvia del trópico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-2203603942792691351?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2203603942792691351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2203603942792691351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/03/dias-de-lluvia-en-guayaquil.html' title='Días de lluvia en Guayaquil'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-1108714195163498093</id><published>2009-02-26T12:33:00.000-08:00</published><updated>2009-02-26T12:57:03.870-08:00</updated><title type='text'>De "Rumor de inventario" (fotos de Fabiola Ayala-Poggi)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SacB2DLFAXI/AAAAAAAAAC0/vFD-ykLCxI4/s1600-h/nieve.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 180px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SacB2DLFAXI/AAAAAAAAAC0/vFD-ykLCxI4/s320/nieve.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307212713955754354" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;DIAS DE FAMILIA (2006)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es noche y mi hija duerme junto a mi esposa &lt;br /&gt;en la blanda y amplia cama &lt;br /&gt;cubiertas por el edredón de cuadros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche es silenciosa y fría &lt;br /&gt;la oscuridad del cuarto quebrada por la tenue luz de una lámpara &lt;br /&gt;la quieta nieve descansa sobre las calles &lt;br /&gt;bajo el resplandor de la luna &lt;br /&gt;frente a mí pasa el irremediable pretérito:&lt;br /&gt;el río de mi infancia y el viento del verano &lt;br /&gt;mi barrio y los que me precedieron &lt;br /&gt;la voz de mi madre llamándome. &lt;br /&gt;Mi madre era una mujer blanca y diminuta &lt;br /&gt;y dentro de ella también vivía un río &lt;br /&gt;mientras de sus labios fluía la tarde &lt;br /&gt;ahora ella duerme en el alma de Fabia Matilde &lt;br /&gt;mi hija, la gota de Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ella nació su corazón latía débil &lt;br /&gt;su corazón de pan y yerbabuena &lt;br /&gt;y rezamos y suplicamos a Dios por ella &lt;br /&gt;y en ese momento temí a Dios &lt;br /&gt;y pedimos que el regalo no nos fuera arrebatado &lt;br /&gt;y nuestra súplica fue escuchada &lt;br /&gt;ahora todo es como un interminable juego &lt;br /&gt;y ella crece con su sonrisa, agitando sus bracitos extendidos &lt;br /&gt;como si fuera un pequeño helicóptero de fantasía.&lt;br /&gt;Fabia y yo bailamos música de Sinatra antes de dormir &lt;br /&gt;y también tangos y algunos pasillos que cantaba mi viejo &lt;br /&gt;en el teatro Bogotá, al pié del Cerro Santa Ana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasa la noche con el pretérito y con mi padre &lt;br /&gt;con su traje blanco, el bigote corto, bien delineado &lt;br /&gt;y el pelo negro con brillantina.&lt;br /&gt;Mi padre era uno de esos cholos guapos &lt;br /&gt;que sabía llevar una conversación amena &lt;br /&gt;y tomarse una botella de aguardiente para aplacar el trueno &lt;br /&gt;lo veo en un recorte de periódico de los años cincuenta &lt;br /&gt;anunciando hora y fecha de su presentación &lt;br /&gt;trabajaba en una imprenta &lt;br /&gt;jugaba a las cartas y cantaba cada mañana &lt;br /&gt;con la radio a todo volumen &lt;br /&gt;y cometía los errores más monstruosamente humanos.&lt;br /&gt;Ya retirado, al caer la tarde en la Ciudadela 9 de Octubre &lt;br /&gt;salía al parque del barrio &lt;br /&gt;a recordar su juventud con otros viejos &lt;br /&gt;y nosotros decíamos que eran La Sonora Matancera &lt;br /&gt;y Don Rocafuerte era Caíto y Don Carabalí Don Rogelio &lt;br /&gt;y mi viejo era Daniel Santos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, el barrio es como un tapiz que tejen los indios &lt;br /&gt;en las calladas montañas de los Andes &lt;br /&gt;un tapiz en el cual se graban escenas diarias. &lt;br /&gt;Allí aparece también nuestro primer paseo en bicicleta &lt;br /&gt;La lista de las mejores canciones de año &lt;br /&gt;El beso inaugural, la primera pelea y las traiciones &lt;br /&gt;Los partidos de índor &lt;br /&gt;La quema de los añoviejos y el llanto de sus viudas &lt;br /&gt;La dictadura militar y el colegio Eloy Alfaro &lt;br /&gt;Las frutas del trópico y el interminable sol de Guayaquil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sur era nuestro y aferrados vivíamos a ese tiempo. &lt;br /&gt;Sonaban canciones de Cat Stevens, Serrat y los Inti Illimani &lt;br /&gt;como si sonaran pertardos junto con violines &lt;br /&gt;¿Dónde estará Grace Bustamante &lt;br /&gt;vestida de uniforme escolar &lt;br /&gt;cantando canciones de Claudia e Hilda Murillo? &lt;br /&gt;¿Qué historias seguirá inventando Carlos Medina? &lt;br /&gt;¿Cuántos nuevos crímenes habrán cometido mis amigos? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche sigue callada mientras duermen mis mujeres &lt;br /&gt;la lámpara en la sala &lt;br /&gt;sigue encendida y muda en su rincón &lt;br /&gt;Fabiola sueña y se ve sembrando veraneras en el jardín de su casa &lt;br /&gt;mientras Fabia Matilde corre entre las flores &lt;br /&gt;y se dibujan ríos y esteros abriéndose al océano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a mí transcurre mi pecado &lt;br /&gt;de cuando era joven y confundido &lt;br /&gt;en el tiempo y la geografía del mundo &lt;br /&gt;en un mediodía del cual me quedan sólo anónimas calles de Paris &lt;br /&gt;un paseo en bicicleta en Amsterdam &lt;br /&gt;una tienda de armaduras en Londres &lt;br /&gt;los largos días de Oregon y los bares de la Lima colonial &lt;br /&gt;las rieles del tren antes de llegar al Desierto de Palmira &lt;br /&gt;la interminable lluvia de Guayaquil una noche de febrero &lt;br /&gt;mis alumnos y mis compañeros &lt;br /&gt;la última conversación que tuve con Eduardo López &lt;br /&gt;un domingo por la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eduardo murió sin tener un hijo, que era lo que más deseaba &lt;br /&gt;era raro que un poeta quisiera tener un hijo &lt;br /&gt;porque los poetas no quieren tener hijos &lt;br /&gt;ni tener tiempo para los hijos que ya tienen &lt;br /&gt;los poetas quieren solamente escribir un gran poema &lt;br /&gt;en vez de preparar una teta o cambiar pañales &lt;br /&gt;“Para eso están las madres o las empleadas”, nos dicen &lt;br /&gt;mientras se sientan a reflexionar sobre los misterios de la poesía &lt;br /&gt;(como si la poesía tuviera misterios) &lt;br /&gt;y en esas confusiones, los poetas terminan creyéndose superiores &lt;br /&gt;porque nadie los entiende &lt;br /&gt;y se ven como Saturno devorando a sus hijos &lt;br /&gt;casi con orgullo porque ahora ya son dioses y poetas &lt;br /&gt;los poetas quieren encontrarse a sí mismos &lt;br /&gt;ser por fin lo que siempre han buscado &lt;br /&gt;pero sin ajustarse cuentas sin verse frente al espejo &lt;br /&gt;hablando de Dios en sus poemas sin creer en Dios &lt;br /&gt;Eduardo López, en cambio, dijo en un verso &lt;br /&gt;“fui vencido por niños sonrientes” &lt;br /&gt;que es un verso que los poetas nunca podrán escribir. &lt;br /&gt;Eduardo en verdad se llevó consigo la sonrisa de esos niños. &lt;br /&gt;En parte, por eso cuestiono la poesía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a mi esposa, ahora me dedico a Fabia Maltide &lt;br /&gt;la más hermosa flor guayaquileña &lt;br /&gt;“Fragancia de los trigales” &lt;br /&gt;y a todas partes quiero ir con mis mujeres de grandes ojos &lt;br /&gt;ahora yo también podré descansar junto a ellas &lt;br /&gt;sobre la blanda y amplia cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SacBRGqV4sI/AAAAAAAAACs/GE-rZP1kAbA/s1600-h/fabia.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 233px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SacBRGqV4sI/AAAAAAAAACs/GE-rZP1kAbA/s320/fabia.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307212079237030594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(pd: Si les interesa ver más fotos de mi aguerrida esposa, aquí está el enlace: http://www.flickr.com/photos/24796364@N08/)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-1108714195163498093?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1108714195163498093'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1108714195163498093'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2009/02/de-rumor-de-inventario.html' title='De &quot;Rumor de inventario&quot; (fotos de Fabiola Ayala-Poggi)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SacB2DLFAXI/AAAAAAAAAC0/vFD-ykLCxI4/s72-c/nieve.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-3883865547101054290</id><published>2008-12-30T08:35:00.000-08:00</published><updated>2008-12-30T09:21:19.104-08:00</updated><title type='text'>Nuevos poemas a Fabia</title><content type='html'>a mis mujeres, como siempre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                               * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;me hizo falta leer a Cortázar&lt;br /&gt;hace como treinta años&lt;br /&gt;para comprender ahora&lt;br /&gt;tu alma y tu sonrisa&lt;br /&gt;cuando bailas &lt;br /&gt;dejando los brazos suspendido en el aire &lt;br /&gt;por un instante&lt;br /&gt;como rogando a dios&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;como en el cuento de Cortázar&lt;br /&gt;se oye el tren pasar por el pueblo&lt;br /&gt;y un muchacho mira por la ventana&lt;br /&gt;a las muchachas como estatuas&lt;br /&gt;así ocurre en ese cuento&lt;br /&gt;del que tú eras ya la protagonista&lt;br /&gt;hace como treinta años&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el príncipe que se casa con la princesa&lt;br /&gt;al final de que cada cuento&lt;br /&gt;ha llegado:&lt;br /&gt;te he encontrado con amor y entusiamo&lt;br /&gt;y ya estamos juntos para siempre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                               * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la nieve ha desaparecido &lt;br /&gt;en una esquina del camino&lt;br /&gt;he puesto para ti, sobre la hierba húmeda&lt;br /&gt;unas pajas finas y secas&lt;br /&gt;y acostada nuevamente&lt;br /&gt;miras las nubes caminando&lt;br /&gt;en el cielo azul y despejado de Nueva York&lt;br /&gt;son las mismas nubes que miró tu padre&lt;br /&gt;hace ya tantos años&lt;br /&gt;en el jardín minúsculo de una casa&lt;br /&gt;en el trópico &lt;br /&gt;(el trópico que tanta falta nos hace)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mira las nubes ahora, Fabia,&lt;br /&gt;y reconce sus formas&lt;br /&gt;su lento paso que las lleva &lt;br /&gt;del Pacífico al Atlántico&lt;br /&gt;para que veas que el amor &lt;br /&gt;es el tiempo, la distancia que no muere&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                               * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;un duende camina por la nieve&lt;br /&gt;y más nieve cae sobre ese duende&lt;br /&gt;que deja huellas y contempla pájaros&lt;br /&gt;las veredas y la iglesia&lt;br /&gt;desde el patio de la casa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                               * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabia dice que nuestra boda &lt;br /&gt;será en la primavera&lt;br /&gt;cuando haga sol y se haya ido la nieve&lt;br /&gt;y lanzaremos globos al aire y habrá torta&lt;br /&gt;como el día de su cumpleaños&lt;br /&gt;y que mamá también se casará con nosotros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SVpYXVXzAeI/AAAAAAAAACk/1fHrIhMVHSs/s1600-h/trumbirunga.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SVpYXVXzAeI/AAAAAAAAACk/1fHrIhMVHSs/s320/trumbirunga.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5285634270569890274" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabia, &lt;br /&gt;en el libro de poesía de Borges&lt;br /&gt;encontrarás un poema para a ti&lt;br /&gt;porque no estaba leyendo los poemas de Borges&lt;br /&gt;sino escribiendo un poema para a ti&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;somos Boo y Sullivan, de Monsters Inc&lt;br /&gt;George y el Hombre de Amarillo, del PBSKIDS&lt;br /&gt;Nemo y el padre de Nemo que lo busca en los mares &lt;br /&gt;somos la princesa y su padre de tantos cuentos&lt;br /&gt;(y también el príncipe y su princesa)&lt;br /&gt;somos tú y yo, Fabia&lt;br /&gt;tal como lo quieres &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;es verano Fabia &lt;br /&gt;y llueve en el norte&lt;br /&gt;pero la terrible idea de no verte&lt;br /&gt;hace que me olvide &lt;br /&gt;del verano &lt;br /&gt;la lluvia &lt;br /&gt;y el norte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                * * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;al llegar el día entra Fabia&lt;br /&gt;a nuestro cuarto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en una mano, trae una campanita &lt;br /&gt;en la otra, una lámpara encendida &lt;br /&gt;(es penumbra aún)&lt;br /&gt;y es como si llegara el ángel de Dios&lt;br /&gt;a despertarnos de una tosca y vulgar muerte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SVpYM0vWZNI/AAAAAAAAACc/ggizVbSqeZc/s1600-h/rejas.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SVpYM0vWZNI/AAAAAAAAACc/ggizVbSqeZc/s320/rejas.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5285634090011616466" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-3883865547101054290?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3883865547101054290'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3883865547101054290'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/12/nuevos-poemas-fabia.html' title='Nuevos poemas a Fabia'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SVpYXVXzAeI/AAAAAAAAACk/1fHrIhMVHSs/s72-c/trumbirunga.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-8639735247134750385</id><published>2008-12-16T07:13:00.000-08:00</published><updated>2008-12-16T07:49:38.378-08:00</updated><title type='text'>Sebastián Alvarado, el colegio Eloy Alfaro y el árbol de Navidad del barrio</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SUfJ9-6EMHI/AAAAAAAAACM/SDgrHfn3Pz4/s1600-h/volley.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 182px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SUfJ9-6EMHI/AAAAAAAAACM/SDgrHfn3Pz4/s320/volley.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280411154810941554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Selección campeona Superior de volleyball del intercolegial en Guayaquil, 1977. A la derecha, el gran Sebastián Alvarado]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Niño aún, mi cariño por mi barrio (la Ciudadela 9 de Octubre) creció junto al que sentía por mi colegio, el Eloy Alfaro. Recuerdo que escalábamos los bloques y las paredes del Salón de Actos y, desde afuera, veíamos los ensayos del conjunto del colegio, Los Errantes, y alguna vez el de otro grupo, Los Ranas. En aquellos años existían varios conjuntos más en la Ciudadela, de los cuales siempre sobresalía Los Sobre Ruedas, en donde cantaba el loco Roberto y el loco Ciccio y luego Catacho le hacían a la batería (el viejo Ycaza y su hermano en las guitarras), quien, aún ahora, en sus noches de farra luego del partido de Emelec, sale a una esquina del Capwell a entonar una balada de aquella época: "pedacito de mi vida/ te quiero tanto".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero junto a la música estaban también los deportes, el gran equipo de voleyball del Alfaro de fines del 60, integrado por Sebastián Alvarado, Youngblood, y luego por Santa María, Taranto y Quiñonez y tantos otros. De ellos, Sebastián se convirtió, al poco tiempo, el líder indiscutible, pues trabajó como profesor de Gimnasia, al mismo tiempo que, gratuitamente, entrenaba a las tres selecciones, repartiéndose como entrenador del San José La Salle, la Escuela Superior Naval y La Asunción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Sebastián Alvarado, todos los que jugamos volleyball por el Alfaro, le debemos mucho, como deportistas, estudiantes y hombres, porque él siempre fue un maestro y un amigo, y, lo más importante, un ejemplo a seguir. Firme, generoso, inteligente, maduro, con bueno humor, Don Sebas era lo que no encontrábamos en casa ni en la familia, ni en el barrio. Y como el Alfaro estaba en el barrio, y los del barrio éramos los mismos jugadores del Alfaro, el paso de las aulas a las calles era automático para él y nosotros. Por eso, hablar del Eloy Alfaro, para mí, es hablar del barrio y de otro de sus grandes estudiantes: Jaime Hurtado, el ex-candidato a la presidencia asesinado por los narcotraficantes. Y con alegría y nostalgia, confirmo una vez más que esa historia, gracias a Don Sebas, fue de las mejores experiencias mientras crecíamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SUfJW96unKI/AAAAAAAAACE/7xRqOaMFVNY/s1600-h/panecillo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 218px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SUfJW96unKI/AAAAAAAAACE/7xRqOaMFVNY/s320/panecillo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280410484530388130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Parado a la izquierda, el brava. Parado a la derecha, el imbatible negro Gerardo Pío Bermeo, "patriota del sur" y del Alfaro. Foto de 1974, en Quito, tomada en una gira de curso, antes de que terminaran el Panecillo. El profesor del medio: un imbécil llamado Carlos Alvarado, que nos obligaba a comprar sus torpes libros de gramática y nos golpeaba en clase, la antítesis de Sebastián Alvarado] &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los recuerdos más fuertes de esos años están los asociados con la llegada de diciembre, el final del año lectivo y el inicio de las lluvias. Era momento de recoger dinero para levantar el árbol del Navidad y el Nacimiento en la esquina. Parte del rito cultural de nuestra comunidad y parte de nosotros mismos. Luego vendrían los añoviejos y los entrenamientos de volleyball en el Alfaro, junto a los aniñados del San José, colegio del presidente Correa y su hermano Fabricio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SUfKR74LESI/AAAAAAAAACU/oGcE0u3sxe8/s1600-h/volley+2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 217px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SUfKR74LESI/AAAAAAAAACU/oGcE0u3sxe8/s320/volley+2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280411497595080994" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[En un campeonato de preparación para el Intercolegial. Aquí, junto a mi pana, otro "patriota del sur": Geovanni Marriott -Rasquiña]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años después, alejado como siempre de mi querido Guayaquil, en un frío diciembre en París, el cholo Cepeda me mandó esta foto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SUfIvNdLeNI/AAAAAAAAAB8/7Z4QMeRpKzw/s1600-h/barrio+navidad.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 310px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SUfIvNdLeNI/AAAAAAAAAB8/7Z4QMeRpKzw/s320/barrio+navidad.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280409801506650322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Parados, desde la izquierda: La Garra, el cholo Cepeda, Galleta y Mandril/Pepe Norro. Sentados, desde la izquierda: Hígado Frito, el Cuervo, el negro Jim y Mirada de Longo]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo ello, hablar del Eloy Alfaro es hablar del volleyball, del barrio y del ejemplar Sebastián Alvarado, mi eterno profesor. Hoy que la vida y la muerte llaman a las puertas de nuestras casas porque se va un líder político amado y odiado, y aflora el llanto en los ojos de quienes no estamos en casa, junto a los nuestros, en este cruel mes de diciembre, hoy, de alguna manera, con música y fotos, volvemos a nuestro lugar a seguir jugando ese partido interminable en el sur, siempre en el sur.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-8639735247134750385?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8639735247134750385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8639735247134750385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/12/sebastin-alvarado-el-colegio-eloy.html' title='Sebastián Alvarado, el colegio Eloy Alfaro y el árbol de Navidad del barrio'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SUfJ9-6EMHI/AAAAAAAAACM/SDgrHfn3Pz4/s72-c/volley.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-4979543468744334233</id><published>2008-12-02T08:51:00.000-08:00</published><updated>2008-12-06T15:07:52.688-08:00</updated><title type='text'>CONTRA SI MISMO (poemas cortos y en corto)</title><content type='html'>iturburu ha jurado no escribir poemas de largo aliento&lt;br /&gt;ni indagar en el olvido&lt;br /&gt;tan sólo convertirse en asesino de sí mismo &lt;br /&gt;como un ajuste de cuentas a los viejos enemigos&lt;br /&gt;pero tratando de actuar con apego al arte&lt;br /&gt;(aunque no tenga ni puta idea de lo que es arte)&lt;br /&gt;aquí llama a las cosas por su nombre: &lt;br /&gt;al pan pan a la biela biela y al cacho cacho&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mi padre me cuenta en una carta&lt;br /&gt;-a la que acompaña un recorte de el universo-&lt;br /&gt;que tú habías organizado “un recital de jóvenes poetas”&lt;br /&gt;y que como “presidente de la sociedad de escritores” &lt;br /&gt;te hiciste cargo de la “presentación del acto”&lt;br /&gt;(las citas son del diario, no de mi padre)&lt;br /&gt;¡cierra tu pico!&lt;br /&gt;¡no hagas repetir mentiras a los otros!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;sin ser escritor&lt;br /&gt;iturburu se ha proclamado como tal&lt;br /&gt;¿qué provecho habrá obtenido de esto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;¡oh!   ¡vedettes de los ministerios y sus instituciones culturales!&lt;br /&gt;ustedes están más cerca del presidente de la república &lt;br /&gt;y sus secuaces&lt;br /&gt;que de la buena poesía&lt;br /&gt;mienten como el jefe supremo le miente a sus conciudadanos&lt;br /&gt;y la vanidad de ustedes es tanta &lt;br /&gt;como la demagogia de aquél&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“debemos estar conscientes de lo que somos”&lt;br /&gt;leí en alguna parte&lt;br /&gt;nosotros no podemos&lt;br /&gt;porque no hay “debemos” por estos lares&lt;br /&gt;ni conciencia&lt;br /&gt;ni ser&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mario campaña, desde barcelona&lt;br /&gt;(la ciudad, no el equipo de fútbol)&lt;br /&gt;me pregunta si sé cuántos escritores somos&lt;br /&gt;yo haré la lista: todos&lt;br /&gt;menos los que viven de la patraña burocrática&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;iturburu: cuídate de iturburu&lt;br /&gt;dijo que abandonaba la poesía por exceso de poetas&lt;br /&gt;y acaba de tocar las puertas de un editor&lt;br /&gt;y enviar su último libro a un concurso local&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;drama de honor&lt;br /&gt;o comedia de enredo&lt;br /&gt;¿en cuál deseas encuadrar tu alma y tu país?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;una vez que entres al desierto&lt;br /&gt;descubrirás la costumbre del criminal&lt;br /&gt;de apoderarse de la limosna de los otros&lt;br /&gt;y, a lo lejos, un terrible fuego&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en la revista vistazo no aparecen putas ni malas palabras&lt;br /&gt;sólo muchachas semidesnudas posando para la foto de la portada&lt;br /&gt;(a eso denominan con orgullo modelaje)&lt;br /&gt;que pegadas a la pared provocan violentas erecciones&lt;br /&gt;y publican fragmentos de discursos de políticos&lt;br /&gt;y sucesos en aquello que llaman congreso nacional&lt;br /&gt;(aunque el pueblo lo llama de otra manera)&lt;br /&gt;pero en el vespertino extra&lt;br /&gt;aparecen cortadas de un solo tajo por un cuchillo&lt;br /&gt;como si estuvieran realizando un antiguo sacrificio a las tinieblas&lt;br /&gt;y también aparecen maricones asaltados por policías&lt;br /&gt;(un tanto semidesnudos, como las muchachas de las revistas)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;tu ley de la oferta y la demanda es una cojudez que yo no creo&lt;br /&gt;eres el escondrijo de los que buscan dinero por la vía rápida&lt;br /&gt;un mercadillo minucioso de ladrones&lt;br /&gt;tú has acostumbrado a la gente a vivir de manera extraña:&lt;br /&gt;gallos    humo de hojas    perros vagabundos    vendedores&lt;br /&gt;has hecho que los burgueses tomen las riendas del arte&lt;br /&gt;sin que tengan puta idea de lo que es el arte&lt;br /&gt;y aparecen con sus frasecitas nasales    &lt;br /&gt;con sus fastidiosas cadencias&lt;br /&gt;vestidos a la última moda      &lt;br /&gt;a darnos consejos, los muy imbéciles&lt;br /&gt;por ti he debido comprender y desarrollar la lógica del criminal&lt;br /&gt;antes yo sabía lo que hacía     &lt;br /&gt;-con seguridad de memoria lo digo-&lt;br /&gt;ahora soy uno de esos que vende cachinerías en los parques&lt;br /&gt;me has metido en la buseta de caronte&lt;br /&gt;has transformado toda celebración en un encuentro mortuorio&lt;br /&gt;en el que afloran rencores y cuentas no saldadas&lt;br /&gt;tú me quitaste mi serenidad y me hiciste un pandillero&lt;br /&gt;un pobre pendejo que debe mirar televisión &lt;br /&gt;detrás de las vitrinas&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;lo que ocurre en las páginas de los libros es como una película:&lt;br /&gt;un paisaje que veo distraídamente y que pronto olvido&lt;br /&gt;como una ciudad sin nombre&lt;br /&gt;que es igual a esta ciudad &lt;br /&gt;pero más perdida en la planicie&lt;br /&gt;allí hay un hombre&lt;br /&gt;que es igual a mí &lt;br /&gt;pero más perdido en la planicie&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;para mí sí hubo un momento de amor&lt;br /&gt;un punto en el cual se juntaron el clima y la bendición de dios &lt;br /&gt;la tarde, un bar en la bahía de san francisco&lt;br /&gt;ella me besa y anoto en su diario&lt;br /&gt;yo soy don quijote, tú dulcinea&lt;br /&gt;........................................................&lt;br /&gt;(que mal estás escribiendo iturburu&lt;br /&gt;mejor léete un poemita de catulo&lt;br /&gt;y ruega que los otros no descubran tu caída&lt;br /&gt;porque aquí los gallinazos vuelan bajo)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;iturburu aprovecha un saludo, el menor descuido&lt;br /&gt;para pedir que lean sus poemas&lt;br /&gt;no le importa pagar unas cervezas si es preciso&lt;br /&gt;anhela publicar sus obras      verse  retratado en los diarios&lt;br /&gt;de la mano de altos burócratas culturales&lt;br /&gt;¿para qué tanto empeño en promocionarte como poeta&lt;br /&gt;si tus versos son mediocres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿cuál fue esa palabrita que dijiste?&lt;br /&gt;¿teleológico?  ¿postmoderno? ¿epistémico?&lt;br /&gt;a nadie engañas con esos truquitos, con esos malabares&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;en otra de tus clásicas burradas&lt;br /&gt;(que los burros me perdonen por usar esta palabra)&lt;br /&gt;escribiste en versos un gran insulto&lt;br /&gt;a un ilustre desconocido&lt;br /&gt;ahora todos hablan de lo mal poeta que eres&lt;br /&gt;y aquel ladrón de libros&lt;br /&gt;goza de la fama inmerecida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;es particularmente fácil convertirse en escritor&lt;br /&gt;sólo debes garabatear cualquier cosa &lt;br /&gt;y publicarlo todo&lt;br /&gt;el secreto es hacerlo en nombre del pueblo&lt;br /&gt;o de alguna inefable necesidad&lt;br /&gt;o afiliarte al partido en el poder&lt;br /&gt;o dar uno de esos discursos llenos de puerilidades&lt;br /&gt;lo demás, como dicen en mi barrio, es pan comido&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;para hablar de sí mismos&lt;br /&gt;los congresistas usan la tercera persona&lt;br /&gt;se ponen solemnes y ridículos&lt;br /&gt;frente al espejo y las cámaras de televisión&lt;br /&gt;(con el pecho hinchado, como lleno de condecoraciones)    &lt;br /&gt;y con palabra fluída &lt;br /&gt;dan soluciones a los problemas nacionales&lt;br /&gt;como los futbolistas antes de los partidos &lt;br /&gt;como los abogados durante los procesos judiciales &lt;br /&gt;y tú ¿qué regocijo especial encuentras en el molestoso yo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;o tú no amas o a ti no te aman (y demás variantes)&lt;br /&gt;o tienes miedo de reconocer tu mala calidad&lt;br /&gt;sólo así puedo explicarme el porqué no hallo&lt;br /&gt;ni un poema de amor entre tus escritos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;¿nieto o carvajal?&lt;br /&gt;como el segundo no cree más en tus poemas&lt;br /&gt;buscas en el primero la lisonja&lt;br /&gt;iturburu, reconócelo: &lt;br /&gt;a ti te inventaron los ciegos y los burócratas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;alabar es el verbo preferido de iturburu&lt;br /&gt;conjugado con máscaras crepusculares&lt;br /&gt;tú me alabas, yo te alabo (y viceversa)&lt;br /&gt;son las formas que él más utiliza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;unos versos de ricardo maruri, &lt;br /&gt;un poema corto de eduardo morán&lt;br /&gt;valen más que toda tu carrera literaria&lt;br /&gt;pero ellos no son poetas, &lt;br /&gt;ellos no han publicado como yo, reclamas&lt;br /&gt;cierto, ellos sólo han escrito ideas sencillas y profundas&lt;br /&gt;como los antiguos padres del desierto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;un día nublado en guayaquil&lt;br /&gt;una cantina serrana en guayaquil&lt;br /&gt;una rockola bien abastecida de boleros y pasillos&lt;br /&gt;-la muchacha en estos momentos&lt;br /&gt;regresa con más cerveza fría &lt;br /&gt;carne de cerdo y condimentos-&lt;br /&gt;es lunes por todas partes&lt;br /&gt;un día largo, anónimo y perfecto&lt;br /&gt;paraiso de borrachos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;el universo tiene en su archivo cultural&lt;br /&gt;una foto de borges, otra de nela martínez&lt;br /&gt;otra de henry miller y anais nin, juntos&lt;br /&gt;una foto de hugo salazar y otra de malcom lowry&lt;br /&gt;¡pero de ti tiene más de quince!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;los poetas escriben &lt;br /&gt;para conquistar el amor de una muchacha&lt;br /&gt;para explicar los misterios de la vida o de los sueños&lt;br /&gt;y si el tiempo es benigno &lt;br /&gt;ser nombrados por los siglos&lt;br /&gt;sólo tú escribes para la alabanza pública&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;bebiste con borrachos y ladrones&lt;br /&gt;cruzaste por las drogas y le pegaste a una mujer&lt;br /&gt;hasta una peleita callejera tuviste &lt;br /&gt;(con botella despicada y todo)&lt;br /&gt;¿crees que eso aumentará la calidad de tus poemas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;cuando les dije que estaba estudiando&lt;br /&gt;la poesía de granda, nieto, preciado y vulgarín&lt;br /&gt;victoriosos, se tiraron al suelo de la risa&lt;br /&gt;¡qué pendejo eres iturburu, esos son poetas de segunda!&lt;br /&gt;hoy regreso al fuego&lt;br /&gt;desde ahora todo lo discuto, les dije&lt;br /&gt;-tenían el rostro iluminado de júbilo&lt;br /&gt;estaban pendientes de mi próximo movimiento-&lt;br /&gt;y continué: &lt;br /&gt;esta vez me alineo con los delincuentes y las putas&lt;br /&gt;voy en pos del tiempo diario&lt;br /&gt;y ahí se quedaron, parados, cuchicheando&lt;br /&gt;el grupito de siempre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;contaste que habían traducido tus poemas&lt;br /&gt;inmediatamente recordé la voz mi madre&lt;br /&gt;sospechosa siempre de esos reconocimientos:&lt;br /&gt;a ver si es verdad tanta belleza&lt;br /&gt;y era lo que pensaba:&lt;br /&gt;tu traductor es el verdadero poeta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;preguntas por qué no tengo &lt;br /&gt;ni intelectuales ni políticos entre mis amistades&lt;br /&gt;¡vamos! ¡no se puede pretender afecto mientras se aborrece!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;iturburu dice que sólo las mujeres inteligentes gustan de él&lt;br /&gt;te creo, le respondo, porque yo también soy mentiroso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;tus poemas son del período más pobre de la poesía nacional&lt;br /&gt;tus versos no los leen ni tus propios amigos&lt;br /&gt;(aunque los celebran cuando pagas la cuenta)&lt;br /&gt;¿cómo es posible que te abrace la fama inmerecida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en una librería encontré un libro con tu nombre&lt;br /&gt;luego entró un muchacho&lt;br /&gt;lo tomó, abrió sus páginas y lo cerró&lt;br /&gt;sonrió y a media voz dijo:&lt;br /&gt;sabía que este libro valía verga&lt;br /&gt;y acto seguido se perdió entre la gente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mónica: ¿recuerdas los días de oregon&lt;br /&gt;cuando sentados veíamos caminar a las muchachas &lt;br /&gt;junto con la primavera?&lt;br /&gt;han pasado tú y el tiempo&lt;br /&gt;pero aún estoy contigo viendo a las muchachas en flor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;estos versos&lt;br /&gt;los escribió iturburu bajo la protección de otros poetas&lt;br /&gt;no te diré cuáles ni porqué, eso es secundario&lt;br /&gt;tan sólo que lo acompañan sus mismos odios &lt;br /&gt;y también sus mismas erecciones&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;detrás de la calma el deseo&lt;br /&gt;detrás del juego y los viajes el deseo&lt;br /&gt;en la mano la flor&lt;br /&gt;detrás de la flor el deseo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿quién te dijo que podías ser el sucesor &lt;br /&gt;de ginsberg, kerouac, ferlinghetti?&lt;br /&gt;tú crees serlo sin serlo&lt;br /&gt;y tus amigos frecuentemente se rien a tus espaldas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;probablemente compartimos todos los defectos&lt;br /&gt;excepto uno:&lt;br /&gt;yo no lamo el culo de nadie para publicar mis poemas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el país invisible&lt;br /&gt;quiere ver con dignidad su jodido presente&lt;br /&gt;sus conflictos territoriales, sus traumas&lt;br /&gt;pero sin ajustarles cuentas a sus fétidos políticos y sus economistas&lt;br /&gt;olvidándose del poder militar y de los oligarcas&lt;br /&gt;así, país invisible, no vas a llegar a ningún lado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;los congresistas prometieron acabar con el problema:&lt;br /&gt;o se matan o no cumplen su palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;político, lameculo, escritor mediocre, defraudador, vago&lt;br /&gt;desde hace años me pregunto con sorpresa&lt;br /&gt;¿por qué no tienes dinero?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿cuál es la diferencia entre el plenario del congreso&lt;br /&gt;y el último congreso de escritores?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el pueblo mantiene con su sueldo&lt;br /&gt;a las fuerzas armadas&lt;br /&gt;(incluída la policía nacional)&lt;br /&gt;y paga por las aventuras del gobierno&lt;br /&gt;el estado y la burocracia&lt;br /&gt;regala dinero a esos viajeros internacionales&lt;br /&gt;que insisten en llamarse cancillería&lt;br /&gt;y el pueblo también solventa los gastos&lt;br /&gt;de la oligarquía y sus delincuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;pueblo, con tanto hijo violento y bruto&lt;br /&gt;con razón siempre andas golpeado y chiro&lt;br /&gt;(en la damier, como dijo mi compadre el cuervo)&lt;br /&gt;    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;hoy no escribo, no hay epigramas ni sentencias&lt;br /&gt;ella está aquí y todo es aroma de inciensos&lt;br /&gt;y así, el tiempo pasa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿cuántos abrazos hubo entre tú y yo?&lt;br /&gt;¿cuántos besos? ¿cuántas miradas?&lt;br /&gt;el número total de nuestras caricias&lt;br /&gt;no tiene sentido si ya no hay luz que alumbre &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;los poemas de amor de iturburu&lt;br /&gt;son para una mujer más inteligente que él&lt;br /&gt;(lo cual él insiste en ocultar)&lt;br /&gt;y comete un error tras otro:&lt;br /&gt;dice insolencias, desatinos, atemoriza&lt;br /&gt;y detiene su trabajo repitiendo su nombre&lt;br /&gt;una y otra vez una y otra vez&lt;br /&gt;como un pájaro que en la noche llama&lt;br /&gt;a su enamorada ausente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;boniface, el africano&lt;br /&gt;camino a casa&lt;br /&gt;me contaba que una mujer le había preguntado&lt;br /&gt;si seguiría siendo fiel a su esposa&lt;br /&gt;(¡iracundo me contó su respuesta!)&lt;br /&gt;le dijo que si era necesario&lt;br /&gt;pasar diez años así él los pasaría&lt;br /&gt;que sólo una mujer habitaba su cuerpo&lt;br /&gt;(¡y ya van dos años de abstinencia!)&lt;br /&gt;yo soy boniface, el africano&lt;br /&gt;aullando ferozmente en la noche&lt;br /&gt;contra tus pasados y futuros amantes&lt;br /&gt;diciéndoles yo la amo, soy suyo para siempre&lt;br /&gt;ella es mi universo &lt;br /&gt;aúllo cada noche sólo por ella&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;estos poemas de amor &lt;br /&gt;son bobos y sencillos &lt;br /&gt;como la sonrisa de los delfines&lt;br /&gt;los escribí para una mujer que partió&lt;br /&gt;a cruzar otros mares de locura &lt;br /&gt;y marcarán mis apelos en las noches del rito&lt;br /&gt;viajarán de un océano a otro&lt;br /&gt;prolongándose en el tiempo y en el agua&lt;br /&gt;como mensajes de animales marinos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;acepta &lt;br /&gt;los residuos de verdad de mis desiluciones&lt;br /&gt;porque trato de permanecer alerta&lt;br /&gt;a mi propio juego y a mi gran temor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;“nuestros besos fueron&lt;br /&gt;dos hojas que el viento juntó en el otoño&lt;br /&gt;tus ojos estaban cerrados &lt;br /&gt;como pidiendo un deseo&lt;br /&gt;yo también cerré los ojos &lt;br /&gt;para converger contigo&lt;br /&gt;ahora ese beso ha suplantado&lt;br /&gt;la escena de amor de los amantes&lt;br /&gt;por la de los antiguos hermanos”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;este poema era sólo para ti, es cierto&lt;br /&gt;ahora también es para que otros sepan intuir&lt;br /&gt;que plurales somos y a la pluralidad volveremos&lt;br /&gt;ahora es una sola lanzada al vacío&lt;br /&gt;en la cual ya no me afano por describir &lt;br /&gt;ese beso sin violencia de ninguna clase&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en mi sacrifio &lt;br /&gt;renuncio a la claridad&lt;br /&gt;a la ansiada belleza&lt;br /&gt;al afán de perfección de la forma&lt;br /&gt;porque necesito decir lo que consigo y soy&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no son los besos ni los poemas los que te atraen&lt;br /&gt;sino las marcas de los autos&lt;br /&gt;los deportistas vestidos de soldados&lt;br /&gt;la cultura no pasa por tu mente&lt;br /&gt;ni la sensualidad por tu cuerpo&lt;br /&gt;ni las palabras por tu boca&lt;br /&gt;sólo las imágenes de revistas y fotos relucientes&lt;br /&gt;llaman tu atención&lt;br /&gt;el cotorreo con los imbéciles&lt;br /&gt;el maltrato y la indiferencia de los hombres&lt;br /&gt;allí desfalleces como una joven de dieciseis años&lt;br /&gt;(esta derrota iturburu no la va a cantar con más detalles)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;iturburu ganó por enésima vez el premio nacional de poesía&lt;br /&gt;todos creen que es el mejor poeta de la nación&lt;br /&gt;pero nadie sabe de la pobreza de sus trabajos&lt;br /&gt;ni del reparto del premio con el jurado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;cuaderno negro, letra negra&lt;br /&gt;pelo negro, rostro negro&lt;br /&gt;baile negro en la noche negra&lt;br /&gt;beso oscuro, íntimo y húmedo en las lenguas&lt;br /&gt;sueño negro intuído en el olvido&lt;br /&gt;pasos negros y amor negro de danzantes&lt;br /&gt;cartera negra, anónima, en otras manos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la vida diaria no son las aguas&lt;br /&gt;fluyendo milenariamente hacia la oscuridad&lt;br /&gt;sino el momento en el que forjamos remolinos &lt;br /&gt;debajo de esas corrientes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el sacrificio de la moneda por los abrazos&lt;br /&gt;el sigilo de los ojos por el largo sueño&lt;br /&gt;un día de cataclismos por la vida que transcurre&lt;br /&gt;los enterrados y las pesadillas de los enterrados&lt;br /&gt;un sendero, el sol que cae&lt;br /&gt;el sosiego y el sueño del justo&lt;br /&gt;por la felicidad negada a la mujer que besa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;respondí a tu saludo desde la ladera hacia lo alto&lt;br /&gt;hoy ya no hay nadie&lt;br /&gt;el sol de verdad curte la piel&lt;br /&gt;de verdad provoca el insomnio&lt;br /&gt;aún respondo a tu saludo con mi mano&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;adiós, iturburu ya no siente&lt;br /&gt;por no desearlo tú, él ya no te irá a buscar&lt;br /&gt;ni te hará ruegos&lt;br /&gt;ni te escribirá mensajes de amor en la computadora&lt;br /&gt;ni esperará por ti en la biblioteca&lt;br /&gt;ya su cama está ocupada por otra&lt;br /&gt;¿a quién contarás tus pequeñas cosas?&lt;br /&gt;¿quién te abrazará más tierna y firmemente?&lt;br /&gt;pero tú iturburu, endurece tu alma&lt;br /&gt;(y ahórrate ese dinerito) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;tú sólo quieres un poquito de cultura&lt;br /&gt;una capita de barniz para relucir frente a tus invitados&lt;br /&gt;un curso de arte para llenarte la boca de nombres&lt;br /&gt;romper la monotonía o dejar pasar el tiempo&lt;br /&gt;-pedir más es pedirle peras al olmo-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;los detesto a todos ustedes&lt;br /&gt;hijos de puta y del imperio&lt;br /&gt;sólo porque ella los prefiere&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;es contra natura que tú&lt;br /&gt;siendo tan bella y sensual&lt;br /&gt;seas tan tonta y reprimida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;humano no es la palabra&lt;br /&gt;terrible debe decirse&lt;br /&gt;o también perdido&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;con maquillaje de finas lineas negras&lt;br /&gt;sobre sus grandes ojos&lt;br /&gt;ella es hermosa y sensual&lt;br /&gt;pero sin maquillaje&lt;br /&gt;es una gota cristalina cayendo en el bosque&lt;br /&gt;y un poco de nostalgia es lo que se ve&lt;br /&gt;al fondo de sus ojos &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“en agosto abandoné a todas las mujeres&lt;br /&gt;en agosto la mujer me abandonó”&lt;br /&gt;como ves, para mí abril no es el mes más cruel&lt;br /&gt;ni llegó la tenue garúa &lt;br /&gt;para caer sobre el olmo viejo&lt;br /&gt;ni el eco de carros y trenes lejanos&lt;br /&gt;que pasaron veloces por la carretera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡lo has dejado irse solo y triste!&lt;br /&gt;¡a iturburu!¡tu poeta! ¡el que te adora!&lt;br /&gt;no le deseaste suerte ni felíz viaje&lt;br /&gt;así, iturburu marcha al norte&lt;br /&gt;solo pero fuerte&lt;br /&gt;como escuadras de negros bañados de sudor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡oh! dios de dioses&lt;br /&gt;(el dios verdadero)&lt;br /&gt;¿por qué dejas que ella &lt;br /&gt;prefiera a este montón de imbéciles?&lt;br /&gt;no me hagas dudar de tu bondad&lt;br /&gt;ni de su inteligencia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el color de tus ojos&lt;br /&gt;las figuras del paisaje que recuerdan tus ojos&lt;br /&gt;las piedras preciosas que recuerdan tus ojos&lt;br /&gt;los bosques oscuros y las tormentas de tus ojos&lt;br /&gt;no son para mí&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;manantial lleno de mariposas &lt;br /&gt;saga de inviernos y de fuego&lt;br /&gt;¿en qué lugar quedarán estos días africanos&lt;br /&gt;de amigos de la españa y de la italia&lt;br /&gt;y el cielito lindo del méxico que llevamos dentro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;némesis es una de mis protectoras&lt;br /&gt;y se ofende cuando me ofendes&lt;br /&gt;una mujer como tú&lt;br /&gt;(insignificante frente a mi reina)&lt;br /&gt;debería de andarse con más cuidado&lt;br /&gt;en estos asuntos del olvido y la indiferencia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿a qué esperar más?&lt;br /&gt;tu país y tu alma acaban de fundar un nuevo género&lt;br /&gt;drama de honor como comedia de enredo&lt;br /&gt;¿a qué esperar más?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mi corazón está iluminado por un archipiélago de sombras&lt;br /&gt;mis libros por los ojos del insomnio&lt;br /&gt;el retrato, también iluminado por mi corazón&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;sólo un corazón enamorado puede cometer estos errores&lt;br /&gt;¿cómo confundir españa con la nueva españa?&lt;br /&gt;(pero en algo estamos de acuerdo&lt;br /&gt;ni la una ni la otra te corresponden&lt;br /&gt;¿para qué tanto esfuerzo en marcar &lt;br /&gt;una diferencia que no existe?)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;yo nunca escribí así&lt;br /&gt;tan temeroso tan desnudo&lt;br /&gt;ni mis versos fueron tan cortos&lt;br /&gt;estas lineas son palabras quebradas&lt;br /&gt;son sollozos&lt;br /&gt;es decir son llanto quebrado&lt;br /&gt;como la poesía es la prosa quebrada&lt;br /&gt;que ya nadie lee&lt;br /&gt;(esta idea es de cristina peri rossi)&lt;br /&gt;estos versos son como boleros &lt;br /&gt;luz de luna para mi noche triste&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿es verdad entonces eso de que&lt;br /&gt;una mujer  todo lo transforma?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿cuántas veces te dije que te amaba?&lt;br /&gt;algunas decenas seguramente&lt;br /&gt;pero el olvido y la indiferencia me están enseñando&lt;br /&gt;cómo quererte menos&lt;br /&gt;así, en poco perderás lo poco conseguido&lt;br /&gt;(con estos versitos turriflais&lt;br /&gt;a iturburu no lo salva ni almodóvar)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡vamos! ¡para ya de mentirte! &lt;br /&gt;¿a qué tanto lamento?&lt;br /&gt;sabes que no hay dolor que dure cien años&lt;br /&gt;ni pendejo que los resista&lt;br /&gt;¡vamos iturburu! ¡para ya de mentirte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;debo transformar el recuerdo del beso y de la luna:&lt;br /&gt;las cicatrices son el tatuaje del horror&lt;br /&gt;pero deben borrarse con la paz de la noche y las estrellas&lt;br /&gt;¡tienen que borrarse!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;deja el beso como beso&lt;br /&gt;la carencia como carencia&lt;br /&gt;la luna como luna&lt;br /&gt;las palabras como palabras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿cuál de los itúrburu eres?&lt;br /&gt;no llego a distinguir&lt;br /&gt;el adolescente del mentiroso&lt;br /&gt;el funcionario del oportunista&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el juguete roto&lt;br /&gt;el campo deshabitado&lt;br /&gt;y la sangre en el hielo&lt;br /&gt;son los testigos&lt;br /&gt;con puñales de acero&lt;br /&gt;voy despicando al criminal&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;faltaron mis amigos de barrio&lt;br /&gt;los sucesos callejeros &lt;br /&gt;los compañeros de colegio&lt;br /&gt;la mujer, la militancia&lt;br /&gt;y así me quedé&lt;br /&gt;solito con las estrellas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;después de enviarte cartas y regalos&lt;br /&gt;empecé un poema sobre el color de la ceniza&lt;br /&gt;(no escribí mucho en verdad)&lt;br /&gt;pero yo sólo pensaba en ti&lt;br /&gt;rezaba por recibir noticias tuyas&lt;br /&gt;y escribirte nuevas cartas&lt;br /&gt;porque esos eran mis verdaderos poemas&lt;br /&gt;ahí ponía mi énfasis amoroso&lt;br /&gt;en mis cartas para ti era libre&lt;br /&gt;y con libertad podía buscarte&lt;br /&gt;pero tuve que seguir escribiendo ese poema&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;como dice el vals:&lt;br /&gt;déjala que se vaya y no la llames&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿cómo escribir del amor sin amor?&lt;br /&gt;¿qué sentido tiene acercarse a lo innombrable?&lt;br /&gt;¡mucho esfuerzo para tan poco resultado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en esto tenía que haber una lógica&lt;br /&gt;(aunque fuera del silencio o de los sueños)&lt;br /&gt;una manera de aceptar&lt;br /&gt;el flujo y el reflujo de las olas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no te excuses en el amor fallido &lt;br /&gt;ni en la decandencia&lt;br /&gt;por ser mal poeta&lt;br /&gt;¡deja tranquilos a los románticos!&lt;br /&gt;sólo trata de escribir un buen poema&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mi corazón es un ejército de negros liberados&lt;br /&gt;en el centro, el actor&lt;br /&gt;(que es el mismo corazón)&lt;br /&gt;lee un libreto antiguo&lt;br /&gt;recita largos versos&lt;br /&gt;se calma&lt;br /&gt;bebe agua fresca &lt;br /&gt;y sigue en las ofrendas     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;la última novelería de los poetas&lt;br /&gt;es escribir de fútbol&lt;br /&gt;ahora nos dan conferencias&lt;br /&gt;sobre el rey de los deportes&lt;br /&gt;(y los muy cabrones ni siquiera&lt;br /&gt;han pateado una pelotita)&lt;br /&gt;no hay duda&lt;br /&gt;en tierra de ciegos el poeta es rey&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;llegan al país invisible con espejos y baratijas&lt;br /&gt;con infantiles narraciones se quejan de su gente&lt;br /&gt;de la geografía, del problema laboral, de la comida&lt;br /&gt;y se las arreglan para caerles bien a los intelectuales&lt;br /&gt;luego escriben un libro y ganan dinero y fama &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;lector: ¿no se te hincharían a ti también las pelotas?&lt;br /&gt;(o los ovarios, como dicen las féminas feministas)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;aquí no hay cruces ni dunas&lt;br /&gt;sólo el resplandor&lt;br /&gt;la lengua de la salamandra&lt;br /&gt;el recorrido de la iguana&lt;br /&gt;el resplandor todo lo borra&lt;br /&gt;las memorias, el intercambio&lt;br /&gt;la transparencia del amor&lt;br /&gt;el resplandor choca contra las piedras&lt;br /&gt;produce espuma y diluye la corriente&lt;br /&gt;el trabajo, las borracheras&lt;br /&gt;los descubrimientos de los científicos&lt;br /&gt;el arte, los cataclismos, el futuro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“una tragedia personal&lt;br /&gt;una canción&lt;br /&gt;un simple paseo convertido en escatología&lt;br /&gt;el pasado irremediable&lt;br /&gt;disfrute del presente o desdén a los idólatras&lt;br /&gt;el jarro intacto en la ventana&lt;br /&gt;.............................................”&lt;br /&gt;¡y para ya de contar!&lt;br /&gt;en ausencia de vida&lt;br /&gt;las abstracciones son purita paja a dos manos&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“destreza en el manejo del lenguaje”&lt;br /&gt;“universal y particular a la vez”&lt;br /&gt;“auténtico y personal, sin ser localista”&lt;br /&gt;¿qué más dicen los veredictos de poesía?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no sólo es privilegio de dictadores&lt;br /&gt;también el virrey hurtado de mendoza (y herederos)&lt;br /&gt;publica un libro sobre el virrey hurtado de mendoza (y herederos)&lt;br /&gt;en la editorial del virrey hurtado de mendoza (y herederos)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;dices que si el pueblo te lo ordena&lt;br /&gt;serás candidato “por mandato popular”&lt;br /&gt;¡bájate de esa nube!&lt;br /&gt;el pueblo no quiere verte ni en pintura&lt;br /&gt;ni siquiera tu familia votaría por ti&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el río guayas es el botadero nacional de cadáveres&lt;br /&gt;por la mañana &lt;br /&gt;aparecen flotando en medio de las balsas&lt;br /&gt;por la tarde son el festín de políticos y gallinazos&lt;br /&gt;pero las praderas andinas &lt;br /&gt;también esconden sus asesinatos&lt;br /&gt;sus robos silenciosos sus escupitajos&lt;br /&gt;en nombre de la unidad nacional&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“el indio apesta”&lt;br /&gt;“el serrano es hipócrita y sucio”&lt;br /&gt;porque es un poquito indio aunque no lo quiera&lt;br /&gt;“el negro es feo como el diablo”&lt;br /&gt;“el costeño es ladrón, feo y apesta”&lt;br /&gt;porque es un poquito indio y negro a la vez&lt;br /&gt;y aunque no lo quiera&lt;br /&gt;es también parte de esta antropofagia progresiva&lt;br /&gt;(decirle canibalismo es algo que molesta a los huaoranis)&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;las solemnidades en poesía&lt;br /&gt;los universalismos&lt;br /&gt;son como los discursos de los políticos&lt;br /&gt;no sirven para maldita la cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿cómo ser escritor y no morir en el esfuerzo?”&lt;br /&gt;es el título de tu última conferencia&lt;br /&gt;¡esto es el colmo de la arrogancia!&lt;br /&gt;no siendo escritor vas a decirnos cómo serlo&lt;br /&gt;persevera en la política&lt;br /&gt;en los viajecitos diplomáticos&lt;br /&gt;la mediocridad, los amarres, la promoción personal&lt;br /&gt;esos son tus fuertes&lt;br /&gt;persevera en la política&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en latinoamérica&lt;br /&gt;cada generación de intelectuales&lt;br /&gt;tiene su careperro, el tonto plagiador &lt;br /&gt;su vedette, el escritor mediocre y a la cañona&lt;br /&gt;su capitán cortadito, el inefable de la política&lt;br /&gt;que muere por una mujer blanca de veinte años &lt;br /&gt;cada grupo también tiene &lt;br /&gt;su aniñadita que juega a ser femme fatale&lt;br /&gt;su aniñadito que juega a ser enfant terrible&lt;br /&gt;su exiliado incomprendido &lt;br /&gt;su iturburu y su campaña  &lt;br /&gt;(que, de cuando en cuando,&lt;br /&gt;se putean de lo lindo y&lt;br /&gt;se caen a golpes en las borracheras)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y, por suerte, su conde martillo&lt;br /&gt;el único que en silencio escucha la voz del pueblo&lt;br /&gt;el único que nos salva de apresurar la caída&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;lees estos versos con placer, casi con morbosidad&lt;br /&gt;porque estoy cantándote la plena&lt;br /&gt;pero de la manera que todos esquivan&lt;br /&gt;directa y honestamente&lt;br /&gt;¿no crees justo pagar por lo que te regocija?&lt;br /&gt;o lo haces o cierras este libro&lt;br /&gt;(eso de que el arte es gratis e inocente&lt;br /&gt;es un invento de los enemigos del arte)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;iturburu cuenta malos chistes, rio&lt;br /&gt;aburre a los otros con su vida, lo escucho&lt;br /&gt;no tiene ni puta idea del ajedrez, siempre pierdo&lt;br /&gt;me invita a comer platos desabridos, lo acompaño&lt;br /&gt;pero rehúsa darme un dinerito que necesito&lt;br /&gt;con seguridad, confunde trabajo con amistad &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;las doncellas hermosas prefieren a los cretinos &lt;br /&gt;sólo así me explico verte siempre rodeado de ellas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la tribu de los nambicuara&lt;br /&gt;dejará de existir luego del año 2000&lt;br /&gt;igual ocurrirá con los yanomani&lt;br /&gt;(el grupo más grande de la amazonía)&lt;br /&gt;y los huaoranis &lt;br /&gt;(ahora muriendo de hepatitis y paludismo)&lt;br /&gt;verán sus tierras destruidas &lt;br /&gt;a manos de las petroleras&lt;br /&gt;y yo te seguiré con mis ojos &lt;br /&gt;y reconoceré los tuyos en medio de la noche&lt;br /&gt;luego del año 2000&lt;br /&gt;el hombre seguirá matando al hombre&lt;br /&gt;pero nada matará mi amor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el combate de lectura y escritura ha terminado&lt;br /&gt;en las páginas de este libro los dioses escriben:&lt;br /&gt;itúrburu, ya no jodas con lo mismo&lt;br /&gt;construye tu morada&lt;br /&gt;en campo abierto &lt;br /&gt;o en tu propio corazón&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-4979543468744334233?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4979543468744334233'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4979543468744334233'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/12/contra-si-mismo-poemas-cortos-y-en.html' title='CONTRA SI MISMO (poemas cortos y en corto)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-8652859856176684500</id><published>2008-11-28T07:06:00.000-08:00</published><updated>2008-11-28T09:33:33.645-08:00</updated><title type='text'>De cuando yo jugaba en Peñarol</title><content type='html'>[Rindo honor, con esto, a todos los peloteros del Cabo Rojeño y de Guayaquil, a los salseros que conocen de salsa porque la escuchan y la bailan y, como buenos viciosos, saben de esos asuntos porque los vivieron y no los leyeron en los libros ni les pidieron a otros que se los contaran]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me refiero al Peñarol que quisimos calcar. Eramos hinchas del gran cuadro uruguayo y de Alberto Spencer. Allá, en la Liga Salem de los setentas, al sur de Guayaquil, en donde también jugaban Huracán, Velez Sarfield, Racing, Chacarita, River Plate y Boca Junior, más los otros cuadros de los barrios de Guayaquil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando jugaba en Peñarol no jugaba en Peñarol sino en el tiempo. Era titular y dominaba el cuero, pero no era de los mejores. Delante mío estaba todo el equipo: Chocoto (que era bueno para hacer "banquito"), Magali (que despuntaba por la izquierda y luego ya estaba al fondo del arco), el Oso, Manuelón, el cholo Cepeda y todos los demás. Esto, que podría ser síntoma de odio y trauma, simplemente me lo expliqué por la bronca que me tenía el entrenador, La Pava (o Pavonni, para darle caché, pues yo sí le daba a la pelota y en bomba) de cuyo favor no gozaba. Cuando dejé de jugar en Peñarol, planifiqué las cosas para inmortalizarme como capitán del nuevo equipo del barrio: la gloriosa "Ciudadela 9 de Octubre" (la verdadera), nuevamente junto a Manuelón, Sir Dángala, El Salvaje Rey, Vladimir, Ceviche de Concha, Berruga, El Oso, Pastora, Don Quije, El Cholo Cepeda, La Huasa, Carechancho, Cuerito, Padre Bazurco, y todos los demás "patriotas del sur".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Peñarol fue un equipo de casualidad, como lo fueron otros que armamos para los campeonatos de las fiestas patrias, pero es el que me dio la foto con la que aquí lampareo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_T_a0x6muFZM/STAIOks-7QI/AAAAAAAAAEU/HGPG2XVlXeA/s1600-h/balon.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 233px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_T_a0x6muFZM/STAIOks-7QI/AAAAAAAAAEU/HGPG2XVlXeA/s320/balon.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5273724210114391298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Triste y cruel, el destino ha hecho que la foto guarde también la imagen de otro "patriota" del barrio: Antonio Nevares, que acaba de morir de exceso de alcohol, exceso de viagras y exceso de farra: "llegó borracho a su casa al tercer día de chupa. Apestaba y la mujer le dijo que se fuera a dormir al otro cuarto. Cuando amaneció ya estaba muerto. Se le había parado el corazón. Tenía el pecho aruñado de la desesperación. Aruñado, feo, como que no quería morir" me cuenta triste el cholo Cepeda. La verdad es que El Chulo tenía ya algunos años dándole al trago, siempre andaba borracho por allí, haciendo escándalo, invitando a pelear a cualquiera (peleaba bien, me dicen). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos años después de esa foto con el Peñarol, por el 82, por petición expresa del Chulo Nevares, escribí una carta para su novia, con quien se había peleado. La escribí pensando en mi amor imposible (otro de tantos) y poco tiempo después me fui a Paris. Luego de dos años, a mi regreso, nuevamente con la gente de mi barrio, me instalé en el parque, a saborear la vida. La gente le encamó al Chulo que dijera el poema, y el Chulo, declamando de memoria, arrojó un mensaje de amor a una mujer desconocida. Era la misma carta que yo había escrito años atrás. Celebramos la ocasión y el Chulo detalló la reconquista de su novia, diciéndole ella que no creía que él hubiera escrito la carta. Esos amores ya son historia pero quedan el Chulo y las polvorosas canchas de fútbol en el recuerdo, el equipito ocasional de lo fuimos en la Liga Salem.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no era malo para el fútbol pero lo mío era el volleyball y con la roja del Eloy Alfaro le hicimos comer el polvo varias veces a los aniñados del San José La salle, en donde jugaba Fabricio Correa, el hermano del presidente (Pierina era del Liceo Panamericano y era una excelente jugadora). Como se ve en la foto en las canchas del Cristóbal Colón, en donde le ganamos la final de Superiores a los lasallanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_T_a0x6muFZM/STAIed0XKdI/AAAAAAAAAEc/xrOT5Wy6swQ/s1600-h/volley.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 182px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_T_a0x6muFZM/STAIed0XKdI/AAAAAAAAAEc/xrOT5Wy6swQ/s320/volley.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5273724483144198610" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la salida del colegio, ya en la Católica, varias veces alineamos en el siempre vapuleado equipo de Filosofía, junto a Fernando Balseca y el Conde Martillo. Jugaba entre nosotros César Farah, en la delantera. Yo, que era el "Ardiles" del equipo (Ramón, el arquero, era "Fillol") sólo tenía que ponerla al vacío, o en sombrero, tres metros adelante de Farah y el flaco alcanzaría el balón sin problema para anidarlo en las redes. Cosa frecuente en los entrenamientos, en los cuales nos mezclábamos con otros equipos para no ser también goleados como ocurría religiosamente cada sábado de campeonato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando jugaba en Peñarol no jugaba en Peñarol sino, como todos, en un tiempo y un espacio que ahora se llama "recuerdo", si acaso sobrevivimos en una foto, en una carta o en la memoria colectiva del barrio, como Antonio Nevares.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-8652859856176684500?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8652859856176684500'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8652859856176684500'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/11/de-cuando-yo-jugaba-en-pearol.html' title='De cuando yo jugaba en Peñarol'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_T_a0x6muFZM/STAIOks-7QI/AAAAAAAAAEU/HGPG2XVlXeA/s72-c/balon.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-2570837360260917530</id><published>2008-11-24T13:46:00.000-08:00</published><updated>2008-11-27T04:46:44.396-08:00</updated><title type='text'>LOS PATRIOTAS DEL SUR (35 ANIVERSARIO)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SSshDkqS65I/AAAAAAAAAB0/zt_fJZa9iJ8/s1600-h/barrio+barrio.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SSshDkqS65I/AAAAAAAAAB0/zt_fJZa9iJ8/s320/barrio+barrio.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5272344134031698834" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la izquierda, parados: Boada, Cachato, Cacho Bardales, Lechuga, Papa Chola, Chino Mala Noche, Magoo, la Vieja Charles y La Picuda. Desde la izquierda, sentados: Mula Coja, Camachinho, Careplato, Tonto Happy, el Loco Roberto, la Huasa y Jimmy Mula (en corte real, La Picula le puso el pie para la foto). Hacia adelante, sentado: Don Toribuca. Payaso a la izquierda: no conozco, no había payasos. Mujer parada arriba: tampoco conozco. Debemos poner una foto de la Negra Linda, la Chocota, Shirley Temple y Nina Pacari. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SSsg7mTlGBI/AAAAAAAAABs/fSKN8By9TVI/s1600-h/4+BARRIO.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SSsg7mTlGBI/AAAAAAAAABs/fSKN8By9TVI/s320/4+BARRIO.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5272343997034338322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Papa Chola, Careplato, el Loco Roberto, el Salvaje Rey&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-2570837360260917530?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2570837360260917530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2570837360260917530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/11/los-patriotas-del-sur-35-aniversario.html' title='LOS PATRIOTAS DEL SUR (35 ANIVERSARIO)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SSshDkqS65I/AAAAAAAAAB0/zt_fJZa9iJ8/s72-c/barrio+barrio.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-1574258300998625241</id><published>2008-11-17T08:53:00.000-08:00</published><updated>2008-11-17T08:55:07.387-08:00</updated><title type='text'>Vuelvo al sur (final de "Los patriotas del sur")</title><content type='html'>Verano de 1996. Después de años de rodar por el mundo, de ver las piedras y las flores, el fuego y la nieve, volví al sur. Iba con un grupo de amigos de los cuales sólo queda el Conde Martillo, quien de alguna manera me acompañó en esta odisea barrial y colegial. Era una mañana fresca, a eso de las diez. Cuando llegamos, habían instalado en los parques unos quioscos y se escuchaban los primeros acordes de las canciones. Saludé con los vecinos y me alegré porque suponía eran las celebraciones de la ciudad. Vi al cholo Cepeda atareado, organizando las cosas y también a Rodi Carabalí. Nos dimos un abrazo y me dijeron que la gente estaría pronto en el parque, que iban a iniciar la venta de cerveza y comida criolla pronto, y que todo se lo daría a la viuda. No entendí muy bien esto último. Cepeda me miró, se dio cuenta de lo que pasaba y exclamó, ¡ah!, es que tú no vives aquí! Estamos haciendo una fiesta para la viuda de Carlos, de Carlos Ríos. ¿No sabes que murió hace un mes? Murió hace un mes y esta es una fiesta en su homenaje. ¿Tú me entiendes verdad? Sí, le dije, casi por decir. Me quedé pasmado con la noticia, no sólo por lo inesperado sino por la traición del destino. Tanto gusano que hay por aquí y se llevan a Carlitos, dijo el cholo Cepeda, mientras seguía acomodando las sillas. Vente más tarde loco, con tus panas, cuando regrese la gente de la misa.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Y así lo hicimos. Por la tarde, temprano aún y con el día nublado y ventoso, el parque estaba nuevamente poblado por decenas de personas. Había música a todo volumen, la gente estaba animada por el diálogo y la cerveza y todo el mundo se afanaba en demostrar que habían conocido a Carlos muy bien. En mi mente, el recuerdo de Carlos era el de su casa esquinera, una tarde, en la que sentado en la verja, con una radio pequeña que había rescatado del basurero, yo escuchaba canciones de Roberta Flack y de Elton John, un sábado por la tarde, mientras la gente jugaba pelota; la última vez que afuera de la casa del Chugo nos tomamos unas cervezas mientras nos reíamos de lo que ya era el pasado; lo recuerdo en sus conquistas amorosas, las jugadas en la defensa, la pelea del barrio contra los aniñados, los partidos de volleyball que compartimos en el Alfaro. Pero ese día de festejo Carlos estaba nuevamente con nosotros en la boca de los demás. Luego la cosa se puso más animada y supe detalles de su muerte y entierro, cómo el Cacho Bardales, a la voz del muerto es nuestro, tomó el féretro y se lo llevó para pasearlo por bares y cantinas y que Carlitos les diera el último adiós. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Desde ese entonces el cholo Cepeda, Rodi, el Cacho, Papa Chola, Lechuga, la Huasa y quienes fueron sus allegados, cada cierto tiempo, van al cementerio a hablar con Carlos Ríos y contarle sus cosas y saber cómo sigue. Cuando el tiempo del lejano y ahora confuso norte se me acaba, vuelvo al sur, al parque de mi infancia, a los árboles y las hojas que se mueven con el viento en la mañana tibia, veo nuevamente a los patriotas colgados de los columpios bajo un cielo azul, o corriendo por los terrenos baldíos en busca de nuevas aventuras. Ahora, como tantos otros, un día domingo regreso al barrio con mi hija y la mujer que yo quiero. Como en el tango de Goyeneche que ya canté antes, yo también vuelvo al sur como se vuelve siempre al amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;LOS PATRIOTAS DEL SUR SON&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis Cepeda Cortéz, Julio Ronquillo, Manuel y Enrique Mendoza, Manuel (+) y Luchín Tenén Juca, Xavier y Rey Arias, “15 libras”, Joselo García, Glauco Cordero, Jaime Noblecilla, El Amigo, Cataplún, Horacio Romero, Absalón Quiróz, Omar Bajaña, Miguel y Sebastián Paredes, Marco y Antonio Nevares, Oscar Marshall, Iván Zavala, José y Toro loco, Los Pipones, los Palma, Vladimir Monge, los Bermeo, los Carabalí, “5 veces”, los Cárdenas, los Noblecilla, el “Chino” Peña y su familia, los Barahona, Leoncio Dattus, los Ricaurte, los Villacís, los Tapia, los hermanos Yerovi, John Núñez, los Bardales, Freddy Morales, Roberto Lavayen, los Medina, Fernando Endara, los Sellán, Billy Ladd, los Ruiz, los Ronquillo, los Roca, los Tomalá, Bolivín (+), los hermanos Baidal, Carlos Ríos (+), Fernando Endara, los Mayorga, Darío Lecaro, los López, los Zavala, Jorge Bonilla, los Rocafuerte, Wacho Camacho,  Fabián (el heladero), “Cachete”, “Ojito” Rocafuerte, Manuel y “Big Brutus” Medina, el “negro” Mina, el “Conejo” y toda la gente de El Rodillo, Coco Avellán y los aniñados de La Favorita, Ismael Plúas, los Murillo, Freddy Jaluff y la gente de La Plazoleta, las Tenén, las Arias, las Cárcamo, las Pombar, la hermana de El Amigo, Shirley, Jackeline, María Mora (la Pequeña Lulú), las Carabalí, las Tomalá, las Quiróz, las Cárdenas, Anabelle Morales, Maritza Romero y las Golden Girl, las Baidal, las Mendoza, los alumnos y ex-alumnos del Eloy Alfaro, los padres y madres de todos, los abuelos y abuelas de todos, los amigos y vecinos de todos los del sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN DE "LOS PATRIOTAS DEL SUR"&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-1574258300998625241?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1574258300998625241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1574258300998625241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/11/vuelvo-al-sur-final-de-los-patriotas.html' title='Vuelvo al sur (final de &quot;Los patriotas del sur&quot;)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-6121169499728351160</id><published>2008-11-12T12:35:00.000-08:00</published><updated>2008-11-12T12:36:47.711-08:00</updated><title type='text'>Acuérdate loco 2 (manuscrito del Cholo Cepeda)</title><content type='html'>Acuérdate de Fabián, el heladero de toda la vida: más de 40 años en el oficio, léxico fluído terminología apropiada para el verbo de barrio, conocedor de toda la vida privada de cada uno de nosotros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuérdate del cevichero Funeraria: llegaba todos los días a las 10 de la mañana, como gerente. La gente lo esperaba como salvador del chuchaqui y hacía fila como en entidad pública. En cierta ocasión, al hacer la mezcla de yuca, pescado y agua roja, se le cayó la plancha de los dientes al balde. La gente, que estaba de chacota, se sorprendió, se quedó con la boca abierta, y él simplemente la sacó con el cucharón y dijo que no había pasado nada. Convenció a todos y la gente siguió comiendo y siguió también la chacota. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agua Sucia era el de los refrescos. Siempre estaba junto a Funeraria para saciar la sed de chuchaqui del personal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Bolita era el ruletero del Alfaro. Su frase clásica era “Juegue niño la bolita, la bolita”. Usaba un arete en la oreja izquierda en el año 75, cuando acá los hombres no usaban aretes. La Bolita ve un camión repartidor de cola, ahí, a vaca mú, de papaya, sin nadie que lo vigilara. Se roba una jaba de cola y se va cuete por el callejón. El oficial se da cuenta y lo sigue y grita ladrón ladrón. La Bolita se pone mosca, para, regresa al camión con la jaba al hombro y le dice al oficial del carro era para verte nomás si estabas pilas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuérdate loco del manguero, un paisano que vendía frente al Eloy Alfaro. Vendió mangos por más de cuarenta años. Por un motivo pequeño se murió. Dormía en la misma carreta. Nunca tuvo un techo para vivir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Darío Lecaro, alias El Aventajado, y antes Trompechucha. En una ocasión se perdió una botella de cola mediana y la señora de la tienda le decía que la tenía escondida ahí, debajo del pantalón, que se le notaba en bomba. &lt;br /&gt;Acuérdate de Suelazo, el arquero de índor. Se revolcaba en la calle de lo lindo mientras tapaba como si fuera final del mundial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuérdate de los grandes panas: Carlitos Ríos, guapo, cabrón, pelotero y de cocacho. Organizaron una parrillada con el Chugo para el viernes 21 de junio de 1996. Viajaba de Quevedo a Guayaquil para llegar a tiempo, aceleró el vehículo y lo único que encontró fue la muerte. No llegó a tiempo a la parrillada. El Chugo lo esperó por cinco años y luego fue al encuentro con su pana, para cumplir con lo planificado. Cuando murió el Chugo el flaco Walter Auria, más conocido como Trompa de Gusano, llegó al velatorio pluto, se acercó a la caja y llorando y gritando le dijo al Chugo por qué me haces esto, ahora cómo voy a pagar el billete que te gastaste, eso era para sacar el contenedor de los colombianos, ahora qué le voy a decir a los dueños, tú eres mi pana pero eres un careverga, seguía gritando, hasta que tuvieron que sacarlo a empujones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Wacho Villacís salía al barrio a chupar, invitaba a la gente y decía “vamos nomás que yo pongo los fósforos y el resto se arma solito”. Así era Don Chowa. &lt;br /&gt;El Caballo Bardales nació junto a una cancha de fútbol. Dormía con la pelota. Era barcelonista hasta las patas. Su mayor ambición fue jugar en el equipo de sus amores. Luego de jugar en varios equipos se hizo realidad su sueño. Unico representante de la Ciudadela que coronó en Barcelona que era, como ya dije, el equipo de sus amores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuérdate de Emilio Yerovi, que era dueño de un camión cervecero. Toda la plata de lo que vendía en el día se la gastaba en la noche con sus panas. Inolvidable cliente de la discoteca El Jardín, junto con sus grandes ñecos: La Vieja Charles, Omar Aguiar, Don Boli y Galleta. Era el hombre más querido por todos. Era el único que pagaba, no dejaba que nadie más lo hiciera. Hasta los meseros se cuadraban con las propinas. Era lo que se llamaba y se llamará por siempre un pana bacán e inolvidable. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El loco Freddy, alias Cucu Mene, cuando se portaba mal, él mismo se daba cana en caleta por tres o cuatro días, y no salía a la calle, sólo se asomaba a la ventana cuando los panas lo buscaban. Les decía que no podía salir porque estaba encanado. Así mismo hacía la señora Rosita con Pinina, de pelados: Cuando se portaba mal no lo dejaba salir y lo castigaban como a Toby, el de la Pequeña Lulú. Acuérdate loco.&lt;br /&gt;En cierta ocasión se habían amanecido chupando Rodi Carabalí y Cocojox en la esquina del barrio. Ya eran las siete de la mañana y Cocojox se había dormido en el banco con su zapato número 46 de almohada, como ya era su costumbre. El padre de Cocojox, preocupado, salió a buscarlo y lo encontró. Se disponía a llevárselo cuando, de repente, aparece Rodi y le dice un momento, qué le pasa con mi amigo. Me lo llevo porque soy el padre, le respondió el veterano. Y Rodi contesta usted no se lleva a nadie, si es el padre muéstreme la cédula para confirmar. El veterano, asustado por la pinta de Rodi saca la cédula y se la entrega. El negro revisa la cédula y dice está correcto, puede llevárselo, pero déjeme para otra botella de trago. Como Cocojox era grandote lo subieron entre ambos al balde de la camioneta, avanzaron una cuadra y se le bajó. El padre no se dio cuenta hasta llegar a la casa y decidió dejarlo con tal de que Rodi no le hiciera más problema. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuérdate loco de tu colegio, el Eloy Alfaro, y sus políticos de los años 70: El Lobo, el negro Corozo, Jimmy Tapia, entre otros que no recuerdo. Todos se jactaban de estar vinculados con organizaciones de China y Rusia. Cierta vez que estaban en huelga y se habían tomado el colegio, divisaron a un hombre con gafas y gorra que pasó por la acera del frente, y se corrió la bola entre ellos de que era sapo de los policías. Se convencieron entre ellos que así era y le prepararon una emboscada. Lo cerraron, lo interrogaron con insultos y empujones. Basado en el comportamiento del tipo, yo deduje que no era policía, pero para ellos era hasta de la CIA y así, sin compasión alguna, le dieron una puñetiza y garrotiza en un segundo hasta que el hombre salió corriendo. Lo siguieron a piedras hasta que desapareció y, celebrando la hazaña, los alfarinos gritaban: Alfaro, Alfaro/ en el tiempo y en el espacio/ tu nombre sonará/ Alfaro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuérdate manicho también de la escuela Baltazara Calderón de Rocafuerte, que fue la cárcel de mi niñez, dirigida por el padre Antonio, un español berraco como él solo. No aflojaba una sonrisa ni en su cumpleaños. Ejemplo de hombre para mí y para toda la escuela y la parroquia entera. Esto era allá por el año 66. Su secretaria era una mujer que mostraba muchos atributos físicos, pero supuestamente el padrecito no tenía ojos para darse cuenta. Nadie se dio cuenta, ni él mismo, hasta que en el año 68 el hombre admirado y respetado por todos se foqueó y huyó al extranjero. Buena edad la mía para darme cuenta de lo farsante que son los curas. Acuérdate de que allí enseñaba también el flaco malafecido de Yerovi, que vivía pateando e insultando a sus alumnos. Flaco hijueputa. Acuérdate cuando te hizo aprender una canción dizque en quechua, como si fueras indio, todo para presentarte en no sé qué teatro. La canción decía Kin-kun-ti-li/Moli-tali/ Moli-nasa/Kin kun kai/Kin kun ko…Y así seguía. Era más larga y te la aprendiste de memoria. Acuérdate cuando le preguntaste y hasta se la cantaste a un indio y te dijo que eso no era quechua ni nada. Flaco Yerovi hijueputa, te hizo aprender esa huevada por las puras. Por suerte, una vez su propio primo le sacó la chucha al frente de todos. No Chimbacalle sino el otro, el hermano, Emilio, el que era buena nota, del que ya te hablé antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuérdate loco de Galito, más conocido como Alberto Vásquez. Cantaba y bailaba en bruto, pero también se entrometía en todo. Andaba un día por la zona del Rodillo cuando, de pronto, vio a un pana con un paquete de papel periódico. Le preguntó qué era y el man le responde tranquilo Galo que salí peleando con mi mujer porque estoy chiro, y me vine sacando esta nota de la casa para venderlo. ¿Y qué es? preguntó Galito. Una olla de presión, le respondió el otro. Ya pues, deja ver. No, le dijo el del paquete, después se hace bomba. ¿Cuánto quieres? Veinte dólares. Te doy 10, dijo Galito afanado. Ya, chévere, pero no la abras aquí porque los panas son sapos y es turro que yo me saque las ollas de la caleta. Lo convenció y Galito pagó. Se llevó el paquete a la casa, lo abrió y encontró una basenilla enlozada. Pero se tuvo que quedar frío por sapo y metido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-6121169499728351160?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6121169499728351160'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6121169499728351160'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/11/acurdate-loco-2-manuscrito-del-cholo.html' title='Acuérdate loco 2 (manuscrito del Cholo Cepeda)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7303766861556025313</id><published>2008-11-06T10:31:00.000-08:00</published><updated>2008-11-06T10:34:14.426-08:00</updated><title type='text'>Acuérdate loco 1 (manuscrito del Cholo Cepeda)</title><content type='html'>Acuérdate loco de Cucho Serrano: Peleador callejero, arquero de “Platense”, el equipo del Rodillo, con su presidente El Presi De la Torre; los partidos a muerte contra “El King”, presidido por el Licenciado Martillo, en la Liga Juan Díaz Salem, con el organizador y dueño, el maricón Salas, que murió apuñalado por su mariconada. Acuérdate de la música de la Liga, era sólo la de Daniel Santos y todo ese gremio. Los equipos participantes eran “Picapiedras”, “Nacional”, “Cuba Junior”, etc. Acuérdate de la pelea de Cucho, arquero de “Platense” y Caballón, arquero del “King”. Eso era a muerte. En el King jugó “Cacho” Bardales. En “Platense” jugaban Borrego, Tranqui y el negro Mina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguimos ahora según el orden de los callejones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero, el flaco Quiróz Buona Sera: Era muy guapo (tiraba a meco);&lt;br /&gt;Jorge Rocafuerte, (el negro Ojito), enamorado de por vida de Haydeé Cárcamo; &lt;br /&gt;El maricón Ángel Godoy, que le gritaba a todo el mundo “Cachero Vergaguada”;&lt;br /&gt;La Pava Pavoni, nuestro entrenador. Acuérdate cuando Manuelón lo llevó de representante al colegio y Pavoni le dio dos cocachos delante de todos los compañeros;&lt;br /&gt;La Cucufata, aparentemente murió de Sida; &lt;br /&gt;Los Puente con su billar;&lt;br /&gt;La tienda de Don Emiro, donde comprábamos la de Cristal para la chupa; &lt;br /&gt;La Bandita, conformada por esas uñas cancerígenas, esos uñeros que mataron al taxista en la Plazoleta porque no quisieron pagar la carrera. Uno de ellos le rayó la espalda a Galleta y le cogieron cien puntos;&lt;br /&gt;El Diablo, Bello, murió abaleado siendo guardia de Seguridad; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;acuérdate que de pelado el difunto nos miraba y nos decía “mírame bien, mírame bien chetumadre, mírame bien” y nosotros nos cagábamos de la risa porque de verdad el man era bien feo;&lt;br /&gt;El gordo Mañuco, sus peleas de toda la vida con el sambo Babita. Memo le rompió una botella en la cara por portarse mal en una fiesta donde el Chugo;&lt;br /&gt;El viejo Ángel, Toro Loco, Arroz con chepa, el maricón Coki, la negrita, la Señora María, Fulton (el del arroz con menestra en la Avenida Comín);&lt;br /&gt;El inolvidable pollo asado de Don Ramón y el “aguado”;&lt;br /&gt;Jorge Avilés, alias “Barreto” o “Juma India”. Siempre que había una fiesta donde el Chugo tú decías que peleaba a las cinco de la mañana y así era, a veces con los mismos hermanos;&lt;br /&gt;El loco Mickey;&lt;br /&gt;El Sida Tobita y Panchito;&lt;br /&gt;Chabaco y Miguel: Papá Noel los salía a buscar en la madrugada, con pijama, y los manes se le escondían;&lt;br /&gt;El loco Palma, que le partió la cara a Kukuku con una botella y nunca se supo porqué;&lt;br /&gt;Niño Tarro de Petróleo: Fumón pero muy educado;&lt;br /&gt;Chazán, que vendía helados. Él y la esposa ya murieron;&lt;br /&gt;El man de la esquina, compañero nuestro de la escuela, se hizo traficante de heroína. Cayó preso cinco años. La negra vaciló con él y lo iba a visitar a la Penitenciaría;&lt;br /&gt;Pajuelo, primo de los Santa Cruz, ya murió;&lt;br /&gt;Figurita, murió de cáncer por los químicos, jugador de naipes con Don Veta;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eliseo, alias el Pavo: Quería jugar volley en el barrio, pero en pepas. Le decía mijo a Luchín, y nos gritaba cuando estábamos en el garage de su casa “aclaren hijueputas, aclaren”. Y le decía al Licenciado (el mismo hijo del man) cuando se le llevaba el carro: “te haces humo hijueputa”. Una vez lo siguió a machete al Chugo. Por la mañana se le robaban el pan los que se habían amanecido chupando y se lo comían con ron y coca cola. Allí también vivía Panchito, inventor del Tumba Sabido (puro con mamey) y del Ron Panchito;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mamá de Manuelón, la señora Meche, de Los Almendros: Chupas a los quince años, con fío y chismes en bomba;&lt;br /&gt;Don Eliú Pombo: Te regalaba a la hija que tú querías;&lt;br /&gt;Los Solano: Típicos serranos que iban juntos a todos lados;&lt;br /&gt;Glauco Cordero (Mirada de Longo);&lt;br /&gt;Los zapatos Black and White y la camisa de amor y farra de Joselo (Cucaracha de agua); &lt;br /&gt;Pinina: Le debía dar a Monín y a Manuelón la semana porque sino le dirían a Pluca que se le quería comer a la ñaña;&lt;br /&gt;Tarzán Tomalá: Le decían así porque fumaba en los árboles;&lt;br /&gt;El loco Vicente Torres murió;&lt;br /&gt;La Banda de Careplato: Gualberto, los Torres. Siempre maltrataban a los más cojudos, entre esos yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuérdate loco de los árboles de Navidad que hacían los barrios de la Ciudadela y los inscribían en los concursos de El Universo;&lt;br /&gt;El Petiso Perico, implicado en el tráfico de Agua Loca con los Hermanos Buchannan’s (Coco y Gerardo), como lo grabamos esa noche con voz de los Intocables;&lt;br /&gt;José Cecilio Sellán, alias Muñeco de Brea;&lt;br /&gt;El Uruguayo violador, Reloj Suizo;&lt;br /&gt;Rucucú Servacuaco, simpre con las medias cambiadas;&lt;br /&gt;El papá de Angel, que murió;&lt;br /&gt;El colorado Barahona, que sólo escuchaba música de aniñados, en inglés; decía que en español era para cholos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acuérdate de cierta vez que Cachato escuchaba música a todo volumen y salió Chicho, el hermano. Cansado, sacó el equipo, lo puso bajo las llantas traseras del camión, lo prendió y se las pasó por encima;&lt;br /&gt;El viejo Pombar cuando tiró el equipo de música a media calle y dijo: Very good;&lt;br /&gt;El equipo Baratito, de Kalule;&lt;br /&gt;El loco Mente Enferma, que puso en los señaleros de la calle de su casa: “Calle Las Loras”;&lt;br /&gt;El Cholo Cepeda (yo mismo), que cuando estaba pluto buscaba a un grandote para hacerle problemas y que me arrastrara a puñetes;&lt;br /&gt;Galleta, que veía por las madrugadas, frente a su casa, que pasaba una carreta tirada por caballos negros. Es verdad que unos choros pasaban en una carreta robándose las tapas de las alcantarillas, que eran de hierro, para venderlas al peso;&lt;br /&gt;Cuando se llevaron en rodillo de cemento de la zona llamada El Rodillo. Se lo llevaron al barrio Cuba y luego lo recuperaron;&lt;br /&gt;La pelea en el cine Inca entre Karate y el Pato Arias;&lt;br /&gt;Los partidos de Ciudadela en el Capwell;&lt;br /&gt;Roberto Villacís, que le prestó unos mocasines a Bardales para que vaya con Barcelona, a jugar el primer partido, y nunca se los devolvió, y todavía, cuando lo ve, le dice que se los devuelva;&lt;br /&gt;Las peleas del patucho Gálvez con Popeye eran venenas;&lt;br /&gt;Los cabezasos del viejo Pombar;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Chugo, Cocojox, Lechuga y el Bozo cogieron a un meco en la calle y lo metieron a la casa del Chugo y le robaron las tarjetas de crédito. Por la mañana, se fueron a desayunar a un hotel aniñado. El que frenteaba era Lechuga. Le trajeron la factura y al firmar se dieron cuenta de que no era la misma firma. Los dueños bravearon pero, hasta eso, el Chugo fue a prender un carro que se le habían traído a un man que se había quedado dormido. Se embarcaron y se dieron a la fuga. Estaban ultra plutos y se estrellaron justo frente al manicomio Lorenzo Ponce. Luego lo dejaron botado y se dieron a la fuga otra vez;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Nicota lo fajó el Chavo Roca. El papá le pagaba, supuestamente, los días de trabajo, y Nicota se ponía una venda en la cabeza metiendo paro de que estaba herido, y con el dinero que pedía para las medicinas se engrifaba;&lt;br /&gt;Recuerda loco cuando al gordo Iturralde le ibas a partir la cabeza con la armónica en una fiesta en la casa de Billy Ladd;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Chugo, cuando ya no tenía plata para seguir chupando, en la madrugada sacaba al portal de la casa la grabadora para venderla, o los zapatos del que se había quedado dormido, lo que sea, con tal de seguir bebiendo. Siempre lograba vender algo. Cuando ya no tenían plata para fumar en la casa del Chugo, el Bozo comenzaba a buscar tamugas detrás de los cuadros de los santos porque el man decía que eran sus escondites benditos. Ahí vivía Toñito, que tenía un cajón con llave, con sus cosas personales. Un día se lo abrieron y le robaron todo y todo se lo fumaron;&lt;br /&gt;Acuérdate loco cuando Gorilón fue a reclamar donde Don Ángel un anillo que le había empeñado y éste le sacó un cofre donde tenía todo lo empeñado para que tomara el suyo, pero Gorilón escogió el más grande, que no era de él, y se lo llevó. Acuérdate loco.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7303766861556025313?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7303766861556025313'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7303766861556025313'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/11/acurdate-loco-1-manuscrito-del-cholo.html' title='Acuérdate loco 1 (manuscrito del Cholo Cepeda)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-3926053097901736376</id><published>2008-10-30T07:52:00.000-07:00</published><updated>2008-10-30T08:13:12.391-07:00</updated><title type='text'>Alausí-Riobamba ida y vuelta</title><content type='html'>La primera vez no la recuerdo bien, pero la segunda vez sí. Salimos muy temprano por la mañana a Durán en gabarra. Llegamos a la estación del tren en Durán y nos fuimos para Alausí, el pueblo más hermoso que uno pueda encontrar rumbo a las montañas andinas. El tren avanzaba veloz y yo iba junto a mi madre. En los demás asientos viajaban mis hermanos y mi padre. Pasamos dos túneles y luego la Nariz del Diablo, una montaña que el tren sólo puede cruzar en movimiento zig-zag. Luego llegamos a Huigra y tomamos caldo de pollo. El frío de la mañana entraba por todos lados. Hacia el mediodía estábamos ya en Alausí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/DLa0whzLSl4&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/DLa0whzLSl4&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajamos las maletas mientras el tren se despedía rumbo a Riobamba. En Alausí pronto fuimos a casa de doña Luz, la dueña del viejo piso que mi padre había rentado. Hicieron los papeleos del caso y avanzamos con carretas llevando las pertenencias de la familia. Subimos y nos instalamos. Era un piso de madera cuyas ventanas daban al patio trasero y a la calle. Al abrirlas quedaba una hermosa plaza que tenía como fondo dos escaleras de piedra que llevaban a una iglesia. La plaza era el lugar de juego, de los paseos en bicicleta, de los correteos con mi hermana Elsa. Pero también se transformaba en un vistoso mercado cada martes y jueves, cuando los indios bajaban de las montañas trayendo frutas, tejidos y artesanías. La magia del trópico, que tanto extrañaba, así como el recuerdo de mis amigos, se conjugaba ahora con las formas de las nubes, las verdes montañas, la neblina que lentamente bajaba cada tarde y se quedaba reposando toda la noche y la madrugada para, a la mañana siguiente, dar paso a un alto y brillante sol que quemaba mucho más que el de la costa. Con la llegada del viejo sol, el Inti, llegaban también los indios y sus ferias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era muy chico, pero perseguía con entusiasmo a las mellizas de al lado de la casa. Ellas salían uniformadas muy temprano, cruzaban la plaza, subían las escaleras de piedra y se perdían en las callejuelas que quedaban detrás. Yo las buscaba pero ellas siempre desaparecían. Estudiaban en una escuela que nunca logré encontrar pero que imaginaba era el viejo edificio de piedra y tejas. Derrotado en mi empeño, corría hacia la estación del tren, me montaba en una de las carretas dispuestas sobre las rieles, y daba manivela hasta rodarla hacia la parte baja de la ladera. O bajaba la calle que conducía de mi casa a la plaza del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los días y regresamos a Guayaquil de la misma manera: mis hermanos tirándose y tirándome cáscaras de guineo cuando pasábamos los túneles en el tren, maravillándonos de La Nariz del Diablo y preocupados porque, una vez más, la gabarra que cruzaba el Guayas no sucumbiera en medio río y nos tragara lodazal adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los años pasaron y me di cuenta de que los patriotas del sur eran una realidad en mi vida y en la de los demás, volví a Alausí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/aIO8THVeKT0&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/aIO8THVeKT0&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué había cambiado y por qué volvía? Para recuperar el pasado y quizá para transformarlo. Para encontrarme el otro que fui y que, como mis amigos, se había perdido en el futuro. Repetí el rito de mi infancia pero ya no había gabarra que cruzara el Guayas ni los vagones tampoco eran transportados desde Guayaquil. Tomé el tren esta vez solo, sin nadie ya a mi lado. Recordaba con detalle y triste entusiasmo el trayecto, los túneles y la Nariz del Diablo. Cuando llegué a Alausí busqué afanosamente mi pasado, mi casa, mis calles. La vieja plaza de ferias había sido torpemente suplantada por un mercado inútil y oscuro, pero las vecinas aún se quedaban conversando en los marcos de las puertas, vestidas de negro, con las manos debajo de los ponchos. Con cierta dificultad logré identificar el lugar donde viví y entré tímidamente por el pasillo. Imaginé o creí reconstruir la vieja casa, su patio, las escaleras al segundo piso. Recordé con inútil énfasis los fríos aguaceros y los cables de luz meciéndose con el viento. Así, a medio talle entre el recuerdo y el silencio, dejé Alausí porque esta vez era necesario hacer lo que nunca hice de niño: avanzar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomé un pequeño bus que me condujo a otro pueblo, más arriba. Pero todo empezaba a volverse hermoso, trágico y extraño. En este pueblo, justo antes de llegar al Desierto de Palmira, vi una plaza pequeña, hermosa, limpia y vacía. Las puertas de la iglesia estaban cerradas. Había un sol espectacular y el cielo estaba azul. Me senté a descansar y, de pronto, como si fuera la escena de una rara película que, sin embargo, me resultaba muy familiar, apareció un grupo de indios. Habrá sido una veintena. Me miraron, hablaron entre ellos y se acercaron a mí. Me preguntaron que quién era, qué hacía, cuánto tiempo estaría allí, todo con un aire de desconfianza, de esas que tienen las personas cuando han sufrido mucho. Al final me indicaron el camino al Desierto de Palmira, pero me dijeron que no me aventurara a pié porque no tenía sentido y era hasta peligroso. Tomé esta vez el tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/67SXY0PYg9o&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/67SXY0PYg9o&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allí estaba. Una gran extensión de arena y montículos por todos lados. Al fondo, la neblina que dejaba ver unas figuras de hombres a caballo. El paso por Palmira fue como un sueño, como una una secuencia de fotos que se ve lentamente tratando de encontrarles diferencias. Palmira existía, lo había visto, era la prolongación geográfica de mi vida inconclusa. El tren llegaba a Riobamba que me recibía con carros que cruzaban sus empedradas calles, veredas con plantas muy verdes, pequeñas casas acogedoras detrás de las cuales se veía imponente el Chimborazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Mc--DURqI5o&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Mc--DURqI5o&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Riobamba me sentí como hipnotizado. Caminaba sus calles una y otra vez, como un maniático. Iba por un lado de la acera hasta el confín de la calle y regresaba por la otra acera de la misma calle hasta llegar nuevamente a su extremo, en un ridículo esfuerzo por concluir una distancia. Pero la distancia simplemente se prolongaba cuando reconocía que había otras calles y que necesitaba más tiempo para hacerlo. Fui al mercado, a la estación de tren, a las panaderías y bares que mostraban sus productos en charoles y vitrinas. El hotel era pequeño y estaba lleno de la más rara fauna de turistas. Unos eran alegres, desenfadados, amigables. Otros se comportaban como perfectos patanes racistas, cosa que en mi barrio se habría arreglado de manera no muy caballerosa. ¿Y mi barrio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé Riobamba una mañana, muy temprano, junto con el tren. Mi regreso a la costa fue aleccionador: Había constatado que el pasado es recuperable pero también que el presente puede arruinar muchas cosas y ofrecer otras. Nunca vi paisaje más hermoso ni estremecedor, ni campos más verdes ni montañas más grandes. El tren bajaba veloz y yo podía sentir también, al pasar nuevamente por los mismos lugares, que algo de mi remoto pasado y del futuro viajaban dentro de mí. Luego de muchas horas de sol, polvo, ventisca y cansancio llegamos a Durán, el inicio de mi búsqueda. Tomé una lancha para cruzar el río y vi con la caída de la tarde nuevamente el eterno sur, las lucecitas del Cerro Santa Ana donde había nacido y al fondo, como en una prolongación de un Nacimiento navideño, las torres de la Harinera y la Ciudadela 9 de Octubre. Al igual que en mi primer paseo en bicicleta soñé con regresar a mi casa, a abrazar a mi madre y ver a mis hermanos. Desde la lancha que cruzaba el Guayas imaginé que estaba en mi barrio, en la esquina, saludando efusivamente a Baby Topla, el cholo, Monín, Manuelón, el Cuervo, el Salvaje y a todos mis queridos patriotas del sur.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-3926053097901736376?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3926053097901736376'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3926053097901736376'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/10/alaus-riobamba-ida-y-vuelta.html' title='Alausí-Riobamba ida y vuelta'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-1245234072259139197</id><published>2008-10-22T16:52:00.000-07:00</published><updated>2008-10-22T16:59:18.257-07:00</updated><title type='text'>Yo vivo condenado a la distancia</title><content type='html'>Los muertos aparecían rabiosamente en los sueños, buceaban en piscinas, dormían en inmensas camas, leían periódicos en las esquinas. Los muertos pero también los vivos. Sin embargo, entre ambos no había diferencia: se tuteaban, hablaban como si nada, compartían cosas y escuchaban la misma música. A lo mejor era porque en Ecuador, “la tierra de los valientes” como dice el poeta del fútbol, no se sabía si más valientes eran los que se quedaban a pelear el pan de cada día, o los que seguían el dorado sueño del norte por las peligrosas y coyoteras rutas de la frontera mexico-gringa, o por barcos que naufragaban en medio mar. Sea como fuere, Ecuador, “mi pedacito de camote que no me desampara”, fue, es y será siempre “la tierra de los valientes”. Pero de hablar de valientes a los gusanos del gobierno hay mucha distancia, así que mejor movámonos con cuidado y no caigamos en los dimes y diretes de los gritones de la política local, que para eso ya existen los pasquines que todo el mundo conoce. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así filosofaba mientras trepaba la loma de la Ciudadela Bellavista en busca del arquitecto Cocojox, antes conocido como Negro Buchannan y ahora, rehabilitado de los abismos chuperiles, chapeteado como don Bramha Kumaris. Don Brama, de ahora en adelante. Lo buscaba porque quería que me hiciera un aumento en la caleta, pues el espacio se había reducido ante la llegada y posesión de mi propiedad caletil (guasamayete incluído) a manos de La Pequeña Lulú. ¿Quién era La Pequeña Lulú? La ella de la película y de este nuevo remedo de arte callejero que llamaremos de manera provisional El regreso del Pez que Fuma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella apareció como aparecen las malas buenas mujeres en Guayaquil: en una noche de farra. En un paseo por la Cofradía del Bolero la vi, sentadita en la barra, a vaca mú, como esperando un galán de fina estampa que le alborotara el yajajá. Y ardió Troya y sonó el trueno y la pasamos bacán. Yo te conozco me dijo, y nos fuimos de verbo y biela. Claro, sólo después me enteré de que la man era jefa de una pandilla femenina que acaramelaba y mandaba de ruca a los confiados pasajeros de autobuses para desvalijarlos una vez dormidos. Pero de que se estaba buena, lo estaba. En fin, la man se comenzó a aflojar poco a poco, una vez que descubrió que mi política era de corte total entre el mundo de los negocios y los placeres de la casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero volvamos a la loma de Bellavista, que resultó larga y jodida para estos trajinados pasos de Quijote del trópico. ¿Está Don Brama? Pregunté cuando me abrieron la puerta. ¿Quién? Replicó el joven. El arquitecto, dije, corrigiendo de inmediato mi chapeteo. Ya lo llamo, y cerró la puerta. Eran las 9 de la mañana pero el sol ya caía en picada sobre el transeúnte. Qué fue cholo, me dijo Don Brama. Dame un poco de agua helada, dije sin saludar, casi metiéndome a empujones a su casa. Calmada la sed le conté a qué venía. Mira, le dije, me informaron que estabas más o menos sin camello y pensé que podrías ayudarme en un asunto que tengo pendiente. Pero debemos salir ahora, te cuento en el camino. ¿Adónde vamos? Ya te cuento. Y así, buscando la poca sombra que daban las raquíticas ramitas que se escapaban por las verjas, nos fuimos a la Ciudadela 9 de Octubre. En taxi, obviamente, pues el tiempo apremiaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos. En el parque estaban nuevamente el Negro Ojito y Marco Tulio, bajándose una de Trópico Seco. ¿Cholo, Cocojox, cómo así? Dijeron mientras servían en la tapa y, extendiendo el brazo, nos la ofrecían. A lo cual, inmediatamente, Don Brama dijo, no bróder gracias, ya no bebo. Ellos se miraron, se rieron y le dijeron: Ya, te hiciste hermanito también. No, replicó el moreno y alto arquitecto, soy Bramha Kumaris, y nosotros no bebemos. Ándate nomás entonces, le dijo con tono medio molesto, aunque también en broma, el Negro Ojito. Ándate nomás y mejor no vengas por el barrio. Qué decepción, tú, que tomabas hasta Racumín para ajumarte. ¿Han visto al Loco Huguito? Pregunté para cortar el achaque. Debe estar en su casa, dijeron. Pero si lo quieres ver tienes primero que hablar con esos dos mancitos de la esquina. Ajá, les dije ¿Y quiénes son? Son dos guardespaldas colombianos que se consiguió el loco. Aparecieron después de la balacera. Ya, dije. Simón, continuaron, el man pensaba que era venganza de Carecamiónchocado, pero parece que la cosa es más seria, más fea, dizque el loco anda metido con los guerrilleros de las FARC, tú sabes, los corronchos. Ya, le dije. A ver qué se cuenta el loco. Ya regresamos. Fuimos a casa del loco y sólo alcancé a decirle a Don Brama que se quedara callado cuando una voz me dijo adónde va su mercé, a la par que me dejaba ver el arma al cinto que llevaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y pensar que ese era mi barrio. Ahora tenía que dar explicaciones de mi rumbo.&lt;br /&gt;Dile al loco que el cholo y Don Brama quieren hablar con él, respondí. El man nos está esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/s2ithgTJP90&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/s2ithgTJP90&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-1245234072259139197?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1245234072259139197'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1245234072259139197'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/10/yo-vivo-condenado-la-distancia.html' title='Yo vivo condenado a la distancia'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7934964530242308239</id><published>2008-10-16T15:23:00.000-07:00</published><updated>2008-10-16T15:26:34.092-07:00</updated><title type='text'>Elogio de la música</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/4vijF53fI1g&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/4vijF53fI1g&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa época escuchábamos a Los Mitos, Formula V, Los Tíos Queridos, Los Náufragos, Safari, Banana, Sabú.  Sandro era el amor ideal de todas las muchachas. Rafael concentraba al auditorio cuando empezaba “yo no he vuelto a encontrarla jamás/ desde aquel día...”. Las canciones del Festival de San Remo y de Adamo o Los Iracundos, eran cantadas en la hora social de los viernes en la escuela. “Juega a la ruleta/ ella te puede ayudar” decían los Hermanos Castro en México. ¿Quién iba a pensar que veinte años después, en el parque de St. George, en Staten Island, Ramón Morales, Jaime Franco y yo, rememoraríamos lúcidamente todas esas canciones?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivíamos en otra edad, en un tiempo dorado y lleno de luz. ¿Qué era el dinero real junto a las brillantes latas que recogíamos con Luis Cepeda al sur de la ciudad, en los lluviosos y fervientes días del invierno tropical? ¿Qué mejores películas de miedo que las leyendas contadas por los hermanos Baidal o los Paredes? ¿Qué podía ser más importante que los partidos de índor y fútbol en las tardes para Manuel Mendoza o Monín Tenén, si en cada jugada se iba un poco de la vida de los demás? Quedan las imágenes, los temores a “los aparecidos”, el Tintín, la Viuda del Tamarindo, las entradas y salidas triunfantes de Quevedo cuando visitaba damas solitarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo olvidar las desaforadas persecuciones a las muchachas junto a Julio Ronquillo, Rey Arias y Joselo García?  Ese «voyeur» que vivía en todos nosotros ¿aún espanta parejas en las noches? Las mañanas eran tranquilas y claras, un tiempo eterno que se prolongaba durante años y años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jugábamos al pepo, al burrito de San Andrés, al “estaba Don Juan”. O nos poníamos a saltar la cuerda con las vecinas del barrio. “Recordar”. Esa es la palabra mágica que nos conduce al temido y contundente pasado, a nuestras vidas anteriores. ¡Y qué mejor que la Ciudad de Hierro para hacerlo! Volver a ese tiempo desembarazado de responsabilidades utilitarias, volver a la infancia, es asumir a cada rato con mayor fuerza la vida de los otros. Basta sintonizar una emisora cualquiera. Poco a poco la voz de Nat King Cole (esta vez en inglés) va llenando la habitación. Palabras, melodías que buscan Junction Boulevard, las calles de Corona. Luego viene algo de Billie Hollyday, de James Taylor y de Steely Dan, el primer conjunto de rock que recuerdo con cariño porque compré y escuché el disco hasta rayarlo: Do it again, Midnight Cruiser, Only a Fool, Reeling on the Years. Luego ya es necesario dejar la escuela, los amigos, comenzar a pensar en la universidad y cosas así. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, en la radio, Charlie Parker toca Autumn in New York. Charlie Parker es el último de los cronopios. Ray Barreto nos vuelve a esos lugares ya inexistentes de La Molienda, el legendario El Charro, los frondosos almendros que nos cubrían mientras bebíamos unas cervezas en casa de Doña Meche. New York es el paraíso del melómano, el reino de su única libertad. Sólo la música une a la gente. Significantes, codigos, números que no poseen un sentido exacto. Charlie Palmieri cuenta cómo conoció a Tito Puente, en inglés del Bronx, y al volver sobre la autobiografia es como si expusiera la vida de cualquier hombre, la de un sencillo hombre del sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/dPtG07YfKXk&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/dPtG07YfKXk&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7934964530242308239?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7934964530242308239'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7934964530242308239'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/10/elogio-de-la-msica.html' title='Elogio de la música'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7702462941038361492</id><published>2008-10-16T15:21:00.000-07:00</published><updated>2008-10-16T15:23:19.258-07:00</updated><title type='text'>Un tipo de Queens</title><content type='html'>La fría mañana de otoño ha obligado a sacar de una vez por todas los pesados abrigos y las bufandas de colores. La muchedumbre avanza rápidamente hacia otros trenes, copa las escaleras eléctricas y las estaciones del subway. Los vagones son viejos, diseñados para llevar la mayor cantidad posible de pasajeros. Las líneas 7, E, F, G, R, transportan y sacan a los trabajadores y estudiantes hacia los demás lugares: Manhattan, Brooklyn, el Bronx. Un día como otros en Queens, con sus problemas y el informativo meteorológico pronosticando lluvia en la mañana y un posible aparecimiento del sol hacia el final de la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los cubanos han hecho una ciudad que se llama Miami. Gústeles o no, es verdad. Nosotros estamos haciendo lo mismo con Queens. Que hace años los primeros vecinos se hayan ido no es culpa ni problema nuestro. Este es nuestro barrio, nuestra comunidad hispana”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los muchachos se reúnen a jugar béisbol en las calles. Se hacen bromas, hablan un inglés que no tiene el acento del que se oye en el Bronx pero tampoco del de Manhattan o de la televisión. Para la nueva generación el spanglish no es un problema importante: son perfectamente bilingües. Las otras comunidades étnico-culturales viven de manera independiente: los asiáticos, negros americanos y los llamados “irlandeses” tratan de no mezclar las relaciones. ¿Un nuevo indicio de racismo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivir en Queens es encontrar comercios en donde “se habla español” por doquier. La reproducción de las costumbres cotidianas traídas de los países de origen es también otro hecho interesante. Las esquinas diariamente sirven a los amigos para conversar, tomarse camufladamente una cerveza y chacotear un poco.&lt;br /&gt;Uno sale a la calle y en medio de los interminables bloques de ladrillos rojos se ve desfilar a dominicanos, colombianos, peruanos, ecuatorianos, salvadoreños y brasileños. Los sábados todo el mundo va al parque Flushing. En medio del partido de fútbol, del campeonato de las ligas, la gente grita y oye música tropical mientras bebe y repite anécdotas como escenas de películas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— “Uno viene sólo para hacer billete. Después hay que regresarse. Aquí, sea lo que sea, no estás en tu casa. Además, no te vas a matar trabajando toda la vida. ¿Para qué?”, dice uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— “Yo no podría acostumbrarme si regresara. Hay muchos problemas, la situación está mala y, para colmo, todo el mundo se quiere meter en tu vida”, replica otro.&lt;br /&gt;La minoría, aquellos que tienen un buen trabajo estable y residencia o ciudadanía norteamericana, entienden que lo fundamental para sentirse ligados realmente a la ciudad, al gran país del norte es justamente las dos cosas que ellos tienen: buen trabajo y estadía legalizada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Si quieres vivir entre los tuyos debes vivir en Queens. Los demás barrios no son iguales. Hay menos peligro de que te coja una pandilla de irlandeses borrachos. Claro, eso de la droga está serio. Acabo de ver una calle cerrada por la policía. Los portorriqueños te pueden chantajear si saben que estás de ilegal. No, para estar como en casa mejor te quedas en Queens. Aquí están los tuyos y no tienes problema con el idioma”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy nuevamente por el Roosevelt Avenue. Oigo que hablan de cuoras, sueras, compiurers. El sol repentinamente sale y anima un poco al transeúnte. El tren cruza por encima de la calle haciendo un ruido infernal. Llego a la 82, veo vitrinas abarrotadas de electrodomésticos y vestidos, casas antiguas que sirven de tienda de oficinas o improvisadas academias de inglés. Las luces de neón dicen que las cervezas Budweiser y Miller son las mejores. La constante agitación es cada vez más febril. Gente va y viene Un muchacho escandaliza con la grabadora a todo volumen. I am a guy from Queens, me digo. Busco las pocas librerías. Algo de Saul Bellow aparece por allí; miro cámaras fotográficas, una pequeña iglesia, la programación de la TV, un comentario sobre una película que estrenan el viernes, la gente y las pequeñas tiendas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7702462941038361492?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7702462941038361492'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7702462941038361492'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/10/un-tipo-de-queens.html' title='Un tipo de Queens'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-3361192329122995024</id><published>2008-10-11T14:51:00.000-07:00</published><updated>2008-10-11T14:54:00.300-07:00</updated><title type='text'>Memo, La Memoria</title><content type='html'>La última vez que lo vi fue en el parque, un sábado por la mañana, conversando y bebiendo con toda la gente.  Hablamos de nuestras familias, de su tía Ana en la Yoni, de Giuseppe, que fue quien le puso la chapa de Memo porque desde peladito dizque era malo, como el de la Pequeña Lulú.  El Chugo había puesto el equipo de música a sonar con fuerte salsa y, a veces, con unos pasillitos llorones que ni a Memo ni a nadie le gustaban.  No, al menos, a las once de la mañana del trópico.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día, por azares que no eran ni de la vida ni de la chirés,  el poeta Pipí con Lentes, había caído por ahí.  Andaba contento porque había ganado otro premio en su larga lista de concursos.  Esta vez era uno organizado por la Sociedad de Plomeros y Oficios Afines del Chunchi, residentes en Guayaquil, SOPLOACHU-Filial Costa.  Apenas vio a Memo se me arrimó y en corto, medio temblecoso, me preguntó si el que estaba ahí era el famoso Memo, el de la pandilla del  Francés, el que había estado en la Peni, el que se había virado por error a un marino y esa fue la casita, el que se había bajado a no sé quien en noches de Londres y chicha jora, el que acostumbraba a chorear motos y carros por la pura nota de tener en que transportarse de un lugar a otro y por hacer camellos anexos , y que luego los dejaba tirados por ahí y etc., etc. Le dije que sí a todo, que era el mismito. Acto seguido llamé a La Memoria y los presenté. “Háganse amigos”, les dije. Hablaron por largo rato, como si se hubieran conocido desde hacia tiempo.  Memo me había dicho que le interesaba hablar con un pana que por esa época ya escribía en un periódico, para que lo entrevistara, que él tenía muchas cosas que contar y que podía hacer marchar a un montón de gente pesada.  Ese pana que yo le había mencionado antes a Memo era nada menos que el ya semi-declarado Cronista Vitalicio de la Cosmopolita Ciudad de Santiago de Guayaquil, el Conde Martillo, de quien el ávido lector tendrá más de una referencia. Ese día lo pasamos muy bien. La mañana del sábado veraniego estaba fresca. Poco a poco aparecieron Lechuga, la Chocota, la negra Linda y todo el Cartel. También estaban el cholo Cepeda y el Cuervo. Ibamos medio embalados en la chupa y el chacoteo cuando, de repente, se oyeron disparos de metralla que venían desde la calle Quito. A lo lejos pudimos divisar dos carros que venían veloces hacia nosotros, dándose bala. Todos, incluyendo la Memoria, nos tiramos hacia las plantas del parque, boca abajo, cuando pasaron cerca de nosotros. Bueno, casi todos, porque el cuerpo se tiró a la vereda y se fue rayando la cara, para diversión de todos, luego de pasado el nerviosismo. Con los días nos enteramos que se trataba de dos hermanos de la política local que se peleaban por el peaje del Puente de la Unidad Nacional, nada menos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos meses después Memo moría, luego de una tenaz persecusión y tortura de tres días.  En los periódicos salió su foto: sin lengua y con los huevos quemados.  No fui al velorio.  Nunca me han gustado ni los muertos ni las muchedumbres.  Todos los del barrio en cambio sí lo hicieron y le dejaron una corona de flores.  El cholo Cepeda me contó que tres mujeres aparecieron para disputarse el derecho al recuerdo del concubinato con el difunto.  Además, que otra señora de edad avanzada, había estado rezando cerca del ataúd por varios minutos y que luego contó su historia, que se abría con una expresión polémica: "Él era muy bueno".  Y dijo a renglón, seguido que cosa de dos años atrás Memo había pasado por su casa, una casita de caña en uno de los tantos suburbios de esta ciudad de mierda.  Él se detuvo al ver gente llorando. Salió del carro, entró a la casa y en mitad de la habitación, sobre una mesa, vio el cuerpo sin vida de un niño.  Le dijeron que había muerto de una infección y que nadie tenía dinero para pagar el servicio funerario.  Memo no dijo nada. Salió de la casa y regresó al poco tiempo con todo lo necesario para las honras.  Partió nuevamente y la señora nunca más volvió a saber de él hasta que vio la foto en el periódico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro pana, Cabeza de Tuco, dijo que eso era verdad y que podía asegurarlo categóricamente porque con él también se había portado redondo.  Contó que para su último cumpleaños él estaba limpio y medio jeteado en el parque y con unas atormentadoras ganas de celebrar.  Luego, como llamado por los dioses, Memo apareció en un carro lujosísimo y le preguntó por qué tenía esa cara de aguacero y Cabeza de Tuco le respondió que por la crisis billetera.  Memo, con su característica manera de aparecer y desaparecer sin dar explicaciones, se fue, no sin antes decirle a otro pana, el Cacho Bardales, "trepa para que me acompañes".  Lo que ocurrió en ese viaje fue narrado por el Cacho: Se dirigieron a una licorera, Memo se bajó del carro y, Magnum en mano, le dijo seria y tranquilamente al dueño del local:"me das esas tres botellas de whisky y dos fundas de cachitos, rápido chucha o te bajo todo el almacén".  El tipo obedeció y luego de unas horas la fiesta en el barrio era total, "que daba gusto" decía Cabeza de Tuco, quien, como ya dije antes, había estado en el entierro de su pana, nuestro pana, Memo La Memoria. Dios lo perdone y lo tenga en su gloria para siempre. Y también al Chugo, su hermano, y también a Carlos Ríos, alias La Rubia Peligrosa. Vida eterna y piedad para esos Hermanos Karamazov que, sin duda, también eran patriotas del sur.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-3361192329122995024?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3361192329122995024'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3361192329122995024'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/10/memo-la-memoria.html' title='Memo, La Memoria'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7735887142279618338</id><published>2008-10-04T08:02:00.000-07:00</published><updated>2008-10-07T07:49:22.105-07:00</updated><title type='text'>Roberto Alvarado ha muerto</title><content type='html'>El jueves me escribió la Chocota (Mónica Pombar) y me contó que Roberto Alvarado, otro de los "patriotas del sur" había muerto, que se nos había adelantado, y que regrese pronto al barrio, que siempre están de chacota y que a Bobo Alegre le encaman ahora que de pelado le gustaba jugar al papá y a la mamá y que ponía a los malos del barrio como sus hijos y que los mandaba rápido a la cama para estar solo con el marido. Y me reí con ese dato, pero no olvidé a Roberto. Hacia finales de los 80s, varias veces nos juntamos a vivir la vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me habían dicho que estaba muy mal, en cama ya, luego de muchos años de padecer una enfermedad de los huesos que lo volvía cada vez más pequeño. A Roberto lo recuerdo de muy adolescente, gritando con vanidad a los cuatro vientos que él era "Tronco de aniñado". En esa época era enamorado de Elizabeth Jácome, también de la Ciudadela 9 de Octubre, quien había sido mi compañera de escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer por la tarde, luego de terminar las clases, de regreso a casa, encendí la radio y sonaba fuerte una canción disco de los 70s, de esa que tanto le gustaba a Roberto, y pensé que era su manera de decirme adiós, pero estando presente aunque de manera más discreta e inverosímil. Anoche llamé al Cholo Cepeda y hablamos de Roberto: "Me quebré al verlo. Parecía una calavera y tenía los dientes muy amarillos. Lo enterraron por ahí mismo. Ahora sus hermanos se pelan para ver quién se queda con la casa. El que sabe de sus últimos años es Figueroa, que lo visitaba a menudo. A él hay que preguntarle, pero hay que estar listo porque siempre te hace un pique, va al remo. Hay que cuidarse".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Chocota también me ha enviado varias fotos. En ellas aparecen aquellos valientes que se quedaron en el barrio "con todas esas cosas/ pequeñas silenciosas" (Pablo Milanés). En ellas no está Roberto. Pero en mi recuerdo aparece vivo el que fue "Tronco de aniñado", riéndose de la vida, allá por los 80s.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SOeKpTGq3uI/AAAAAAAAABU/uBGo5wXdz9U/s1600-h/ojito+y+nicota.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SOeKpTGq3uI/AAAAAAAAABU/uBGo5wXdz9U/s320/ojito+y+nicota.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5253319932458491618" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;(Ojito, que se parece a Johnny Pacheco, y Niño Niño)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SOeK4tNtPnI/AAAAAAAAABc/xgVeqXIK2xs/s1600-h/chocota+1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SOeK4tNtPnI/AAAAAAAAABc/xgVeqXIK2xs/s320/chocota+1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5253320197165366898" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;(Fiesta en casa de la Chocota)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SOeLKiOa6DI/AAAAAAAAABk/MufAgVWqFvc/s1600-h/chocota3.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SOeLKiOa6DI/AAAAAAAAABk/MufAgVWqFvc/s320/chocota3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5253320503453214770" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;(Cabeza de Tigre en el medio. Cuando tomaba "Tumba sabido" se desnuadaba y salía a caminar por las calles con un bate en la mano)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7735887142279618338?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7735887142279618338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7735887142279618338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/10/roberto-alvarado-ha-muerto.html' title='Roberto Alvarado ha muerto'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SOeKpTGq3uI/AAAAAAAAABU/uBGo5wXdz9U/s72-c/ojito+y+nicota.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-2067578959522911547</id><published>2008-10-02T03:31:00.000-07:00</published><updated>2008-10-02T03:36:40.757-07:00</updated><title type='text'>Alma inquieta de gorrión sentimental</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/rNmpmcanK5s&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/rNmpmcanK5s&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El que llegó primero fue Chinto Ness, el mismo que, apenas vio al poeta le gritó ¿bebéis o no bebéis? -¿Por qué le hablas así?- interrogué sorprendido. A lo cual el Chinto respondió que era por respeto a Iturburu ya que, al ser poeta, él no podía preguntarle en términos vulgares chupas o no chupas, como si fuera un borrachito cualquiera. No. Había que preguntarle con elegancia: bebéis o no bebéis, o el poeta no respondería. Le decíamos Chinto Ness porque, una lejana noche, en la esquina del barrio, se había puesto a imitar al narrador de Los Intocables para contar los chismes de la gente. Era de allí que el vate Iturburu había sacado la idea de escribir literatura policial, no de los libros, como él quería que creyéramos. Lo digo yo y lo certifico, pues fui yo quien tuve la grabadora en mi mano mientras el Chinto se explayaba en detalles de la parodia. Y fui yo quien escribió el libreto, lo hicimos con Cocojox y La Garra. Luego empezaron a llegar los demás. Allí estaban, tal como lo habían augurado, Pollo Enano y Camachiño, el Cuervo, el doctor Bonilla y el loco Villacís. Más tarde llegarían Kukuku, Gorila y el gordo Lucho. Aparecieron Frejolito, los Pilones, el Oso Yogui, Mente Enferma, Petete, Salomón el Niño, Guarulo, el negro Bermeo y el Amigo. Lechuga llegó solo pero con unos cds de música de los 70. También llegaron las mujeres del Cartel y hasta la familia Cabrera, los gitanos del barrio, quienes sacaron sus guitarras y se pusieron a tocar interminables pasillos seguidos en coro por todos nosotros tú eres mi amor/ mi dicha y mi tesoro/ mi sólo encanto y miiiilusión/ ven a calmar mis males/ mujer, no seas tan inconstante. Y, la plena sea dicha, como en los viejos tiempos, la pasamos bacansísimo, pues luego nos tiramos al ruedo y nos fuimos de salsa, disco, boleros y otros ritmos debidamente rastrillados en el roce de piernas y demás toqueteos, fundamentales todos en la lucha cuerpo a cuerpo.&lt;br /&gt;             &lt;br /&gt;En una de esas pregunté por los que no estaban presentes: Cachato, don Perry, Magucito, la Huasa y Papa Chola. ¿No sabes? me preguntaron al unísono, se hicieron hermanitos, han dedicado su vida a predicar el evangelio según los Testigos de Jehová. Yo, tirándome para atrás como Condorito, me dije el tiempo todo lo cambia, mientras, para variar y de puro jodido, puse una canción de los Beatles que decía Miiiiicheeeelle, these are words that go together well/ ma Michele/ Miiiiichelle ma belle/ sont les mots qui vont trés bien ensemble/ trés bien ensemble. Esa es la plena cholo, la plena de verdad, gritaba entusiasmado el ya ebriongo poeta.&lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;¿Y qué hay de La Sombra? comenzaron a preguntarse. (Por si la lectora no recuerda, o no ha leído mi novela, La Sombra es el alias con el que el pueblo bautizó a un personaje real, o de su fantasía, nunca se supo, que ajusticiaba a criminales). En los últimos días se había vuelto a hablar del tema, pues habían encontrado cadáveres en las carreteras, barrios bravos y vías marginales, y la mayoría de ellos tenía una S en el pecho, claramente realizada con un cuchillo, y un hueco en la frente. No, no es La Sombra, comentó Iturburu. Está claro por el estilo, los lugares y los muertos. Es sólo la violencia diaria, la de siempre, esa que ya a nadie le importa, terminó diciendo, mientras unos reafirmaban que eso era lo que se necesitaba: orden para el progreso, y otros decían que, de todos modos, La Sombra actuaba fuera de la ley y eso no era bueno para la democracia. Democracia, alguien replicó, cuál democracia, mientras seguíamos con música y cerveza.&lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;El sábado ya era propiedad de la noche y se adornaba de los últimos cantos de grillos, sapos y picadas de mosquitos, todos los cuales se batieron en abrupta retirada cuando el solícito Pepe Norro hizo que el humo de palosanto invadiera la terraza. Ya estábamos en pasillos de Olimpo Cárdenas, valses de JJ y boleros de Patricia González. Ya habíamos bajado algunas jabas y por enésima vez me preguntaba de dónde salía plata para la cerveza y si acaso el destino de los machos del Guayas era simplemente vegetar y emborracharse. &lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Preparamos luego unas carnes en palito y unos chinchulines y revivimos entre todos el pasado absoluto y recordamos que el tiempo era el implacable aliado que algún día nos llevaría en su canoa hacia el mar abierto del silencio que es la muerte. Esa noche, nuestros muertos estuvieron con nosotros: Carlos Ríos, Memo, el Chugo, Monín, la esposa de Don Tenén, Don Absalón, Salomón el Viejo, y tantos más a los que, junto a Cheo Feliciano, les decíamos buen viaje mi gente/ buen viaje. Y así, con prodigio reconstruímos por enésima vez nuestra juventud. &lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Fue entonces que se me cruzó la idea de que no era sólo la impunidad de los crímenes lo que le fastidiaba a Iturburu, ni siquiera el creer que no se podían decir cosas nuevas. No. Lo molestaba algo que sabía amargo, a dolor antiguo y secreto, de esos que cuando salen van llevándose todo lo que encuentran a su paso y que se fundan en las derrotas. Quizá, para él, escribir esas derrotas era una manera de olvidarlas y dejarlas muertas en el basurero de la memoria. Yo sabía de algunas y las imaginaba añadiéndose a la violencia de Guayaquil, al desempleo y la emigración. A pesar de las risas y las chácharas con la gente, Iturburu llevaba un silencio y una tristeza dentro de sí de la cual nunca habló: su madre había muerto y ese sería su dolor interminable. Había también otros dolores, menores aunque agudos, otras muertes de seres queridos, pero la muerte de una madre lo colma todo. ¿Quién no había muerto ya en Guayaquil? A simple vista se notaba que lo enfermaban la mediocridad, el arribismo, la estafa, el juego político, el doble discurso, la corrupción y los militares. En parte yo lo comprendía, en parte digo por ser honesto, porque hay cosas que ni aún comprendiéndolas las hacemos nuestras. &lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;La noche había caído y ninguno se había emborrachado como años antes. Estábamos casi intactos, felices de haber dado un gran paso en nuestras vidas, ese paso que diferencia al hombre del adolescente, al soltero del padre de familia (que cumple como padre de familia, valga la redundancia porque, como dice el lema: para ser padre no hay que ser macho sino hombre). Iturburu tenía la misma locura y, como todos, en sus ojos el brillo de siempre. Al salir me volvió a pedir que leyera sus manuscritos. No son detectivescos, repitió, son otra cosa, como una autobiografía, otra cosa, ya vas a ver. ¿Qué mismo tendría yo que ver en esa ceremonia de exorcismo? Esto sólo al final lo sabría. &lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Nos despedimos todos con un abrazo. Bajé la escalera y caminé una vez más por el mismo viejo callejón que tanto sabía de mí. Vi nuevamente y por última vez a los amigos con los que había crecido, por última vez también a Iturburu, al menos a ese Iturburu. Esto es como el final de un tango, me dije. Y mientras dejaba los parterres y las calles oscuras y destruídas de la Ciudadela 9 de Octubre, recordaba la voz de Goyeneche cantando vuelvo al sur/ como se vuelve siempre al amor/ vuelvo a vos/ con mi deseo con mi temor/ soy del sur/ inmensa luna, cielo al revés/ busco el sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Mj3CvbViAlY&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Mj3CvbViAlY&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-2067578959522911547?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2067578959522911547'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2067578959522911547'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/10/alma-inquieta-de-gorrin-sentimental.html' title='Alma inquieta de gorrión sentimental'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-9136531817909381123</id><published>2008-09-23T07:18:00.000-07:00</published><updated>2008-09-23T07:23:14.937-07:00</updated><title type='text'>El sueño de la razón produce más sueño</title><content type='html'>Pesar de los pesares, el MRIC, la nave de los locos se fue a pique, la economía nacional a la mierda, Lucía desapareció y llegó el Fenómeno del Niño, el invierno tropical adueñándose de la Costa. Años de diaria lluvia torrencial, inundaciones y destrucción de la esperanza. El pez que fuma también se fue a la mierda: los policías, los comisarios de turno o cualquier cojudo de la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil aparecían pidiendo dinero "para la campaña del partido". El amor, la militancia, la rumba, todo se fue volviendo como una canción de Felipe Pirela y la orquesta que se retira de a poquito, dejando sonar de uno en uno los instrumentos hasta que pum se acabó.&lt;br /&gt;             &lt;br /&gt;Con el Conde, en esos permanentes arrastres de la tristeza o el odio, religiosamente, cada sábado por la mañana, íbamos a casa de Velasco Mackenzie. Ahí estaba él esperándonos con sus libros, caminando lento con nosotros por la Avenida Quito hasta llegar a la esquina de Maracaibo, sentarnos, chismear y conversar de literatura y pedir las primeras cervezas, carne de cerdo y condimentos. El gordo Nieto se había ido y Velasco Mackenzie nos aguantaba la caña con paciencia de madre, hasta nos tomaba en serio.  Nos hacía entrar a su casa y nos contaba lo que estaba escribiendo. ¿Cómo sería posible escribir algo mejor que De vuelta al paraíso? me preguntaba a mí mismo. De su casa íbamos directo a la tienda de doña Julita, a rematar con canciones de Julio Jaramillo, o llegábamos entusiasmados a la cima de la montaña y desde allí, sentados y en silencio, veíamos Guayaquil hacia el sur, mientras el sol caía sobre nuestras espaldas y sonaban canciones de John Denver, James Taylor, Jim Croce, América o Seals and Croft. ¿Para qué nos sirvieron esos años en la nave de los locos? ¿Por qué acudimos una y otra vez a esos bares y canciones?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que estoy escribiendo esto me doy cuenta que El pez que fuma ha quedado de alguna manera en todos los que allí escuchamos la canción que dice nació en el mismo solar que yo nací/ y canta como yo/ le canto la melodía de los suburbios que Santiago Cerón nos enseñaba mientras el Cuervo Zavala repite que fue una nota turra vender el Pez, sobre todo los discos, y, abriendo los brazos al cielo sentencia: toda una historia, toda una vida bróder y pide tres más y le dice a Rockolita que ponga un bolero Bobby Capó y que sigamos chupando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/WbLdNrzraic&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/WbLdNrzraic&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/9WJJimHZv5M&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/9WJJimHZv5M&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-9136531817909381123?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/9136531817909381123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/9136531817909381123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/09/el-sueo-de-la-razn-produce-ms-sueo.html' title='El sueño de la razón produce más sueño'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-4200593937957287371</id><published>2008-09-23T07:01:00.000-07:00</published><updated>2008-09-23T07:17:55.001-07:00</updated><title type='text'>Al principio era El Pez Que Fuma</title><content type='html'>Ok, vamos a refrescar cómo fue todo. Esto empieza más o menos así. Guayaquil, Barrio de Astillero, verano de 1980. Estábamos Kukuku, Pancho Ronquillo, Cafecito Arteaga y yo. Kukuku dijo voy a poner una barra de salsa, va a tener luz roja, un espejo inmenso detrás del mostrador para que los butinos se engrupan y empluten hasta las cachas, le voy a decir al negro Pescao que ponga música. El piso debe estar brillante, la melodía certera para el bacaneo y el aire acondicionado a full. ¿Y qué nombre le ponemos? Yo abro el pico y le digo ponle El pez que fuma, en homenaje a la película venezolana.&lt;br /&gt;             &lt;br /&gt;A las pocas semanas funcionaba El pez que fuma en las calles de Chimborazo y Colombia (esquina). La inauguración fue una chupiza a vaca mú. Kukuku había invitado a unos vecinos que pensaban que la barra sería un prostíbulo "a pocas cuadras de un colegio de señoritas", según la volante que repartieron. Era sábado y hacía un sol de hijue. Por esa época yo andaba con Lucía, el Conde de Montecristi ya era mi pana, así como Cucharón de Oro y el poeta greco-chipriota Urías Fuenzalida, exiliado de Pinochet (con esa delantera Ecuador sí podría clasificar al mundial).&lt;br /&gt;             &lt;br /&gt;Al negro Ulloa, al ronco Artieda y al manaba los veíamos sólo de repente, ergo, se perdieron la inauguración del local. Estaba la gente del barrio y la plana mayor del MRIC, el grupillo politiquero al cual el Conde llamaba La Nave De Los Locos, dada la inefabilidad de sus líderes, sobre todo del célebre Comandante Gargajito.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Yo caía por el pez a veces enjebado a veces solitario, con un yunta o la gente del barrio, cualquier noche de tragos era dedicada a los clásicos de la salsa, la Sonora Matancera y sus boleristas, un poco de Beny Moré y Celia Cruz cuando decía usteeeed abusooooó/ sacó provecho de mí/ abusooooó/ de mi cariño usted se burló/ se rió/ me dejó. &lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Eb40Zyo6PUY&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Eb40Zyo6PUY&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt; &lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Una noche estábamos Rockolita y yo. Papaíto decía para ti/ yo canto madre querida/ para ti y Roberto Roena tocaba el himno de un amor imposible potente cual marejada fue su amor/ la playa de mi cariño la arrasó/ marejada felíz/ vuelve y pasa por mí/ aún yo digo que sí/ que todavía pienso en ti, mientras en un flash-back Ismael Miranda recordaba que para componer un son/ se necesita un motivo/ y un tema constructivo/ y también inspiración. Pero las mujeres llegaban al bar repentinamente y luego se iban a buscar otros mares de locura. Y muerte y resurrección ocurrían a un mismo tiempo. Desde la atalaya, que era la cabina de música, veíamos desfilar en la pista de baile a banqueros, escritores, albañiles, futbolistas. Desde la cabina de música, Rockolita y yo, celebrábamos nuestras derrotas amorosas, el desembarco de la nave de los locos, la pérdida del poco equilibrio que nos quedaba y la búsqueda de una razón para vivir. Desde allí todo se iba poco a poco iluminando a punta de cubalibres y cigarrillos. Y la magia del trópico dejaba de ser la cruel realidad para convertirse en una película que vemos casi distraídamente en un cine de segunda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/w_cn1xLDFns&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/w_cn1xLDFns&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-4200593937957287371?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4200593937957287371'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4200593937957287371'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/09/al-principio-era-el-pez-que-fuma.html' title='Al principio era El Pez Que Fuma'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-6544362405641753519</id><published>2008-09-16T05:47:00.000-07:00</published><updated>2008-09-16T05:52:35.156-07:00</updated><title type='text'>Crucero de medianoche (Buscando guayaba)</title><content type='html'>Los únicos años interesantes de la universidad fueron los primeros. A veces tenía que ir temprano, golpe de 6 a.m.  Medio salía de casa y Kukuku ya andaba patrullando la Ciudadela en la furgoneta celeste.  Dando vueltas y vueltas con algún galarifo que pillaba por ahí y que le acolitaba el dato.  Siempre que lo topaba, doblando las esquinas o perdiéndose veloz por las calles solitarias, pensaba en los misteriosos meandros y laberínticos recorridos que hacía en la furgoneta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Tú la manejaste alguna vez? Era full-equipo ¿Te acuerdas? me pregunta el cholo Cepeda. Claro que sí, le digo. Pero más que la celeste, la roja. 1980, quizá antes.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, el Conde y yo decidimos apoderarnos de ella.  Por esa época la parqueaban a diez cuadras de la casa, con guardia privado y todo. Habíamos estado concentrados desde temprano, hacién-dole homenajes a Baco y a los primitivos dioses de la chicha jora.  Después de terminar la sesión nos enrumbamos hacia el sur.  Era tarde ya pero aún el espíritu estaba heroico.  Entré a casa, robé sigilosamente las llaves y fuimos hasta el vehículo.  El guardia quiso decir algo pero se quedó frío cuando me reconoció. O lo dejamos frío, mejor dicho, porque deúna nos trepamos.  Salimos por la Avenida Domingo Comín, andando despacio y escuchando la música aniñada que ponían en el programa "El correo de las brujas".  El Conde estaba hundido en el asiento en calidad de guiñapo. Parecía que el cielo se le hubiera derrumbado aunque lo único que pasaba era la ya usual soledad de esos años. No tenía novia y eso aumentaba lo que él repetidamente llamaba su "crisis existencial".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos por los barrios Cuba y del Astillero.  Viramos por la Avenida Olmedo y tomamos largo por el Malecón.  El silencio y quietud del río iluminado por la luna hacían más extraña la noche. Cuando nos acercábamos al Cerro Santa Ana, por Loja y Las Peñas, el Conde se emocionó y me dijo casi gritando: "Súbete al Cerro, súbete, súbete". ¡Calmaos, chucha! exclamé yo. Doblé tranquilamente a la izquierda y seguí largo hasta llegar al cementerio (La Estación de los Mudos, como la llamaba Zambo Pedro) y otra vez largo hacia el sur por Tulcán.  Por esos lares la cosa fue cambiando.  Había más carros y más locales abiertos.  Un público inusitado se abanicaba en chévere. La música de las cantinas se escuchaba como por postas.  De Kike Vega a Lucho Barrios, de Los embajadores criollos a Panchito Riset y cangrejitos y más cervezas para todos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los taxistas se insultaban y por ahí uno que otro me pegó a mi también su puteadita: "Dále más rápido, cachudo".  Otros, confundiendo a mi co-piloto y aristocrático amigo con alguna nocturna damisela, repetían la frase "llévatela a Los Pinos” y versos por el estilo.  A todo esto, a él no le importaba que de poeta lo confundieran con poetisa porque "arte es arte", según sus palabras. Vi que se estaba animando y como queriendo salir del letargo (recuperación guiñapil) y, cual cucaracha con la luz encendida, quiso arrebatarme el volante y manejar la furgoneta. ¡Alto ahí, chucha! ¡Calmaos he dicho! Le espeté en la caracha. Luego puso música salsa y a cada rato sacaba la cabeza por la ventana gritando soeces mensajes que, sólo por no rayar en el bajo nivel verbal-Pancho Jaimista, no reproduzco en estas líneas.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Presintiendo una alocada actuación y despelote me puse mosca por el Conderili, pero vi que todo era falsa alarma de borracho. "Vámonos al King, loco, que allá te conocen los morenos".  Y claro que me conocían, pero por Kukuku: "Ese es el hermano de Iván", “ve, ahí viene el hermano de Don Iván", "mira, ese que viene ahí, el de la cabezota, ése es el hermano de Iván".  Iván para arriba y para abajo.  Esa era mi carta de presentación.  Y llegamos, luego de recorrer Lizardo García y virar por Cristóbal Colón (¿qué diría el Almirante si viera que su nombre cruza el barrio de los prietos y que ellos, en justa reciprocidad, se mean y se cagan en su nombre?).  &lt;br /&gt;Una cuadrita más y zás: El King y su música, rumba y guaguancó a todo trapo. Ceiba y Siguaraya, como diría Celia Cruz.  Ahí estaba la mejor rockola de la ciudad.  La música mortal de Johnny Pacheco y Casanova y su tumbao añejo/chévere que chévere, decían en “El agua del clavelito”. Y también estaba el pregón de esos días que decía tumba la caña machetero/ya viene el carretero a recogerla enseguida... Pero no me acuerdo quién la canta cholo. Oye, dice Pico de pollo Cepeda, eso no importa, sigue chupando. Hecho, digo yo: entonces, querido lector, si se acuerda del cantante, por favor, escribir a la casilla 3491: Editorial Cucharón de Oro, Guayaquil-Ecuador. ¿Estás contento ahora? le pregunto. Sí, me dice, ahora sigue escribiendo que quiero ver en que termina esta crónica.  Sigo, servicial y dócil, firmemente convencido de que nunca podría escribir un libro serio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sancho Panza Cepeda achica el agua del bote y abre otra botella de chicha jora que combina con todo: gripe, cachos, tusería, machismo, chires, caspa, gordura, flacura, cortedad craneal, matrimonio y etc. de los etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos al King y la nota estaba en su punto. Afuera del salón las morenas jebas atizaban el carbón para preparar más bollos, arroz con menestra/carne asada y patacones, seco de chivo, gallina o guanta, cazuela y encocado de pescado o camarón. Un festín del hijue. Y, para completar, botellitas camineras de aguardiente manabita Frontera, en fila india. El Conde, con pretexto de baile, empezaba un extraño delirio, mezcla de hambre, sueño, existencialismo del trópico y las más raras manifestaciones de lujuria gestual. Me parqueo y oh, sorpresa, veo la furgoneta celeste de Kukuku a un lado de la calle. Me bajo, miro hacia arriba y ahí está el mismito gordo, en pantalón corto y chancletas, sin camisa y con la cadena de oro colgándole hasta donde terminaba el pecho y empezaba el barril. Habla loco, me dijo serio desde el entrepiso.  Le hice un saludo en corto y cohete me metí en el salón.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Conde, que aún estaba afuera, inmutable, seguía terminándose un corviche que había hecho preparar. Nos sentamos luego en los banquitos de madera y pedimos un par de bielas.  A los dos minutos (no es paro) apareció la dueña vistiendo un largo traje blanco de algodón, arandeles, doblones y detalles bordados.  Llevaba también un sombrero de paja toquilla con cinta celeste. Estaba hermosisíma.  Sonriendo se acercó a nosotros y me dijo: Hola cuñado ¿Cómo estás? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo iba a saludarla cuando el Conde se tiró hacia ella y, cual ninja turriflai, le tomó tiernamente su mano y la besó. Acto seguido buscó afanoso el cuello de la bella dama y trató de besarla y hacerle canchis canchis en público, haciéndome quedar mal.  Las peores muestras de descompostura y lascivia que recuerdo en el Conde ocurrieron esa noche.  La dama, media enojada conmigo, lo esperjeó a un lado y me dijo: "cuide a su amigo" y se marchó.  Ahí me le cabreé de verdad y le dije: ¡Calmaos chucha! Lo cual surtió parcial efecto, porque el susodicho optó por quedarse tranquilo y quedito durante una buena parte del tiempo que estuvimos allí (arrechera de corvichín pasmándose). Luego ella se puso a bailar. Daba acompasadas vueltas tomando la parte baja de su vestido con las manos.  Extendiéndolo a lo ancho y sonriendo con toda la alegría de su movimiento, chévere que chévere. Viendo con el rabillo del ojo pillé al Conde secándose un hilito de baba con el pañuelo (porque los poetas de verdad siempre llevan pañuelo, el mismo que, como bien sabe el lector, es el último vestigio de la caballerosidad). Ella seguía su baile y otras mujeres del salón también se tiraron al ruedo. En medio del danzón, como surgiendo por las mesas, apareció el negro Jimmy. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jimmy era un negro inválido que usaba muletas y tenía unos brazos que, para compensar la deficiencia, parecían piernas de futbolista.  Traía el cencerro, el bongó de cuero de vaca y las maracas. Ahora sí vamos a hacer bulla, me dijo, acotando que Kukuku seguía allá arriba y que lo había mandado para que nos cuidara y que, por lo tanto, él de ahí no se movía hasta que nos fuéramos.  Y así empezó el traqueteo y la bullanga que Jimmy matizaba con pepos de aguardiente de caña. ¿Tú no bebes, campeón? me preguntaba a cada quiño que le pegaba a la botella y toca el bongó y dale a la campana y así hasta que el Conde se encandelilla con las maracas y cambia a los palillos y dale que dale a la mesa mientras yo siento un cutín cutín sonido de una botella y el Gran Combo cantaba Ampárame y toda la gente cuchá cuchá y el baile era una sola atmósfera de luces rojas y verdes y un prieto gritaba África África África y luego sonaba algo distinto, relajante y engrupidor y yo pensaba en una mujer que tardaría años en aparecer, una mujer a la que también le diría sin tu cariño no existen rosas ni primaveras y Pappo Lucca en el piano.  Esa era la salsa, recuerdo a mi noviecita/mi amor a los quince años/yo tratando de besarla/ y me decía si me vuelves a tocar te araño/que bonito es el amor/porque acaba con la pena/cosa rica/cosa buena, decía el panameño Rubén Blades cuando soneaba con la Fania.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El King, era el lugar en el cual el fin del mundo, el vértigo de la noche y el conocimiento de la pobreza eran lo único que quedaba. Era nuestra guarida, nuestra casa protectora y el lugar de meditación. Pensaba en esto cuando en la siguiente pieza aparece otra vez el tacatá/tacatá/tacatá. Mientras tanto, el Conde, recuperado totalmente de su borrachera y transformado en jubiloso bailarín (Fred Astaire en el barrio de los negritos) se tira a la pista, se desbarata cual marioneta, se desgaja, se va al suelo y hace con la boca sha/sha/sha, como si fuera un pato, meneando la cabeza de un lado a otro, como perico ligero haciendo el paso egipcio.  Me pongo a buscar Guayaba, guayabita sabanera, el Lindo yambú de Santiago Cerón, el Vendedor de agua, El Panquelero... Hey, campeón, oye, oye, no bebas tanto que después no puedes manejar, oigo la voz de Jimmy que me habla desde el otro lado. Le digo que ando buscando guayaba y él se ríe y me dice hazte trapo nomás que yo te acolito y zas, yo también me pego un trago de Frontera y poco a poco me voy haciendo la idea de que esos son en parte los verdaderos laberintos de Kukuku, los meandros a los que había entrado y que quedarían para siempre en la memoria.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/_J_7llhse-o&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/_J_7llhse-o&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-6544362405641753519?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6544362405641753519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6544362405641753519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/09/crucero-de-medianoche.html' title='Crucero de medianoche (Buscando guayaba)'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-2511587482389693627</id><published>2008-09-16T05:44:00.000-07:00</published><updated>2008-09-16T05:47:41.546-07:00</updated><title type='text'>El almanaque contemplo con tristeza</title><content type='html'>Guayaquil 1978. El gordo Nieto un día tomó el avión y se fue a México. Con el Conde de Montecristi y el negro Ulloa fuimos a despedirlo al aeropuerto.  Nos dijimos adiós con un abrazo y subimos a la terraza a ver cómo el avión despegaba y se hacía chiquito en el azul del cielo. Imaginábamos que el gordo ya habría abierto la primera cerveza o sentiría la grave tristeza de dejar el terreno que uno quiere, el lugar en donde nacemos y crecemos. Teniendo trabajo y amigos viajar al extranjero, ¿para qué? Todo lo que quise yo/ tuve que dejarlo lejos. Nieto estaría como el personaje de Velasco Mackenzie, la chica que viaja al norte protegida sólo con una chaquetita y sus sueños de emigrante. En los sueños de esa chica iban también los sueños de todas las muchachas de Ecuador, y en el viaje del gordo nos íbamos también nosotros. &lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Cuando el avión desapareció en el cielo empezamos a sentir un extraño vacío. Con ese mismo vacío, interior y desconocido, tomamos un bus de regreso al centro de la ciudad, pero nos bajamos a medio camino, en el Coliseo Cerrado, que estaba atestado de colegialas. Con el Conde y el negro tratamos de perdernos en la multitud, pero en nuestra incómoda desazón sentíamos el peso del hermano mayor que se había muerto. ¿Cuándo volvería? ¿Qué mierda haríamos ahora sin él? ¿En qué quedaría el grupo Sicoseo? ¿Quién nos prestaría sus libros, nos llevaría al Drill Dominó y nos haría escuchar los últimos discos de la Fania? El gordo se había ido, la suerte estaba echada. Luego pasarían algunas cosas, más de las que hubiéramos deseado. ¿Qué pasó después?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/8tN0YCAq180&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/8tN0YCAq180&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-2511587482389693627?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2511587482389693627'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2511587482389693627'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/09/el-almanaque-contemplo-con-tristeza.html' title='El almanaque contemplo con tristeza'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-6140549924673954947</id><published>2008-09-09T07:25:00.000-07:00</published><updated>2008-09-09T07:28:19.394-07:00</updated><title type='text'>Cuenca en el corazón</title><content type='html'>A pesar de que mi viejo era un obrero de imprenta y mi vieja una ama de casa, con los sucres que mis hermanos comenzaron a traer a casa se hizo posible que nos fuéramos algunas veces de vacaciones, al menos los menores de la familia, durante los duros y calurosos meses de lluvia. En esos viajes, sin quererlo, fuimos en pos de la otra parte de lo que todos los ecuatorianos también somos. Así, huíamos a las alturas andinas, a Alausí o Cuenca, la adorable ciudad colonial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo y último viaje lo hicimos por Semeria, que era la única cooperativa de buses que aseguraba un viaje decente. Mi padre y mis hermanos mayores se quedaron en casa mientras Elsa, Iván y yo terminábamos de crecer. Vivimos a un lado del actual Hospital del Seguro. Hasta allí llegaba la ciudad. Al frente de la casa alquilaban y arreglaban autos. El hijo del dueño se llamaba Ricardo y era amigo de mi hermano. Arriba de mi casa vivía la niña más hermosa del mundo, blanca y rubia, de chispeantes ojos azules, como salida de una escena de The sound of Music. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo era un niño aún y vagaba de mi casa a la iglesia de San Blas, a correr por el parque y a comprar los exquisitos y olorosos panes que cada tarde ponían en unos fuertes canastos. Y a veces me aventuraba hasta el centro y llegaba al viejo edificio de la Oficina de Correos. En dirección opuesta a mi casa había filas de grandes eucaliptos, un riachuelo, un cementerio que a veces aparece en mis sueños y piedras redondas por doquier. Pasaban los días y el frío era combatido por la leche caliente que nos brindaba mi madre. Recuerdo las habitaciones de la casa, el piso de madera brillante y austera, el callado patio interior, una canción de Rafael que no dejaba de sonar en la radio y el éxito del Deportivo Cuenca. En esos meses me vi también con Monín, uno de los patriotas del sur, porque su familia era de Cuenca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Monín murió como mueren los valientes del mundo: trabajando de inmigrante, en una construcción en Nueva York. Pero murió también de la manera más triste y brutal: recogiendo una herramienta sólo para caer desde los andamios de un piso alto. &lt;br /&gt;Y luego pasaron los meses y fue hora del regreso. Empezaba el nuevo año lectivo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá por ese cambio, cuando dejé Cuenca, ya no era el mismo muchacho de antes, pues pronto dejaría la escuela para entrar al Eloy Alfaro. Así, el niño que aún era empezaba a despedirse de su infancia. Del regreso a Guayaquil recuerdo que tomamos un inmenso bus. Mi padre, mi madre y mi hermana iban sentados a mi lado, mientras me volteaba una vez más para ver cómo Cuenca desaparecía entre las montañas. Ahora sé que eso era en realidad voltear los ojos para ver algo hermoso de mi infancia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los años y sólo luego de terminar el colegio pude regresar a Cuenca, pero esta vez sin mi familia.  Estaba ya en la universidad y me había dado cuenta de que necesitaba pisar sus calles, advirtiendo quizá que sería el inicio de un rito permanente. Los grandes camiones de Semeria eran ahora veloces furgonetas que comían las curvas de los Andes. Luego de dejar la Costa y empezar el ascenso de las montañas, luego de las maniobras en el camino y de la eterna neblina, por fin vi su río, más pequeño y correntoso que el Guayas, recibiéndome en cada recodo, el brillo de su agua violenta bajando al litoral. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué a Cuenca me ubiqué en el centro de la ciudad hasta encontrar mi amada iglesia de San Blas. Caminé nuevamente por el parque tratando de recordar cada rincón y verme en los niños que ahora andaban en bicicleta. Busqué inútilmente la panadería, los canastos surtidos de panes. Iba con un nudo en la garganta. Caminé más y encontré la que fue mi casa, ya cambiada, y la ciudad extendiéndose sobre los desaparecidos eucaliptos. Busqué a Ricardo en su casa y, al abrir la puerta y preguntar por él, la empleada me dijo que había muerto hacía seis meses, y que su familia vivía en el extranjero. Sorprendido y triste me despedí. Volví al parque y me senté a llorar por todo: el tiempo, la niña que ya no estaba y la muerte de Ricardo. Lloré en silencio sin importarme la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El regreso a Guayaquil fue también mágico. De alguna manera la ciudad de mi infancia volvía conmigo al trópico, mientras la furgoneta bajaba veloz la carretera. Desde ese momento siempre fui y volví de Cuenca, pero de manera callada, sin ceremonias colectivas. Así lo decidí a fines de los 80, cuando en un encuentro de talleres del Banco Central se empecinaron en agotar a la audiencia con los mismos discursos “anti-imperialistas” de siempre. Cansado ya de esos simplismos, abandoné el congresillo para no volver a él nunca más. Salí, caminé en dirección al río y entré a una tienda pequeña, oscura y polvosa. Y nuevamente encontré la vida: tres viejos conversaban amigable y caballerosamente mientras bajaban una botella de shumir. Me senté a su lado, los saludé y me saludaron. Les rogué que aceptaran una botella en mi nombre y conversamos de Dios, del gobierno y de los hombres, del campeonato de fútbol y de los problemas laborales, haciéndose bromas mientras yo los escuchaba. En ese encuentro pude reconciliar mi infancia, mis frustraciones de esos años y lo que quería sentir con fuerza inusitada: ser nuevamente el muchacho del sur de la ciudad que regresaba a casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ese entonces volver a Cuenca es inevitable. Allí el tiempo me interroga y soy felíz caminando por sus pequeñas y empedradas calles mientras respiro el aire frío de los Andes y el cielo azul se abre repentinamente con el sol después del granizo impredecible.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-6140549924673954947?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6140549924673954947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6140549924673954947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/09/cuenca-en-el-corazn.html' title='Cuenca en el corazón'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-3839201999770022092</id><published>2008-09-04T06:48:00.001-07:00</published><updated>2008-09-04T06:48:28.839-07:00</updated><title type='text'>De la bronca en el colegio y el inicio del amor</title><content type='html'>En 1976, Jorge Martillo y yo fuimos compañeros de aula por primera vez, (5to Curso Sociales, Colegio Nacional Eloy Alfaro). El año anterior habíamos sido enconados rivales, pues ambos pertenecíamos a dos secciones diferentes. Recuerdo que durante los primeros días tácitamente dividimos la clase en dos zonas: a la izquierda los de 4to A, a la derecha los de 4to B. En cada problema que había un grupo le echaba la culpa al otro, en cada triunfo, un grupo se enorgullecía arrogantemente frente al otro. Así, durante las semanas iniciales vivimos en el franco y obtuso pasado de un 4to año que ya no existía. La convivencia no era grata, pues el odio, la envidia y las disputas iban creciendo y llegaban a fuertes insultos y peleas. Era una manera muy rústica y frecuente de “hacerse hombre”. Nosotros, poseídos del deseo de no aceptar nuestros errores, mezquinos y “centralizados” cada uno en los caprichos, no veíamos más allá del triunfo pasajero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Hidrovo Peñaherrera, nuestro querido profesor de Geografía (manabita, hermano del poeta) era el dirigente de curso. Él, junto a los demás miembros del cuerpo docente, sabían cuál era la solución. Un día nos impuso un campeonato interno de índor fútbol: la condición básica era formar equipos que estuvieran constituídos obligatoria y equitativamente (50% y 50%) por miembros de cada bando. Cuando llegó el sábado realizamos el campeonato. Nuestro equipo se llamaba Locura y lo formábamos Jorge Martillo, el loco Mora, el negro Hurtado, el negro Bermeo, el Chugo Marshall, el loco Cocky Saona, el loco Vivar y yo. Cuando escuchamos el pitazo inicial teníamos un sólo objetivo: ganar. Con el paso de los minutos, aprendimos a conocernos mejor, a cubrirnos las espaldas, a confiar en la capacidad de los otros. Aprendimos cuáles eran los puntos fuertes y débiles de cada uno. Al final, quedamos en primer lugar. Por la noche, celebramos todos con una sonora fiesta en mi casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de la fiesta no existía ya ni el más leve recuerdo de las divisiones y enfrentamientos previos. Habíamos dado un salto inmenso: teníamos una actitud nueva, real, solidaria y equitativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Celebramos las canciones de la Motown, la música disco y las cumbias de Nelson y Sus Estrellas. Las chicas invitadas dieron la magia que necesitábamos, mientras las luces negras y rojas nos convertían en diestros bailadores. Terminada la fiesta, formamos un círculo que convirtió la cerveza en la chicha de la hermandad. Durante ese año varias veces repetimos el rito, pero esa noche había algo más fuerte que nos unía, un brillo de felicidad y tranquilidad en los ojos de todos. Sentíamos que estábamos creciendo, practicando el respeto al prójimo, que es el centro de la vida. &lt;br /&gt;La verdad es, por lo general, sencilla y transparente. Sin embargo, reconocerla y aceptarla no es fácil, porque nos cuestiona, nos llama al cambio y a entrar en un silencio personal, en un diálogo y autocrítica con nosotros mismos. Nuestra verdad es el reto a compartir equitativamente. El Ecuador de hoy no ha encontrado aún su profesor Hidrovo ni su cuerpo docente que, con la sabiduría de los viejos y la experiencia que da el tiempo, nos ayuden a salir del odio mutuo, eso que llamamos regionalismo y centralismo. En 1976, nuestros profesores tuvieron la voluntad, la inteligencia y el tino para ayudarnos a salir poco a poco de la escabrosa adolescencia. Sin pasar horas y horas hablando en exceso, nos ayudaron a cruzar ese camino infernal, confuso y oscuro. Así, empezamos a dejar de ser ignorantes y a perder el temor al cambio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre hubo y habrá aquellos que boicoteen el encuentro de dos hermanos que desconfían de sí mismos (aunque se saben complementarios) porque perderán su influencia y sus privilegios, pero para la gran mayoría de nosotros fue la entrada a la vida real, al presente y futuro de nuestro tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese año empezaron mis febriles lecciones de inglés en el CEN. Mi viejo tenía un poco más de dinero y mis hermanos ayudaban con la economía casera. Ese año también escuché por primera vez música jazz a manos de las orquestas militares gringas, armamos un buen equipo de volleyball e íbamos a entrenar, cada viernes, como premio a nuestro esfuerzo semanal, a los colegios de las aniñadas porque teníamos el mismo entrenador, el gran Sebastián Alvarado, Don Sebas. En 1976 escribí mis primeros poemas de amor a un amor que ya nunca volvería, vi con delirio las películas francesas La Femme in bleu y Max et les ferrailleurs, solito, en el patio de la Alianza Francesa, hicimos una marcha contra la dictadura militar y contra el centralismo, organizamos una fiesta de curso cada mes, en mi casa, con una florescente medio quemada que yo había pintado de negro y le decía a todo el mundo que me la habían enviado de la Yoni, leí por primera vez Rayuela y otros clásicos de la literatura latinoamericana, me reunía los viernes por la noche con el cholo Cepeda a bajar una botella de licor superfino Cristal al calor de las canciones de Los Panchos, y me di cuenta de que el tiempo estaba pasando, que todos estábamos cambiando poco a poco y que el año siguiente sería el último de un ciclo que empezaba a vislumbrar sin los tormentos familiares que todos sentimos en los años previos. Y sentí también, por primera vez, la soledad y la tristeza del corazón enamorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Monín agarraba su vieja y grande radio, que más parecía caja de betunero, se trepaba semidesnudo al techo de su casa y, a vista de todos nosotros en la calle, subía el volumen y nos obligaba a escuchar cumbias y vallenatos o destempladas melodías de amor que iba a tararear una y otra vez. Estaba tan enamorado. Desde la esquina lo mirábamos esperando su próximo movimiento. Pero él, nada. Seguía con los ojos en el cielo, tirado sobre el techo, con la música en alto. En esos días, en los que el amor y el desamor cayó sobre nosotros, el cholo Cepeda se quedaba en una esquina, solito, bien borracho, a la voz de “yo la quiero loco, yo la quiero” y John Núñez, el pulmón del equipo, diría en las fiestas “esta man no me va a ver la cara de cojudo, loco”. Ese año llegó el amor, sin duda. Nos quedaba mucho tiempo más para aclarar las cosas, pero el tiempo, esa palabra...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-3839201999770022092?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3839201999770022092'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3839201999770022092'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/09/de-la-bronca-en-el-colegio-y-el-inicio_04.html' title='De la bronca en el colegio y el inicio del amor'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-8860664966341113404</id><published>2008-09-04T06:44:00.000-07:00</published><updated>2008-09-04T06:46:20.794-07:00</updated><title type='text'>Noches de invierno en el trópico</title><content type='html'>Cuando terminaba el ciclo escolar empezaba la estación de la lluvia, el invierno del trópico, con sus mosquitos, inundaciones, grillos y humedad aplastante. El combate con la intranquila y extraña noche se iniciaba con el humo de palo santo que cubría los callejones y las casas como una olorosa y cálida niebla. Llegados todos los patriotas del sur a la esquina del Callejón E y la 7ma, decidíamos si apearnos hasta el futbolín de Don Franco, perseguir muchachas que en la noche saldrían a comprar a la tienda mientras nosotros, verdaderos forajidos, iríamos detrás de ellas a la carrera, a manosearlas vilmente como una desbocada piara, o iríamos a esperar que salieran otros a ofrecernos el mismo amor del otro lado de la línea, o veríamos a Trompo Loco, desde la parte baja de una atalaya imaginaria que resultaba la vereda cuando nos agachábamos en la calle. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trompo Loco era un muchacho callado, de piel oscura y ojos grandes. Nadie sabía su nombre. Era casi hermético, a diferencia de su hermano que, de cuando en cuando, se paraba a reirse con nosotros. El cholo Cepeda había traído la novedad pero no podía contársela a todo el mundo, so pena de armar un alboroto y perdernos la escena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Callados, Manuelón, Ceviche, Careplato, el Cholo Cepeda y yo, nos íbamos casi a escondidas, al descuido de los demás, a ver a Trompo Loco. Llegados a la esquina de su casa esperábamos pacientemente hasta ver cómo él, sin saberse observado, apagaba las luces y dejaba prendida sólo una lámpara en el piso. Abría los brazos como en crucifixión y daba vueltas y vueltas en el silencio de la noche mientras nosotros veíamos la sombra de sus brazos en el techo y las paredes, como si fuera un helicóptero atrapado en una casa. Maravillados, veíamos riéndonos y codeándonos para no hacer ruido, cómo Trompo Loco giraba y caía derrotado en ese vuelo imaginario y nocturno del cual nosotros también éramos partícipes. Otras noches, más calladas que de costumbre, cuando ya no salía nadie o se empezaba a hacer tarde, nos sentábamos en el balde de la camioneta de Don Absalón, el papá de Pinina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche siempre callada era interrumpida por Pinina que, de la nada se ponía a cantar, imitando el twist de Rolando La Serie: “Mentirosa/ mentirosa/ si no vuelves conmigo/Di que alguna vez tú sufriste por mí/la mitad de lo que yo sufrí por ti”. Allí, sentados, casi en la oscuridad, nos reíamos de la gente que pasaba mientras les gritábamos apodos, hacíamos cháchara de cualquier cosa y decíamos que las candelillas eran mosquitos con linterna. De repente, nuevamente como de la nada, Pinina abría la boca y voz en cuello se lanzaba una de Ismael Rivera: “La otra noche/cuando pasé por tu casa/sabiendo que allí estabas/te negaste a contestar. Lo escuchábamos hasta que llegaba Don Absalón y nos dejaba quedarnos en el balde y partía rumbo al Guasmo que, por esos años, era sólo un terreno inmenso poblado por iguanas, bichos y culebras que salían del suelo cuarteado de tanto sol y lluvia.&lt;br /&gt;Siempre me pareció extraño ese viaje, quizá porque no era un viaje de placer sino que iban a recoger al personal de fumigación. Así, dejábamos el territorio patrio e íbamos a otro barrio y luego hasta la Cartonera, ubicada kilómetros adentro del Guasmo. Si el infierno tenía varios caminos, ese por lo menos era uno de sus senderos, territorio de selva oscura, fango y humedad. Don Absalón recogía a dos empleados y ellos se bajaban en silencio, cargando pesados tanques de insecticidas, para salir horas después con lodo hasta las rodillas, terminada la jornada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche hacíamos grandes grupos para jugar a la guerra. O encontrábamos, en terreno neutral, a gente de otro barrio y se armaba la pelea. O buscábamos el mismo amor. No sé si por miedo, inseguridad, rabia o rechazo a los días en que transcurríamos, lo cierto es que tampoco dejábamos pasar cualquier encuentro de bestialismo. Así, cualquier perra, gallina, vaca o burra llevaba las de perder. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá nunca habría mencionado esto si no hubiera visto la gran y triste película Padre Padrone, de los hermanos Taviani. Quizá por esa película pude empezar a comprender la brutalidad de lo que yacía debajo de todos nosotros, los patriotas del sur. La violencia diaria era nuestra carta de presentación, nuestros amores negados sólo fueron posibles con amores con el hombre mayor que pasaba en un carro de lujo, un hombre que treinta años más tarde moriría asesinado a puñaladas por el odio de un amante enloquecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la historia de los amores negados aparece La Caballo, una muchacha que trabajaba en una casa y por las noches salía de compras sólo para encontrarse con uno de nosotros y nos pegaba a la pared a darnos furiosos besos porque, de alguna manera, como nosotros, ella también vivía en la tristeza y la soledad de la adolescencia. El mismo amor también ocurría con el muchacho que quería besarnos y resistía el embate mientras caía la lluvia, como si el cielo mismo estuviera cayéndose a pedazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las 8 p.m., llega Mirada de Longo y nos dice que el sastre no le ha entregado el pantalón y que quiere que le demos una piedriza. Sin pensarlo dos veces nos armamos de las susodichas rústicas armas y dejamos el terreno patrio, nuestros callejones. Mirada de Longo entró firme a reclamar su pantalón mientras lo esperábamos en la esquina. Salió al rato con las manos vacías, diciéndonos que no había problema, que le darían el pantalón muy pronto, que ya estaba casi terminado. Pero los patriotas ya estaban armados y el ataque fue inevitable. Así, desde la esquina le dimos al techo del sastre una gloriosa piedriza mientras pegábamos la carrera porque la víctima, un veterano de metro y medio, machete en mano, iniciaba el contra-ataque, una cacería de patriotas, buscándonos por horas de horas por las calles y callejones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es noche nuevamente. La luna llena, grande y amarilla ha salido entre las nubes. El invierno pronto terminará. La luna grande y amarilla es cortada por las nubes como en una escena de Buñuel. La luna grande y amarilla está sobre el río Guayas que, pocos kilómetros más adelante, se abre al Pacífico. Una leve brisa llega del lejano estero. Estamos todos los patriotas sentados en los fierros, bancos y juegos infantiles del parque, callados, hipnotizados mirando la luna, como jaguares en descanso, como adivinando que esa luna ya es nuestra para siempre, así, inmensa y amarilla, como una preñada venus Huancavilca que dora las aguas del río que nos vio crecer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es de noche nuevamente y yo estoy nuevamente con los patriotas del sur.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-8860664966341113404?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8860664966341113404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8860664966341113404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/09/noches-de-invierno-en-el-trpico.html' title='Noches de invierno en el trópico'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-2387292408923531406</id><published>2008-08-25T07:54:00.000-07:00</published><updated>2008-08-25T07:55:52.711-07:00</updated><title type='text'>Días de invierno en el trópico</title><content type='html'>Cuando terminaban las clases empezaba la estación de la lluvia, nuestro invierno tropical, el tiempo inaugural de nuestra libertad y de un extraño espíritu labrado en medio de los rayos y truenos y el aguacero torrencial que caía en las planicies del sur. Muy temprano en la mañana, sin embargo, toda la Ciudadela entraba en frenesí, pues no había agua y cada uno rompía las tuberías para instalar bombas de succión, lo cual no siempre resultaba en mayor armonía. Si en invierno demoraba la lluvia, las peleas entre familias eran mayores. Otras veces, cuando la mañana venía con una garúa, su frescura se prolongaba hasta casi el mediodía. Y si había lluvia, aprovechábamos para llenar todo lo que pudiese contener agua: cisternas, tanques, baldes, ollas, tazas, cucharas, la boca abierta, todo. La tarde, en cambio, era un infiernillo o la puerta para nuevas lluvias. Cuando sentíamos las primeras gotas sacábamos una pelota de cualquier lado y jugábamos hasta más no poder. Y luego procedíamos a vagar por los lejanos terrenos baldíos que se abrían más allá de las pocas fábricas, mirando hacia el Puerto Marítimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, cuando el clima era más benigno, nos quedábamos jugando partidos de volleyball en la calle, o les quitábamos las cuerdas de saltar a Linda, Brenda, Nina o la Chocota y nos poníamos de pura joda a saltarla a voz de “Monje/ viudo/ soltero/ casado” lo que se transformaba rápidamente en femenino mientras no dejábamos salir de la cuerda al que saltaba. O armábamos orquetas, rifles y pistolas de balsa para tirarnos piedras o lanzar flechas de caña y tapillas de colas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El invierno era nuestro y también nos aventurábamos hacia las balseras o hacia la misma ría. Ibamos en medio de la maleza y los árboles que crecían tupidamente, esquivando iguanas y culebras, matando avispas y mosquitos. Un día nos llegó la noticia que el menor de los Santa Cruz se había ahogado. Fuimos todos como en desesperada caravana, saltando troncos y sorteando riachuelos que se formaban con el agua. Cuando llegamos sólo vimos a los hermanos del desaparecido en la orilla. La ría seguía ancha y abruptamente rumbo al océano. Desde allí podíamos ver con temor los pequeños remolinos que se formaban, pues uno de ellos había mandado al fondo al fallecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era invierno también cuando jugábamos los mejores partidos de fútbol en la canchita que quedaba frente al salón del negro Robledo, detrás de la Sherwin-Williams. O nos poníamos los guantes de béisbol y nos largábamos a batear una pelota que siempre terminaba perdiéndose entre los matorrales. Y era invierno cuando salíamos a recoger residuos de latas en el Guasmo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el invierno también supimos lo que era el amor y la tristeza del amor: Nuestras hermanas crecieron y nuestros irremediables celos también. Yo sacaba a piedra limpia de mi casa a Gorilón, que por esa época andaba husmeando por allí. Por las tardes, como salidas de revistas y programas de televisión, veíamos a Cleotilde Cárcamo, con el vestido ceñido a su espléndido cuerpo, a Maritza Romero y Anabelle Morales, bailando afuera de sus casas. Dejaban el uniforme colegial para volverse hermosas y tiernas a la vez. Y en el invierno también se tejieron sus historias, esas que no conocimos o que percibimos lejanamente y no comentábamos porque eso era traicionar al amigo, al pana del barrio, y es mejor no hablar mal de las mujeres. Y así, mientras todos crecíamos, en vez de encontrar un puente con ellas, lo que encontramos fue más distancia. Buscábamos el amor y tardaba en llegar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco tiempo después los días de invierno comenzaban a volverse una competencia de quién tenía la mejor bicicleta. A la distancia y con odio veíamos a los aniñados en bicicletas nuevas, patinetas, motos y hasta carros, que pasaban haciendo ruido por la esquina, mientras nosotros seguíamos sembrados en el Cementerio de Autos. Por eso, lo que nos quedaba era el deporte y, en cada campeonato, la oportunidad de romperles las canillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez pasó Ruilova, alias Pelo de Chancho, tiradito a aniñado también, pero sin pinta. Le habían comprado una moto y era la única manera de que lograra levantarse una pelada. Pasaba cada cinco minutos con la maldita moto hasta que una tarde decidimos gritarle su apodo cada vez que pasara. Y así lo hicimos. Al paso de la moto se sumó el grito colectivo de Pelo de Chancho, cosa que, para abreviar, hizo que el pobre se apeara a reclamarnos. Manuelón, que siempre fue bueno para la pelea, lo miró, se le rió en la cara, le dio una patada en la canilla, le pateó la moto y le dijo con calma: “Te puteo, te pateo y te culeo”. A lo cual Pelo de Chancho, simplemente, optó por una vergonzosa aunque sabia retirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Pelo de Chancho lo sucedió Ladilla, un flaquito que vino del otro lado de la Ciudadela a parar en el barrio. Le decían así porque jodía mucho y siempre, tanto que un día lo amarraron al poste con el pantalón abajo. Eso se le acabó cuando le compraron una moto. Con ella se dedicó a espantar a todo el mundo: transeúntes, vigilantes de tránsito, peloteros. La agarraba, hacía estruendosamente run-run-run y se largaba a buscar que los vigilantes lo persiguieran en un juego en el que los gatos nunca cogían al ratón. Y eso también acabó cuando se enamoró. Al principio andaba con su novia atrás, en la moto, y a alta velocidad se besaban al frente de todo el mundo, como en una película. Y eso también se acabó cuando se hizo más grande y se casó. Fin de Ladilla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-2387292408923531406?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2387292408923531406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2387292408923531406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/08/das-de-invierno-en-el-trpico.html' title='Días de invierno en el trópico'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-2564096810577881688</id><published>2008-07-30T17:21:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:29:33.259-08:00</updated><title type='text'>Cita con todos en Guayaquil</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SJEHVbv6elI/AAAAAAAAAA4/hWkNKLLXGCc/s1600-h/Rumor_de_Iturburu.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SJEHVbv6elI/AAAAAAAAAA4/hWkNKLLXGCc/s320/Rumor_de_Iturburu.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5228968707161225810" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Gente: estaré en Guayaquil del 8 al 22 de Agosto (de llocame), pero el miércoles 13, a las 7pm, será el lanzamiento de mi "Rumor de inventario", una antología por mis 30 años de literatura. Lugar: Centro Ecuatoriano Norteamericano. Caigan por allí que la fiesta es para ustedes. O nos vemos de regreso al blog, luego del 23. Abrazos para todos. Fernando Iturburu.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-2564096810577881688?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2564096810577881688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2564096810577881688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/07/cita-con-todos.html' title='Cita con todos en Guayaquil'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_5l1ZjZDIWQY/SJEHVbv6elI/AAAAAAAAAA4/hWkNKLLXGCc/s72-c/Rumor_de_Iturburu.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7118766180666552464</id><published>2008-07-30T17:17:00.000-07:00</published><updated>2008-07-30T17:21:20.854-07:00</updated><title type='text'>Me llaman el hombre duro</title><content type='html'>No hay un bravo sino muchos bravos que, cuando se encuentran, terminan de aclarar las cosas a punta de puñete. Así lo vi un día de mi infancia en que Cucho y Caballón decidieron quién era quién. Recuerdo las fintas, los esquives, las trenzadas de puños y cabezasos, el código de honor de no darse en el suelo. Recuerdo todo como en una foto instantánea. Luego pasaron los años y Caballón se fue a Estados Unidos sólo para regresar una vez más. Tenía la misma sonrisa y los mismos ojos achinados, y era como si el tiempo hubiera pasado en balde. Cucho siguió cantando canciones de Leonardo Favio en las fiestas, tomaba la guitarra y arrancaba: “Ella/ella ya me olvidó/Yo/Yo la recuerdo ahora” y las luces rojas caían sobre su oscuro y duro rostro y las parejas bailaban lentas y apretadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la vida muchas cosas sólo dan vueltas. Como todos, Cucho encontró un trabajo de guardespaldas o algo así. Estaba viejo aunque no lo sabía, o no quería saberlo. Sin embargo, tuvo que reconocerlo una tarde de naipes en el parque cuando no quiso pagar lo que había perdido hasta ese momento. Nunca es una buena idea tener cuentas pendientes, y menos en el barrio. Cabeza de Tarro, que ya no era un niño y tenía un cuerpo de tanque, le pidió dos veces que le pagara lo que debía. Cucho, siempre bravucón, le dijo que no y lo desafió sólo para terminar bien trompeado y pateado en la calle. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cabeza de Tarro era malo y malcriado y sabía que iba a gozar algunos años el cetro de ser el mejor puñete del barrio. Como todo buscapleitos anduvo metiéndose en broncas por todo lado, y así también tuvo que recibir unas cuantas lecciones. La primera fue que él no era invencible, como parecía creerlo, y la segunda que la venganza siempre es resultado de un recuerdo no superado. Derrotado una vez en un avasallo, planificó la venganza y terminó incendiando una casa. Otra vez tuvo que aceptar una dura derrota a manos de Douglas Ronquillo, el sobrino de Careplato, quien a su vez debía cuidar a su hermano Nino, que también andaba de bronca en bronca. Y otro peleador bravo tuvo que aceptar otra derrota de Babita, y otro de Ernesto Medina, y otro del negro Bermeo (el Pío), y otro del negro Jim, y otro del negro Saint’Omer, todos de la Ciudadela. Gente que por lo general se mantenía a la zaga de problemas pero que había aprendido en silencio las destrezas de la pelea callejera. Y así, hasta entender que cada uno tiene su hora de salida y llegada. En otras palabras, y como dijo el enano: que en la vida no hay peleador pequeño. Eso lo sabían Galleta y Manuelón, que no eran muy altos pero que sólo les bastaba agarrar al rival por la cintura, elevarlo lo más alto posible mientras aguantaban un par de puñetes, y tirarlo al piso con la espalda partida para, allí sí, “estropearle la careta con las botas” como decía Galleta cuando se cabreaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mitología del barrio, el peleador callejero, de mano limpia o de cuchillo, siempre lleva un lugar destacado. Sólo merecieron el respeto de todos los que respetaron a sus rivales y a la vida. Uno de ellos es, al mismo tiempo, todos ellos. El barrio siempre fabrica peleadores, pero sólo recuerda con orgullo a aquellos que se sintieron nerviosos a la hora de la hora porque llegaron a percibir la eterna levedad del ser humano y abrazaron la idea de que todo acto heroico es también una derrota, que lo que ocurre en el presente ya ocurrió antes y sólo se repite en un nuevo acto, como bien lo señala Jorge Luis Borges.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7118766180666552464?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7118766180666552464'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7118766180666552464'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/07/me-llaman-el-hombre-duro.html' title='Me llaman el hombre duro'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-6061979401004209211</id><published>2008-07-30T17:15:00.000-07:00</published><updated>2008-07-30T17:17:10.261-07:00</updated><title type='text'>Los peripatéticos del barrio</title><content type='html'>La primera vez que leí sobre Aristóteles me enteré de que era un filósofo griego que tenía, entre otras mañas, enseñar mientras caminaba. A este estilo pedagógico lo denominaron "peripatético”. Al mismo Aris¬tóteles a veces también lo llaman así: Peripatético. Claro que eso de peri suena a pera, y lo de patético a pata, y todo junto a paro patético, también suena a “andar a pata”, o sea a caminar pura y simplemente por la calle. Pues bien, sin saber tanta vaina, sin haber estudiado mucho para saber todo eso, en mi barrio también teníamos nuestros Aristóteles: el Baby Juancho (Careplato), Manuelón y Ceviche de Concha. Los tres podrían haber dado mucho celo a toda la gama de filósofos griegos que tanto ha estudiado la humanidad. Veamos por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las tardes de invierno, cuando arreciaba la lluvia y el verdor de las plantas era refugio de insectos y chapuletes, nos íbamos a caminar por la Ciudadela. Había mucho de mágico y ritual en esas caminatas: Espíritu de equipo, solidaridad y hermandad no enunciada. Por la noche también íbamos por las casas viendo sus detalles, a la pesca de algun evento extraño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de esas, después del torrencial aguacero de la tarde, pasamos por una de las villas grandes y escuchamos llantos y gritos. Desde detrás de la verja nos acercamos silenciosos hacia la ventana de la sala y luego a la de un cuarto, y vimos claramente la sombra de un padre azotando a su hijo en la espalda. No recuerdo si era un látigo o una correa, pero le daban duro, pausadamente, como en una violenta ceremonia de castigo, mientras una muchacha lloraba amargamente e imploraba: no le peguen a mi ñaño, no le peguen a mi ñaño. Nos quedamos un rato callados, todos allí, pegados a la verja de la casa, ocultos entre las plantas, hipnotizados por los golpes, diciendo “le están pegando al Colorado Borja, el viejo le está pegando al Colorado Borja”. Aún recuerdo ese momento de salvajismo y ceguera de un padre, que es la misma maldita ceguera y salvajismo de todos los padres que no aman a sus hijos. Con los años volví a ver una vez más al Colorado Borja, caminando por la calle, gordo, serio. Pero en realidad a quien veía era al mismo niño que golpeaban esa noche, lejos de mi barrio, en esas casas grandes de esquinas oscuras por las que aprendíamos caminando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas noches nos internábamos en otros barrios, territorio apache. A veces un hombre extraviado y encontrado en la noche aparecía en busca del amor, y lo asaltábamos entre todos. "Pero de uno en uno", decía. Caretopla, Manuelón y Ceviche, los peripatéticos, no aguantaban paro y eran los primeros en la fila. ¿De qué hablábamos? Eran chismes, historias viejas, leyendas de los Rey del Moco por ejemplo.&lt;br /&gt;Rey del Moco era un muchacho medio enano y gordito que vivía en la hacienda el Guasmo. A su hermano le decían Príncipe del Moco y a su hermana Princesa del Moco. A veces los tres aparecían montados a caballo y, látigo en mano, nos correteaban por las calles y callejones del barrio, con sus caras pegoteadas de moco en las mejillas y las orejas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, Galleta también se juntaba a los filósofos griegos del barrio. Si Aristóteles era un pendejo al lado de los peripatéticos del barrio, Galleta le hacía un toque a Saussure y lingüistas de académica ralea. ¿A quién? A Saussure: Lingüista suizo que dijo que las palabras no tenían relación con las cosas. Galleta, sin leer a Saussure ni a nadie por el estilo, les preguntaba a los peripatéticos por qué al uno se le dice uno y al dos dos y al tres tres. Y por qué el uno va antes del dos y no del cinco. ¿Es que alguien me puede explicar eso? gritaba. Ante el silencio añadía: Valen verga ¿No dicen que están en el colegio? ¿Para qué van al colegio si no pueden responderle al Gran Galleta? Y ellos le gritaban ya cállate Galleta, déjate de fumar esa huevada, esa mierda de burro te está dañando el cerebro, te dejó loco el loco Taboada. Pero nadie en realidad sabía la respuesta. Es más, nadie entendía la pregunta. ¿Quién se imaginaba que setenta años antes, en otra parte del mundo, alguien habría dicho lo mismo pero de otra manera, frente a un auditorio de viejos ciegos de conocimiento? ¿Quién habría imaginado que el dorado sueño de Aristóteles cruzaba por la mente y la boca de la gente del barrio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los peripatéticos una vez se aparecieron con un pupitre robado del Eloy Alfaro. Se habían metido por un hueco de la cancha de fútbol y, haciendo gala de un inusitado espíritu choretril que ya presagiaba el pandillerismo, decidieron agarrar el pupitre verde, cargarlo y ponerlo de adorno en la esquina. Y allí estaba ese mueble monstruito para asombro de todos. No teníamos donde sentarnos, fue lo único que dijeron como excusa. Semanas más tarde, ante el evidente deterioro del asiento, fueron más lejos: robaron del fondo de la zona de los aniñados un banco de cemento. No les dio pereza traerlo desde tan lejos. Lo pusieron junto al poste a la voz de ahora sí ya tenemos donde sentarnos. Oye, si quieres vamos a ver otro, que esos aniñados de La Favorita son ahuevados.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no era así, no necesariamente. Eso quedó evidenciado cuando Maranata, un loco de la última calle de la Ciudadela, medio amigo de la Huasa, del otro lado del parque, paseaba en bicicleta por zona aniñada. Tuvo un medio accidente sin importancia pero decidió putear a los aniñados quienes se quedaron callados pero, una vez lejos, le gritaron al unísono “Baja la válvula”. Cosa que, sin mediar más, hizo que Maranata fuera veloz a su casa en busca de un machete, para dejar en claro quién era el man. Pero como la pica era grande, la gente decidió unirse a otros grupos y en masa nos fuimos a la zona de los aniñados quienes, ni cojudos, también habían hecho su bulluquito de gente. De eso sabe mucho Tanano, el hermano de la Huasa, quien había decidido irse a parar con ellos, dando muestra de seria afrenta y traición a la gente del barrio, la de la tienda “La Gloria”, como se identificaban por ese entonces. La puñetiza en masa quedó en suspenso cuando el perro Bolivín se trancó a puñete con un aniñado que quería bajarle la pinta. La gente hizo barra, conatos de bronca más grande pero de allí todo quedó en veremos. Ánimos calmados, iniciamos el regreso a nuestra esquina. Quién iba a saber que ese era sólo el principio de un odio que se vería con más fuerza en los partidos de índor y algunas fiestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así ocurrían las cosas en las noches de invierno, cuando los peripatéticos del barrio se lanzaban a aprender algunos asuntos de la vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-6061979401004209211?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6061979401004209211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6061979401004209211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/07/los-peripatticos-del-barrio.html' title='Los peripatéticos del barrio'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-2356332607027153823</id><published>2008-07-30T17:13:00.000-07:00</published><updated>2008-07-30T17:15:05.042-07:00</updated><title type='text'>Creplato, el Oso, el Cuervo y los otros</title><content type='html'>El título suena a cuento infantil y en determinada forma lo es. El que primero llegó a anexarse a la gente de la esquina fue el Careplato. Antes lo llamaban Carecuchillo y, como era mayor que los demás, se divertía azotando con sus maldades al que primero veía. Por ejemplo, se trepaba en los columpios del parque, atrapando en sus piernas a cualquiera que tuviera la suerte de mecerse, y lo llevaba por las alturas haciéndolo temblar de miedo. A veces andaba jodiendo con otros desaforados. Pero una noche en que estábamos en la esquina, se apareció callado y se paró a poca distancia. Era un escena rara porque lo veíamos y nadie decía nada porque nadie sabía qué mismo quería el temido Carecuchillo. Luego alguien le dirigió la palabra, creo que le preguntaron si quería parar en la esquina y dijo que sí. Era conmovedor que alguien tan malo se pegara a nosotros, que no éramos precisamente unos niños obedientes pero tampoco llegábamos a los extremos del nuevo invitado. Así, Carecuchillo fue debidamente rebautizado como Careplato y, a insistencia de él, pues afirmaba que era aniñado de fina estampa, rebautizado otra vez como Baby Careplato, o Julito Leoncito Ronquillito, como nos haría repetir en voz alta y palo en mano poco tiempo después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Baby Topla no jubaba pelota ni andaba metido en los deportes como los demás, pero asumía las funciones de representante del grupo en las ligas interbarriales. Allí se sentía a gusto: gritaba, reclamaba, vociferaba y peleaba, al mejor estilo de su pasado carecuchillil. Organizaba también a los grupos para ir a tirar camaretas a las casas a fin de año, armar peleas por puro encame y hacer las bromas más crueles. En esos asuntos llevaba un mano-a-mano permanente con Rey, el Salvaje Machucagente. Al Baby Topla tampoco se le escapaban ni los amigos del mismo sexo ni los animales que anduvieran perdidos por allí: todos marchaban al calor de su incontenible apetito sexual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no era eso lo único ni lo mejor de él. Careplato era también el mejor bailarín del barrio: Llegaba con la ropa de última moda y se ponía a bailar todo lo que fuera Motown y la naciente música disco. Sin problema, se paraba en media calle mientras lo veíamos riéndonos con envidia y hacía los pasos que había aprendido en la discoteca o la televisión. Con una disciplina casi religiosa estaba a la misma hora que los demás para reírse de la vida y pelearse con quien fuera. Los días de diciembre iría también al Guasmo a tumbar el árbol de navidad de la esquina, recogería dinero para las luces, montaría guardia para que no se robaran nada del Nacimiento. Con Monín, Manuelón, Pinina o el Salvaje Machucagente, inventaría las bromas más demenciales y un día escribiría con cal en los muros del colegio Eloy Alfaro un gran corazón flechado que decía: “Sopa de queso y Ginger se aman”, en referencia al loco Huguito y su loco amor. Huguito era sólo un flaquito cabezón que andaba enamorado y, como todos, se reía de las locuras de Baby Topla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A éste, todo le habría ido viento en popa si un día no se hubiera aparecido el Oso, un peludísimo muchacho quien, con su delgada figura y educado comportamiento, vestido con ropa de hombre viejo, se paró en media calle, donde siempre lo hacía Baby Topla, y se puso a bailar como John Travolta en Saturday Night Fever, cosa que hizo que la gente aplaudiera y Topla se muriera de envidia y rabia. Más aún, cuando el Oso se descubrió como un excelente diseñador y pintor, habilidad totalmente desconocida para nosotros. En la misma esquina del barrio agarraba carbones y tizas y se ponía a dibujar tiras cómicas, mujeres encantadoras y cualquier cosa que se le pasara por la cabeza. El remate fue cuando hizo los diseños de los equipos de fútbol. Como un fino modisto traía muestras y nosotros las comentábamos para nuevos cambios. El Oso, su hermano Pastora (Chabaco) y Padre Bazurco, venían de dos callejones atrás y estaban entre los menores del barrio. Baby Topla era el más viejo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El último que llegó al barrio fue el Cuervo, que en esa época era un muchacho tímido, bajado a látigo de Bucay, que no pateaba pelota ni en sueños. El Cuervo era el primo del cholo Cepeda y su familia se había venido a vivir a Guayaquil. Como todos, fue acogido por la gallada pero su mirada estaba en otro mundo, ya de gente más vieja y seria que pensaba en trabajo y familia. De ellos quedan los recuerdos de cómo fueron y las noticias que de repente nos llegan desde lejos o gracias a la coincidencia de un encuentro en alguna calle de Guayaquil. En la memoria, sin embargo, Careplato y el Oso aún siguen en ese mano-a-mano de baile llevado a cabo en la calle, frente a todos, mientras el Cuervo los mira incrédulos diciendo que esos pasos son muy difíciles para él, que el man es salsero, que mejor se va donde Cortijo, al Barrio Cuba, y se trepa en su flamante Cóndor mientras pone un casette donde se oye a Andy Montañez que dice “Yo soy el alma de un cantante errante/ que vaga por el mundo entero”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-2356332607027153823?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2356332607027153823'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/2356332607027153823'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/07/creplato-el-oso-el-cuervo-y-los-otros.html' title='Creplato, el Oso, el Cuervo y los otros'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-3165433539899431574</id><published>2008-07-30T17:11:00.000-07:00</published><updated>2008-07-30T17:13:06.784-07:00</updated><title type='text'>Evocación del fabulador Carlos Medina</title><content type='html'>A finales del 60, la TV. en Guayaquil iba desde Batman, Cita con la muerte, Maverick, El Rebelde, Viaje a las estrellas, Los Intocables y La rubia peligrosa, hasta las tristes y unilaterales transmisiones de noticias en los informativos. Uno de los relax televisivos era Atardecer ye-yé. Ahora su nombre suena extraño, pero ¿no es también lo extraño un provocador de recuerdos? En el set al aire libre había un conjunto, quizá Los Errantes, los Corvets o Los Dragones y también una muchacha muy joven, casi una niña, que bailaba con botines negros y minifalda, y su pelo largo y rizado caía sobre sus hombros y espalda. Para Absalón Quiróz y yo, esa chica era nuestra futura novia. Ambos íbamos religiosamente todas las tardes de sábados a concentrarnos frente a la pantalla sólo por verla. No sé si Absalón -que sigue siendo uno de los cronopios más queridos del barrio y terminó sus estudios de medicina- alcanzó a verla personalmente, no creo que eso haya importado en esos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Absalón, así como Luis Cepeda, eran del mismo signo zodiacal mío. Este asunto no podría haber sido relevante si no hubiera aparecido el primer fabulador que conocí. Se llamaba Carlos Medina. Era un muchacho transparente, imbuído en enciclopedias, temeroso al sol de la tarde y con una radiante atracción por todo lo que fuera conocimiento, experimento de animales y rarezas afines. Carlos aparecía por el barrio cuando nosotros estábamos ya terminando el partido de índor. Vestía siempre con pantalón corto oscuro, zapatos y medias negras y una camisa blanca y limpia, planchada con paciencia de madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de regresar a casa nos concentraba a todos con las últimas novedades que había leído. Nos contaba cómo se podía construir submarinos, barcos y aviones. Que era solamente cuestión de saber usar la balsa, poner o sacar la cantidad exacta de agua y cerrar algunos agujeros de ventilación, decía. Nos contaba de su abuelo que había sido pirata y había azotado durante años la cuenca del Guayas y la isla Puná. Nos relataba las increíbles historias de su tío, quien además de tener más de cien haciendas, secuestraba mujeres y las encadenaba. Nos decía que ese mismo lugar, esa calle en donde jugábamos pelota, era propiedad de su otro tío, dueño también de la Ciudadela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo sabía que nuestra realidad de mocosos peloteros de clase media era mucho más brillante y versátil que la pantalla blanco y negro del televisor, mucho más que ese cadáver de terno y corbata que contaba con lujo de detalles cuántos muertos más habían caído en guerras lejanas. Pero sabía también que al lado de nuestro incipiente fantaseo, Carlos Medina era el portentoso resultado de una nueva imaginación que se formaba en el aislamienlo de ese lejano territorio, esa especie de "downunder", desértico y a la vez selvático, que era la Ciudadela 9 de Octubre, perdida en el sur de la ciudad. Ese lugar en donde todos estábamos condenados a ser inevitablemente jóvenes y no necesitábamos de nada ni de nadie; ese espacio en donde queríamos construir nuestro añorado kibbutz. Teníamos que contar sólo con eso para sobrevivir. Era nuestra propia guerra que estábamos librando, lejos del resto de la ciudad, pegados al río y al pantano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De ese tiempo recuerdo a mis amigos, los tangos cantados por mi padre, a un maestro de escuela, la voz de tenor de Don Sebastián Paredes que aparecía al caer el sol llamando a sus hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra vida era como el programa de la televisión: un atardecer de día sábado en el cual la gente bailaba y se divertía. Pero se representaba en una tierra diferente: la del imaginario espacio de los muchachos del sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que Carlos Medina está en Connecticut ahora. El implacable destino, Dios o, sencillamente, la comedia humana, quisieron que también se transformara en un emigrante en busca de trabajo. No sé cómo localizarlo y tampoco si el encontrarlo haga que reaparezca ese extraordinario fabulador que nos enseñaba a construir descomunales transportes. Sin embargo, sé que en esa región perdida, eso que empobrecidamente llamamos recuerdo, él continúa con sus copiosas lecturas, con su eterno y casi hermitaño refugio en la biblioteca de su casa o en su cuarto, hasta que el implacable sol del trópico desaparezca. Él continúa en la escuela con nosotros y asiste muy temprano a las clases de Geografía y Ciencias Naturales, mientras los demás seguimos escuchando los inverosímiles recuentos de sus parientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Carlos Medina supo que Absalón Quiroz, Luis Cepeda y yo éramos del mismo signo zodiacal abrió las cartas y dijo: "el asunto es difícil porque los tres son iguales y porque siempre van a pelearse y a quererse, como hermanos. Y porque uno de ustedes será feliz “como Dios manda”, al otro lo perseguirá una mujer y un día también será feliz, y el tercero se perderá en el tiempo y recordará para siempre lo que he dicho". Y recogió nuevamente el tarot diciendo con tranquilidad: "¿Joselo, tú también quieres que te adivine la suerte?".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inconmensurable tiempo hace que uno acuda intermitentemente al mundo de los fantasmas y a sus juegos. La televisión, un partido de índor, una canción, cualquier cosa provoca la agitación de la memoria. El resultado es un salto para volver a encontrarse en el oráculo del tarot y en la premonición de un fabulador de la infancia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-3165433539899431574?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3165433539899431574'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3165433539899431574'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/07/evocacin-del-fabulador-carlos-medina.html' title='Evocación del fabulador Carlos Medina'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-4238643244109623847</id><published>2008-07-24T07:28:00.001-07:00</published><updated>2008-07-24T07:31:43.088-07:00</updated><title type='text'>Rodi Carabalí y Rodolfo "El Zorro" Baidal</title><content type='html'>Por las noches, cuando habíamos terminado las tareas de la escuela y los demás regresaban del trabajo, nos sentábamos frente al televisor. Con la ceremonia del que llega al cine, veíamos Dimensión Desconocida o Viaje a las Estrellas. Y todas la noches, religiosamente, a las ocho en punto, Rodi Carabalí tocaba con educación y lo invitábamos a sentarse con nosotros. Por esa época, él ya andaba por el metro ochenta. Junto a su juvenil y alta figura se notaba una almohada grande bajo su brazo. Escogía, como todos los del barrio, un rincón en el suelo y allí se sepultaba a ver los programas. A veces traía una colcha para protegerse del viento veraniego. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por nuestros ojos desfilaban las películas en blanco y negro, cortadas intermitentemente por propagandas y propicias para la glosa, ir al baño, contar un chiste o rasquetear el cocolón de la olla. O para que El Zorro Baidal apareciera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era durante ese lapso que el Zorro salía de su casa y en el silencio y la oscuridad del callejón, a cuello pelado gritaba “el zoooooorroooooo”, y golpeándose el trasero con la mano, como si fuera caballo de sí mismo, corría veloz a la tienda de la esquina, a comprarle un cigarrillo a su padre. A veces era también Cruz Diablo o los personajes que salían en Jim West. Rodolfo Baidal, alias Gurofo, era verdaderamente el Zorro. No se tomaba en serio ningún papel, simplemente vivía a plenitud su desdoblamiento, como todos, mientras corría, y la gente en las casas se reía de verlo tan inocente. Una noche, sentados en los fierros del parque mientras soplaba el viento, el Zorro se puso a contar historias del Tintín traídas del campo por sus abuelos: “Dice Mamá Dora que andaba con mi abuelo perdida en el campo y llegaron a una loma. En la cima oyeron los llantos de un niño y se aproximaron a la criatura que lloraba. Lo tomaron en sus brazos y mientras lo calmaban ella dijo: ‘Mira que chiquito es, aún no tiene ni dientes’ a lo cual el niño respondió: ‘Sí tengo, míralos bien’ y mostró toditos los dientes y se reía a carcajadas y después se hizo humo”. Todos nos quedamos con el pico abierto, atemorizados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esa siguieron otras historias más hasta que se fue haciendo tarde. El viento soplaba con más fuerza pero nadie quería regresar a casa por el temor de encontrarse con los aparecidos de esos cuentos que fluían con simple precisión de la boca del Zorro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los años, el Zorro se hizo buen pelotero, un hombre de amplia y sincera sonrisa, amable al trato, como su hermano Salomón “El Niño” Baidal, compañero en el Alfaro, igual que su padre el viejo Salomón, que en paz descanse. Vivían al lado de mi casa. Al frente, estaba la casa de los Carabalí, de Rodi Carabalí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodi estudiaba en la escuela fiscal y practicaba todos los deportes habidos y por haber, y en todos era seleccionado del equipo, lo cual, modestia aparte, no impidió que una tarde invernal, a mediados de los setentas, el autor de este libelo le hiciera un gol por la galleta, aunque no alcanzara a esquivar el refilón de chancleta del que fue víctima por parte del ya mentado moreno caballero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo vi jugar basketball y cumplir una buena labor en los intercolegiales, sobre todo contra los aniñados de las villas grandes. También lo vi pararse tieso en la defensa de los partidos de fútbol interbarrial, en los cuales, por su testarudez, aplicaba a rajatabla el principio de pasa la bola pero no el jugador. Ya bordeando los dos metros, por lo inevitablemente flaco de su figura, le decían Cigarrillos More. Lo conocían en todas partes y en todas era bien recibido, con chacota, aguardiente, mala palabra y, si había cómo, una tamuguita de ya-ja-já.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando comenzó a trabajar le fuimos perdiendo la pista. Hablábamos muy poco, a excepción de algunos domingos de sol, cerveza helada y ceviche de corvina. O cuando hacía de árbitro en algún campeonato del barrio. La última vez que lo vimos nos conversó que un taxista lo había asaltado. A eso de las once de la noche, por la calle Quito, llegando al barrio, paró el taxi, sacó una pistola y le pidió todo lo que tenía. De su maletín de trabajo Rodi tuvo que sacar los cheques certificados del banco para el que trabajaba. Los cheques los hice anular, nos contó. Lo peor fue que, como nunca, no había nadie en el barrio. Siempre los vagos están aquí menos esa noche. Mala suerte, dijo Rodi. Terminamos la conversación con un nos vemos bróder y se marchó a su casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo último que supimos de él fue que, como miles de ecuatorianos, emigró a Italia, como lo hizo su hermana Zoila años antes, como lo hizo su hermano Chacho otro caballero que tomó rumbo a Venezuela para nunca más volver.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-4238643244109623847?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4238643244109623847'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4238643244109623847'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/07/rodi-carabal-y-rodolfo-el-zorro-baidal.html' title='Rodi Carabalí y Rodolfo &quot;El Zorro&quot; Baidal'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7685592379959176921</id><published>2008-07-17T16:22:00.001-07:00</published><updated>2008-07-17T16:22:51.038-07:00</updated><title type='text'>De lo que pasaba en la Casa Parroquial</title><content type='html'>Después de verlo en fiestas, de esas con luces negras y rojas, chalecos hippies y música rockera, se había comenzado a hablar de él. Pero ¿quién era el flaco de Mapasingue? Era un puto flaco de pelo largo que había adoptado la bandera de Estados Unidos como vestimenta. Llevaba un pantalón de estrellitas blancas y rayas azules y rojas. Parecía un fantasma sacado del litoral ecuatoriano, de una leyenda de abuelos. Tenía dos metros de alto y el pelo hasta los hombros, y hablaba reposada y tranquilamente. Cuando aparecía en las fiestas se confundía con las sombras de los rincones. Hablaba inglés muy bien. Tenía algunos amigos en el barrio, Galleta era uno de ellos. De repente desaparecía y no se volvía a saber de él hasta la siguiente fiesta. Bailaba durísimo y también metía duro la mano cuando había bronca, como ocurrió un día en la Casa Parroquial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principios de los 70, la Casa Parroquial era el centro de actividades sociales. Había cursos de música, funciones de teatro y un jardín de infantes. Estaba obviamente junto a la iglesia de Monserrat y junto a una escuela donde aguantábamos más palo del esperado, más allá del Eloy Alfaro (o más acá, según por donde se venga). Los domingos, la iglesia se llenaba hasta el tope y afuera vendían canguil y otras delicias. Nosotros íbamos más por ver a las chicas que por rezar. Mientras el cura decía la misa, una virgen negra miraba tranquila desde lo alto, y nosotros decíamos cinco padrenuestros y cinco avemarías por habernos portado mal. Durante la semana, la iglesia era el lugar donde nos reunían a cantar himnos religiosos a punta de santo látigo mientras decíamos en coro por mi culpa/ por mi culpa/ por mi grandísima culpa. Nunca hacíamos nada malo pero había que pagar alguna culpa por lo que fuera, pero culpa al fin y al cabo. A un costado de la iglesia, una vez por semana, aparecía un carro de la Pepsi y proyectaba películas de Jorge Negrete y el Cine de Oro mexicano, y la gente se abultaba, cada uno con su banquito, a sentarse a ver las maravillosas imágenes en blanco y negro de los amores imposibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la Casa Parroquial organizaban conciertos de rock que terminaban en pelea. La bronca siempre comenzaba porque Galleta se emplutaba y le mandaba la mano o buscaba pelea a Carlos Taboada. Taboada, aparte de mover el trasero con su taconeo en la tarima, no era pendejo. Cuando se arrechaba se lanzaba desde lo alto, como en película de vaqueros, y caía sobre algún rival para agarrarse a puñetes. Entre sus pasos estaban el del trompo y el paso gitano. Con el primero daba vueltas y vueltas mientras hacía piruetas con las manos, como esas bailarinas sobre el hielo; con el segundo palmoteaba, caminaba rápidamente por la tarima y se amarraba la camisa a la cintura mientras los pantalones acampanados flotaban con la música. Con Taboada venían también los fumones del norte. Pero el flaco de Mapasingue, que los conocía y no se llevaba bien con ellos porque no era aniñado, se venía con la gente del barrio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras todos se retorcían frenéticos, Héctor Napolitano tocaba melodramáticamente la guitarra a lo Jimy Hendrix y Los Apóstoles hacían sonar los instrumentos entre tanto Jinsop decía I wanna know/have you ever seen the rain. Los Sobre Ruedas, que era el grupo de Cachato, el viejo Icaza y el loco Roberto, cantaban canciones de Los Náufragos, Fórmula V, Los Mitos y Los Tíos Queridos, voy a pintar/ las paredes con tu nombre mi amor/para que sepas/ que te quiero de verdad, o el himno de los borrachos que decía de boliche en boliche/ me gusta la noche/ me gusta el bochinche/ soy un caso perdido/ me meto en el ruido y no puedo parar, o “El extraño de pelo largo” que era una canción casi mística y que describía a los salvajes que llevábamos dentro vagando por las calles/ mirando la gente pasar/ el extraño de pelo largo/ sin preocupaciones va/ hay fuego en su mirada/ y un poco de insatisfacción/ por una mujer que siempre quiso/ y nunca pudo amar. Hasta aquí el decorado auditivo, ahora viene la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decía que Taboada en cada paso se inclinaba al suelo. Corría, se agachaba y se paraba enseguida, sonreía y ocultaba la sonrisa detrás de un abanico, en tiro Raphael Martos de España ¿De dónde mierda sacaba el abanico? Nadie lo sabía. En una de esas, Galleta, ya entrado en biela, se inclina y le toca la nalga. Taboada, maricón o no, se ofendió con el toqueteo, sacó la pata con fuerza y le dio un plataformazo en la cara. Galleta, arrecho y recuperado, se subió a la tarima, lo agarró del pelo, lo estrelló contra el piso y entre ambos se dieron una divina puñetiza mientras volaban sillas y botellas por la pista. Se armó el coge-coge. La gente de Taboada le cayó en gajo a Galleta y todos hicieron ruma, unos encima de otros dándose con lo que estuviera a mano. El flaco de Mapasingue y los panas del barrio se metieron también a repartir y aguantar cocacho mientras las mujeres corrían despavoridas de un lado a otro, menos, claro, la que sería con los años la famosa Banda de las Bajacierre (llamado en los 80 El Cartel de la Ciudadela). El cura, micrófono en mano gritaba ¡compórtense!, ¡compórtense!, tarea de salvajes. Coge-coge del bueno. Al final, un poco tranquilizados los ánimos, la compostura quiso ser establecida pero ya quedaba poca gente. Otro conjunto, Los Pasos, el más turro de todos, por ahí dejaba oir unas notitas moribundas de dos tambores y una guitarra eléctrica. Ante el abandono del ring por parte de los músicos, el cura se acercó a Rockolita y le pidió que cantara. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente del barrio le decía no Rockolita no cantes, esos manes tocan turro y te van a desprestigiar frente a las peladas. Pero fue inútil. A la voz de quieres cantar el man ya estaba rumbo a la tarima, guitarra en mano. Pero ocurrió el milagro.&lt;br /&gt;Rockolita tomó el micrófono y, a lo Daniel Santos, mirando fijamente a los músicos, taconeó la pierna y dijo, un, dos, un, dos, tres, yo no he visto a Linda/ parece mentira.../ yo no he visto a nadie. Nos quedamos mirando entre todos, casi felices. El Cuervo dijo este Rockolita es un chucha. Qué hijueputa, acotó Chocoto, y nos dimos un trago de aguardiente. Luego siguió con un bolero de Alberto Beltrán: Yo no sé/cómo puede la luna brillar/cómo pueden las aves cantar/si ya no me amas tú. Y luego otro, esta vez de Ismael Rivera, que dice si te contara mi sufrimiento/ si te dijera la pena tan grande/ que llevo muy dentro/ la triste historia/que noche tras noche/de dolor y pena/ llegó a mi alma/ surgió en mi memoria/como una condena. Y así continuó el resto de la noche.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-7685592379959176921?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7685592379959176921'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/7685592379959176921'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/07/de-lo-que-pasaba-en-la-casa-parroquial.html' title='De lo que pasaba en la Casa Parroquial'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-6692233506420253274</id><published>2008-07-09T16:00:00.000-07:00</published><updated>2008-07-09T16:04:47.782-07:00</updated><title type='text'>De quién era "Rockolita"</title><content type='html'>Era de otro barrio, de la zona que llamamos El Rodillo. Era también mayor que nosotros, más de la generación de nuestros hermanos. Jugaba índor que daba miedo y tenía el pelo medio casquillo, un poco claro. Después de una noche desaforada de trago y serenata, cuando llegaba la mañana, Rockolita aun tenía garganta para unas diez canciones más. La noche, alumbrada de luna y sacudida por el viento del verano, había sido un festival de antologías de boleros, rumbas, cha-cha-chás, valses y pasillos montuvios, aunque las que mejor le salían eran las de Nelson Pinedo y Lucho Barrios. Sin embargo, cuando llegó la mañana con su inevitable tibieza, con la magia de diez minutos que se viven cada día mientras el cielo azul oscuro cambia a celeste, Rockolita, como un pájaro cantor parado en una rama que mira la ventana de su amor imaginario, gritó desde el corazón Amada mía/ grata sorpresa la que me has dado/ yo necesitaba un amor/ y me has enamorado, mientras todos lo mirábamos sabiendo que en su voz se iba también nuestro amor junto con el tiempo. Amada mía/ mis lares claman tu presencia, seguía, mientras la guitarra sonaba y acercaba con su mano izquierda la botella de aguardiente. Con guitarra o sin ella, Rockolita siempre se lanzaba a voz pelada, solito, a encajar con sus canciones la circunstancia del momento, la historia que alguien le había contado, con el interminable repertorio que giraba en su cabeza como viejos discos en una rockola. Así, escuchaba las historias de amor frustrado de los demás y cantaba según el caso, mientras con su mano derecha dibujaba gestos que buscaban darle forma a las letras de las canciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pequeño, entre pases de índor fútbol, de alguna baja calificación en el colegio y los problemas de casa, Rockolita había afianzado la herencia que le había dejado su padre, el Gran Rockola: La prodigiosa memoria con la cual podría construir el marco musical y sentimental de nuestras derrotas y peleas. El Gran Rockola era un manaba flaco, casi pellejudo, pelo lacio, claro. Eso sí, buen puñete, noqueador deúna. Sólo él podía levantarse por el aire en una chalaca a la quijada, o sacar una patada que tendría como destino fijo los huevos del rival. Sólo la muerte, la que aparecía por los callejones de la Ciudadela cada año, casi religiosamente en Julio, sólo la muerte podía ganarle una pelea al Gran Rockola. Y así ocurrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El repertorio era de su padre pero también de su madre, una mulata de Esmeraldas que canturreaba canciones mientras regaba las plantas de su casa. Rockolita había aprendido de ambos las canciones de Los Panchos, Lucho Gatica, Alfredo Sadel y Hugo Romani, Gregorio Barrios, Genaro Salinas, Fernando Torres, Nat King Cole y Leo Marini. Su padre, armado de un archivo musical en su cabeza, cada día de los enamorados, de las madres y del cumpleaños, se paraba frente a la ventana de su esposa a cantarle Ansiedad, de tenerte en mis brazos/ musitando, palabras de amor/ ansiedad, de tener tus encantos/ y en la boca volverte a desear. O decía más cálidamente No sé mi negrita linda/ qué es lo que tengo en el corazón/ que ya no como ni duermo/ vivo pensando sólo en tu amor. Para rematar, fervoroso de pasión, el viejo entonaba Estas son las mañanitas/ que cantaba el rey David/ y hoy como es día de tu santo/ te las cantamos a ti/ despierta mi bien despierta/ mira que ya amaneció, mientras ella abría la puerta lentamente, lo miraba, le sonreía levemente, le decía algo al oído y lo entraba a casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando murió el Gran Rockola fue como si hubiera habido un terremoto. Un día cayó fulminado en pleno trabajo. Así, aprendimos que los hombres bravos son mortales si llevan un corazón tierno. Cuando lo enterraron, la gente chupó como condenada a muerte, como si un Gran Lengua de las tribus africanas hubiera desaparecido, como si un chamán amazónico abandonara a su gente para siempre. Durante el entierro, las personas se acercaban al ataúd a darle el último adiós. A pesar de su tristeza, Rockolita ponía mucho énfasis y diligencia a lo que pasaba o lo que le tocaba hacer. Pero a ratos estaba callado y pensativo, quizá porque se encontraba en la cueva espiritual a la cual todos entramos a reponernos. Había descubierto que en la oscuridad y el silencio se podía recuperar fuerza y entendimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La adopción de la memoria musical y la destreza física de su padre se dieron como una revelación, fue un sábado. Estábamos sucios de sudor por el partido y el sol de la tarde caía con fuerza sobre nosotros. Mientras los jugadores pedían las primeras cervezas se armó una bronca y Rockolita quiso mediar pero de la confusión se pasó al insulto y de allí a los golpes. El desafío fue respondido con un fuerte puntapié al interior de la rodilla que paralizó al rival. No es bueno que insultes a la gente por las huevas, dijo Rockolita, y menos que te metas con mi madre continuó, mientras el otro se revolcaba en el piso con la rodilla dislocada. Se sentó y dijo ¿y mi cerveza? Nosotros, que estábamos en otra parte de la calle, no salíamos del asombro por su fría tranquilidad. Luego que pasó la sorpresa nos animamos y, mientras conversábamos de política, escuchábamos unos cassettes viejos de Los Brillantes Deja que me duerma en tu seno de armiño/y arrúllame con besos/ como si fuera un niño, hasta que Rockolita, casi de la nada, o a lo mejor porque ya se había animado con los tragos, empezó a desgranar emocionado un vals de los hermanos Montecel que dice: Yo quisiera llorar y llorar tanto/ y humedecer en llanto mis dolores/ apagar con mis lágrimas tu canto/ con lágrimas decirte mis amores. Inmediatamente alguien trajo una guitarra, afinó las cuerdas y siguió diciendo linda pequeñita/ atiéndeme mi ruego/ que una honda pena/ te quiero contar. Y luego mandó el bolero Temeridad, en el mejor estilo de Olimpito Cárdenas: Los dos estamos ahora frente a frente/ los dos sabemos lo que el alma siente...Yo sé que tú también dirás lo mismo/Aunque se te destroce el corazón... Y así, con el aplauso de los que lo escuchábamos, se lanzó todo el repertorio de lo más clásico de la música nacional. La apoteosis llegó en las primeras horas de la madrugada cuando, luego de complacer decenas de peticiones, se puso a cantar las mismas canciones que su padre, con el mismo timbre, la misma voz, el mismo énfasis y tono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al oirlo, algunas luces se prendieron y alguna gente comenzó a asomarse a las ventanas, sólo para comprobar que la voz había desafiado la muerte. Al llegar el día, Rockolita cantó Las Mañanitas, pero terminó llorando. Toda la gente también lloraba con él y él ya no cantaba, sólo decía mi viejo, mi viejo, dónde está mi viejo, hasta que salió su madre, también llorosa y se lo llevó borracho a la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese día Rockolita se consagró como el hombre fuerte de la serenata, y del quiño, valga el acote. Cada viernes, guitarra en mano, la generación de mis hermanos buscaría en sus amores tormentosos la excusa para la tertulia, y cantaría a las mujeres como en escenas de películas mexicanas, mientras le harían el coro a Rockolita cantando cuando la luz del sol se esté apagando/ y te sientas cansada de vagar/ piensa que yo por ti estaré esperando/ hasta que tú decidas regresar...(todos juntos) hasta que tú decidas, regresaaaaar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así aparecieron amores a millares surgir. Pero esa y otras canciones las contaremos en otra crónica, pues de canto en canto, con seguridad, querido lector butino y borrachín, ya se te habrá abierto el apetito bielero. Y ahora, como lo habríamos dicho en otra parte, cierra este libro y tómate unas cervezas o unos guarisnais con tus panas de la esquina, que estas crónicas del barrio también tienen pretensiones de Manual del Buen Bebedor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-6692233506420253274?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6692233506420253274'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6692233506420253274'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/07/de-quin-era-rockolita.html' title='De quién era &quot;Rockolita&quot;'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-4285453084342533184</id><published>2008-07-03T06:50:00.000-07:00</published><updated>2008-07-03T06:52:57.123-07:00</updated><title type='text'>Nuestro primer paseo en bicicleta</title><content type='html'>Debió haber sido una tarde de invierno, allá por el 73. Lo digo porque todos estábamos de vacaciones y ya habíamos desarmado el árbol de navidad del barrio. En casa, mis hermanos habían regresado del servicio militar y andaban pensando en matrimonio, trabajo y esos asuntos. También para esa fecha, Bella Reyes y yo habíamos jurado por un amor eterno con un anillo de feria como garantía del pacto. Sí, fue una tarde de invierno del 1973.&lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Los Medina, Darío Lecaro, los Mayorga, los Ronquillo, el irremediable Cholo Cepeda, Carlos Ríos, César Noblecilla, los primos Villacís y una docena más de gente, nos pusimos de acuerdo para ir a Durán... en bicicleta. El viaje incluía parches, tubos y llantas viejas, algunas herramientas y refrescos. Poco a poco fueron apareciendo los ciclistas y cuando el grupo estuvo listo partimos desde el sur, desde la 2da. y la 7ma., en la Ciudadela 9 de Octubre.&lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Adelante teníamos un destino que era no sólo inalcanzable sino además el intrépido desafío de ese día. Gente de otras esquinas se había integrado también al viaje. Algunos estábamos semidesnudos, en pantalonetas, con sombreros de paja o con una camiseta amarrada a la cabeza. La primera parte fue para reconocer la ruta, ver otras calles y otros rostros. Jorge Ronquillo pedaleaba desesperadamente para no quedarse atrasado, su bicicleta era una miniatura verde con una catalina minúscula. Hacia la mitad del camino, a la altura de Quito y Colón, el viaje se convirtió inusitadamente en una carrera. Eramos tres en Peugeot, dos Benotto y una que decía sencillamente "de luxe". Las demás pertenecían al anonimato, que en nuestra coba eran referidas como chivas o bianchis. La bicicleta de Kiko López era la mejor, no sólo por la marca sino también porque tenía el piñón fijo y una cadena muy templada. El sol caía con el furor del trópico y al final de las calles había siempre un reflejo de agua, una zona de aire líquido inclasificable.&lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Al cruzar el cementerio de la ciudad, algunos se habían quedado en el camino: tubo bajo, temor, cualquier motivo. Lo más dificil fue la subida del puente que está sobre el Daule. Lo mejor, rodar tranquilamente, veloz, cuesta abajo hacia La Puntilla, con impulso para pasar al segundo puente y llegar finalmente a Durán. Una vez allí, algunos visitaron a parientes lejanos, otros tomamos un descanso y una buena cantidad de agua para el retorno. Otros dieron vueltas por las calles y almacenes, viendo muchachas y desafiando los límites del mercado y el cerro.&lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Cuando montamos nuevamente las bicicletas para regresar estábamos en el malecón, junto al viejo ferrocarril y las lanchas, el muelle y las tiendas de fritadas, cangrejos y cervezas. Guayaquil, mirado desde la otra orilla, era inmenso y fabuloso. Nos detuvimos en medio del puente y miramos hacia el lejano y perdido Sur, y encontramos la gran torre de silos de Molinos del Ecuador, a la orilla del Guayas, y vimos barcos anclados a la altura de la Ciudadela. El sol ya no era una brasa meridiana sino una luz rojiza que coloreaba las nubes del trópico en el invierno. Deseábamos regresar pronto a casa, a las chicas que esperaban por sus viajeros, al calor de la familia, a las calles en donde estábamos creciendo y peleándonos a cada rato.&lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Ese fue el primer viaje, real y auténtico que tuvimos los de la 2da. y la 7a. Era nuestro bautizo en el tiempo que se abría con el nuevo año y la promesa de esta vez hacerlo mejor. Después vendrían los bailes, las cervezas, los primeros cigarrillos, el equipo del barrio y la Liga Salem, los mejores y peores amigos, las desilusiones amorosas, el boom petrolero y la dictadura militar... luego del viaje a Durán. Cinco años después, Luis Cepeda, Jorge Ronquillo y yo, abordamos una vez más nuestras abandonadas y polvorientas chivas y dimos el último recorrido. Fue el 31 de diciembre de 1978, a eso de las cuatro de la tarde. Aún teníamos un poco de ese espirítu que nos hizo llegar hasta Durán tiempo atrás, pero ya no éramos ni volveríamos a ser los mismos. Anduvimos despacio por las calles del sur. Avanzamos a los barrios del Seguro y Centenario, conversando, pedaleando suave, como despidiendo el año. Había sol también. En el trópico, el sol es omnipresente en la memoria del barrio. Regresamos nuevamente a la ciudadela, viendo como nuestra sombra se alargaba en el asfalto de las calles. Estábamos rojos, quemados, sudados y llenos de una triste gloria, que en esa época era un lugar común no tan generalizado.&lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;En el barrio, a eso de las seis y treinta, la gente se empecinaba en no terminar la jornada de índor y en aferrarse al partido del último día, a la claridad y festiva calidez. A las doce de la noche asistimos a la quema de nuestros fuegos fatuos y a la intrépida aventura que iniciamos años atrás. Sin embargo, para los que venían detrás nuestro se abrían nuevamente iniciáticos inviernos de vacaciones escolares.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-4285453084342533184?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4285453084342533184'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4285453084342533184'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/07/nuestro-primer-paseo-en-bicicleta.html' title='Nuestro primer paseo en bicicleta'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-6984474127295755009</id><published>2008-06-24T14:39:00.000-07:00</published><updated>2008-06-24T14:41:08.683-07:00</updated><title type='text'>En el Cementerio de Autos</title><content type='html'>Don Alfredo Cárdenas era un viejo mecánico que, como otros del barrio, había bajado de los Andes con su familia. Era apacible y educado y sabía cómo armar y desarmar todo lo que fuera motores. No recuerdo cuándo se fue ni en qué año regresó. Lo cierto es que un día se embarcó en un buque petrolero sólo para aparecer de manera intermitente muchos meses después. Cuando regresaba se dejaba ver solamente en el marco de la puerta de su casa, desde donde saludaba con una sonrisa y la mano en alto. Sin embargo, Pluca, su hijo mayor, era otra historia: se pasaba horas de horas en el parque en un juego interminable de ajedrez, o practicando kung-fu en el colegio, aunque extrañamente nunca cultivó ni lo uno ni lo otro, y más vale un par de veces le pegaron su chancleteada. Sus otros hijos eran Douglas y Yuri. Con ellos vivía también un tipo malgenio que sabía un poco de mecánica. Se llamaba Wacho, o algo así, y no le gustaba que nos subiéramos en los viejos y destartalados carros, esas reliquias de los años cincuenta y sesenta que, como un pariente caradura que llega y se queda a vivir para siempre, se habían instalado alrededor de la casa de la los Cárdenas. Ese era el Cementerio de Autos, y se había convertido en el mejor punto de reunión luego de cansarnos de estar parados en la esquina o sentados en el muro de los Tenén. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había autos pequeños montados uno encima de otro, con las carrocerías gastadas y los motores regados por todo el piso. Habrá habido cuatros jeeps Land Rover descapotados, un viejo Buick, un Chevrolet y otro de marca desconocida. Varados todos allí, nos servían para contar lo que había ocurrido en el día, y también para que iniciáramos el fantástico viaje de la imaginación. Las tardes avanzaban lentas bajo el inclemente sol del verano o la interminable lluvia del invierno. Como un viejo remero que buscaba el horizonte, los patriotas del sur nos apoderábamos del Cementerio de Autos. Detrás del volante del inservible Land Rover iba Caimito Caimunga con el cholo Cepeda de co-piloto, en el asiento de atrás Monín, Manuelón, Pinina y Joselo, y más atrás, en calidad de bulto, Rey y Cuerito. Digo asiento por decir, porque sólo había la carrocería pelada y unas cuantas tablas puestas para sentarnos. En nuestra imaginación el jeep se desplazaba lento por las calles del barrio, pasábamos por las casas de las chicas, y por el barrio de los aniñados, como diciéndoles que ahora otro era el cantar. Dábamos interminables vueltas por el parque y participábamos en veloz carrera contra el Buick que venía pisándonos los talones, en el que se habían metido Petete, el Oso, Pastora, Padre Bazurco y Chocoto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el viejo jeep veíamos nuestro futuro: La pelea del día siguiente, el partido de índor, las correteaderas de la noche por las esquinas de los aniñados, tocándoles timbres y tirándoles piedras a los techos, la nueva exploración al Guasmo, a buscar culebras, tumbar panales y recoger ciruelas, o a descubrir entre la maleza las sandías que habían crecido en la clandestinidad. En nuestras naves nunca fuimos a ninguna parte porque nunca tuvimos que ir a ninguna parte: El destino ya había sido alcanzado; yo sería yo para siempre y todos los demás serían ellos para siempre, y nunca dejaríamos el barrio que nos vio crecer, ni los amores que llegaron y desaparecieron. Frente a nosotros estaba la calle y al fondo el colegio Eloy Alfaro, detrás la esquina y el viejo poste con sus cables cruzados, el muro a medias en la casa de Monín, el rincón donde el Baby Careplato llegaría a enseñarnos los últimos pasos de baile que había visto en la televisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras tardes, descamisados y alegres mirábamos caer el sol mientras aparecían los vendedores a rematar el producto del día. Una mujer ofrecía motes y habas, el Chugo soplaba con un abanico el tanque donde asaba tortillas de verde, una anciana sacaba panes de una funda, el vendedor de jugo de coco había agotado sus reservas con el último partido de índor y el pastelero huía veloz en el colectivo con su canasta vacía. El cielo se ponía súbitamente rojo y luego anaranjado, dándole a las abultadas nubes un color rosa que siempre nos maravilló. El parque estaba lleno de árboles y aparecían sombras tenues alargándose sobre las veredas. La caída de sol era de un tiempo breve, porque en el trópico todo es breve y del olvido, y así nos quedábamos hasta que llegaba la noche y regresábamos a casa a darnos un baño y comer, para luego volver al Cementerio de Autos y sentarnos detrás del volante y continuar ese viaje interminable con el viejo Buick que venía detrás de nosotros, nosotros los del viejo jeep de llantas desinfladas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche, prendíamos una radio agonizante y lográbamos escuchar una voz lejana que decía More more, how you like it, how you like, hasta que Manuelón reclamaba cambia esa huevada que no se entiende nada y el Baby Careplato se enojaba y decía que todo era porque Manuelón no sabía bailar, a la par que se iba a un rincón del Cementerio de Autos y se ponía a ensayar los nuevos pasos de la Motown. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día regresó Don Alfredo, y fue para quedarse. No sé si se había jubilado, hartado de estar lejos de su familia, o simplemente encontrado otro trabajo en tierra firme. Lo cierto es que todos se alegraron de verlo y de abandonar el marco de su puerta desde donde parecía inmóvil. Luego levantó un segundo piso en su casa y se deshizo del Cementerio de Autos. Con tristeza vimos cómo nuestro querido jeep y el viejo Buick desaparecieron. Repuestos de esa pérdida, ahora sólo quedaba organizar el asalto y apoderarnos del balde de la camioneta de Don Absalón Quiróz, el papá de Pinina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-6984474127295755009?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6984474127295755009'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6984474127295755009'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/06/en-el-cementerio-de-autos.html' title='En el Cementerio de Autos'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-8892985578067646582</id><published>2008-06-24T14:38:00.001-07:00</published><updated>2008-06-24T14:39:47.631-07:00</updated><title type='text'>El asunto del que se trata</title><content type='html'>Este libro es un compendio de crónicas del barrio. Algunas fueron publicadas en diferentes momentos, otras se mantuvieron inéditas. Otras han ido fraguándose en la medida en que el libro se fue organizando. Es una celebración de la amistad, del tiempo y de los eventos que me ayudaron a construir en mi mente y en mi vida, mi identidad de hombre de barrio, de un barrio del sur que se perdía en los límites de la ciudad. Incluyo, al final, dos textos de Luis “Cholo” Cepeda, mi amigo de infancia y también personaje principal de otros libros que he escrito. El lugar que menciono ya sólo existe en el poderoso recuerdo en el cual los patriotas del sur aún juegan alrededor de un gran fuego que armábamos en las noches y que con los años devino en nuestra iniciación en la vida. Detrás de estas páginas se esconde el deseo por volver a dialogar con quienes me honraron con su amistad y los que me dejaron conocer una parte de sus vidas, y también es un intento de traer de vuelta a aquellos que ya cruzaron el umbral. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A menudo digo que fui un muchacho del sur, de la Ciudadela 9 de Octubre. Eso significa que mi vida transcurrió puertas afuera, como ocurre en las clases populares. En esa vida externa todo se teje en las voces de la gente, en sus rumores que vienen de otros tiempos y lugares, del decir de los campesinos del litoral y las montañas andinas, de los negros del norte y de la clase trabajadora, voces y rumores en medio de la inclemencia del tiempo y los problemas familiares. Estas crónicas transcurren en tiempos dispares, y son más que narraciones viñetas, episodios, pequeños frescos que cuentan las maneras en que nos escapamos de la abulia de la tarde del trópico, la misma que muchas veces transcurre contradictoriamente en un encierro casero, casi de Contrarreforma. Aquí se dice la manera en la que cumplimos nuestros vagabundeos por las calles, callejones y terrenos baldíos del sur. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He resistido la tentación de volver estas crónicas una novela porque ésta se construye de manera imaginaria entre dos libros ya publicados (El Cholo Cepeda, investigador privado y Si es que te queda cariño), y porque no quería trabajar sobre una narración de tensión sostenida de acciones, indispensable en toda buena novela, sino optar por la descripción de pequeños eventos. Este libro confirma que he encontrado en la realidad local (historia, geografía y lenguaje) el material más idóneo para poblar unas cuantas cuartillas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valga anotar también que esto es un esfuerzo por rendir nuevamente homenaje a aquellos que consagraron sus plumas en los relatos de iniciación y crecimiento del adolescente: Mark Twin y sus inolvidables The Adventures of Tom Sawyer y Huckleberry Finn, JD Salinger con su The Catcher in the Ray, Alain Fournier y el magistral Le Grand Maulnes, Marcel Proust con su magno A la recherché du temps perdu, Jack Kerouac en su On the Road, Henry Miller siempre fresco en sus Tropic of Capricorn, Quiet Days in Clichy, Remember to Remember, Black Spring o The Books of My Life, el Reynaldo Arenas de Antes que anochezca, entre tantos otros que me han alumbrado el camino para vivir y entender mejor “la fábrica” de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A más de su fachada de simple anecdotario o alcahuetería de amigos, quiero creer que en este libro los lectores de otros barrios podrán encontrar también su propia herencia, sus propios patriotas y ver el pasado como un tiempo que se puede transformar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-8892985578067646582?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8892985578067646582'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8892985578067646582'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/06/el-asunto-del-que-se-trata.html' title='El asunto del que se trata'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-4089850543160800407</id><published>2008-06-24T14:37:00.000-07:00</published><updated>2008-06-24T14:38:04.189-07:00</updated><title type='text'>Introducción a "Los patriotas del sur" Henry Miller en "Black Spring"</title><content type='html'>“I am a patriot-of the Fourteenth Ward, Brooklyn, where I was raised. The rest of the United States doesn’t exist for me, except as idea, or history, or literature…But I was born in the streets and raised in the streets…To be born in the streets means to wander all your life to be free. It means accident and incident, drama, movement. It means above all dream. A harmony of irrelevant facts which gives to your wandering a metaphysical certitude. In the streets you learn what human beings really are; otherwise or afterwards, you invent them. What is not in the open streets is false, derived, that is to say literature… Like a monomaniac we relive the drama of youth. Like a spider that picks up the thread over and over and spews it out according to some obsessive, logarithmic pattern”&lt;br /&gt;(Henry Miller en Black Spring)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-4089850543160800407?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4089850543160800407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4089850543160800407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/06/introduccin-los-patriotas-del-sur-henry.html' title='Introducción a &quot;Los patriotas del sur&quot; Henry Miller en &quot;Black Spring&quot;'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-1975846153025718625</id><published>2008-04-30T08:05:00.000-07:00</published><updated>2008-04-30T08:23:36.237-07:00</updated><title type='text'>Si es que te queda cariño</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ynjYKti8POM&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/ynjYKti8POM&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guayaquil, 13 de Julio. Aeropuerto Simón Bolívar. Era el día de mi regreso a tierra caliente y también mi cumpleaños. Ergo, tenía ganas de encontrar a aquellos que no había visto en un año. ¿Había pasado tanto tiempo? Con extrañeza me pusieron el sello de entrada en la aduana, salí, tomé un taxi y fui hacia el centro. Busqué a Capulina Páez pero me dijeron que su taller ya había cerrado y que andaba de agricultor en la provincia de El Oro. De regreso a mi departamento pasé por el del Conde de Montecristi y la Condesa de los Reales Tamarindos. Tan pronto como me vieron nos abrazamos y, sin que mediara mucho rato, abrieron las primeras cervezas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mesa había un cerro de hojas impresas con anuncios de Consejería Matrimonial, las cuales pensaban repartir por toda La Ferroviaria. Hay que combatir el desempleo de alguna manera, dijeron, convertirse en asesores sexuales  de damas y caballeros es una buena opción. El Conde debería enseñarle a los hombres a controlar la eyaculación precoz y otros errores sexuales, y la Condesa a vencer la frigidez a las mujeres. ¿Sabes cuál es el índice de insatisfacción sexual de las mujeres en Guayaquil? preguntó ella sin esperar respuesta. Anda por el 70%. Es un escándalo, dijo, con lo muy machos que se creen aquí los hombres y no saben satisfacer a una mujer. Entre alcohol y droga a los hombres ya no se les para, y con esa cojudez de que la mujer debe llegar virgen al matrimonio, imagínate, estamos en la mierda. Por esa mentalidad es que Ecuador no progresa, terminó su mini-disertación la Condesa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bebimos otras cervezas y me dijeron que Miriam Matilde había emigrado a España y que las malas lenguas decían que se había hecho puta, pues a ella, así como al Conde, los habían despedido del Crónica Roja. Contaron también que habían pillado a Carecamiónchocado y sus secuaces del periódico plagiando artículos del Clarín de Bogotá y La Nación de Buenos Aires, que lo hacían frecuentemente y pensaban que nadie lo sabía, que hasta se habían foqueado al copiar casi por entero a Octavio Paz, el poeta mexicano, todo lo cual lo podían comprobar. Dijeron también que el mentado norrito intelectual acostumbraba a suplantar a otras personas usando sus e-mails y que se habían dado cuenta de eso porque se lo hizo al vate Iturburu. ¿Y qué es de él? pregunté. Se casa, dijeron al unísono ¿Y con quién? continué sorprendido. Con mi hermana, dijo alegre la Condesa. Como había u n año de chismes que me había perdido, me puse cómodo en la silla, el Conde hizo sonar los primeros acordes de Ismael Rivera que decía ya cantan los ruiseñores/ y ya se acerca de nuevo el día/ y para mí todo es alegría/ mira, está contento el corazón porque lo amas. Iturburu se había enamorado y, según parecía, por fin había llegado a puerto. Dios los cría y los locos solitos se aman, decía el conde. Dizque los va a casar el padre Juan Ignacio Vara, dijeron, por petición expresa de la novia, aunque el poeta también era amigo del vasco curaca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamamos al misterioso Gutiérrez y al vate Iturburu. Quedamos en que nos encontraríamos en el Cuchitril y luego iríamos en masa al Cabo Rojeño. Era mi gente, los que quedaban, debería decir. Estaban más delgados y sin trabajo,  pero vivos y felices. El poeta se apareció con sus sobrinos la Roca y Germán para evitar el pillaje de algún malcriado. En el Cuchitril nos esperaban con dos mesas reservadas. Bebamos y comamos, gritó con gusto Gutiérrez, la cuenta la paga el cholo que ahora es el man del guiso. Me miró y guiñó el ojo mostrándome un tuquito de dólares y diciéndome estás hecho con el vento maricón. No te preocupes que el vergüenza güengo está bien guardado. Guengo guardado, repitió jugando con las palabras, güengo guardado. ¿Qué fue ese seco de chivo para el hombre? gritó Gutiérrez, fuera de su permanente solemnidad. Más tarde fuimos al Cabo Rojeño. Claramente recordaba el sueño en que Marino, Camareta y Kaviedes colgaban ahorcados en el techo mientras volaban las botellas con balas de metralla. La noche estuvo alegre y bailada. Oye cholo, si acaso tienes problemas, ya sabes que te puedo dar un trabajito en la Cofradía del Bolero, añadió el vate con solidaridad. Recordé su deseo de tener su propio bar y la chupiza que nos pegamos en su casa con la gente del barrio. Leí tus crónicas, le dije. De eso hablamos otro día, contestó. En medio de la celebración se abrió la puerta y de repente apareció una mujer muy atractiva, joven aún, blanca y tuqueada, como tirando a manaba. Se acercó al vate y le dijo con voz aniñada hola mi amooor, mientras le daba un beso. Vente aquí mami, le contestó el vate y les decía a los demás en tono imperativo aclaren hijueputas aclaren para que siente mi mujer. Me la presentaron y conversamos un poco. Era muy dulce, tenía buen sentido d e humor y cantaba las canciones que sonaban en los parlantes, repertorio que Galo y Yoyo, los dueños del Cabo, pusieron para acolitar la nota. Ella era para Iturburu. Estaba claro que, al final, a él como a todo hombre, lo que más le hacía falta era el calor de una mujer. Acostumbrarme a mi ciudad no sería un problema, pero primero debía de cobrar una deuda pendiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las pocas semanas alquilé una oficina en el sur de la ciudad. Desde esa zona podría desplazarme sin problema y discreción en mis investigaciones. Una vez instalado me fui hasta el Crónica Roja a la hora en que salía Carecamiónchocado. Cuando éste se despidió de los empleados avanzó hacia su carro y, al abrir la puerta, se dio cuenta de que lo tenía a pepo y trulo. Miró a los guardias como buscando ayuda pero éstos, previamente palabreados por mi persona, no se encontraban en sus puestos. Como nunca he sido de palabreo antes de la puñetiza ni exhibiciones ni piruetas ni güevadas, avancé directo. Carecamiónchocado se las olió y quiso atacar primero y ahí pagó, pues con eso pude alegar defensa propia y sacarle la chucha a gusto. De entrada lo paré con un firme puntapié en la vegija. Me agarró de la cintura como queriéndome hacer caer, pero sólo tuve que dar un paso atrás, tomarlo co n mi mano izquierda por debajo del antebrazo derecho, darle un codazo en media espalda y virarlo a un lado, dejándolo en el suelo boca arriba. Se levantó al segundo round y al darme un puñete me desvié ligeramente a tiempo hacia el interior y le di un rodillazo en la costilla izquierda. ¿Asunto concluido? No todavía me dije, estoy empezando. El muy cobarde se puso a gritar ladrón ladrón y la gente que pasaba vino corriendo a la defensa, pero, al darse cuenta de que era bonche sólo hicieron una rueda para que nadie pudiera ver lo que pasaba dentro del círculo. Dos veces lo levanté del suelo a punta de patadas mientras le salía sangre por la nariz y la boca. Iba a seguir un rato más pero una voz me dijo ya es suficiente, ya has cobrado tu deuda. Dejé que Carecamiónchocado abriera la puerta de su lujoso carro y se fuera ensangrentado y revolcado. Malagente hijueputa, así te quería dar, Rechocado conchetumadre, le grité, m ientras le daba un patazo a la puerta del carro en fuga. ¿Qué venganza buscaría en el futuro? ¿Escribiría otro artículo foqueándome como hizo antes? ¿Mandaría a matarme? Ni idea. Pero no me preocupaba mucho, pues, de todos modos, en Guayaquil ya todo era del odio y de lo imprevisto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi ausencia Guayaquil se había puesto hermosa, limpia. Los turistas llegaban y salían agradados. Pero ya no había gente ni empleo, la crisis era la nueva peste que, como una bomba biológica, iba vaciando las casas y los departamentos. Los pobres seguían invadiendo el manglar, los terrenos aledaños y las colinas que circundaban la ciudad, o regresaban al campo. Todo podía ocurrir, dije, y era verdad. Los aniñados podridos en plata se consumían el dinero en drogas y en viajes a Miami, los empresarios estafaban a sus empleados y les pagaban sueldos de miseria. A los taxistas los obligaban a vestir con la camisa más fea del mundo, una guayabera blanca, al mejor estilo caribeño, mientras en los bajos fondos se multiplicaban las crueldades, los crímenes y la misma impunidad de cuando me fui. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día llegó a mi oficina un man joven. Lo hice pasar. Se presentó y me dijo con calma su nombre y que, estando en la cárcel, lo habían violado. Que ya había matado a dos que lo hicieron y que sólo faltaba el tercero, que era justamente uno de los guardias que cuidaba el edificio de mi oficina. Que solamente quería saber si lo podía matar en el edificio y si yo pensaba meterme en las pesquisas. Le dije tranquilamente que no había problema ni a lo primero ni a lo segundo, que él estaba en su derecho y que yo, de estar en su lugar, haría lo mismo. Le agradecí por gentileza prevenirme del asunto. A las dos semanas el guardia amaneció muerto de un tiro en la frente, tenía semen en su boca y, a juzgar por la sangre que manchaba su calzoncillo, le habían reventado el culo quién sabe con qué. El que a hierro mata a hierro muere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Semanas después, apareció en mi oficina el Maestro Wu, mi apreciado instructor de artes marciales y box. Con reverencia y admiración de eterno alumno saludé al viejo. Entró como a su casa sin decir nada. Examinó el decorado y asintió que tuviera un signo del yin y el yan detrás del escritorio. No he venido a buscar protección, me dijo, no te confundas. Aún no estás preparado para defenderme, pero necesito tu ayuda. Recuerdas el machete de la guerra de China que siempre tuve en la academia? Sí, dije, claro. Me lo robaron. Fueron unos muchachos de la Ferroviaria que tú debes conocer. No puedo rebajarme a pedir algo que me devuelvan algo que es mío, pero es el único recuerdo que tengo de China. Mañana por la noche pasaré por tu casa retirándolo. Está bien, dije. Fui a ver a los muchachos. Eran de una nueva pandilla y se notaba que no sabían lo que hacían ni con quien se metían. Llamé al líde r, le expliqué de qué se trataba y con respeto y casi miedo me dijo que lo lamentaba, que habían estado bromeando pero que le devolverían el machete inmediatamente. Y así fue. Desaparecieron por las callejuelas de San Pedro y volvieron con el machete, finamente envuelto en una tela de seda dorada y roja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó el Maestro Wu a mi departamento salí a recibirlo nuevamente con reverencia. Entró y me dijo que había escuchado hablar bien de mí. No te has hecho rico, eso demuestra que no eres ni corrupto ni déspota. Agradecí sus palabras. Traje el machete y con brillo en los ojos lo tomó. Le quitó la envoltura de seda y salió a la terraza. La luna estaba llena y se reflejaba en las aguas del Estero Salado, el viento de verano abrazaba la ciudad. El Maestro Wu tomó el machete, adoptó una postura delicada e inmóvil. De pié, en un segundo, levantó el machete por lo alto y dijo el corte se hace al desenvainar, no desde lo alto, así se pierde tiempo. Luego adoptó una posición de gacela, dio dos saltitos y un trampolín mortal que remataba con la rodilla derecha en tierra, la pierna izquierda doblada hacia delante y el machete protegiéndole la cabeza, con el filo hacia fuera. En menos de un minuto hizo, por  lo menos, diez katas muy elaboradas. Se paró, unió y cerró sus manos, hizo una reverencia al cielo y se despidió de sus mayores, esos antiguos guerreros que muchos siglos atrás inventaron lo que él repetía, como si siempre se tratara del mismo guerrero y la misma actitud hacia la vida. Agradeció nuevamente mi labor y salió de manera tranquila, casi desenfadada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guayaquil seguía viva y creciendo. El vate Iturburu había anunciado que se quedaría para siempre en su ciudad y nunca más volvería a Estados Unidos. Además, que su gorda bella estaba encinta. Don Capu regresó temporalmente de la provincia de El Oro y los aristócratas del grupo, el Conde de Montecristi y la Condesa de los Reales Tamarindos, después del éxito en la asesoría a parejas con problemas sexuales, estaban en planes de comprar un carro y ponerlo a trabajar como taxi pirata. Las cosas no estaban bien, pero tampoco era el fin del mundo. Habíamos quedado en celebrar el fin de año con un concierto de mi adorada Patricia González en la vieja Cofradía del Bolero. Me puse futre para el evento. Esperaba que la González cantara nuevamente mi canción favorita Si es que te queda cariño. En otras palabras, amiga lectora que me has acolitado el dato hasta el final, y tú también  pana lector, ésta y otras noches la vida seguirá por todas partes, sólo me faltaría recuperar el amor y tratar de ser feliz en este camino de las que, como dije al principio, fueron mis sanchopanciles aventuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(FIN DE LA NOVELA)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/H3AHiCgZIOc&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/H3AHiCgZIOc&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-1975846153025718625?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1975846153025718625'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1975846153025718625'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/04/si-es-que-te-queda-cario.html' title='Si es que te queda cariño'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-6447462549640086513</id><published>2008-04-25T07:54:00.000-07:00</published><updated>2008-04-25T08:04:40.320-07:00</updated><title type='text'>The New Orleans &amp; Guayaquil Connection</title><content type='html'>De regreso a Estados Unidos, la primera sorpresa fue que me detuvieran en el aeropuerto para revisarme. No porque llevara mi extrañada mágnum, sino porque mi pinta cholil había llamado la atención de los agentes de inmigración que, sin duda alguna, nunca habían visto una foto del Puma José Luis Rodríguez, y eran muy jóvenes para acordarse del detective Columbo. Cedí sin oponerme a la inspección. Al salir por la puerta de viajeros internacionales, un moreno conductor sostenía un letrerito que decía Luis Alberto Cepeda Cortez. Me acerqué a él, me identifiqué y, para avasallo de mi persona, no entendí nada, pues me contestó en un francés que tiraba a haitiano, y mis conocimientos de la lengua de Baudelaire no descifraban esas palabras (Sí lectora, dije claro Baudelaire, pues este cholito también tiene sus pretensiones universalistas). Del aeropuerto llegamos presto a la Maison Degas, no sin antes cruzar por parques, calles y casas que me recordaban demasiado a mi lejana Guayaquil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me bajé y le di una propina al haitiano conductor. La puerta de la vieja mansión estaba cerrada. Una pareja de ancianos esperaba conmigo. Como no salía nadie tuve tiempo para observar el florido y tropical jardín, así como la avenida Esplanade y sus inmensos árboles y espacioso parterre. Luego apareció una muchacha delgada, vestida muy informalmente. Nos explicó los tejes y manejes del hospedaje, la hora de las comidas y las normas estrictas. Joder, me dije, tirando a español, salir de una mala para meterme en otra peor. ¿Qué carajo se creen que soy, cura, monje? No puedo quedarme en este convento. Pero era impresión inicial. Estaba molido por el viaje. La noche caía y lo único que mi cuerpo pedía era misericordia por la sacada de chucha, el largo viaje y el cambio de horario. Así, escuchando las súplicas de mi quemada figura, me bañé, me puse cómodo y me tiré de ruca casi por dos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habría seguido en brazos de Morfeo de no haber sido por la flaquita que trabajaba en la Maison Degas. Señor, señor, me dijo golpeando la puerta, ¿se encuentra bien? Sí, respondí, no hay problema. Abrí la puerta por gentileza y para que viera con sus propios ojos que no le mentía. Le expliqué que sólo estaba agotado del largo viaje. Me alegro, respondió, pegándome una miradita de refilón a la morronga. Ya está listo el almuerzo. Ah, me olvidaba, le trajeron esto, dijo, dándome el esperado sobre de la Maestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al abrirlo encontré un plano del centro de la ciudad, una lista de bares y, para sorpresa mía, el nombre Jurgen Kleist o George Claseiro da Cunha. Pero no estaba claro por dónde debería ir el asunto. Me di una ducha reparadora y con alegría noté el buen gusto de los muebles antiguos que decoraban el cuarto, combinando sobriedad y confort. Las chapas y las llaves eran de un dorado reluciente y antiguo muy bien preservados del paso del tiempo. Dejé mi habitación y fui a almorzar una ensalada de vegetales, un filete de salmón en salsa noruega y una copa de vino blanco. Al terminar, después de un doble café espresso que bebí casi con alegría, recorrí las habitaciones de la Maison Degas, reparando en los cuadros del pintor francés y la información biográfica repartida en cada cuadro. Con nostalgia recordé el Museo del Prado y comparé los estilos con los que Velásquez y Degas habían pintado los rostros d e las personas, la suavidad o severidad de sus rasgos y el manejo del claroscuro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día empezaba para mí tranquilo, pero, tan pronto como salí la Maison Degas, justo en la acera mientras veía los vehículos pasar frente a mí, sentí con fuerza el olor de la tierra, la humedad de Nueva Orleáns, el calor del puerto y el aroma de las flores que decoraban los parterres. Gigantescos árboles de roble, sauce y acacias cubrían de hojas la avenida Esplanade. Al caminar podía observar claramente cómo las raíces rompían las veredas. Todo era verdor, calor y humedad. Así, descubrí que era la fuerza del trópico que de repente había vuelto a mí. En Nueva Orleáns ya era verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pié, caminando largo por Esplanade, cruzando Broad Street y Rampart, llegué al French Quarter. Con admiración sostenida pude comprobar que sus casas pequeñas de encendidos colores, sus galpones y portales, eran como los de Guayaquil, pero de una manera más exquisita, como preocupándose más por el decorado y menos por la inclemencia del tiempo. Llegué a Bourbon Street, viré a la derecha y caminé nuevamente por varias cuadras. Era el centro turístico, estaba claro, pero también había historias ocultas en cada una de esas casas. Recuperar una de ellas era mi trabajo. A lo alto, en los balcones que daban a las calles y siempre parecían demasiado frágiles, las muchachas universitarias, en vacaciones por esa época, mostraban sus blancos y fuertes cuerpos, la forma de sus senos debajo de las ceñidas camisetas y los brillantes collares verdes que colgaban de sus cuellos. Supe que Marla Thompson era como una de ellas, en es e justo momento en que la recordé entendí que su pasado era el pasado de cualquiera de ellas, una turista hermosa en una ciudad hermosa de la cual partiría pronto. Esa ciudad era mi corazón y de mi corazón Marla Thompson estaba yéndose para siempre. En todo el tiempo que estuve fuera de Ecuador y de México (porque México era un Ecuador agigantado) nunca pude entender lo que había pasado, y tampoco me convencía haberla dejado luego de un aborto y, casi como un autómata, abordar el tren rumbo a Nueva York. Ese día, frente a esa imagen en Bourbon Street, como si fuera una revelación aplazada que subrepticiamente salía del anonimato, me di cuenta que Marla Thompson nunca fue para mí, como no lo eran para mí ninguna de las muchachas que alegremente saludaban a los transeúntes desde los balcones mientras desenfadadamente alzaban sus camisetas y mostraban sus espléndidos senos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de caminar por el French Quarter, cerca del convento de las Ursulinas y Dauphine Street, llegué al Jardin des Plaisirs, un bar que tenía sus puertas abiertas y de la cual salían, sin mayor esfuerzo, ritmos de dixiland, blues y jazz, y también un discreto olor a marihuana. Entré, apareció la mesera y me dio de probar una cerveza local. Pero yo no estaba para esas aún. Pregunté al de la puerta en dónde podría encontrar diversión fuerte y, por unos dólares, me envió a otro bar cercano, el Bar de la Fin du Monde, debidamente escoltado por unos niños que andaban en bicicleta. Todo esto, en pleno corazón turístico. Tan pronto como llegué me ofrecieron un trago de Jack Daniel, un habano y una hermosa mulata que, sin problema alguno, se sentó en mis piernas. Llámame Beatriz, fue lo primero que dijo. Bebimos, conversamos algo y le dije que andaba buscando más acción, probar algo fuerte y de buena calidad. Entiendo muy bien lo que quieres, dijo. Espérate un poco. Pasaba el tiempo, bebí otro Jack Daniel y me acerqué a la barra a preguntar por el servicio, pues necesitaba hacer agua. Hay cosas que sólo le pasan a las mujeres, o al menos eso creemos. Perder las ganas de orinar era una de ellas. En la barra, mientras me mostraban hacia dónde tenía que ir noté en medio de unas fotos, de esas que pegan en las paredes y se mezclan con botellas de licor, vasos y luces, noté una foto con la imagen de Jurgen Kleist, sonriente, vestido de terno y sombrero blancos, con un bastón en la mano, sentado, como posando para la posteridad. Detrás de él, una espesa selva dejaba ver sus árboles. El de la barra me miró y se extrañó un poco. Lo despisté preguntándole si era un pintor local, a lo que respondió con una sonrisa en la cara, dada mi ingenua pregunta: No, es el dueño de éste y otros bares, George Claseiro da Cunha, millonario brasileño que reside en Nueva Orleáns desde hace muchos años y que ha comprado más de la mitad de los alrededores. Es ya un anciano, pues esta foto tiene más de treinta años, pero a él le gusta que lo recuerden siempre joven. Un misterio. Gran persona, eso sí, muy amable y generoso.  La gente aquí lo quiere aunque nunca lo hayan visto, concluyó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un tanto confundido y ya sin ganas de orinar, regresé a mi mesa con mi nuevo Jack Daniel en la mano. La mulata había regresado y otra vez estaba sobre mis piernas. Tú me dices cuando quieras irte. Ir a dónde, le pregunté. A divertirnos, respondió ella. Estuvimos unos minutos más y optamos por salir. Eres turista, verdad, me preguntó. Sí, le dije, estaré sólo por algunos días. Es mi primera visita pero no será la última, añadí. Salimos, tomamos un taxi y nos fuimos lejos del centro, a un barrio negro y marginal, de esos que combinan la pobreza con la violencia y las desaforadas ganas de vivir huyendo de la diaria muerte. Dejamos el taxi y tomado de la mano por la mulata entré a una casa vieja en la cual había otras parejas besándose y consumiendo heroína, éxtasis, cocaína, peyote y quién sabe qué otras maravillas. Yo, casi por milagro, recordé que en un compartimiento oculto de mi billetera había guardado un pito de la loiza-cibaense africana cannabis a la cual, de manera casi inmediata, le dimos vire con la mulata Beatriz, pues ella no estaba segura de hasta dónde yo podría ir. Esta vez no fue té de cannabis lo que preparé sino un porrillo. Lo prendí y salió una fragancia que más olía a incienso de misa. Lo fumamos y la mulata se puso muy dulce, a darme besos de enamorada y decirme cosas de amor. (Amiga lectora, debes tratar de conseguirte tu tamuguita de la nombrada cannabis para que la fumes debidamente acompañada de tu machuchín compañero). Así con la loiza-cibaense.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El efecto duró bastante, pero tuve que disfrutarlo en un nuevo escenario ya que la mulata Beatriz me dijo salgamos al patio, un rito vudú tendrá lugar dentro de poco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supe a qué se refería pero no era hora de tirarse para atrás. Así, al grito interno de yo no me agüevo, salí con ella al patio o, debería decir, verdadero solar, pues se habían juntado varios negros a tocar tambores, bailar y beber aguardiente mientras invocaban a Changó, Aguanile, Ochún, Yemayá y deidades menores de las religiones haitianas. Recordé irremediablemente la Botica Tía Delcha y me arrimé a una de las paredes mientras se desarrollaba el rito. En mitad del baile, de una de las esquinas del solar, de pronto trajeron un gallo. Sin demora lo pusieron sobre una piedra central y allí mismo lo degollaron mientras se agitaban los tambores, se contorsionaban los cuerpos y los asistentes luchaban por beberse un poco de la sangre del animal sacrificado. Era la oportunidad que había esperado. Tomé a la mulata Beatriz y apretándole el rostro con mi mano le dije llévame donde George Claseiro da Cunha. Zafándose de un solo golpe me gritó estás loco, eso es imposible. Me acerqué nuevamente y le dije con ternura tengo mucho dinero y quiero hacer un trato con él, además, habrá un porcentaje para ti. Ah no mijito, eso no, yo traidora no, puta sí pero traidora no. No hay traición, contraataqué, es un asunto de negocios. Eso es imposible, dijo ella, no hay manera de acercarse a él, nunca se lo ha visto, está muy protegido por guardaespaldas, está podrido en plata y es un hombre ya muy viejo. Sólo llévame allá, repliqué. Te puedo dejar cerca de su hacienda, dijo ella, pero te va a costar caro. No hay problema, dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/JMIoDw4LxX0&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/JMIoDw4LxX0&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abordamos nuevamente un taxi manejado por otro haitiano amigo de la mulata Beatriz y dejamos la ciudad rumbo a una casa solariega rodeada de pantano, cocodrilos, culebras, mosquitos y espesa vegetación. Ella me dijo allá es, ahora te regresas conmigo o te quedas aquí, porque yo no doy un paso más. Regresemos, concluí.&lt;br /&gt;Tenía que idear la manera de hablar con Kleist o Claseiro, daba lo mismo cómo se llamara. Acercarse era imposible, así que había que hacerlo salir de su terreno de cualquier manera. Después de pensarlo mucho opté por llevar a cabo mi plan. Fui al mercado de mariscos y compré dos pescados grandes. Luego compré un gallo de pelea, de esos que son entrenados a punta de soplo de aguardiente y limón, y también compré una botella de ron, una caja de madera vacía y dos ejemplares del New Orleans Tribune. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con miedo de ser tomado por desquiciado o delincuente vulgar, me llegué a la parte trasera del supermercado y, con cara de palo y a vista de los mendigos que pululaban apañando sobras de comida de los contenedores de basura, opté, en sobrehumano esfuerzo, por doblarle y arrancarle la cabeza al gallo. Abrí los periódicos, puse los dos pescados y la cabeza de gallo y los envolví asegurándome que no saliera el  mal olor. Luego los metí en una funda plástica, la misma que guardé en la caja. La cerré firmemente, puse cinta adhesiva en todas partes, escribí la dirección de la hacienda y, en un papelito puse Bar de la Fin du Monde, Friday 8pm.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevé pronto la caja a una distribuidora de alimentos y después de pagar a uno de sus despachadores, logré que la llevaran a la casa solariega, modalidad entrega inmediata. Como era entrega local, el tipo me aseguró que estaría en menos de dos horas en manos del destinatario. Era martes y faltaba esperar pacientemente lo que ocurriría hasta el viernes. Paciencia, por suerte, era lo que más tenía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras pasaban los días me dedicaba a recoger datos en la calle. Entraba a un bar, hacía turismo a lo pobre y me aseguraba de informarme. Compré varios tipos de drogas en distintos puntos y los dealers ya empezaban a saludarme, seguros de que era imposible que estuviera relacionado con la policía. Y era cierto. Como se sabe, la venta de droga en cualquiera de nuestras urbes latinoamericana está monopolizada por un solo cartel y por uno o dos tipos de consumo. Así, era raro encontrar una ciudad o pueblo en donde uno podía abastecerse de todo al mismo tiempo. Pero no en Nueva Orleans. La droga fluía de lo lindo por las calles, con la mayor discreción y comodidad del mundo. Y no era que la policía fuera ineficaz, sino que su ubicación estratégica imposibilitaba el férreo control. Paralelamente, los grupos involucrados trabajaban con una mucha flexibilidad y creatividad. Por ejemplo, en las calles todo el mundo reproducía la leyenda de que George Claseiro da Cunha era un industrial y agricultor que había fomentado decididamente el turismo, y también se decía que era el capo de la droga, lo cual, a fin de cuentas, le daba cierta aura sobre su cabeza. Claseiro era admirado por todos y sería una tontería hacer algo contra él. Eso era lo que se concluía de las versiones callejeras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó el viernes. Me aposté desde temprano en el Bar de la Fin du Monde. A las 8pm llegó una limosina y de ella se bajó un hombre entrado en años. No era el de la foto, estaba claro. Lo atendieron cómodamente, pidió un coñac, sacó un habano y uno de sus guardaespaldas le dio fuego. Llamé al mesero, le di una propina y una tarjetita con el nombre del bar en el que nos encontrábamos. Me miró, educadamente inclinó su cabeza y me invitó a su mesa. Al acercarme lo primero que me dijo fue no es de buen gusto enviar animales muertos en cajas de madera. ¿Quién eres y qué deseas? Vengo de Madrid, le dije, conocí a Jurgen Kleist, o Claseiro, como ustedes lo llaman. Me quedó debiendo un favor y me dijo que aquí podrían ustedes pagármelo. Según él y, por lo que veo en la foto, ustedes le deben un gran favor también. Con enojo, aunque reprimiéndose, dijo ese imbécil, sabía que tarde o temprano esto tendría que pasar. Debimos haberlo matado hace mucho. ¿Y qué favor esperas? Entrar en el negocio, nuestra organización se está desarrollando rápidamente. Nada de carteles colombianos ni gente de Sonora. ¿Y quiénes son ustedes? No hay más información. Sólo que tenemos una nueva droga natural, dije pensando en la deliciosa loiza-cibaense africana cannabis. Además, con eso pueden ahorrarse la molestia de enviar mujeres con la panza cargada de cápsulas de cocaína a España. ¿Qué droga es esa de la que hablas? No hay más información, repetí. En las próximas semanas otro miembro de nuestra organización vendrá para tener otro encuentro y ampliar los contactos. Aquí las cosas marchan muy bien, le dije, tómenlo como una ayuda para hacerlas aún mejores, concluí con seguridad. El hombre terminó su coñac y me dijo que tuviera cuidado en el French Quarter y que la pasara bien, que ya  sabría de ellos. En eso quedamos, repliqué. La limosina regresó, el hombre y sus guardaespaldas se fueron y yo, aprovechándome del gentío que entraba y salía de los bares y copaba las calles disfrazados y cantando, pude escabullirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuve en Nueva Orleáns pocos días más. Mi trabajo había terminado porque era de infiltración del cartel local. Domingo por la mañana. El sol, el viento meciendo las ramas de los gigantescos árboles y el paso de los transeúntes me recibieron una vez más. Llego por Rampart al parque Louis Armstrong, lleno de árboles, una laguna y senderos que se bifurcan. Aparece un mansito de unos cincuenta años, puerco como él solo, con chaqueta azul y una gorrita con prendedores. Al abrir la boca noto que no le queda ni un solo diente. Soy ex-combatiente de Vietnam, me dijo. ¿Qué piensas de la guerra en Irak? Soy extranjero le dije, no hablo de política en un país que no es mío. ¿Y qué haces aquí? interrogó. Sólo de turista. ¿De qué país eres? De México, respondí inmediatamente. ¿Y en México no hay problemas? Sí, le dije, y bastantes, hay mucha gente pobre. Pero también hay ricos, replicó, ricos que pueden viajar como turistas a los Estados Unidos. Me quedé callado. Míralo, me dijo, señalando la estatua del trompetista de Nueva Orleáns, él toca mejor cada día, cada día toca mejor. Nos quedamos callados un rato. Luego me ofreció un cigarrillo y decidí continuar mi trayecto. Suerte en todo, fue lo último que le dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camino hacia el río. Entro al pequeño Museo del Jazz y la mujer que allí trabajaba me informa sobre las fotos en exhibición. Compro un par de cds, unos libros sobre leyendas locales y uno de fotos antiguas de la ciudad. Ella me dice somos el puerto más norteño del Caribe. No somos gringos, no somos norteamericanos, somos caribeños, la capital del norte del Caribe. Por aquí pasaron y pasan todos, españoles, holandeses, franceses, africanos. El jazz es caribeño, me dijo, eso cualquiera lo sabe. Me despedí con cortesía, caminé por el Malecón, entré a un café de puertas y ventanas abiertas y probé un sánduche de jamón y una taza de café negro. Al abrir el periódico dominical, en un esquinita de la sección artes, la noticia decía que habían muerto Celia Cruz, Compay Segundo y Tite Curet Alonso, y que ya se estaban organizando los respectivos festivales para honrar sus memorias, y que los centros eran  Puerto Rico, Miami y Nueva York. Quise imaginarme esos eventos pero con los míos ya tenía suficiente. Basta un toque de baquiné por cada uno de ellos, me dije mientras me apeaba por última vez por las pequeñas calles del French Quarter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un domingo de perfecto verano. Una brisa fresca llegaba del Mississippi. Frente al río achocolatado recordaba vívidamente el Guayas, porque ambos ríos se transforman en océanos pocos kilómetros más adelante y ambos también habían sido testigos de lo bueno y lo malo de la naturaleza y el hombre. Tomé el viejo y gran vapor en el muelle. Lo subí sintiendo que era ya mi regreso al trópico y al pasado, un pasado de esclavitud, de odios y confusiones, y también, de amor, sin duda. El sol daba sobre mi frente y delante de mí estaba la magnífica rueda del barco que se movía con la energía del agua y la corriente. Dejando la parte central de Nueva Orleáns, el vapor se adentraba en el Mississippi y desde allí podía ver las orillas abandonadas, mitad industrias y mitad campo, los viejos marinos que se apostaban detrás de los pilotes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vapor era ya la nave que cruzaba el Guayas, en medio río u n islote poblado por iguanas, una isla de arena formada con los años, tan vieja como yo. Al frente Durán. Cayó una fina garúa y sabía que, una vez más, mis dados ya estaban jugados, que era hora de regresar, al volver/ después de un año entero de haber deseado este momento/ quiero ser el motivo que llene todo tu pensamiento/ para ver si con el tiempo no has olvidado esa promesa/ de amarme siempre aunque mi ausencia sea tu tristeza. De regreso a la Maison Degas, el sobre que me había enviado la Maestra tenía mi ya olvidado pasaporte ecuatoriano y una nota que decía buen trabajo, escribirás un informe completo en Guayaquil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/GmW_wu574Bs&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/GmW_wu574Bs&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-6447462549640086513?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6447462549640086513'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/6447462549640086513'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/04/new-orleans-guayaquil-connection.html' title='The New Orleans &amp; Guayaquil Connection'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-1441720729935391997</id><published>2008-04-18T06:46:00.000-07:00</published><updated>2008-04-18T06:48:33.261-07:00</updated><title type='text'>La vida es una caja de sorpresas</title><content type='html'>Aeropuerto de Barajas nuevamente. Un pasaje ida y vuelta a Nueva Orleans por favor, salida inmediata. Como era notorio que no me encontraba precisamente con mi mejor pinta, dos guardias nacionales se acercaron a ver si me estaba bien. No es nada oficiales, les dije, sólo un accidente poco antes de tomar mi vuelo. Ya, dijeron, asintiendo la cabeza con cara de el imbécil eres tú y no nosotros. Pero me dejaron ir sin problemas. Con tanto rollo pasando en Madrid, un mexicano golpeado a punto de dejar España era un problema menos para ellos. Me dieron un asiento al final del avión, cerca del servicio, del lado del corredor, pues manifesté mi fobia al monótono paisaje de nubes y cielo azul. Sin saber aún qué mismo pensaba encontrar en Nueva Orleáns, de pronto, la azafata se acerca y me dice tenga la bondad de contestar el teléfono, tiene una llamada. Descolgué el teléfono del asiento delantero  y escuché una voz de mujer que me decía te recogerán en el aeropuerto y te llevarán a la Maison Degas. Acto seguido colgó. La azafata se acercó nuevamente y me preguntó si quería abonarme al servicio de e-mail que tenían en el avión. Obviamente, dije que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresó a los pocos minutos y me trajo un laptop. Gracias, añadí, mientras cancelaba. Con la adrenalina actuando aún de maravilla, en mis estado de alerta me conecté al internet. Abrí mi correo electrónico y encontré un mensaje del ya casi olvidado vate Iturburu que me decía cliquea aquí. Riéndome de las pendejadas en las que me había metido y en las que aún me metería, hice clic en la dirección www.todosvuelven.com y me encontré con el libro Crónicas del Barrio, el mismo que, ante la falta de apoyo editorial, Iturburu había decidido poner democráticamente a los ojos del navegante interesad o, en una especie de cybercruxificción de intimidades por entregas mensuales. Textos que combinaban lo alto y lo bajo de la vida, sermo eruditus y sermo plebeyus, como diría el vate en uno de sus arranques de pedantería. Por lo tanto, amiga lectora y macho lector, démonos un descansito de mis propias caídas y, momentáneamente, entremos al mundo del vate sin bate, pues estas historietas, la plena, como que ya mucha  güevada y ayudémosle a perdonar y reconciliarse con su pasado. Al abrir la página del internet del poeta esto fue lo que encontré:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/uMW28fQYdVA&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/uMW28fQYdVA&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;www.todosvuelven.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El almanaque contemplo con tristeza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guayaquil 1979. El gordo Nieto un día tomó el avión y se fue a México. Con el Conde de Montecristi y el negro Ulloa fuimos a despedirlo al aeropuerto.  Nos dijimos adiós con un abrazo y  subimos a la terraza a ver cómo el avión despegaba y se hacía chiquito en el azul del cielo. Imaginábamos que el gordo ya habría abierto la primera cerveza o sentiría la grave tristeza de dejar el terreno que uno quiere, el lugar en donde nacemos y crecemos. ¿Teniendo trabajo y amigos viajar al extranjero, para qué? Todo lo que quise yo/ tuve que dejarlo lejos. Nieto estaría como el personaje de Velasco Mackenzie, la chica que viaja al norte protegida sólo con una chaquetita y sus sueños de emigrante. En los sueños de esa chica iban también los sueños de todas las muchachas de Ecuador, y en el viaje del gordo nos íbamos también nosotros. &lt;br /&gt;Cuando el avión desapareció en el cielo empezamos a sentir un extraño vacío. Con ese mismo vacío, interior y desconocido, tomamos un bus de regreso al centro de la ciudad, pero nos bajamos a medio camino, en el Coliseo Cerrado, que estaba atestado de colegialas. Con el Conde y el negro tratamos de perdernos en la multitud, pero en nuestra incómoda desazón sentíamos el peso del hermano mayor que se había muerto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuándo volvería? ¿Qué mierda haríamos ahora sin él? ¿En qué quedaría el grupo Sicoseo? ¿Quién nos prestaría sus libros, nos llevaría al Drill Dominó y nos haría escuchar los últimos discos de la Fania? El gordo se había ido, la suerte estaba echada. Luego pasarían algunas cosas, más de las que hubiéramos deseado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio era el pez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ok, vamos a refrescar cómo fue todo. Esto empieza más o menos así. Guayaquil, Barrio de Astillero, verano de 1980. Estábamos Kukuku, Pancho Ronquillo, Cafecito Arteaga y yo. Kukuku dijo voy a poner una barra de salsa, va a tener luz roja, un espejo inmenso detrás del mostrador para que los butinos se engrupan y empluten hasta las cachas, le voy a decir al negro Pescao que ponga música. El piso debe estar brillante, la melodía certera para el bacaneo y el aire acondicionado a full. ¿Y qué nombre le ponemos? Yo abro el pico y le digo ponle El pez que fuma, en homenaje a la película venezolana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las pocas semanas funcionaba El pez que fuma en las calles de Chimborazo y Colombia (esquina). La inauguración fue una chupiza a vaca mú. Kukuku había invitado a unos vecinos que pensaban que la barra sería un prostíbulo “a pocas cuadras de un colegio de señoritas”, según la volante que repartieron. Era sábado y hacía un sol de hijue. Por esa época yo andaba con Lucía, el Conde de Montecristi ya era mi pana, así como Cucharón de Oro y el poeta greco-chipriota Urías Fuenzalida, exiliado de Pinochet (con esa delantera Ecuador sí podría clasificar al mundial).&lt;br /&gt;Al negro Ulloa, al ronco Artieda y al manaba los veíamos sólo de repente, ergo, se perdieron la inauguración del local. Estaba la gente del barrio y la plana mayor del MRIC, el grupillo politiquero al cual el Conde llamaba La nave de los locos, dada la inefabilidad de sus líderes, sobre todo del célebre Comandante Gargajito.  &lt;br /&gt;Yo caía por el pez a veces enjebado a veces solitario, con un yunta o la gente del barrio, cualquier noche de tragos era dedicada a los clásicos de la salsa, la Sonora Matancera y sus boleristas, un poco de Beny Moré y Celia Cruz cuando decía usteeeed abusooooó/ sacó provecho de mí/ abusooooó/ de mi cariño usted se burló/ se rió/ me dejó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche estábamos Rockolita y yo. Papaíto decía para ti/ yo canto madre querida/ para ti y Roberto Roena tocaba el himno de un amor imposible potente cual marejada fue su amor/ la playa de mi cariño la arrasó/ marejada felíz/ vuelve y pasa por mí/ aún yo digo que sí/ que todavía pienso en ti, mientras en un flash-back Ismael Miranda recordaba que para componer un son/ se necesita un motivo/ y un tema constructivo/ y también inspiración. Pero las mujeres llegaban al bar repentinamente y luego se iban a buscar otros mares de locura. Y muerte y resurrección ocurrían a un mismo tiempo. Desde la atalaya, que era la cabina de música, veíamos desfilar en la pista de baile a banqueros, escritores, albañiles, futbolistas. Desde la cabina de música, Rockolita y yo, celebrábamos nuestras derrotas amorosas, el desembarco de la nave de los locos, la pérdida del poco equilibrio que nos  quedaba y la búsqueda de una razón para vivir. Desde nuestra atalaya todo se iba poco a poco iluminando a punta de cubalibres y cigarrillos. Y la magia del trópico dejaba de ser la cruel realidad para convertirse en una película que vemos casi distraídamente en un cine de segunda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sueño de la razón produce más sueños &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1981. Pesar de los pesares, el MRIC, la nave de los locos se fue a pique, la economía nacional a la mierda, Lucía desapareció y llegó el Fenómeno del Niño, el invierno tropical adueñándose de la Costa. Años de diaria lluvia torrencial, inundaciones y destrucción de la esperanza. El pez que fuma también se fue a la mierda: los policías, los comisarios de turno o cualquier cojudo de la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil aparecían pidiendo dinero “para la campaña del partido”. El amor, la militacia, la rumba, todo se fue volviendo como una canción de Felipe Pirela y la orquesta que se retira de a poquito, dejando sonar de uno en uno los instrumentos hasta que pum se acabó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el Conde, en esos permanentes arrastres de la tristeza o el odio, religiosamente, cada sábado por la mañana, íbamos a casa de Velasco Mackenzie. Ahí estaba él esperándonos con sus libros, caminando lento con nosotros por la Avenida Quito hasta llegar a la esquina de Maracaibo, sentarnos, chismear y conversar de literatura y pedir las primeras cervezas, carne de cerdo y condimentos. El gordo Nieto se había ido y Velasco Mackenzie nos aguantaba la caña con paciencia de madre, hasta nos tomaba en serio.  Nos hacía entrar a su casa y nos contaba lo que estaba escribiendo. ¿Cómo sería posible escribir algo mejor que De vuelta al paraíso? me preguntaba a mí mismo. De su casa íbamos directo a la tienda de doña Julita, a rematar con canciones de Julio Jaramillo, o llegábamos entusiasmados a la cima de la montaña y desde allí, sentados y en silencio, veíamos Guayaquil hacia el sur, mientras el sol caía  sobre nuestras espaldas y sonaban canciones de John Denver, James Taylor, Jim Croce, América o Seals and Croft. ¿Para qué nos sirvieron esos años en la nave de los locos? ¿Por qué acudimos una y otra vez a esos bares y canciones? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que estoy escribiendo esto me doy cuenta que El pez que fuma ha quedado de alguna manera en todos los que allí escuchamos la canción que dice nació en el mismo solar que yo nací/ y canta como yo/ le canto la melodía de los suburbios que Santiago Cerón nos enseñaba mientras el Cuervo Zavala repite que fue una nota turra vender el pez, sobre todo los discos, y, abriendo los brazos al cielo sentencia: toda una historia, toda una vida bróder y pide tres más y le dice a Rockolita que ponga un bolero Bobby Capó y que sigamos chupando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucía, la maga&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucía trajo días de música y amor. La ciudad era el lugar de nuestra fiesta. En las mañanas la buscaba con entusiasmo entre los buses y la gente. Lucía era sencilla y dulce, inteligente y atractiva. Su boca estaba hecha de agua tibia y canela, canciones viejas y miel; su corazón era como un pan muy delicado, guardado con mucho celo. Con ella creció el muchacho que llevaba en mí y empezó a aparecer el hombre que sería durante los próximos años. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucía era la maga que Horacio Oliveira conoce en Rayuela. Era mi concreción de nebulosa, la alegría del pez que vive solo en la pecera hasta que le ponen otro pez y ya no está solo en la pecera. Tocaba la boca de Lucía, con la punta de mi dedo tocaba el borde de su boca mientras se la dibujaba en su cara. Nos mirábamos de cerca, juntábamos los ojos y éramos un cíclope y nos mordíamos los labios y había un perfume antiguo de silencio y un solo sabor a fruta madura y ella temblaba contra mí como una luna en el agua. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella era también las canciones de Serrat y yo me imaginaba perdido en las calles de Paris mientras tristemente moría un niño llamado Rocamadeur, y yo quería saltar del Capítulo 7 y armar revoluciones y sembrar en cada metro del mundo libertad y bienestar para los pobres, sólo para ser digno de ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vestía bluejeans, una bolsita de arpillera y camisas blancas y sus palabras y risa eran como caídas de agua, de esas que uno encuentra por las carreteras andinas. Era la hermana mayor en quien podía confiar y a quien podía contarle mi tristeza y mis errores. Podía enojarme y libremente desaparecerme porque ella sabía que no era un acto contra ella sino una manera de dar conmigo mismo, encerrado en mi cueva y mi silencio o escondido en el bosque más espeso. Con ella leía los poemas de Fernando Nieto Cadena y nos burlábamos de la gente seria mientras sonaban canciones de Adamo, Leonardo Favio o la Nueva Trova Cubana. Venía buscando a Lucía desde hacía mucho tiempo, forjándola en mi mente, porque Lucía antes se llamó Rebeca y era una muchacha clara, de Calceta-Manabí, que se trepaba siempre en un árbol de guayaba. Y después fue Geoconda y hacía teatro infantil los sábados por la mañana. Y antes fue Keltia, q ue me dijo la maga soy yo, en las faldas del Cerro Santa Ana, y también Ligia que era como una canción de Chico Buarque, y más tarde fue Karin Almquist y Kimberly Darter y el pasado absoluto en sus corazones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estar con Lucía era estar con un ser casi puro. Amábamos una revolución que nunca existió, los amigos del partido, la gente humilde y el sur de la ciudad. Con ella fui y vine y me encontré y perdí muchas veces, y también nos traicionamos diciéndonos que nos traicionábamos y que no íbamos a dejar que ninguno de los dos se burlara del otro. &lt;br /&gt;Un día llegó a mi casa con lágrimas en los ojos y me contó de su abandono, del padre ausente y su familia. Me dijo  que a veces le resultaba insoportable el peso de la vida. Hoy he sacado los problemas de casa conmigo, recuerdo que me dijo. Supe por ella que los avatares humanos no necesitaban ser expresados de manera sofisticada para demostrar los estragos que podían causar. No. Bastaba una frase sencilla y directa, el tiempo se encargaría de darles peso. Podía ver con toda claridad una cicatriz en su alma. Una cicatriz que empezaría a reproducirse en la mía y en las mujeres que me dejaron conocerlas, una cicatriz allí, yaciendo muda en el fondo, en un oscuro silencio, casi con vergüenza de ser vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucía me enseñó a amar y ser amado, a no preocuparme de la llegada del cruel invierno ni de las cosas tristes y lamentables que me habían ocurrido y ya empezaban a transformarse en memoria. Con ella notaba el cambio de las estaciones y alentaba mi propia manera de aprender a amar. Lucía conocía algunas cosas del amor porque ya había estado allí. Pero yo no. Yo sólo llevaba un dolor inefable que sólo años después podría encarar. Ese dolor me llevaba de un estado de ánimo a otro, causaba estragos pero no era perceptible ni reconocible como un hecho, sonaba más a invento, a locura de infancia o juventud no superada. A veces me veía como un incorregible adolescente, como un muchacho que no podría madurar ni sentar cabeza. Con Lucía el amor era un asunto negociable para mantener armonía y el sentido de crecimiento, algo grato cuando se veían los resultados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éramos a veces dos niños jugando a ser adultos sin estar conscientes de que el amor es también eso mismo: el encuentro de dos adultos que, cuando el cielo es propicio, sacan a los niños que llevan dentro para reconocerse en una reunión pospuesta desde la infancia. Sin embargo, en mi caso, ese encuentro sería posible sólo muchos años después, aunque estaría ya fuera del amor, viviendo en el lugar del mal, donde no habría coherencia ni esperanza. Pero a los veinte años uno no piensa en el futuro, el tiempo parece eterno y uno viaja a caballo veloz ayudado por los vientos. A esa edad uno busca con afán un mejor horizonte o ya no tiene tiempo para nada porque sin quererlo se ha transformado en padre y es tarde para otros lujos.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de tres años de estar con Lucía la revolución había muerto junto con la esperanza de un tiempo mejor. Los amigos de antes habíamos quedado como heridos de guerra y ya no pasaba nada ni teníamos el entusiasmo inicial. Lucía también se había ido con el tiempo y cada vez teníamos menos cosas en común. El amor había muerto y el afecto era tenue, como dos manos que apenas sólo se rozan. Y tras la muerte de ese amor apareció otro amor que, en realidad, era un clamor lejano por la felicidad que ya no existía. Y entre un terrible vacío y mi propio cinismo comencé a enloquecer. Y sufrí por la muerte de ese amor y porque la esperanza tampoco aparecía. &lt;br /&gt;Después de estar con Lucía entré a la morada del mal y allí viví durante un año entero y bebí todo el alcohol del mundo y rompí a golpes la palabra de los otros porque todo me irritaba. En esa larga noche que fue mi vida no había antes ni después. Era un insecto aplastado por un tiempo que no entendía y que no podía descifrar. Sin la maga yo era un joven rey desterrado que asustaba a los transeúntes y los hacía correr despavoridos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese tiempo apareció un ángel, un lucero caído en esta tierra que me dejó hablar con ella como se habla con una princesa: en voz baja y con respeto. En sus manos nacía la tibieza. Una mañana clara y terrible el ángel se fue de esta vida agobiada de frío o pena. Ese ángel o lucero me había sido enviado por Dios para recordarme que había otro mundo. Pero yo no sabía en dónde estaba, de verdad no lo sabía. Cuando el ángel se despidió tomó su abrigo y comenzó a golpearme preguntándome por qué había ocurrido todo. Yo no pude responder. Sólo sabía que estaba sin la maga y fui del dolor al dolor, y también le gritaba a Don Quijote hazme un sitio en tu montura/ que yo también voy cargado de amarguras/ y no puedo batallar, y mientras Don Quijote se perdía en la llanura yo vivía en los desagües de la ciudad. Quería ser sólo aguas negras y morir intoxicando el río, el mismo río  que me vio nacer. Qué mismo quería, me preguntaban, poniéndome trampas estúpidas o haciéndome juegos de palabras. Así, miré por primera vez el mar desde la orilla de un pobre amor y tenía lágrimas en los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esos años de muerte del amor escribí con furia. La rabia se había posesionado de mí y todo era inclemente. Llovía fuego y detrás del fuego quedaba un gran silencio. Lucía me había dicho: “Cuando hayan pasado muchos años te vas a dar cuenta de que yo fui quien más te amó.” Han pasado los años Lucía, ahora sé que así fue. Pero eso no importó antes ni importa ahora, pues el amor no es salvación para el que no lo siente. Y ya no te amaba, aunque tampoco sabía que el amor sí podía ser recuperado.&lt;br /&gt;Estaba destrozado por el tiempo y el tiempo había abierto por primera vez mi herida y no tenía a quién acudir, con quien sentarme a hablar de mis problemas. Mis amigos sufrían tanto como yo y estaban tan confundidos como yo. Así, sólo nos quedó la complicidad, las palabras de ánimo, el llamado a una paciencia en la que nadie creía. Escribí poemas largos, abstractos y complicados, pero eran muy personales. En ellos mis emociones se disfrazaban de una fuerza criminal y ciega. Ante mí vino un sacerdote a arrodillarse y besarme los pies y pedirme que lo perdonara pues sabía que yo había asesinado a una parte de mí mismo (quien se golpea y se mata ha llegado al fondo de su sufrimiento). Pero no lo perdoné, yo era un hombre inerte, un hombre joven que había envejecido de manera prematura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de algunos años vi a Lucía por última vez. Era una tarde de sol y muchedumbre. Ella caminaba tranquila y sonriente, con la transparente fuerza que siempre tuvo. Nunca se desesperó porque no tenía sentido desesperarse por las tinieblas. Aún la recuerdo caminando por esa calle concurrida y llena de sol. Va acompañada de un hombre joven, me mira, sonríe, baja la cabeza y discretamente sigue conversando con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El más ferviente adiós a la esperanza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En unos fragmentos llamados Funes en los portales cuento algo de lo ocurrido en Paris. Tanto en la ciudad real como en esas páginas, mi vida empieza y termina como Marlon Brandon en Last Tango in Paris: caminando bajo el puente de Bir-Hakeim y Passy, o como Robert De Niro en Taxi Driver, mirando el mundo detrás de la ventana. Ya no era yo quien caminaba por las antiguas tiendas ni quien amaba. Simplemente, no amaba. El paso de una geografía a otra, las sorpresas que la vida ofrece y la traición de los amigos estaban ya en la corta lista de experiencias que llevaba en mi mochila. Estaba seguro de que el pasado se repetiría, llevándonos como un torbellino hasta el fondo de un terrible agujero negro. No tenía estrategia de vida y estaba a merced de los eventos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en Paris debajo de un puente. El tren pasa y la luz se filtra por las hendijas y forma un archipiélago de sombras. Esa es mi vida, le dije a Alain Masri, el amigo judío que siempre me dio su mano. Luego estoy en una bocacalle transitada. La tarde muere y el bus llega a la convergencia, baja la loma y vira a la izquierda. La luz bajo el puente y la calle transitada ya son como los sueños y los trenes, que no sabemos de dónde vienen ni adónde van ni que carga llevarán ni qué misterios nos ocultan. Ambos sueños a veces me visitan y me recuerdan que el pasado es un tiempo progresivo, un proceso, un llamado a las personas desde el fondo más humano que poseen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Para que sirvió la Ciudad Luz? Para iniciar el juego de las máscaras, la invitación a un carnaval que ocurría en un camino diferente al que buscaba. Mirando el Sena desde en Pont Neuf, me digo que por nada en el mundo voy a suicidarme, que aún tengo mucha vida por delante, y así, con la fragilidad de estas palabras, regreso a mi cuarto.  Sólo al final de esos años, mientras viajaba a la Abadía de Bellefontaine en un tren minúsculo que se perdía en la llanura, sólo al final de esos años vi con mi alma el rostro de Dios. Y no era como lo pensaba, no era un señor viejo y amable de barba blanca. Dios era la noche y el silencio a fines del otoño. Dios era la oscuridad y el frío de Bellefontaine. Y mientras miraba las estrellas con lágrimas en los ojos reclamaba su presencia. ¡Háblame Señor porque mi dolor es grave y profundo y ya no tengo a dónde ir! ¡Dios de mierda, tú no existes, n o existes! repetí muchas veces, sentado en un banco en medio de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había terminado mi estadía en Francia y era hora de regresar a casa. Pero ¿en dónde estaba mi casa? La herida había comenzado nuevamente a sangrar, mas no la sentía. Escuchaba su reclamo pero no quería curarme porque un hombre no se cura, un hombre muere como un soldado en el campo de batalla. De Paris me quedaron sólo los sueños. Ahora esa ciudad es para mí el sur lejano y la habitación de Morelli, el regreso a mi barrio y a mis mayores. En un sueño viajo al sur y encuentro en una esquina al negro Bermeo. ¿Qué haces aquí? ¿No vives en Paris acaso? me pregunta.  Sí, le contesto, pero quería verlos y me vine en sueños, cuando despierte estaré nuevamente en Paris. Ahh, dijo él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién era realmente Morelli? A los quince años lo vi por primera vez: era un profesor argentino que, en un viaje a las islas Galápagos, me había dicho que yo sería un escritor, que él estaba seguro de eso, mientras me hablaba de Borges, Sábato y Cortázar. En Paris, el primer sueño con Morelli ocurre en mi bohardilla. Abro la puerta y me recibe un hombre de unos cincuenta años, de estatura mediana, barba negra abundante y cuerpo fornido. Entra, me dice. Morelli abre los brazos y dice esto es mostrándo el aleph, la novela infinita que yo siempre había deseado leer. Pero no era una novela propiamente sino fragmentos escritos en cientos de pedazos de papel, etiquetas de productos, garabatos y retratos en miniatura que él había dibujado. Y así, el sur y Morelli son aquello que nunca se fue de mí. ¿Qué decía él en esos fragmentos? Nunca lo supe, quizá porque escribía de la vida de una m anera que no se puede totalizar, o quizá porque eso simplemente era el arte de la vida, retazos que vuelan con el tiempo, como hojas secas alborotadas por un carro veloz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y del amor? Nada. Ni latas de cervezas vacías, ni colillas de cigarrillos apagados, ni siquiera el aserrín con que al amanecer barrieron los bares, como dice Cardenal. Sin amor, pero en busca del amor, caminaba horas de horas por Paris. Tomaba un bus y en un viaje interminable llegaba a un barrio lejano, allá por las afueras. Allí me recibían las personas con un vaso de vino y discretas preguntas sobre qué mismo hacía un sudamericano por esos rumbos. Sudamérica, Sudamérica…Qué hermosa palabra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sudamérica era yo y conmigo llevaba la fuerza y la esperanza, y también la necesidad de descanso. Y Sudamérica estaba en las calles de Paris tocando tangos y escuchando la vieja y ronca voz de Goyeneche con una letra que decía me acobardó la soledad y tuve que hacerle caso a mi corazón/ mi corazón me imploró que te buscara y, ahora que estoy frente a ti, veo que el amor ha terminado. Grave error me decía, grave error buscar en el tiempo del amor en el pasado. Deja el pasado sólo para las investigaciones literarias, me decía la voz de una de mis protectoras desde el otro lado de mi mente. Y así, a través de largas e incansables caminatas por las calles de Paris, por todos sus bares, puentes y barrios bajos, el corazón se fue reconstruyendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regreso a casa aparecieron mis viejos amigos. Viendo que mi intranquilidad era manifiesta un día me llevaron a casa de un pariente. Sin decirme nada me presentaron a un hombre ya mayor, un médico, muy educado,  de amplia sonrisa. Meses atrás había perdido sus piernas en un accidente y por eso se había divorciado de su esposa. Y ahí estaba yo, frente al Cristo crucificado comparando mi clamor con su palabra.&lt;br /&gt;A veces, cuando llega el ocaso a mi corazón, recuerdo su amable sonrisa, los poemas que le había escrito a su hija y su buen humor. Este hombre lo tuvo todo y todo lo tuvo que perder a cambio de algo que yo no podía valorar. No sé aún si ese Dios que no apareció ni en Bellefontaine ni en mi pasado, cuando de verdad lo necesitaba, me puso frente a mí la cara inversa de mi dolor. No lo sé. Pero sé que en ese hombre estaba la fuerza del tigre y en mí la corrida veloz de los animales. El resto de esta historia está quizá en las palabras que mi madre me dijo un día “Es como si nunca hubieras regresado de viaje, es como si no estuvieras más aquí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando leí en el avión esta larga descarga se me quitó el cansancio y me quedé pensando en el poeta y me dio un poco de tristeza porque había recuerdos suyos que yo reconocía plenamente. Pero también anécdotas, puntos de vista y secretos que habían sido de mi total ignorancia. Con la adrenalina ya iniciando su proceso de dispersión, en el avión pensaba que la distancia que entre él y yo no era tanta como la que yo habría deseado. Por ejemplo, siempre creí que Iturburu era un romántico incansable, y yo no. Sin embargo, leyendo sus crónicas, me daba la impresión de que él había caminado un sendero que yo también había vivido. A mi manera, claro, pero el mismo sendero. Como todos los del barrio, él y yo nos habíamos hecho al andar, a veces con lo poco que nos brindaba el día, a veces con nada. En mi caso, con un trabajo que, con el tiempo y el espacio, empezaba a  detallar en mi cabeza, y también con las mismas preguntas que provoca la distancia, como qué será de Guayaquil, o quién será la que me quiera a mí/ quién será/ quién será/ yo no sé si la podré encontrar/ yo no sé/ yo no sé. Marla Thompson,  quizá yo no sé si volveré a querer/ yo no sé. De vuelta a lo que pasaba en el avión, golpeado pero cruzando heroico el Océano Atlántico, vencido finalmente, me dormí poco a poco. ¿Cuándo regresaré a Guayaquil? El día en que eso ocurra hablaré largo y tendido con Iturburu, me decía. Antes, debería resolver el misterio de la Cava del Ocioso, iniciado en Madrid, pero esta vez en Nueva Orleáns, la ciudad de la gran cultura negra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/J2jCi-ZSgCU&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/J2jCi-ZSgCU&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-1441720729935391997?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1441720729935391997'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/1441720729935391997'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/04/la-vida-es-una-caja-de-sorpresas.html' title='La vida es una caja de sorpresas'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-8090879608806847561</id><published>2008-04-11T08:07:00.000-07:00</published><updated>2008-04-11T08:13:39.003-07:00</updated><title type='text'>Viaje al fondo de la noche</title><content type='html'>Aeropuerto de Barajas. Madrid, la gran capital de España, se había convertido en un centro de atracción mundial. Al salir de la aduana, y previa pérdida de tiempo con los policías y un chequeo que se estaba saliendo de la rutina, pude tomar un taxi y dirigirme directamente al hotel. El Vieja Europa tenía el encanto y la discreta elegancia de esos refugios urbanos a los cuales llega gente que sabe de buen gusto. Gracias Maestra, fue lo primero que se me ocurrió pensar. Era aún temprano. En Madrid, el comercio se comienza a mover pasado el mediodía. Di un paseo de rutina y, la verdad sea dicha, me sentí inmediatamente a gusto, casi en casa. Inclusive tuve la suerte de dar con una fonda de comida ecuatoriana poco antes de dejar la Gran Vía rumbo al Museo del Prado. Y, violando los preceptos de clandestinidad y doble espionaje, presto me metí a la fonda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuántos ecuatorianos había en España? Un millón, posiblemente, la mayoría de ellos ilegales, repartidos en Murcia y en cualquier otro punto en donde se necesitara mano de obra barata por una dura jornada de trabajo. La historia, estaba seguro, se tenía que repetir también aquí. La dueña de la fonda, quien me atendió en persona, tenía el acento austral, morlaco. No se confunda monito, soy de Azogues, me dijo. Y paso seguido me contó detalles de su vida en Madrid. Está muy dura la situación aquí, pero me imagino que en Ecuador debe ser mucho peor. Ajá le dije, a la par que me distraía probando unos maduros cortados en un suculento seco de chivo (o de lo que haya sido). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi en casa, como dije antes, crucé las calles y por mi mente pasaron los días de mi lejana visita a Lisboa, años atrás. (Ese cuentito debes leerlo en el primer libro, amiga lectora, porque está decente, la plena.) Mientras esperaba por más instrucciones decidí caminar de largo hasta llegar a la Puerta del Sol y tomar hacia la Calle de Alcalá. Metiéndome por estrechas callejuelas, en medio de los viejos edificios y una que otra panadería, llegué por fin al Paseo del Prado. Allí, siguiendo mi provisional costumbre de merodear entre las obras de arte, observé con agrado los puestos de revistas y libros viejos, y también la desconocida sensación de entrar a un nuevo territorio. Nueva York era la vida del mundo recogida en ocho millones de historias. Madrid, la vieja historia concretada en paredes y museos. En Guayaquil sólo había visitado las exposiciones coloniales y, casi por perder el tiempo, una que otra muestra de  jóvenes pintores. Tenía el interés de ver con mis propios ojos lo que tanto se publicitaba desde Nueva York: Velásquez y su inmortal Las Meninas, pues fue en la Capital del Mundo en donde vi maravillado el Juan de Pareja y me dije que algún día tendría que llegar a Madrid y completar mi periplo de amante de la pintura. Frente al cuadro de Nueva York, mirándolo de cerca y leyendo las referencias, me di cuenta que Velásquez se había pintado a sí mismo en el retrato de su esclavo y amigo Juan de Pareja, un negro al que había vestido de los más finos y aristocráticos traje de la época, para enviadia de la corte del rey. Era por ver nuevamente cómo se fundían autor y obra que visitaba el Museo del Prado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Visitar éste museo no era pecar de culto ni nada por el estilo, aunque, la verdad sea dicha, a veces es bueno adentrarse en otras imágenes. Visitar un museo es como contemplar una película. Era una legítima necesidad de conocer más. Había leído muchos cuentos que unían claves cifradas en cuadros con crímenes cometidos. Ahora, en el Prado ya, encontré sin problemas Las Meninas. Allí estaba nuevamente Velásquez en Las Meninas, mirándonos a los espectadores y mirando al rey y a la reina al mismo tiempo, fuera del cuadro. Dentro del mismo, se observaba a la infanta Margarita, las empleadas domésticas, un fraile, una monja y alguien que entraba, desde el fondo, al estudio del pintor. Mirar a Velásquez era mirar a alguien que interrogaba al mundo. En el Prado vi también varios de sus cuadros religiosos. Y en otras naves del museo encontré obras de otros pintores de su tiempo, como el Bosco y el Greco. Y en la parte posterior, casi escondido a los ojos del mundo, el impactante Saturno devorando a sus hijos, de Francisco Goya. Callado y casi confundido, caminé lentamente mirando los cuadros, sentado frente a ello s, tratando de adivinar y elucubrar con las ideas y sentimientos que pasaron por sus cabezas mientras pintaron todo aquello. Atarantado de belleza y una sensación desconocida, regresé al hotel. Pero nuevamente la Maestra me volvería a la realidad. En un sobre tenía nombres de lugares y personas a las cuales debía encontrar para establecer cómo operaba la red de tratantes de blancas y cocaína.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las pocas semanas ya había encontrado los lugares y había hecho contacto con el submundo. El centro de operaciones estaba en la Cava del Ocioso, y hacia allá fui. Bajé, pedí una caña y empecé a tapear unos bocadillos de jamón serrano y otro de anchovas. Al poco rato una mujer se sentó junto a mí y me dijo oye majo, por qué no me invitas una copa. Seguro, respondí. Ella pidió un amareto y me preguntó de dónde era y qué andaba haciendo. Asunto de negocios, le contesté. ¿Quieres un porro? preguntó entusiasmada. No gracias, con la cerveza estoy bien. Acto seguido fue al baño y regresó más maquillada. Oye, a que no has probado esto, dijo, mostrándome un sobre de cocaína. No todavía, respondí. Anda ya dijo, y sonrió. Pidió otro amareto y siguió: mira a ese tío que está allá, si quieres lo invito a sentarse con nosotros y allí ustedes se ponen de acuerdo. Vale, contesté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo al que se refería era alto, entrando en los cincuenta. Vestía de blanco y parecía tener finos modales. Cuando empezó a hablar me di cuenta de que no era español, quizá portugués o alemán, a sacar también por la pinta. ¿Es verdad que quieres un poco de la diosa blanca? Según, le contesté. ¿Cómo sé que no eres de la policía? No seas gilipollas, dije molesto. ¿Es que me ves cara de policía o tengo acento español? No te molestes majo, respondió. Joder, uno ya no tiene ni el derecho a  la sospecha en este país de franquistas. Al decir esto me di cuenta de que el dealer no era puerco ni maleducado. Este era de otra calaña. ¿Cómo te llamas? Cepeda, contesté a secas. Me llamo Jurgen Kleist, dijo, pero los que me conocen me dicen también el brasileño. En fin, ¿quieres o no comprarla? Seguro, respondí. Entonces salgamos, que aquí no se pueden hacer esos negocios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejamos la cava, subimos unos pisos del mismo edificio y entramos a un departamento. Jurgen Kleist, alias el brasileño, tenía una variedad muy surtida de fina vestimenta, una pequeña biblioteca con obras de Jorge Amado, Fernando Pessoa, Clarice Lispector, Mario de Andrade y Frank Kafka. Vaya mezclita, pensé enseguida. Junto a su equipo de música aparecían varios cds de Caetano Veloso, Pixinginha, Djavan, Elis Regina y Vinicius de Moraes. Al otro costado, una colección completa de música clásica. Al darse cuenta de que yo revisaba con atención la sala de su casa volvió a preguntarme si no era policía. Que no, joder, repetí molesto. Sacó un maletín de su cuarto, abrió una funda plástica, regó el polvo blanco sobre un espejo y me dijo aspira, es toda tuya. Hablemos primero del precio, le dije. No es mucho, la primera vez, siguiendo la norma brasileña, el dueño de casa invita. Pero era sólo una manera de enga tusar al cliente y generar la adicción, eso estaba claro. Aspiramos y, la verdad sea dicha, yo me puse bonito, clarísimo. Kleist prendió el equipo y dejó sonar la voz de Elis Regina que cantaba una canción sobre la garúa y se iba deshaciendo en el aire. Luego de varios minutos llegaron dos mujeres, la que me había abordado en la cava y Taína, quien, a juzgar por el acento, debía ser dominicana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuatro nos quedamos juntos, conversando, halando coca, besándonos y bebiendo unas cachazas preparadas por el brasileño-alemán. Es que a mí me gusta embadurnarles a las mujeres los pezones con chocolate y lamérselos, dijo sorpresivamente, mientras regresaba a la mesa y ponía un flamenco de Ketama para alegrar la fiesta. ¿Qué hacía yo en semejante rollo? Habrá que seguir leyendo amiga lectora, no queda otra.&lt;br /&gt;Cuando cada uno se retiró a su respectiva habitación debidamente acompañado, mi negra dominicana me preguntó si era verdad que era hombre de negocios. Claro, respondí. Y se puede saber qué tipo de nogocios, prosiguió. Venta de tecnología, le dije, sistemas de computación y aplicaciones satelitales. Ya, dijo ella, ahora tradúcemelo en cristiano. Ahora no, le dije, ahora haremos otras cosas, a la par que tomaba su mano y besaba su cuello iniciando los juegos preliminares (machos del mundo: es importantísimo que primero calienten a la jeba, caso contrario: cacho seguro). La noche fue de amor desaforado. Probamos una y otra posición y todo lo que tengo entró en ella por todos lados, despacio y hasta el fondo, o rápido y apresuradamente, en el arco de la felicidad. Su oscura piel era tersa, firme y cálida. Nos dijimos cosas agradables y cariñosas, y también las otras, esas que hacen que el sexo se vuelva fuerte y a ratos  brutal. Y así por varias horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando desperté, Taína aún estaba junto a mí. Se despertó, saludó amablemente. Me sentí incómodo con la idea pero no me quedó más y tuve que preguntarle cuánto costaban sus servicios. Me miró, sonrió y me dijo los negocios no siempre funcionan así. Por hoy basta con me invites a desayunar a un buen restaurante. Me puse el pantalón y, costumbre macha, abrí mi billetera por siaca. La habían revisado, aunque no faltaba ningún documento ni mi dinero. Al salir del departamento, vi que Kleist aún dormía y abrazaba a su amante. A su lado, una vacía botella de champagne sugería el derrotero de la noche. Taína y yo salimos al centro de Madrid, caminamos hacia la Plaza España y, como si fuéramos dos viejos amantes, nos sentamos de leer los diarios mientras el café humeaba sobre la mesa. Luego me pidió que la acompañara a su departamento, pues tenía que reportarse. Tomamos un taxi y dejamos e l centro hasta llegar a un barrio apartado, a un edificio de esos multifamiliares que pueden ser catalogados, sin temor a equivocarse, de horribles. Subimos las escaleras, ella sacó la llave y entramos. En la sala había dos mujeres más, muy atractivas también, una francesa, la otra ecuatoriana. Ellas son mis amigas Odette y Jennifer, dijo Taína. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, recordando claramente que nunca le había dado mi nombre, me adelanté a ellas y dándoles dos besos les dije hola, me llamo Luis Cepeda. Taína añadió ponte cómodo, debo cambiarme. Y me quedé con ellas conversando. Todo transcurrió de la manera más normal. Hablaron de sus rutinas, de los días de trabajo, de lo difícil que era acostumbrarse a Madrid, que extrañaban esto y lo otro, que no sabían nada de sus hijos y tenían que pagar las deudas contraídas. De repente, Odette dijo no hay nada como Nueva Orleans. Eso es porque no conoces Vinces, en Ecuador, replicó Jennifer. A Vinces le dicen Paris chiquito, añadió mirándome con una sonrisa ingenua. Llegaron a un punto en el cual empezó a salir el tema del correo de cocaína pero, inmediatamente, cambiaron la conversación. Yo, ante todo, estuve mudo. A veces asentía con la cabeza pero nada más. Luego de una hora y pico Taína apareció preciosa y reluciente. Ya estoy lista, dijo con una sonrisa, volvamos a la cava, tengo hoy turno hasta las cinco de la mañana. ¿Turno? le dije molesto. ¿Qué eres? ¿Guardia de bodega? No seas tonto me dijo, dándome un beso y llevándome hacia la puerta, el negocio es así. A la salida, Jennifer se avalanzó presta y gritó déjenme en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. ¿Eres también actriz? pregunté. No seas idiota, contestó ofendida, para teatro me basta con esta vida, allí hago limpieza. Tengo dos trabajos, es la única manera de pagar mis deudas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El taxi se detuvo en la CNTC y Jennifer se bajó de prisa. Mientras el vehículo partía, pude notar que estrenaban una obra llamada El castigo sin venganza. Seguimos pocas cuadras, dejé a Taína en la Cava del Ocioso y regresé al Vieja Europa. Tío, te la manejas bien, eh, pero este viajecito te va a costar una hostia, dijo el taxista. Aquí tienes, le dije sin darle chance a reclamo, pues el río de vehículos se le lanzaba feroz por la transitada avenida. No quedamos en vernos pero, deber o perrería, tenía que regresar a seguir mis averiguaciones. Y así fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los pocos días regresé a la cava. Cuando entré Jurgen Kleist me recibió con una sonrisa. Estaba seguro de que regresarías. Yo nunca me equivoco cuando veo a un buen cliente. Pidió una caña para mí y me dijo cuando tú quieras me avisas. Pasaron varios minutos y no veía a Taína por ningún lado. Luego, desde el fondo de la cava, saliendo de una puerta y acompañada por un hombre, apareció con su encantadora sonrisa. Pero no se acercó. Kleist, seguro de lo que había pasado y familiarizado ya con esos ritos, me dijo si quieres llamo a otra de mis muchachas, Taína hoy tiene el turno rotativo y no puede dedicarse a ti por entero. Pero si quieres puedes pasar con ella media hora, es lo que se estila. No, le dije, está bien así. Me acerqué a ella y casi molesto le dije al oído, vendré a verte a la salida. A lo cual ella respondió con silencio. Poco antes del cierre, temprano en la mañana, estuve afuera esperándola. Taína apareció mientras Kleist miraba la escena desde la distancia. Recuerda que debes estar aquí más tarde, le gritó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos al Vieja Europa y volvimos a hacer el amor. Esta vez te va a costar y mucho, dijo ella. Está bien, respondí. Y volvimos a juntarnos en la noche varias veces. No era el amor lo que nos unía, pero tampoco había frialdad en sus gestos. Era una gran amante y, como tal, le resultaba fácil adivinar los grados de soledad de un hombre. Taína dijo hay quienes prefieren tomar fotos, otros son sadomasoquistas, otros exhibicionistas, otros sólo quieren sexo oral. Hay de todo. Y también los hay como tú, amantes solitarios, viajeros, rostros que nunca más volveré a ver. Yo la escuchaba boca arriba mientras el lento humo de un cigarrillo se deshacía en la habitación a oscuras. Luego me contó la manera en que ella y sus compañeras habían llegado a Madrid, las mediaciones y los lugares en los que les introdujeron la droga en el cuerpo. Nadie lo creería porque es una jugada casi maestra: nos hacen llegar primero a Nueva  Orleáns y desde allí, con papeles en regla, nos envían cargadas a Madrid. La droga la cruzan desde Jamaica y Las Bahamas hacia Nueva Orleáns y de allí la mandan a Europa, sobre todo a Francia y España. Todas nosotras teníamos visa de turista para entrar a Estados Unidos. Todo legal. Ya no se envía desde Colombia o México. Sale del mismo Estados Unidos. Fue en Nueva Orleáns que nos tuvieron escondidas unos días y luego nos unieron a Odette, pues ella ya conocía los tejes y manejes del paso fronterizo. Además, es francesa y eso facilita mucho las cosas. Pero lo que nos hicieron esos días, mientras preparaban el envío, eso no tiene nombre. No le deseo esa suerte ni a mi peor enemiga. Era una asquerosidad, decía, primero nos violaban y después nos hacían tener sexo con perros y hasta caballos para filmarnos, al final nos obligaban a tragar cápsulas que nos indigestaban. Algunas morían antes de llegar al hospital. Cuando no volvemos a saber de ninguna es porque ha muerto, así funciona el sistema. No es bueno preguntar tampoco, dijo. ¿Y qué tiene que ver en todo esto Kleist? le pregunté. Es sólo una cobertura creo, aunque él a veces dice que le deben algunos favores allá, pero es mejor que no sepas más. Tampoco es bueno preguntar mucho, repitió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la vez anterior, dejé a Taína en la Cava del Ocioso y regresé al Vieja Europa. Al acercarme a la Recepción, el gordo que allí trabajaba me dijo de manera discreta, lo andan buscando. Vinieron dos malencarados e hicieron preguntas sobre usted, que cuándo había llegado y qué hacía en Madrid. No les di información, nada. Dijeron que eran de la policía de inmigración pero no me lo creo, podrían ser sicarios. Ahora, con tanto sudaca, Madrid está lleno de sicarios, colombianos la mayoría, que andan repartiendo bala a todo el mundo. Ni la Guardia Nacional se salva. Sudacas malparidos, deberían irse por donde vinieron. Ante esta última agresión verbal contra la raza de la América morena opté por no darle ninguna propina, sólo agradecerle. Al retirarme me gritó si regresan qué les digo. Nada, respondí, que hablen conmigo directamente. Cuando entré al cuarto encontré lo que me esperaba. Lo habían hecho mierda. No encontraron nada porque nada escondía. Pero estaba claro que las finuras de revisarme la billetera y no llevarse el dinero se habían acabado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había que actuar con rapidez. Necesitaba saber una dirección, tener cualquier indicio más concreto del tráfico de cocaína en Nueva Orleáns. Por la noche fui nuevamente a la Cava del Ocioso y me salió al paso Kleist. Ella no ha venido hoy, me dijo sin darme chance a hablar. Yo mismo la traje, respondí. Me miró con furia y me dijo estás pisando terreno minado, es mejor que no vuelvas a venir. Acto seguido, llamó a dos guardias y éstos me acompañaron a la salida. No había nada más que hacer allí. Decidí tomar un taxi y llegué hasta su departamento. Toqué la puerta y salieron Jennifer y Odette. Hijo de puta, fue lo primero que me gritaron, en medio de otras frases que mejor no las escribo, qué has hecho, en qué has metido a Taína. En dónde está, pregunté. No sabemos, no ha venido. Pero era mentira y estaba claro para mí que ella se encontraba en su departamento, pues se habían olvidado de  esconder su cartera. Y no hay mujer en el mundo que ande por la calle sin su cartera. Entré a empujones, en medio de las maldiciones de las féminas del bajo mundo de los altos placeres. Allí estaba ella, acostada en su cama, verde y morada de tanto golpe. Me miró y llorando me dijo lárgate de aquí, mira lo que me han hecho por tu culpa. Yo no he hecho nada le dije,  mientras me acercaba a consolarla. Déjame imbécil, lárgate de aquí gritó. Me dijiste que trabajabas en una cosa y no es verdad. Han tratado de averiguar sobre ti y no han encontrado nada. Tu pasaporte es falso, tu cédula es falsa, nadie ha escuchado hablar de ti. No sé quién eres y tampoco me interesa, sólo quiero que te largues, pues no pienso morirme contigo. Acto seguido dejé en silencio el departamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al abordar nuevamente el taxi que me había estado esperando fui interceptado por dos hombres, posiblemente los mismos del hotel. Dejémonos de guevadas, pelear contra dos es pérdida segura, a no ser que uno vaya armado, y hacía tiempo que yo me había separado de mi mágnum. Eso de las peleitas estilo Bruce Lee sólo existe en las películas. Y sin abundar en esta sacadadechucha de la que fui víctima, sólo digo que, después de una pateada y trompiza mutua, por cansancio casi, me dieron en el suelo. En el suelo sólo queda la posición fetal de defensa. La cosa se habría puesto peor si el taxista no hubiera pedido auxilio a los vecinos. Entre pobres uno puede entenderse mejor. Y fue gracias al griterío de los peatones y la intervención decidida de dos marroquíes que pude salvar el pellejo. Eso sí, quedé debidamente golpeado. Joder tío, en qué rollo andas metido, joder, mejor te llevo a un hospital, dijo el taxista a larmado. No, le dije, solamente al hotel. Y así fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando entré estaba el mismo imbécil en la Recepción. Vinieron a buscarlo nuevamente y les di su mensaje. También le llegó este sobre. Tiene que darme en efectivo el dinero que pagué por él. No le dije nada. Subí a mi habitación y abrí el sobre. El mensaje decía ve al aeropuerto y compra un boleto de ida, ya debes saber cuál es tu próximo destino. Y así lo hice. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/SbOWcuH81Lg&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/SbOWcuH81Lg&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-8090879608806847561?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8090879608806847561'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/8090879608806847561'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/04/viaje-al-fondo-de-la-noche.html' title='Viaje al fondo de la noche'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-4124912537407589866</id><published>2008-04-04T05:44:00.000-07:00</published><updated>2008-04-04T08:34:09.146-07:00</updated><title type='text'>El misterio de la Botica Tía Delcha</title><content type='html'>Como yo conozco a mi raza donde quiera, inmediatamente me di cuenta que el muchacho de Recepción era ecuatoriano, de Cuenca, por el acento. El muy cabrón se negaba a hablar en la lengua de Juan Montalvo. Como tantos inmigrantes lo hacían, esa era su manera de esconder sus orígenes. Opción personal, dije en mi mente, y proseguí a pasar a la habitación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como era de regla, lo primero que hice fue darme un baño y descansar. La televisión, cuyo control remoto no funcionaba bien, me permitió ver por enésima vez el horroroso canal hispano llamado Univisión, en el cual pasaban más de diez telenovelas diarias, las mismas que, sin duda, eran lo peor que había dado el folletín mexicano: pendejísimas,  increíbles, cansinas y estereotipadas. En ellas las mujeres siempre eran lindas y bobas y se peleaban por viejos sucios que se portaban como adolescentes, millonarios muchas veces. Con machos ejemplos así, era fácil explicarse porqué los herederos de Adán estaban en la gaver. Después venía el informativo de la tarde con dos locutores turros: una flaquita rabiosa, republicana y pelo pintado, y un flaquito malpapeado, quienes se pretendían el non plus ultra del periodismo, la vanguardia, aunque sólo repetían lo que los informativos gringos habían transmitid o horas antes. Por mal camino vas, raza hispana, me cabrié en chiquito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tarde y noche de tevé en la ciudad de los rascacielos. Resignación y disfrutemos del achaque. En Univisión las imágenes eran a lo Polo Baquerizo: de lo peor. Una notoria falta de dicción, problemas de ortografía, servilismo y mediocridad era lo que salía de esas pantallas. Las excepciones  eran, hay que decirlo, las muchachas de Primer Impacto: Mirka De Llanos y Bárbara Bermudo, quienes estaban de lo mejor. (Y, amiga lectora, aunque sea verdad lo que sabemos de Mirka -que anda con Luis Miguel- no nos amarguemos, pues al adolescente cantante le gustan sólo las jovencitas pendejas. Daysi Fuentes, María Carey y Mirka De Llanos siempre serán mucha hembra para él, por eso es que, al final, terminará volviendo a la discoteca, como quinceañero en fin de semana. LuisMi al güevo). Walter Mercado también tenía un legítimo apego a lo popular. Además, su segmento del horóscopo ya me había ayudado a resolver más de un caso. En medio de la programación de circo que tenía Univisión lo mejorcito de la onda guacharnaca era  el implacable Chacal, pues salvaba el programa de un gordito gritón y millonario, un tal Don Francisco, que no podía pronunciar la letra p. Así, en vez de decir pero, como cualquier persona normal, decía bero. Bero démole un ablauso al gaballero, bué, con ese acentito chileno que hace que los machos del sur suenen como perfectos maricas en desbandada, aunque se les oye precioso a las damiselas. A veces, el Chacal y el gordito gritón se ponían gorros y se lanzaban a bailar en la pista, bamboleándose como dos señoronas por el set del programa mientras la audiencia aplaudía al unísono, marcando el paso. Suficiente de esta guevada, me dije. Cambié al otro canal hispano, Telemundo. A lo mejor, con suerte, podía ver alguna telenovela brasileña. ¿Cómo habrá term inado El Clon? ¿Pasarían alguna vez algo mejor que Baila conmigo, Roque Santeiro o La Reina de la Chatarra?&lt;br /&gt;Recuperado de los trajines del caos ferroviario y de la televisión, al día siguiente, después de un café y unos muffins en el Starbucks de la esquina, encontré la dirección de la Botica Tía Delcha. Contrario a lo que se estila en tierras huancavilcas, una botica, en el Alto Manhattan, es un almacén en  donde se compran yerbas medicinales, se hacen limpias, cánticos, baquinés y bembés. Como tenía tiempo, decidí tomar un bus y disfrutar de la ciudad. Llegado al Harlem tomé el tren aéreo. En lo que llaman el Alto Manhattan, hay diferencias que mejor no detallo, pues ya se imaginará el lector por dónde va el achaque. Al final llegué a la botica sin problemas. Afuera se apiñaban los clientes con los más extraños dolores, cubiertos de gruesos abrigos, chompas, cartones, mantas y lo que pudiera servirles para defenderse del frío. Quise entrar a lo sabido, diciendo que era de l a policía, pero unos dominicanos que estaban en la puerta me pidieron identificación. La autoridad policial no se subordina a los civiles, les dije para sorprenderlos. Pero nada. Eso será en Santo Domingo, me dijeron, aquí el mambo es otro. Así, tuve que irme a hacer cola, aunque no por mucho tiempo. Al verme al final de la fila, uno de los guardias se me acercó y me dijo en corto, oye tigere, por unos dolaritos te puedo llevar directo donde la tia Delcha, ¿Y qué tienes? De todo, le dije, fiebre, la tensión alta, insomnio. Tate aquí, replicó. Luego de unos minutos, y ante los aireados reclamos de los clientes que se quedaron afuera, me llamó casi desde la puerta, oye, tigere, vente pa’ca. Entré. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La botica estaba llena de hierbas, plantas tropicales y licores fuertes, entre los que sobresalían litros de ron Presidente, Flor de Caña, pisco peruano y mezcal de México. También había matas de lenguesuegra y té. Esperé unos minutos y por fin salió la tía Delcha. Era una mujer ya entrada en añitos. Tenía el pelo corto, medio pintado de rojo. Sobre su frente llevaba una cinta celeste, brillante, con estrellas y planetas. A ver mijo, qué te acontece a tú, dijo. Le expliqué lo que tenía (era mentira, no tenía nada, sólo un poco de hambre) y añadió: para la presión necesitas una infusión de espino blanco cada mañana. Hierbes un poco de agua y le añades una cucharadita. Dejas que se enfríe y ya está. Por la noche, antes de acostarte, dos copitas de aguardiente, durante dos semanas. Digo claro, dos copitas, no la botella entera. Nada de cigarrillos. Muy bien tía Delcha, contesté. ¿Qué má’ mijo? ¿Cómo andamo de amore? preguntó, mientras sacaba un cigarro de su batona. No andamo tia Delcha, le dije, no andamo, tampoco puedo dormir bien. Ajá, pérate aquí. Para amore necesita una limpia, y para una limpia debe prepararte con anticipación. Veamo una cura para mejorar la suerte amorosa y luego el insomnio. Cigarro en boca y manos llenas de anillos, tía Delcha se fue bamboleando botica adentro. Luego regresó con un brevaje en una botellita y me dijo te pone ejte perfume en la palma de la mano derecha, quej la que máseusa y, si puede y la dama lo permite, le sobaj también el cabello con la mijma mano. Laj yerba son para el insomnio. Laj prepara y toma como té regular, ej africana. Pruébala durante do semana y luego regresa a ver cómo te fue, que si no te funciona, ahí te hacemo una limpia doble. ¿Tamo claro mijo? Sí, tía Delcha, muchas gracias, le dije. Le hice el pago debido y, a la salida, le di una buena pr opina al guardia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto que había ocurrido no tendría mayor trascendencia si no hubiera encajado con el hecho de que la Maestra no me había dado más instrucciones. Obviamente, querían que elaborara por mí mismo el encuadre del caso. En este tipo de misiones, mientras menos se sepa, mucho mejor para los involucrados. Estaba seguro de que los remedios dados por tía Delcha tenían que ver en este asunto. Tomé el remedio para el insomnio y tan pronto como me dormí me trasladé en sueños a mi lejano Guayaquil. Y en sueños abría la puerta del Cabo Rojeño para encontrar colgados del techo a Camareta, Marino y Kaviedes. Vestían de manera muy elegante pero en sus rostros se notaba la tristeza sin fin de la farra y de la vida. Estaban colgados del techo pero la gente seguía bebiendo, como si no pasara nada. Tampoco se escuchaba música, al menos yo no la escuchaba, y todo parecía ocurrir en cámara lenta. Luego entró un escuadrón de policías y acribillaron a todos menos a mí. Mejor dicho, a mí las balas no me tocaban, pasaban a mi lado o las detenía, como se ve en The Matrix. Yo miraba extrañado cómo las paredes se salpicaban de sangre y las botellas de cerveza explotaban. Luego me acerqué a una foto que había en la pared y en ella vi a Marla Thompson, sonriendo, como la primera noche que hicimos el amor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me desperté, sorprendido, supe que era el efecto del té de yerbas dado por la tía Delcha. No era sólo un somnífero sino también un alucinógeno. Al levantarme, un mensaje en el teléfono decía te espero en el café de la esquina, 10am. Tenía tiempo suficiente para darme un baño. Llegué media hora antes para tener un mejor dominio del espacio. Como siempre, me senté en el fondo del local, pues nunca se sabe lo que pueda pasar en la puerta. A las 10am me puse aún más alerta y escudriñé los movimientos de la gente que entraba o salía. Nada. Finalmente entró un tipo de mediana estatura, grueso, blanco, de pelo claro. Sacó su celular y respondió a una llamada, luego pidió un café en el mostrador. Acto seguido sonrió y se sentó en mi mesa y comenzó a hablar como si fuéramos conocidos. Tigere, me dijo, este café está bien bueno. Qué tal dormiste, añadió bromeando. Mi nombre es Dennis Hidalgo, trabajo para la Maestra. Ajá, atiné a contestar. Vine para informarte más sobre la misión que te encomendaron. Detectamos que en el Alto Manhattan se estaba distribuyendo una nueva droga que, a diferencia de otras, es un producto cien por ciento natural. La hacen crecer en el Cibao y en Loíza. Nuestras fuentes dicen que la trajeron de Africa los vendedores de pulseras y que tiene propiedades mágicas. Si es así, el asunto es grave, pues los servicios de aduana de la República Dominicana y Puerto Rico habrían sido fácilmente burlados, a pesar de nuestra asesoría. Además, siendo medicina natural de un país extranjero, tener la patente en Estados Unidos sería ilegal y nos pondría en litigio con las Naciones Unidas, ya que los productos naturales no pueden ser propiedad de un sólo individuo, y menos aún de una compañía privada que claramente busca enriquecerse. Sabemos que se la vende en pequeñas dosis  en la Botica Tía Delcha, pero no sabemos si piensan ampliar el radio de acción. La Sección Química de nuestra organización se encuentra estudiando muy de cerca esta planta, sus propiedades curativas y adictivas. Mientras no se tenga el permiso apropiado es, simplemente, una droga de venta y uso ilegal. Tu trabajo consiste en averiguar quiénes son las personas involucradas y sus planes de expansión. Yo saldré pronto hacia el Cibao y Loiza, nos reuniremos nuevamente en varias semanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de decir esto, Hidalgo dio un sorbo a su taza de café y repitió, pero bróder, este café sí que está bien bueno. Sin darme oportunidad para ninguna pregunta dijo, mira allá mira allá, señalando la calle. Mira a la mujer que sube al vehículo, esa es la Maestra. ¿Estaba aquí? le pregunté. Sí, desde muy temprano. Ella tomó una foto tuya con su celular y me la mandó al mío al entrar al café y así poder identificarte. De la Maestra recuerdo, ojo finamente cholil y observante ante todo, recuerdo algunos rasgos de su rostro, el pañuelo que cubría su cabeza, las gafas oscuras y la elegancia de su traje. Era una mujer mayor pero atractiva, de piel canela. ¿Algún día hablaré con ella? Quizá contestó Hidalgo, siempre es muy precisa en lo que quiere, muy generosa también. Habla bien de ti sin conocerte. ¿Trabajas con ella hace mucho? pregunté. Lo suficiente, respondió Hidalgo.  Es la figura más alta de la Sección Hispana y le gusta que sus subordinados trabajen bien. Es bien ocupada y bien precisa, repitió. Bueno bróder Cepeda, nos vemos espero que pronto, y no tomes más del somnífero que, como te dije, no sabemos si crea adicción. Nos despedimos y salió del café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaban los días con sorprendente tranquilidad. La mañana newyorkina estaba espléndida, un poco fría pero radiante de sol. ¿Cuándo fue la última vez que caminé sus calles? Hacía tanto, como una eternidad. Lentamente anduve por sus rincones hasta llegar al Bajo Manhattan, al territorio baldío en donde se encontraban las Torres Gemelas. Me había prometido visitar ese lugar, convertido ya en verdadero punto de peregrinaje. Cuando me acerqué sentí el olor a cenizas que emanaba del suelo. Noté que repentinamente se hacía un gran silencio. Sólo se escuchaban los pasos de la gente, el leve rumor de sus voces mientras depositaban una flor o encendían una vela. Brutales son las muertes y brutal era también el recogimiento de todos. En nombre del odio, de la venganza o de Dios, el hombre se transforma fácilmente en el más peligroso de los animales. Mi corazón se hizo un puño pero ya no tenía lágrimas para  llorar por las miles de víctimas de éste y tantos ataques del mundo contra el mundo. Ni siquiera por aquellos que estaban muriendo calcinados, volados por una bomba fundamentalista o por la codicia de los otros. Era hora de seguir el día y airear un poco mi cabeza. Entre el sueño de los colgados que tuve, la conversación con Hidalgo, el paso del tiempo en Nueva York y el vacío de las Torres Gemelas, solamente un paseo por el puente de Brooklyn podría sacarme de ese estado. Necesitaba ver la ciudad desde allí, mirar su esplendor y asegurarme de que, aunque no fuera mi Guayaquil querido, era el único lugar cierto en el que me encontraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camino al puente de Brooklyn la gente copaba las aceras. A pesar del sol radiante, el frío invierno se había adelantado. Sentía que en pocos meses había recorrido y vivido más de lo que pude en muchos años. Me veía más viejo, pero también más seguro en el terreno. A pesar de los errores, de la huida del amor, del terrorismo y las crisis económicas que asolaban al mundo entero, sentía que las cosas iban cayendo poco a poco en su sitio. Contrario a lo que se podría pensar, no era la emoción por mi trabajo lo que me mantenía atado a la vida. Era la vida misma, la gente, los problemas con los que lidiaba a diario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante las semanas siguientes me puse al día en lo que pasaba en el resto del mundo. Fui varias veces al Museo Metropolitano y de Historia Natural, sólo por ver una y otra vez los cuadros de Velásquez, el gran pintor español, y los dinosaurios que habían rearmado. Visité también varias veces la Biblioteca Pública de la calle 42 y con alegría vi los manuscritos originales del tratado de física aristotélica del padre Morán de Butrón, la primera y única edición de Guayaquil en el año 2000, escrita a principios del siglo XX, y también un ejemplar de Las cruces sobre el agua, autografiado por Joaquín Gallegos Lara. Pero a más de un encuentro con los libros, el frío y la casi sorprendente familiaridad de la ciudad, debo confesarlo, durante ese tiempo también consumí más del somnífero de la loiza-cibaense africana cannabis, pues me llevaba al otro lado del espejo, único lugar en el cual podía volver a ver a Marla Thompson y ser yo mismo y otras personas. Con la nueva cannabis podía mirar mis deseos y temores desde varios ángulos. Mientras pasaban los días me familiaricé con las calles del Alto Manhattan, algunos miembros de las pandillas locales, el Museo del Barrio y todas las líneas del subway. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, a paso de nieve y lluvia, la primavera comenzó lentamente a dejarse percibir desde principios de marzo. Sábado de vagancia nuevamente. Caminando por las anchas calles de la gran metrópoli decidí tomar el tren número 7. Quería ver las calles de Queens y, sobre todo, el antiguo barrio de la hermana del ya desaparecido agente Cuerisnai do Cueranga. Luego de dejar el subsuelo de Manhattan y cruzar el río, el tren salió viejo, destartalado y avanti, por la rieles que daban sobre la Roosevelt. Parado, miraba una vez más el triste paisaje de pobreza y el comercio informal que compite con los barrios más poblados de cualquiera de nuestras capitales. En el tren 7, camino a Queens, se hablaba mayoritariamente español y cien lenguas más. De vagón en vagón alguien vendía peinillas y baterías para radios. En el anonimato del transporte, pakistaníes, hindúes e hispanos se confundían, al igual que los asiáticos.  Era como si de repente toda la gente hubiera adquirido una nacionalidad transcontinental gracias a las precarias condiciones de vida y trabajo. Luego de un largo y penoso recorrido, el tren me dejó en la 90. En la esquina, justo al bajar, se apilaban vendedoras de humitas, las mismas que, como se recordará, no había probado en muchos meses. Al lado de ellas competían otras vendiendo tacos y hamburguesas. Barrio pobre me dije. Estaba exactamente igual que años atrás. De refilón pasé por la esquina de la temible banda guayaquileña Los ñañitos, rápidamente identificables dado el fuerte acento de tierra caliente, a más de la proliferación de algunas malas palabras o palabrotas, las mismas que causan indignación en las damiselas que cruzan frente a ellos, víctimas ya de sus atracos verbosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminando por las calles de la Roosevelt me perdí entre la ávida multitud de inmigrantes que entraban y salían de los almacenes. Pasé por restaurantes colombianos, taquerías y academias de belleza, karate y reparación de radios. Vi también una boite con una banderita de Ecuador y otra de México, que con bombos un platillos anunciaba presentaciones estelares de medianoche de Paul Soul, Jinsop, Lilián Suárez, Hilda Murillo y Kike Vega, y del lado mexicano, Carlos Lico, Pirulí y una joven cantante a quien simplemente llamaban La Nueva Toña La Negra. Quién sabe, me dije, a lo mejor me vengo a escuchar canciones del repertorio patrio. Hecho el sapo, como que quería y no quería, aproveché que estaban haciendo la limpieza y me metí a la boite, sólo para cerciorarme del ambiente. No pudo ser mayor mi sorpresa, pues al entrar vi, sin que hubiera una sola duda, al super agente Johnny Brown, alias Cerebro, con quien me había topado hacía muchos años, en primera visita a la gran manzana y que había estado presente la noche del lanzamiento del libro El Cholo Cepeda, investigador privado, como recordará el piloso lector. Tenía un vaso de whisky en la mano y andaba vestido con un pantalón claro, una camisa de rayas y una leva azul, dato aniñado. Me le puse atrás y le dije papeles. El se viró, me quedó mirando y entusiasmado gritó cholo Cepeda, cholo hijueputa, dónde te has metido. Saludo festivo que remató con un whisky para el amigo mientras miraba al barman. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conversé con el super agente y me dijo que había decidido jubilarse de la organización, que tenía un mejor trabajo, menos riesgoso y que le dejaba más tiempo libre. ¿Qué haces más tarde? preguntó. Nada especial, respondí. Sólo espero que me den una señal. Juan Moreno, ahora Johnny Brown, me detalló sus recorridos a pata pelada por Brooklyn y el Alto  Manhattan, lugares en los que había abierto dos almacenes de venta de cuadernos, factureros, calendarios y abanicos. También me dijo que quería invertir en venta de páginas del internet, que el negocio daba buenos dividendos y que si yo no estaba interesado en meter mano. Eso sí, recuerda, todo negocio es un riesgo. Iba a despedirme cuando me dijo si no tienes nada mejor que hacer, vente conmigo, te invito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos el tren 7, de regreso a Manhattan. Ante la resistencia del super agente Cerebro a decirme adónde me llevaba, opté por la triste resignación. El principio de clandestinidad siempre debe ser aplicado, me dijo riéndose. Salimos a la 42 y ya se había hecho noche. Caminamos por la 7ma hacia el Bajo Manhattan. Conversábamos y el super agente me dice, mira a ese man mira a ese man. Lo saludó en corto y seguimos. Es la Cocoa Rocafuerte, un pana, me dijo, árbitro de fútbol. El super agente me contó que la Cocoa había arbitrado un partido en una liga gay, y que los gays de un equipo dudaban de la gayez del otro equipo y que habían resuelto terminar con la duda organizando una fiesta esa noche, en la cual sabrían por fin quién es quién. Total, que se entraron a verga de lo lindo entre todos y al día siguiente, en la cancha de fútbol, terminaron sin problemas el partido, una vez despejadas las dudas personales. Me quedé mirando al super agente y sólo le dije bacán la transa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminamos unas cuadras hasta llegar al Madison Square Garden. Entendí de lo que se trataba. ¿Te acuerdas que te dije que tenían que ver este concierto? me preguntó. Claro, respondía animado. El letrero anunciaba la presentación de la Fania All Stars. Toma. Sacó un ticket para mí y me dijo era para una pelada pero se barajó al último y no ando con ganas de revender tickets en media calle. Eso sí, te toca pagar las cervezas. Hecho, respondí, mientras nos dábamos un estrechón de mano para cerrar el pacto. Subimos, nos sentamos, compramos unas cervezas y hablamos hasta que empezó el concierto. Homenaje a Ismael Rivera y Héctor Lavoe, decía el anuncio en las pantallas gigantes apostadas en el centro y a los lados del escenario. De repente, el celular de Johnny Brown sonó, el man contestó, se paró y dijo ya regreso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se demoró más de lo esperado. Mientras me distraía mirando los videos que proyectaban en la pantalla y antes de los últimos toques y afinación de sonido en el escenario, en lontanaza, pues mi ojo avizor estaba más afilado que ojo de águila en el desierto, logré distinguir en las preferenciales, a pocos metros del escenario, al mismo super agente Johnny Brown que participaba de una escaramuza, la misma que terminaba en el arresto de dos tipos y el anuncio del maestro de ceremonias de que el show estaba por comenzar, para tranquilidad de todos. A los pocos minutos, con dos cervezas en la mano, reapareció el super agente, quien me dijo disculpa la demora, pero trabajo es trabajo. ¿No que estabas retirado? Sí dijo, pero no del todo. Lo tomo como un cachuelito. Me contó que sabían que al concierto iba a asistir uno de los traficantes locales y que la policía quería mandar una señal clara de que ya no estaban para contemplaci ones ni diplomacia y, como él era uno de los pocos que podía identificar al capo en cuestión, tenía que ayudar. Hicieron el arresto focamente a propósito. Otra cosa, dijo el super agente, debes mantener mayor discreción y clandestinidad en tu trabajo, uno nunca sabe. Bacán, repetí, y nos sentamos porque el concierto iba a empezar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con aplausos y de pié, en necesaria reverencia, recibimos a Oscar D’León, Ruben Blades, Willie Colón, Ismael Miranda, Casanova, y Celia Cruz. Estaban también el Pete Conde Rodríguez, Víctor Manuel, Eddie Palmieri, Larry Harlow, Papo Lucca, Roberto Roena, Richie Ray y Bobby Cruz, casi todos vestidos de blanco, al mejor estilo santero. No abundo en canciones ni en detalles del concierto, pues no me gustaría aburrir a la damita lectora ni despertar envidia en el macho lector.Además, digamos la plena, escribir títulos de canciones no es lo mismo que escucharlas y bailarlas, cosas que sí ocurrieron esa noche, pues cuando Rubén Blades dijo me fui pa’l monte buscando guayaba/ por la vereda del 8 y el 2/ y aunque encontré una casa dorada/ esa guayaba no la hallaba yo, cuando dijo eso Rubén, el super agente Cerebro y yo sacamos a bailar a unas colombianas que estaban listas para marcar el paso. Y así rumbeamos todo el concierto. A la salida, con las mismas damitas corronchas, nos fuimos deúna a una salsoteca en Tribeca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/_J_7llhse-o&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/_J_7llhse-o&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No abundo dije en el párrafo anterior, y así será. Añado sólo que esa noche quedamos en volvernos a ver con las acompañantes. Todo estaba listo para salir a rumbear uno de los sábados siguientes, pero recibí una llamada de Hidalgo. Había regresado ya del Cibao y Loíza. Nos reunimos nuevamente en el café de la esquina. Le conté lo relacionado con la operación Botica Tía Delcha, los guardias, las pandillas y el tipo de drogas que se podía conseguir. Puesto que la loiza-cibaense africana cannabis, que era la que nos interesaba, no se distribuía aún en las calles, no había manera de detectar ninguna demanda en el mercado de drogas. Además, la cannabis requería de un estado personal emocional de descanso, no de andar alterado para hacer más guevadas, como era el caso de otras drogas. La Sección de Química de la organización, dijo Hidalgo, ha determinado propiedades muy positivas en la yerba  africana. Ahora ya es cuestión del gobierno de Estados Unidos tomar las medidas necesarias para precautelar ese bien de la humanidad. Ajá le dije, y ¿cómo harán con los países africanos en donde aparece esa planta? ¿Van a pagar derecho de propiedad? No, son bienes naturales de la humanidad, contestó un poco serio. Ten, me dijo luego, extendiendo hacia mí un sobre. Es de la Maestra. ¿Qué harás más tarde? preguntó.  Depende del contenido del sobre, respondí. Si estás libre te llamo, tengo un par de tickets para ver el primer partido de los playoffs de la serie mundial de béisbol. Juegan los Yankees contra los Medias Rojas de Boston y va a estar bueno. Bacán, repliqué, dame un telefonazo al hotel en un par de horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Par de horas? Inútil esfuerzo e inútil plan. El sobre de la Maestra traía un pasaje para viajar al día siguiente a Madrid. El incremento de la trata de blancas era notable y en ello estaban implicados muchos latinoamericanos. El problema mayor era que las trabajadoras de la profesión más antigua del mundo eran también usadas como correos para introducir pasta de coca a Europa. Como siempre, la Maestra había incluído un plano de la ciudad y la dirección exacta del hotel en el que me quedaría por quién sabe cuánto tiempo. Después de leer el mensaje sentí algo extraño, una molestia rara. Y era que, inevitablemente, sabía que en Madrid vivía mi ex, de quien nunca más había vuelto a saber. Sólo me quedó tiempo para alcanzar un último lugar en la cola de la Botica Tía Delcha, y comprar un poco de la loiza-cibaense, pues los sueños eran mejores que la rutina de la vida. Además, quería verla nuevamente bamboleándose en su botica, como Celia Cruz lo había hecho por última vez en el Madison Square Garden, semanas atrás, y oírla cantar sus mapelés mientras fumaba cigarro y cerraba sus ojos invocando a los poderosos espíritus de su lejana Africa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Hidalgo llamó al hotel le agradecí la gentileza de la invitación diciéndole que no podía acompañarlo. Entiendo muy bien, añadió, buena suerte en todo. Al día siguiente, desde el aeropuerto JFK, tomé un vuelo de Iberia rumbo a Madrid. ¿Encontraría en sus calles a mi ex? ¿Habría finalmente emigrado Miriam Matilde, la periodista del Crónica Roja, a España? Quizá no, pero era imposible dejar de hacerme esas preguntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/BrJLiP3te14&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/BrJLiP3te14&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-4124912537407589866?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4124912537407589866'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/4124912537407589866'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/04/el-misterio-de-la-botica-ta-delcha.html' title='El misterio de la Botica Tía Delcha'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-3654128519382344952</id><published>2008-03-28T10:00:00.000-07:00</published><updated>2008-03-28T10:10:29.195-07:00</updated><title type='text'>Stormy Weather en Chicago</title><content type='html'>Muchas cosas pueden pasar mientras se viaja en un tren. Cada pasajero es un mundo y cada mundo es muchos universos. Dejé Portland como se deja a una persona desconocida, rumbo a Nueva York. Desde la ventana veía los pueblos, el hermoso río Columbia dividiendo Estados Unidos y Canadá, y la gente que salía a saludar a los desconocidos del tren que pasaba veloz frente a ellos. De alguna manera, era el mismo tren que cruzaba el litoral ecuatoriano. Sin embargo, estaba en la otra América, la desconocida, a la que ya estaba empezando a querer. Las ataduras sólo pueden ser fuertes cuando ha existido un gran amor, me dije. Nunca supe cuán grande fue el amor de Marla Thompson, si sólo era una aventura más, de esas que se visten de pasión y utopía, o un amor cobarde que desaparece con el tiempo. O si acaso era algo más fuerte, algo que debería considerar una pérdida real permanente. Nunca lo sabría. Recordando el viaje del tren, ahora que escribo estas páginas, he vuelto a recordar el amor por ella y el tiempo ido. Hoy, en mi pequeño libro de zen, leo: “Apaga la luz/ baja el sonido/ respira/ encuentra el perfume de tu amante/ nunca olvides ese olor”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un viaje es también el tiempo para pensar en la vida y darse cuenta las cosas que hay que cambiar. Pero mi dolor y yo estaríamos un buen tiempo más juntos, aunque regodearse en ese dolor fuera un lujo inmerecido. Estaba en ese momento de observación, reponiendo fuerzas en el silencio mientras el veloz tren cruzaba los estados del norte y las planicies se agigantaban por horas de horas, hasta que recibí un telegrama que decía espera por mi llamada telefónica mañana, a la misma hora, en el restaurante del tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/q1cJLnzGrvE&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/q1cJLnzGrvE&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Día siguiente. Me había sentado cómodamente mientras el mesero se explayaba en explicaciones del menú, los ingredientes que usaban y las calorías que cada plato llevaba, garantizando que todos los productos eran del día, pues se los adquiría en cada parada. Pedí una ensalada de vegetales, un bistec, una copa de vino rojo y, para terminar, flan. Después del almuerzo pedí un doble espresso y esperé la llamada telefónica. El mesero me dijo que podía contestar desde la cabina central. Del otro lado de la línea me dijeron secamente busca entre las concursantes de belleza a una niña desaparecida y aisla a los estudiantes. Colgaron. Le di una propina al mesero y me fui a mi compartimento. Recordaba que, en mi inspección inicial de los vagones, había visto con curiosidad a unas niñitas preciosas que, acompañadas de sus padres, vestían elegantemente como adultas. Supuse que se trataba de un evento menor, de esos que aparecen en los pueblos de la profunda América. Era el único concurso que podía imaginarme. ¿Estudiantes? Eso era más difícil, pues todos los pasajeros jóvenes entraban en esa categoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguía el tren su rumbo. Ya habíamos pasado Montana y estábamos en Dakota. Los majestuosos búfalos copaban las hectáreas de terreno y pasto. Organicé un programa de trabajo. Los resultados, fueren cuales fueren, tendrían de darse pronto ya que llegaría a Nueva York en sólo a dos días. Durante la noche las cosas empezaron a cambiar. Volví al restaurante a la hora de la cena, pero esta vez sólo bebí un café negro y conversé con el mesero. Este, ya familiarizado conmigo, comenzó con un interrogatorio velado, que era más o menos lo que todos los empleados públicos tenían que hacer luego del famoso 11 de Septiembre. La alerta nacional cambiaba de color a diario y, a veces, esto dejaba entrever síntomas de paranoia en la gente. Por ejemplo, si la elevaban a color anaranjado, los supermercados y los almacenes de construcción inmediatamente se llenaban de clientes que compraban herramientas y material para transformar sus casas en fortalezas, puesto que asumían un ataque terrorista inminente. Los primeros productos en acabarse eran siempre las cintas de empaque, ya que creían que poniéndola en los bordes de las ventanas el supuesto gas venenoso sería detenido. Luego de  responder a las preguntas del mesero cambiamos de roles y logré sonsacarle quiénes eran las niñas de los concursos. Ah, esos concursos son muy populares por estos lugares. Los padres son los organizadores de los eventos. Los premios no son muy altos pero, dada la frecuencia con que se realizan los concursos, las ganancias anuales pueden ser muy jugosas. La gran final se lleva a cabo en diciembre, en Las Vegas. Para ellos tren es el mejor medio de transporte, pues les permite establecer relaciones con otras concursantes y descansar en cualquier pueblo, según lo deseen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta modalidad de vida, que parecía más bien itinerario de gitanos, estaba directamente asociada a la prostitución infantil, pues en los concursos, muchas veces se debía firmar contratos de publicidad que exigían sesiones de fotos de las niñas, las mismas que luego serían exhibidas en páginas pornográficas del internet. Sin embargo, ese no era el problema, ya que dichas transacciones estaban apoyadas por la ley. La pieza que me faltaba para completar el cuadro era una foto de la niña desaparecida. Pero antes era necesario establecer vínculos con ellos. Luego de conversar con el mesero, éste me indicó en qué lugar podía encontrar a los organizadores. Y hacia ellos fui.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me presenté como en ocasiones anteriores, diciéndoles estar interesado en su trabajo, pues en México queríamos reproducir sus concursos, obviamente, pagando los derechos de propiedad intelectual. Les dije también que, más aún, habría buenas posibilidades de organizar uno de carácter binacional y luego de las tres Américas. Vi cómo los ojos de los organizadores se fueron agrandando para responder entusiastamente. Me pidieron que me sentara con ellos, me invitaron luego al bar, me ofrecieron un fino cigarro de Cuba y abrieron una botella de champagne y otra de burbón. A los pocos minutos ya tenía una idea precisa de cuántos iban en el tren y en qué pueblos se detendrían. También logré que me contaran sobre la parte más oscura del negocio, la que tenía que ver con secuestro y prostitución infantil.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, ya en Minessota, recibí un sobre de la Maestra. Al abrirlo encontré la foto de la niña desaparecida. Volví a reunirme con los organizadores y obtuve detalles de la infraestructura que requerían en la organización, así como una lista de contactos. Esta vez, además, los convencí para que me dejaran entrar a uno de los ensayos del desfile en un vagón que habían adecuado para dicho efecto. Así, nos dirigimos a los compartimentos en donde ellas y sus padres se encontraban. Vi a la niñas. Eran muñequitas vestidas perversamente, por el maquillaje lucían casi repugnantes, como mujeres en miniatura, con faldas cortas de colores llamativos, tacos altos, pelo rubio, cejas, boca y pestañas pintadas. No eran niñas ya sino indefensos seres vapuleados por unos cuantos dólares. En sus rostros se reflejaba el desaforado afán de enriquecimiento rápido de los padres, así como los deseados quince minutos  de fama en la televisión. Tuve que esforzarme mucho para descubrir si entre ellas se encontraba la niña de la foto. Por suerte allí estaba. Hablé cortésmente con sus padres quienes se mostraron muy solícitos conmigo, quizá demasiado para la ocasión. La niña no hablaba, simplemente decía sí o no con la cabeza. Al día siguiente, al bajarse en Wisconsin, intercambiamos tarjetas de presentación y quedamos en que nos veríamos en diciembre en Las Vegas y que, desde Nueva York, iría posiblemente acompañado de otros empresarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como me lo había imaginado, la Maestra se comunicó nuevamente por teléfono. A su pregunta contesté afirmativo. Con eso era suficiente. Estaba claro que les estaban siguiendo la pista y sólo necesitaban una confirmación in situ del secuestro. Uno de mis trabajos estaba terminado, faltaba el de los estudiantes. Como la clave dada era muy general me aseguré de tener una idea clara de quiénes parecían sospechosos, en qué partes estaban y qué acceso tendrían a los vagones de carga, servicios higiénicos, sistema de aire acondicionado o cuarto de maquinarias. Para mi sorpresa, no había grupo o pareja que reuniera condiciones que levantaran mis sospechas, aunque sí alguno que otro cromo difícil. Como es notorio, en casos similares, sabuesos como yo siempre ponen a funcionar el sexto sentido, y eso mismo fue lo que hice. Presto me di cuenta que se abría la posibilidad de que no se tratara de una persona sino de un  pequeño grupo, posiblemente organizado e incisivo, que entraría a funcionar a una hora concreta. La confirmación de mis sospechas se dió cuando logré entrar al cuarto de control de tickets y equipaje y leer en las tarjetas que tres de ellos se habían embarcado en tres distintos puntos pero de manera seguida, y ocupado la partes cercanas a los baños y el sistema de ventilación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba claro que lo que pensaban hacer ocurriría en el tren. No había posibilidad de que lo secuestraran, pues eran sólo tres, estaba seguro de eso. Tampoco tendrían interés en provocar un accidente en las vías, ya que era imposible tener acceso a las selladas áreas de conducción. Sólo quedaba la posibilidad de que trataran de regar algún virus por el sistema de ventilación, o en las cisternas de agua. Como este caso requería no sólo de extremo cuidado sino también de una fuerte convicción o radical fanatismo religioso, temí verme en desventaja y poner en peligro a los pasajeros. O, en caso de que mi mente simplemente hubiera visto espejismos, hacer el ridículo frente a todos. ¿Cuándo y cómo actuar? Esas eran las preguntas.  Al final, poco importaba lo que pensaran de mí, pues en ese tren nadie me conocía. Pero no estaba tampoco como dar explicaciones a los policías, los mismos que, en caso de haber me equivocado, me tomarían a mí por sospechoso y no a los terroristas. Debía encontrar una prueba más segura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay veces en que no hay que jugarse el todo por el todo, al menos si uno quiere salir intacto. Pero de que hay que dar un paso adelante, hay que darlo. Así, casi a la ciega, esperé el momento en que uno de los terroristas hiciera un movimiento en falso para atacar. Me puse en el vagón que estaba más cerca de la maquinaria principal. Desde allí se controlaba tanto el sistema de ventilación como el servicio de agua y luz. Había descartado la cocina porque no era realmente un punto de ataque. Sentado, como si leyera un libro o mirara distraídamente el paisaje, noté que uno de los terroristas se acercó al baño. Llevaba en su mano una maleta pequeña. Luego de que entró al baño entré yo. Se sorprendió al verme y quiso reaccionar, pero ya era muy tarde. Como no estaba para piruetas ni peleitas cojudas, le di un golpe en la tráquea y cayó al suelo ahogándose. Puse el maletín a un lado y esperé por los otros. Lleg ó el segundo. Lo dejé entrar al baño. Al ver a su cómplice en el suelo quiso reaccionar pero ya era tarde: una patada en los güevos y un golpe en la nuca fueron suficiente para mandarlo a soñar con pajaritos. Al tercero no lo esperé, fui a su encuentro, pues el baño no era buen lugar para otro enfrentamiento. Además, la gente había escuchado un forcejeo y empezaba a incomodarse. El tercero entendió que algo ocurría y se lanzó hacia mí. Esquivé su golpe, le agarré el brazo derecho y se lo partí a la altura del codo (Lector, esto no fue nada difícil para mí, dada mi preparación marcial -de la cual no hago gala porque eso no es cosa de hombres- pero te aconsejo que no trates de hacer lo mismo sin asesoramiento de tu instructor, o del mío, el callado Maestro Wu). Como la adrenalina hace que uno no sienta los golpes y se crea my bacán, no me quedó más que suavizar al tercero a punta de patadas hasta romperle un  par de costillas y también doblarle el tobillo para que no pudiera caminar. Ahora sí, la gente empezó a gritar. Alguien quiso meterse en la pelea en son de héroe, pero les dije a todos que se calmaran, que todo estaba bajo control y que fueran a avisar a los agentes de seguridad del tren. Y así lo hicieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren se detuvo poco antes de llegar a Chicago. Vinieron los guardias. Sin entrar en detalles les expliqué lo que había sospechado y les entregué el maletín, el mismo que contenía unas pequeñas dosis de veneno que iban a ser depositadas en la cisterna. También encontraron un polvo que parecía antrax. Nos detuvieron e interrogaron a todos. Hice las declaraciones respectivas y les dije que, camino a Nueva York en mi gira de negocios, había notado la presencia sospechosa de los terroristas y que no tuve tiempo de avisar a las autoridades. No sé si los convencí del todo, pero sí les gustó mucho mi “decidida cooperación ciudadana”, como la llamaron, a más de una llamadita telefónica desde arriba para que no me hicieran más preguntas. La televisión local se había enterado del caso y todo el mundo estaba sobre aviso. Como un favor especial le pedí a la policía y a los federales que me permitieran escabullirme  de la prensa, pues recordaba que por culpa y maniobra de Carecamiónchocado había tenido que dejar Guayaquil. Ellos me dijeron que lo entendían y, como forma de agradecimiento, me dejaron volver al tren sin contratiempos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los medios de comunicación, implacables cuando el silencio oficial reina, tratarían de localizarme por su cuenta, pues la historia tenía todos los visos de folklorismo de guerra y auguraba el aumento de la sintonía. Pero algo gracioso ocurrió.  A los agentes se les ocurrió fabricar la historia y la identidad de los involucrados, resaltando que todo salió bien gracias a la decidida participación de los pasajeros del tren, quienes, al notar que los terroristas hablaban árabe (cosa que no me consta) y llevaban largas barbas (lo cual tampoco fue así) y una maleta llena de explosivos, se juntaron para atacarlos exitosamente. Siempre me he dicho que entre las peores cosas que tiene un hombre está la vanidad, el afán de convertirse en centro de atracción, pues eso demuestra debilidad de carácter, inseguridad personal y poca varonilidad o, simplemente, falta de güevas, como dirían en el barrio. Así, me quedé frío. Un hombre  duro hace las cosas callada y eficazmente, nada de grititos ni berrinches, como hacen los imbéciles jefes de empresas en Guayaquil, esos aniñaditos al  güevo. Lo que menos le interesa a un hombre hecho y derecho es el reconocimiento público. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estúpidos terroristas, creen que matando gente van a llegar rápido a Dios. Débiles mentales que se dejan lavar el cerebro con plegarias y amenazas, eso es lo que eran en el fondo. El fanatismo religioso es una de las peores y más violentas lacras del nuevo milenio. Hay que ser imbécil, estar mal de la cabeza o tener profundos traumas para transformarse en terrorista. En Ecuador ya me había familiarizado con las excusas que daban estos criminales: la libertad, Dios, la igualdad, las “amenazas externas”, el imperialismo yanqui y no sé qué estúpida teoría de la predestinación. Había visto de cerca cómo el terrorismo, la violencia y la corrupción habían destruido Colombia y Perú. Destrucción total e irrecuperable, valga el acote. En medio de las polémicas de los millonarios y burócratas que se repartían el mundo y sus riquezas, me daba cuenta que sólo quedaban los indefensos y  los pobres, más pobres e  indefensos que antes, más en la mierda que antes. Yo no tenía ningún amor patriótico, ninguna ideología política, tampoco tenía necesidad de volver mi vida “emocionante”, pues con los problemas del desempleo tenía suficiente razón para trabajar de lo que fuera en cualquier parte. Con tristeza o estoicismo debía aceptar que la vida me había llevado por varios caminos. Pero en todo este viaje, me daba cuenta, también de que por lo menos algo tenía que sostener como principio de vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese algo era tratar de hacer el bien. Así de simple, sin entrar en análisis interminables. Verme metido en el tren, lidiando con el peligro en una tierra que no era la mía, ya no importaba. Mi tierra es la tierra en donde respiro, mi país es el presente, mi nacionalidad es el momento en el que vivo o muero. Así de sencillo, cavilaba yo mientras el tren dejaba la ciudad de los vientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de varias horas de bordear el Mississippi y de transcurrir en el anonimato de la noche, por fin llegué a la ciudad de los rascacielos. Llegado a Nueva York, en un puesto de revistas de Penn Station, escuché con gusto la voz de Willie Colón que cantaba Nueva York, paisaje de cielo/ mágica ciudadela de sueños dorados/ capital de desiluciones/ No sé cómo ni por que me lleva embrujado/ por las noches hasta sueño con Nueva York. Al salir, caminando por la Avenida 8va, llegué a la calle 39. Allí encontré un hotel pequeño, feo pero discreto. Abrí por enésima vez mi correo electrónico y encontré un mensaje que decía felicitaciones, ahora busca remedios para el insomnio en la Botica Tia Delcha (Alto Manhattan). La Maestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/tLjy46C153A&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/tLjy46C153A&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-3654128519382344952?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3654128519382344952'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3654128519382344952'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/03/stormy-weather-en-chicago.html' title='Stormy Weather en Chicago'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-3935430588739111465</id><published>2008-03-28T09:53:00.000-07:00</published><updated>2008-03-28T10:00:22.294-07:00</updated><title type='text'>El que se fue no hace falta</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/T3ZoEmoNM1c&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/T3ZoEmoNM1c&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de retirar el vehículo y encontrar un apartamento en Eugene di un recorrido de reconocimiento. Varias cosas me sorprendieron. La primera de ellas fue encontrar un par de comunidades hippies en los alrededores de la ciudad. Me llamaron la atención también las fiestas en el mercado artesanal, lugar en el que todos se congregaban cada sábado, en medio de tambores, incienso, y alguna que otra tamuguita, mientras las bellas y voluptuosas jovenzuelas danzaban simulando ser coreógrafas de Las mil y una noches. Eugene tenía algunos bares con exquisita cerveza a buen precio. Por suerte, el dinero en mi bolsillo me permitía darme esos y otros lujitos. Me sorprendió ver lo popular que era andar en bicicleta, la informalidad de sus habitantes y el activismo de las lésbicas damas en las decisiones que tomaba la Municipalidad. Pero toda moneda tiene su cara desconocida, así como todo gran amor también esconde una traición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana de sábado, de esas frescas y soleadas, mientras desayunaba en el café Roma, tomé el periódico local y leí lo acontecido en Springfield, un pueblo a sólo cinco minutos de Eugene. Contaban que una muchacha drogadicta había robado y consumido una alta de cantidad de cocaína y que el distribuidor le había dado un ultimatum: o pagaba o la mataba. Ella, asustada por la amenaza, le había confesado todo a su padre. Este ideó un plan y le dio las instrucciones a la chica para que citara al gusano en un restaurante y cancelar la cuenta. Cuando se encontraron, súbitamente, el padre de la muchacha apareció en el local y le descerrajó un par de tiros, en medio de la sorpresa de los comensales, matando al gusano instantáneamente. Luego envió a su hija de regreso a casa y fue directo a la estación de policía a contar lo sucedido y entregarse. Decía el periódico que el juicio se había hecho rápido: e l padre había sido absuelto por el jurado argumentando defensa propia. Luego, él y su familia abandonaron Oregon para radicarse en otro estado. En los pocos días que llevaba estaba claro lo que era Springfield: un pueblo económicamente deprimido, habitado por gente pobre y de  poca educación, de esa que tristemente llaman basura blanca o white trash, como se dice en inglés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A más de la noticia del diario, la cual contrastaba notablemente con la tranquila mañana que transcurría en Eugene, y de mi delicioso desayuno, pude leer unos pequeños anuncios afichados en la pared del Roma. Uno de ellos me llamó la atención, pues ofrecía los servicios de una traductora simultánea inglés-español. Como mi inglés aún no estaba muy por lo alto que se dijera, y siendo nuevo en el pueblo, lo mejor era tener a alguien que me facilitara mi trabajo y me sirviera de cobertura. Me acerqué al mostrador y le pedí a uno de los empleados, mexicano también, que me facilitara el teléfono. Llamé y desde el otro extremo se oyó una voz que me dijo que muy bien y que nos veríamos al día siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las pocas semanas, y gracias a la ayuda de la traductora contratada, me entrevisté con el presidente de la Cámara de la Madera. Este, muy interesado en mi deseo por comprar madera de Oregon, me dio suficiente información sobre el área y los comerciantes. Pronto descubrí que algunas zonas del bosque en venta eran objeto de protestas de los ecologistas,  quienes argumentaban que se trataba de bosques históricos irrecuperables. Según los madereros, ellos sólo querían vender la madera caída, es decir, las ramas y troncos viejos, en vez de dejar que se pudrieran en la tierra. Según los ecologistas y algunos profesores de la Universidad de Oregon, esos deshechos eran vitales para la reconstitución orgánica del suelo y formaba parte del ciclo natural de vida del bosque. Me dijo el presidente de la Cámara que la pugna muchas veces llegaba a serios y violentos enfrentamientos entre los dos bandos y que la policía a veces se exced ía en la manera de contener a los ecologistas, los cuales, dicho sea de paso, eran los mismos que bailaban semidesnudos en el mercado artesanal del sábado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo, y gracias a mi traductora y secretaria, la discreta y voluptuosa Marla Thompson, conocí a  empresarios que pertenecían a la Oregon Citizens Alliance. Había descubierto también que esta organización tenía entre sus objetivos erradicar a las comunidades hippies y a los ecologistas del área, además de desarrollar una propaganda televisada para desprestigiar a las bien organizadas lesbianas, pues, según ellos, eran un mal ejemplo la niñez, la juventud y, sobre todo, para las muchachas de Springfield, madres del futuro y vehículos del sueño americano. La OCA había elaborado un plan bastante detallado de actividades que incluía visitar escuelas, dar entrevistas a los medios de comunicación, participar en debates, organizar marchas de protestas (o anti-marchas) y poner sus propios candidatos en las elecciones que se avecinaban. Gracias a las labores de Marla Thompson, había logrado que me invitaran a una de sus  reuniones, dada mi calidad de hombre de negocios hispano que venía de un país católico y  conservador, en donde la familia era el centro de la sociedad, según sus palabras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Marla participamos en las reuniones y ella me aclaró algún aspecto de lo que se discutía. Frecuenté también a varios miembros de la alta jerarquía del OCA, entre ellos un hispano y un afro-americano, quienes, si bien es cierto no tenían la vehemencia de los demás, mostraban su claro desacuerdo con lo que hacían públicamente las lésbicas habitantes de Eugene. ¿Y qué mismo era lo que hacían? Eso, me dijo mi traductora, es fácil averiguar, podemos hacerlo esta noche si quieres. Y así lo hicimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche Marla llegó a mi departamento vestida con un pantalón ajustado y, la plena, se la veía riquísima. Fuimos a una discoteca llamada Perry’s. Cuando entramos nos quedaron mirando, poco convencidos de que éramos una pareja gay y, más bien, preguntándose qué mismo queríamos. Luego de unas miradas de desconfianza nos dejaron entrar. Ya en el sótano, pues allí quedaba la discoteca,  mientras sonaban canciones de música tecno y hip-hop, pude entender a lo que se referían. El mundo gay era, básicamente, gente del mismo sexo que se besaba y abrazaba mientras jugaban a hacer el amor en la pista de baile. Claro, esto era suficiente motivo de espanto en la secta de la homofobia. El odio del OCA hacia ellas se justificaba en el hecho de que las lesbianas practicaban el arte de hacer sufrir gracias a instrumentos de tortura, como cadenas, manoplas, máscaras, látigos y otros aditamentos de la cultura del sado- masoquismo, de elevado protagonismo durante los encuentros sexuales. Pero en Perry’s todo era un juego. En la mesa, mientras mi traductora y yo hacíamos un reconocimiento del terreno, noté con claridad el letrero que decía Se Prohibe la Conducta Heterosexual. Traducido: nada de besitos de hombres a mujeres. Fui al baño y, mientras hacía pipi, noté con sorpresa una pared llena de fotos y afiches de hombres desnudos con kilométricas morrongas. El sexo gay se promocionaba en todos los rincones de la discoteca. Después de sapear y darnos una rumbeadita, poco antes del cierre, optamos por retirarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche estaba fresca. Te llevo a tu departamento, me dijo Marla. Había notado ya su figura espléndida pero nunca habíamos hablado de nada que no fuera lo estrictamente profesional. La invité a tomar un vino y salimos al patio a echarnos sobre el césped mientras mirábamos las estrellas y nos cobijábamos con una manta. Hablamos de varias cosas y sentí que, por primera vez en mucho tiempo, decía y escuchaba cosas que realmente me importaban. No me preocupaba ser detective, agente infiltrado, espía, soplón, ni conocer la identidad secreta de los otros. En ese momento, con Marla al lado, me interesaba saber quién era yo en el fondo pero también quién era la mujer que conmigo miraba las estrellas. Y así siguió la noche. Al entrar fui a mi cuarto y me acosté en silencio. Marla se sentó a mi lado, extendí mi mano para tocar su mano y ella se inclinó a besarme. Nos acariciamos, tocamos nuestros cuerpos, nos besamos  con desbordante deseo y casi con familiaridad, e hicimos el amor muchas veces, por muchas horas, con furor y ternura, y éramos mutuamente insaciables y era el amor y no sólo el sexo lo que nos llevaba en vilo. Besé su cuerpo en cada parte, lamí su cuerpo en cada parte y mordí su cuerpo en cada parte y ella bebió todo de mí. A su casa entré como a mi casa y en su casa me hospedé toda la noche, y también al día siguiente y todos los días restantes que viví en esa ciudad mágica del Pacífico norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marla Thompson era el suspendido amor. El amor sin dudas, la visita del ya olvidado viejo amor. ¿Cuánto importa la vida, el trabajo y las tareas cuando aparece el amor? ¿Era en el fondo sólo un perdido e inevitable romántico? Toda pregunta desaparecía cuando estaba con ella y todo era secundario. Cómo gasto papeles recordándote/ cómo me haces hablar en el silencio/ Cómo no te me quitas de las ganas/ y aunque nadie me ve nunca contigo/ y como pasa el tiempo/ que de pronto son años/ sin pasar tú por mí detenida/ Te doy una canción cuando apareces el misterio del amor/ Y si no lo apareces no me importa/ Yo te doy una canción. En Eugene había un río pequeño y correntoso, como el río que cruza mi querida Cuenca, la ciudad de la serranía ecuatoriana. Este río era el Willamette y también el Machángara. Desde uno de sus puentes se podía apreciar las verdes montañas que formaban un paisaje de calendario. Veía correr el agua fluyendo quién sabe desde qué alturas con rumbo al Pacífico, el mismo océano que, miles de millas al sur, besaba otra ciudad. Yo era ese océano besando su piel y ella mi ciudad. Era un día de sol y estaba tranquilo y lo viví plenamente. Por un segundo pude olvidar la vida que llevaba y en lo que me había metido. En ese mismo segundo olvidé también que me estaba enamorando de Marla como un adolescente. ¿Quién era ella? ¿Cuáles eran sus cicatrices? ¿Hasta cuándo me querría y qué era lo que entendía por amor? No iba a contestarlo en ese momento. Quería sólo la paz de las aguas del río que van ciegas y sin detenerse sobre las piedras, la paz de tu sonrisa mi sueños realiza/ y te beso felíz. Pero tenía que seguir en mis investigaciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente de los madereros de Oregon me había invitado expresamente a una reunión reservada para tratar asuntos de negocio. Fui acompañado de Marla, a pesar de la renuencia de los demás asistentes, pues no la consideraban de mucha confianza. Nos habían reunido para mostrarnos un video contra las lesbianas que saldría en una de las cadenas nacionales de televisión. Lo que vimos fue escandaloso, provocador y malintencionado. Mostraban imágenes de homosexuales en el Desfile del Orgullo Gay en San Francisco y Nueva York, también imágenes de sesiones sadomasoquistas glosadas con leyendas como “¿Quieres esto para tus hijas?” o “¿Vas a permitir la destrucción de Estados Unidos?” En una parte del video superponían imágenes de los desfiles con fotografías de los líderes ecologistas para sugerir un paralelismo entre ambos grupos. Terminada la proyección, los asistentes aplaudieron. Uno de ellos hizo un virulento  ataque contra el tercer y el cuarto sexos, matizado con mensajes contra la posible invasión de inmigrantes mexicanos, chinos y centroamericanos. También acusó a los judíos porque habían matado a Cristo y a los árabes por ser enviados de Osama Bin Laden, fustigó a los negros porque eran vagos y había que mandarlos de regreso a Africa. Todo lo cual creó entusiasmo y aplauso en algunos, aunque también miradas de censura en otros. Para mí, estaba claro que después de los homosexuales atacarían a negros, judíos e inmigrantes en general. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la salida de la reunión y después de un largo silencio, Marla me preguntó por qué me habían invitado y hasta dónde estaba metido en política. Le dije casi sin importancia que, a lo mejor, ellos querían hacerme partícipe de su plataforma, pues era obvio que necesitaban apoyo. Añadí que la política no me importaba, pero que en el mundo de los negocios uno debe dominar todos los terrenos y asistir a ese tipo de eventos. Después de la campaña iniciada por el terrorismo internacional, todos sospechábamos de todos. Así, con la noche a cuestas, volvimos a hacer el amor, dormir juntos y olvidarnos del resto del mundo. Yo seré también tu madre, le dije, mientras acariciaba y besaba su rostro, porque una mujer busca en un hombre también el cariño materno. ¿Cuánto tiempo más duraría esto? ¿Cuál era el límite de la vida que llevábamos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/A_0S9TSvi_s&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/A_0S9TSvi_s&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas no se habrían complicado tanto de no haber tenido que dejar Eugene. Los tres meses ya habían pasado. Ingratitud del destino o suerte del tiempo, recibí una llamada de un representante de los madereros que me dijo que necesitaba hablar conmigo urgente. Fui a verlo y me informó que tenían problemas en verificar mis datos financieros y que, además, no era posible establecer contacto con mi asociación en México. Que no se preocupara, le dije, que me encargaría de eso, aunque era mentira, pues no tenía la menor idea de cómo contactar a nadie, situación que me hizo pensar me habían abandonado a la maldita sea. El único contacto posible con la Maestra era a través del Western Union, pues ellos sabían cuándo y dónde depositaban dinero para mí. El maderero me dijo también que quería que me reuniera con ellos nuevamente, pero que de manera más reservada. Por supuesto, le dije, fingiendo estar mu y interesado en apoyarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de la reunión le dejé una nota a Marla diciéndole que regresaría tarde y que no me esperara despierta. Llegué y había cinco personas, entre ellos estaba el que había dado la arenga anti-lésbica semanas atrás. Nos saludamos y sentamos alrededor de una mesa. Fue en ese momento que me di cuenta que todo estaba ya decidido. Mencionaron algunas conexiones que la OCA tenía con otros grupos en Estados Unidos e insistieron en que era fundamental captar un buen número de votantes en las elecciones. Hablaron de candidatos, dieron nombres de líderes locales y otros que no conocía, y de nuevos afiliados a la OCA. También se discutió la posibilidad de invitar a candidatos republicanos, demócratas e independientes, que simpatizaran con los ideales de la OCA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresé Marla me esperaba con la luz encendida. Yo no quería discutir pero ella sí. Preguntó con violencia  en qué mismo estaba metido y qué papel jugaba ella en todo esto, que ella tenía un futuro profesional que no estaba dispuesta a perder por verse envuelta en algún escándalo, y que si de veras la quería y respetaba como había dicho, yo tenía la obligación de ser sincero con ella. Hacia mis adentros, yo me decía que el amor se me estaba yendo de las manos y este trabajo también, pero que algo debía aprender de las batallas anteriores. Con silencio calmo respondí a algunas de sus preguntas mientras ella se agitaba más y se enfurecía gritando que le estaba ocultando cosas, y que quién mismo era y que estaba jugando con ella. Ante semejante ataque palabrístico y emocional, y siguiendo mi instinto machuchil, el mismo que les cuesta a las féminas aceptar porque hombre y mujer funcionamos de manera diferente, opté por el silencio, mientras ella se empeñaba hablar más del asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos días que estuve en Eugene sentí y resistí el peso del destino y de mis propias decisiones. Fui a las reuniones de la OCA y escuché nuevamente preguntas sobre mis contactos financieros en México. Al mismo tiempo, Marla se había vuelto frágil, llorosa. Me había llegado al corazón y verla así me partía el alma. Hablaba menos que antes y fraguaba en su alma un rencor de esos que cuando afloran salen con lodo y fuego. Por el correo me llegó un sobre. Era de la Maestra pidiendo un informe detallado de todo lo que tuviera que ver con la OCA, incluía también la dirección a la cual lo tenía que mandar. Decía, además, que cancelara todo lo que debiera porque a fin de mes tendría que tomar el tren a Nueva York. Por primera vez mi trabajo se me había vuelto un obstáculo, sobre todo porque había involucrado a una mujer que no sabía nada de mí ni de mis cosas, una mujer enamorada de un hombre  que no conocía, un hombre sin pasado, borrado del mapa. El amor de Marla había comenzado a tirar raíces en mí, estaba claro. Y, como nunca deja de ocurrir en estas ocasiones, la cosa se complicó aún más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, ella me pidió que me sentara a su lado, que tenía algo que decirme: estaba embarazada y había decidido tener un aborto. Cuando me lo dijo me quedé de piedra pero reaccioné y repliqué que la apoyaría en su decisión. Por segunda vez sentía el deseo de ser padre y por segunda vez pensaba en mi vida, sobre todo en hacia dónde iba. Ella lloró diciéndome que no la pusiera a elegir entre tener un hijo o trabajar en su profesión. Mientras trataba de consolarla sentía que en mi interior una luz se iba apagando poco a poco y aparecía un temor remoto que venía de lejos y era muy triste y muy fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del aborto, los días finales en Eugene ocurrieron con brutalidad, como si salieran del odio de Dios, combinados con momentos de silenciosa tensión. Escribí el informe a la Maestra y lo envié a la dirección solicitada. Dije a los madereros que tenía que regresar a México para ordenar las finanzas de la compañía, pues el gobierno las había intervenido. Así, un día salí en tren hacia Nueva York. Con Marla se quedaba mi amor y mi frustración, su juventud y mi incredulidad, ocultándose detrás de la máscara del trabajo. Te escribiré cuando llegue, fue lo último que le dije, mientras ella me daba un beso y partía callada de la estación. Una fina capa de niebla se confundía con la garúa. Llevaba el corazón sangrante en la mano y en silencio acepté el adiós irremediable junto a un complejo de culpa que me resultaba extraño e inmerecido. ¿Cuántas parejas no habían vivido esa experiencia, cuántas más no la vivirían nuevamente? Dejé Eugene rumbo a Portland. Ahí, mientras esperaba el tren a Nueva York, vi con sorpresa en la televisión nacional que en el sur del estado de Mississipi habían arrestado a un alto miembro del Klu-Klux-Klan y del White Supremacy, acusado de haber matado a cinco negros en los años sesenta. El hombre que llevaban en esposas era el mismo que había dado la arenga en la primera reunión de la OCA a la que asistí, el mismo que había detallado los siguientes pasos. Era hora de partir.  El frío invierno del norte estaba por llegar y una vieja herida se abría nuevamente en mi alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/UxS2m2jq27s&amp;hl=en"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/UxS2m2jq27s&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6158761294140952732-3935430588739111465?l=cholocepeda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3935430588739111465'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6158761294140952732/posts/default/3935430588739111465'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cholocepeda.blogspot.com/2008/03/el-que-se-fue-no-hace-falta.html' title='El que se fue no hace falta'/><author><name>Fernando Iturburu</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01094585789641324773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6158761294140952732.post-7395250888244962824</id><published>2008-03-21T08:16:00.000-07:00</published><updated>2008-03-21T08:19:14.598-07:00</updated><title type='text'>If you’re going to San Francisco</title><content type='html'>Llegó el otoño a Arizona y por un tiempo me mantuvieron incomunicado. No supe nada más de nadie. Había dejado el Golden Dream y encontrado un departamento pequeño, de esos que uno paga semana a semana, pues tenía que estar listo para levantar anclas en cualquier momento. Estaba nuevamente solo bajo el inmenso cielo y me sentía tranquilo. Tomaba clases intensivas de inglés y me defendía sin problema. A veces recordaba el barrio y los amigos de siempre, que son la otra familia que uno solito eligió y llegó a querer. Con las semanas el poeta dejó de mandarme sus crónicas y ya tampoco me pedía mi opinión. Era como si estuviera escribiendo para el viento o para sí mismo. Después de mucho de no saber nada de nadie, me llegó un mensaje firmado por la Maestra, con las indicaciones que, ustedes y yo, panas lectoriles, compartiremos nuevamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Phoenix tenía que viajar a San Francisco y de allí a Eugene, una pequeña ciudad del estado de Oregon, arriba de California. Pero antes debía ir a Flagstaff, pueblo hippie de Arizona, y rastrear sus conexiones culturales y comerciales con Eugene. En Flagstaff se había iniciado el problema que nos ocupará en estas páginas. Viajar a dicho pueblo era también un alivio que me caía al dedillo, pues tendría la oportunidad de conocer el Cañón del Colorado y tomarme una vacacioncita, cosa que, aunque no sea común en otros detectives, a mí sí me hacía falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de cuatro horas de viaje desde Phoenix llegué a  Flagstaff. El pueblo invitaba a celebrar la buena cocina, la informalidad de sus transeúntes. La música y alguno que otro espectáculo artístico eran su cara de presentación. La atmósfera era propia de esos bellos pueblitos escondidos en la geografía de Estados Unidos y de los que no tenemos ni puta idea porque no aparece en postales ni en la televisión. Era uno de los últimos reductos de hippies y ecologistas quienes, entre alguno que otro pito de mafafa, se sacaban la cresta defendiendo la tala de árboles. El pueblo era limpio, pequeño, de temperatura agradable. Por primera vez veía casas con las puertas abiertas y gente sentada sobre la hierba, jugando o leyendo un libro, o simplemente tirada al sol. Encontré un hotel barato y agradable y, sin pensarlo dos veces, me alisté en el siguiente tour al Cañón del Colorado. Miren cómo han dejado este bosque, no s dijo con tristeza y molestia el guía, mientras sonaban canciones de David Grey y veíamos hectáreas de terreno vacías y malgastadas. Llegados al Cañón, siguiendo una vieja costumbre que nos explicaron, nos tomamos de la mano en grupo, cerramos los ojos y caminamos hacia el borde de la majestuosa geografía. Al abrirlos el impacto fue tan grande que me hizo enmudecer y poner la carne de gallina. Era como si Dios hubiera caminado por la inmensa grieta mientras la tierra se iba abriendo a su paso. La hendidura se perdía en el horizonte y las plataformas de rocas cambiaban de color mostrando las edades en las que se habían formado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos un sendero estrecho y bajamos en hilera por varias horas. Al llegar al final del primer trayecto observé maravillado cuán diminuto éramos todos en esta tierra. Un zopilote, diminuto también, allá abajo, volaba su propiedad en círculos mientras el sol lo abrazaba todo. No es importante detallar lo  que pensé o sentí, sólo afirmar que allí se fundían belleza, misterio y temor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regreso a Flagstaff pasamos por unas reservaciones indígenas. Constaté con secreta alegría que esos indios eran también como mi gente, y que, a fin de cuentas, podía ser tan mexicano, tan navajo, tan huaorani como huancavilca. Imaginé también que el esplendoroso desierto Mojave sería acaso como el temible desierto de Palmira, en las alturas andinas, más allá de mi querido Alausí, justo antes de llegar Riobamba. Y con tristeza confirmé que los árboles sicamores de Arizona estaban extinguiéndose como el manglar y los tamarindos de la costa ecuatorial, porque en todo el mundo la ambición y destrucción humana se había impuesto junto a la ceguera y la intolerancia. Y vi también que el pelo de las mujeres era el mismo en todos los lugares en los que había vivido e iguales sus hijos y sus sonrisas. Era el fin de la tarde y estábamos de regreso a Flagstaff. A la par que el sol se ocultaba, soplaba un viento terrible que metía polvo, arena y silencio por todos los costados, como en una vieja escena de película de vaqueros. Por un corto tiempo pude ver el Cañón del Colorado y eso fue suficiente para saber que era afortunado al haber conocido el lado natural del gran país del norte, el hermano mayor que odiamos y queremos, rechazamos y envidiamos. Pero, ya que este libro no pretende ser guía turística ni vaina por estilo, y hay que narrar lo que aconteció luego, simplemente hagámoslo a la voz del claro y firme mandato de: ¡Avanza!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, casi con la primera luz de la mañana, hice las pesquisas sobre las organizaciones de ecologistas y madereros en pugna y pude regresar a Phoenix con la satisfacción de haber terminado un trabajo. Con esos datos podía empezar mi nueva misión, la misma que me llevaría a San Francisco, escenario de las mejores aventuras detectivescas. Con las medidas de seguridad que se habían instalado en los aeropuertos y las interminables y el necesario pero imprudente acoso al pasajero era preferible mantener un perfil bajo. Fiel a mi vieja costumbre ecuatoriana, resolví, aunque erróneamente, viajar un bus hacia la gran ciudad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Phoenix salí hacia Los Angeles. Dos cambios de buses, calor insoportable y, para abreviar, nuevamente la espalda partida en dos. Había ocasiones en que el bus se detenía y el chofer daba información sobre el paisaje. Yo era un mexicano más, emigrante, operario, mesero, campesino, lo que primero se me ocurriera. Mi nueva nacionalidad era un bono extra, al menos eso creía. Ya me había familiarizado con el mundo mexicano que se evidencia con asombrosa facilidad en Estados Unidos, y había aprendido a preparar sabrosos chilaquiles, quesadillas, muchas variedades de tacos, el mejor mole poblano y, para envidia de todos y tentación de la damita lectora de este pasquín, distintos tipos de ceviches, curtidos en limón, al mejor estilo manaba. (Amigo lector, a las mujeres les gusta que un hombre les cocine de vez en cuando comida sabrosa. Luego de eso tendrás, como diría Walter Mercado mientras se hace con la mano un remolino en el pecho, tendrás digo mucho pero mucho amoooorrrrr. Así que, para empezar, ándate consiguiendo por lo menos el librito de cocina de Yolanda Aroca, la que salía en Canal 4, que con eso ya es bastante).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejamos Los Angeles rumbo al norte y no menciono más esta parte porque, sinceramente, no hubo mucho que ver, salvo una ciudad inmensa y plana que se perdía entre la polución y unas escuálidas y deforestadas montañas. Siguió el autobús por las interminables calles de la angelina ciudad y sus barrios segregados por el vil metal, el origen racial o el color de la piel. Vieja historia ésta, sin duda. Mientras dejábamos la ciudad recordé casi uno a uno los episodios de Columbo, el único detective creíble que había visto de adolescente. Además, permítanme recordárselos sin modestia, mis hazañas y pinta guayaca habían sido comparadas en varias ocasiones con el susodicho, cuya diferencia con mi persona radicaba en que yo no tenía esposa y él sí, aunque nunca apareció en ninguno de los programas. ¿Por qué no harán más series así? ¿Por qué Hollywood producía sólo una montón de po rquerías en donde unas flaquitas fifiriches, con tetas falsas y pelo pintado, eran las musas de los personajes más pendejos que se podía uno imaginar? Gran misterio o gran estupidez, en cualquier caso la razón era una vez más el dinero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a Columbo recordé el último capítulo de Law and Order, donde Robert Goren, el detective loco que se gasta todo su dinero en cachina y nunca burrunguea, termina moliendo a puñete a un millonario quien, camuflado en una sociedad benéfica, vendía los órganos de los mendigos de calle a precio de huevo. También se me vino a la mente el detective de The Shield, un gordito pelado tirado a bacán a la cañona. Si lo pusieran en la vida real, me decía, digamos a media noche en un barrio de Medellín o Lima, a ver qué le quedaba del personajes de televisión. Pajeros, eso eran los productores de Hollywood, diría el casi olvidado vate Iturburu. Inventándose la violencia de las calles sin conocer las calles, hacían películas de narcos sin aceptar que el gran mercado de consumo estaba en el norte. Y no abundo más con estas erudiciones sobre la televisión gringuil que para muestra un  botón. Ya tenía planeado qué hacer al llegar a San Francisco. Primero, descansar del largo viaje. Segundo, esperar nuevas instrucciones. ¡Intrucciones! Já. Cada vez que me escribían me daba la impresión de que sólo les faltaba decir “este mensaje se autodestruirá en cinco segundos”, como en Misión Imposible. Estaba en esas finuras cuando el chofer anunció que habíamos llegado a la Estación Central, en el mero centro del mundo gay, o sea San Francisco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad era preciosa y superaba en belleza a Nueva York y tenía también otra historia. Empotrada en las c
