jueves, 25 de junio de 2009

Oh, barrio. "En tus calles yo crecí/ y allí quisiera morirme" (Ciudadela 9 de Octubre. Guayaquil)

La cita del título sale de una canción de Marvin Santiago (creo, autoría de Tite Curet), ambos boricuas. Pero como trópico es trópico y ya está establecido que "Guayaquil es el último Puerto del Caribe y primero del Infierno", vale la relación (entre negros nos entendemos). Aquí aparece la Avenida 3ra de la Ciudadela 9 de Octubre: a la derecha el colegio Eloy Alfaro (mi colegio) y a la zquierda el Parque de la Madre con la calle 7, bifurcándose en los parterres que llegan hasta la Domingo Comín. En estas calles crecí y, como ocurre con todo hombre de zona popular, en estas calles moriré, cuando llegue la hora.


domingo, 21 de junio de 2009

De por qué vale la pena ser padre

Sólo para que se pongan bravos (o se alegren, según), un par de fotos con mis trumbirungas.



[Aquí, cruzando en el ferry que va desde Plattsburgh, en el norte de NY, a Vermont. Luego nos fuimos más hacia el norte y el cielo estaba tan azul y soleado como en esta foto]


[Esta foto es de antología, pues Fabiola siempre rehúsa a verse retratada de cualquier manera. La pobre, aún no se acostumbra a la pérdida de su estatus de diva. Es de la semana anterior, en el Mall, luego de haber visto la película UP, que no convenció a ninguno de los 3]

lunes, 25 de mayo de 2009

Fabia y yo, antes de su cumpleaños



["Por favor, no molestar". Foto de Fabiola Ayala Poggi]

lunes, 18 de mayo de 2009

De cuando quería ser padre

La primera vez debe haber sido cuando tenía a mis sobrinos Katty y Germán en mis brazos, siendo yo casi niño y luego un adolescente. La segunda vez, sin duda, en Francia, mientras cuidaba a Egon y Romain, a quienes quería como si fueran mis hijos. Yo tenía 24 y ellos 5 y 10 años, pero los quería como si fueran míos (¿en dónde estarán mis muchachos ahora?). La tercera vez ya no tenía a nadie conmigo y fue en Nueva York, en el duro y violento otoño de 1988, cuando llegué por primera vez al norte. En la radio escuché esta canción (Lollipops and Roses) que logré grabar en un viejo cassette y que abría en mí fuertes deseos de participar en el curso de la vida. Hoy vuelve a mí porque Fabia tendrá pronto cuatro años, aunque conmigo, evidentemente, ella venía existiendo desde que yo mismo era un niño, así como parte de nosotros seguirá existiendo en los demás.

LOLLIPOPS AND ROSES


Tell her you care, each time you speak,
Make it her birthday each day of the week,
Bring her nice things, sugar and spice things,
Roses and Lollipops,
And Lollipops and Roses . . .

One day she’ll smile, next day she’ll cry,
Minute to minute, you’ll never know why!
Coax her, pet her, better yet get her,
Roses and Lollipops,
And Lollipops and Roses . . .

We try acting grown up, but as a rule,
We’re all little children, fresh from school . . .

So, carry her books, that’s how it starts,
Fourteen to forty, they’re kids in their hearts . . .
Keep them handy, flowers and candy,
Roses and Lollipops,
And Lollipops and Roses . . .



sábado, 18 de abril de 2009

Los patriotas del sur (libro on line)

Los interesados en bajar/leer uno de mis super éxitos de bodega, "Los patriotas del sur", pueden hacerlo desde la dirección que aparece abajo.

http://es.geocities.com/descargareditorial2009/index_i10.htm

martes, 24 de marzo de 2009

Días de lluvia en Guayaquil

¡La lluvia y el barrio al fin!

El sábado llegué a las 4 y 30 al parque de mi Ciudadela 9 de Octubre. Había varios carros, llovía a cántaros y vi a los patriotas del sur, felices, entre los 40 y los 50 y pico de años jugandp pelota en la calle. Habían organizado una fiesta de barrio sólo porque sí. La Chocota era la del encame, junto a Nina Pacari y la Negra Linda. Días antes, junto al infaltable cholo Cepeda, llenaron sobre con invitaciones y en la cara escribían el nombre del destinatario y en el reverso el apodo (Macario luego criticaba que a Borolas no le decían de esa manera sino Tilín, muchos años antes.

Vi al loco Roberto, a don Chowa, a Omar Aguiar, a mis hermanos los mellizos, sentados, en pantaloneta, bajo una carpa, pero con el agua hasta los tobillos, riendo felices de la lluvia, los chistes y la gente. Vi a cien más que desfilan por mi mente como en una secuencia de película. Hacía tanto que no veíamos la lluvia entre todos, que no jugábamos pelota callejera bajo el agua del invierno que, en ese momento que repetíamos el rito, fuimos nuevamente aquellos jóvenes de los años 70s. En casa de los Tenén habían instalado tres mesas para naquear, los jugadores peleaban porque el equipo ganador había hecho jugar a Raffo que no estaba inscrito, y querían que les quitaran los puntos para no quedar últimos en el campeonato.

Llegó gente de otros barrios de la Ciudadela, pero ya éramos uno solo. Por suerte y para siempre. Nicota me vio y abrió los brazos como crucificado para darme un abrazo, previo al remo de 3 dólares para comprar una botella pipona de aguardiente. Me senté y me reí de todo, del tiempo, los chistes, la lluvia y la noche que caía. Tomamos el carro de Leo y llegamos hasta el Cabo Rojeño donde estaba la otra gallada vieja: Yoyo, Galo, Kaviedes, Camareta, Marino y el Chino. Escuché mis rituales canciones, comí comida criolla y regresé a casa. Me faltaban mis mujeres, solamente. Mis ladies Fabia y Fabiola.

He vuelto al Guayaquil, por dos semanas, por fin al barrio y a la lluvia del trópico.

jueves, 26 de febrero de 2009

De "Rumor de inventario" (fotos de Fabiola Ayala-Poggi)


DIAS DE FAMILIA (2006)

Es noche y mi hija duerme junto a mi esposa
en la blanda y amplia cama
cubiertas por el edredón de cuadros.

La noche es silenciosa y fría
la oscuridad del cuarto quebrada por la tenue luz de una lámpara
la quieta nieve descansa sobre las calles
bajo el resplandor de la luna
frente a mí pasa el irremediable pretérito:
el río de mi infancia y el viento del verano
mi barrio y los que me precedieron
la voz de mi madre llamándome.
Mi madre era una mujer blanca y diminuta
y dentro de ella también vivía un río
mientras de sus labios fluía la tarde
ahora ella duerme en el alma de Fabia Matilde
mi hija, la gota de Dios.

Cuando ella nació su corazón latía débil
su corazón de pan y yerbabuena
y rezamos y suplicamos a Dios por ella
y en ese momento temí a Dios
y pedimos que el regalo no nos fuera arrebatado
y nuestra súplica fue escuchada
ahora todo es como un interminable juego
y ella crece con su sonrisa, agitando sus bracitos extendidos
como si fuera un pequeño helicóptero de fantasía.
Fabia y yo bailamos música de Sinatra antes de dormir
y también tangos y algunos pasillos que cantaba mi viejo
en el teatro Bogotá, al pié del Cerro Santa Ana.

Pasa la noche con el pretérito y con mi padre
con su traje blanco, el bigote corto, bien delineado
y el pelo negro con brillantina.
Mi padre era uno de esos cholos guapos
que sabía llevar una conversación amena
y tomarse una botella de aguardiente para aplacar el trueno
lo veo en un recorte de periódico de los años cincuenta
anunciando hora y fecha de su presentación
trabajaba en una imprenta
jugaba a las cartas y cantaba cada mañana
con la radio a todo volumen
y cometía los errores más monstruosamente humanos.
Ya retirado, al caer la tarde en la Ciudadela 9 de Octubre
salía al parque del barrio
a recordar su juventud con otros viejos
y nosotros decíamos que eran La Sonora Matancera
y Don Rocafuerte era Caíto y Don Carabalí Don Rogelio
y mi viejo era Daniel Santos.

Ahora, el barrio es como un tapiz que tejen los indios
en las calladas montañas de los Andes
un tapiz en el cual se graban escenas diarias.
Allí aparece también nuestro primer paseo en bicicleta
La lista de las mejores canciones de año
El beso inaugural, la primera pelea y las traiciones
Los partidos de índor
La quema de los añoviejos y el llanto de sus viudas
La dictadura militar y el colegio Eloy Alfaro
Las frutas del trópico y el interminable sol de Guayaquil.

El sur era nuestro y aferrados vivíamos a ese tiempo.
Sonaban canciones de Cat Stevens, Serrat y los Inti Illimani
como si sonaran pertardos junto con violines
¿Dónde estará Grace Bustamante
vestida de uniforme escolar
cantando canciones de Claudia e Hilda Murillo?
¿Qué historias seguirá inventando Carlos Medina?
¿Cuántos nuevos crímenes habrán cometido mis amigos?

La noche sigue callada mientras duermen mis mujeres
la lámpara en la sala
sigue encendida y muda en su rincón
Fabiola sueña y se ve sembrando veraneras en el jardín de su casa
mientras Fabia Matilde corre entre las flores
y se dibujan ríos y esteros abriéndose al océano.

Frente a mí transcurre mi pecado
de cuando era joven y confundido
en el tiempo y la geografía del mundo
en un mediodía del cual me quedan sólo anónimas calles de Paris
un paseo en bicicleta en Amsterdam
una tienda de armaduras en Londres
los largos días de Oregon y los bares de la Lima colonial
las rieles del tren antes de llegar al Desierto de Palmira
la interminable lluvia de Guayaquil una noche de febrero
mis alumnos y mis compañeros
la última conversación que tuve con Eduardo López
un domingo por la noche.

Eduardo murió sin tener un hijo, que era lo que más deseaba
era raro que un poeta quisiera tener un hijo
porque los poetas no quieren tener hijos
ni tener tiempo para los hijos que ya tienen
los poetas quieren solamente escribir un gran poema
en vez de preparar una teta o cambiar pañales
“Para eso están las madres o las empleadas”, nos dicen
mientras se sientan a reflexionar sobre los misterios de la poesía
(como si la poesía tuviera misterios)
y en esas confusiones, los poetas terminan creyéndose superiores
porque nadie los entiende
y se ven como Saturno devorando a sus hijos
casi con orgullo porque ahora ya son dioses y poetas
los poetas quieren encontrarse a sí mismos
ser por fin lo que siempre han buscado
pero sin ajustarse cuentas sin verse frente al espejo
hablando de Dios en sus poemas sin creer en Dios
Eduardo López, en cambio, dijo en un verso
“fui vencido por niños sonrientes”
que es un verso que los poetas nunca podrán escribir.
Eduardo en verdad se llevó consigo la sonrisa de esos niños.
En parte, por eso cuestiono la poesía.

Junto a mi esposa, ahora me dedico a Fabia Maltide
la más hermosa flor guayaquileña
“Fragancia de los trigales”
y a todas partes quiero ir con mis mujeres de grandes ojos
ahora yo también podré descansar junto a ellas
sobre la blanda y amplia cama.





(pd: Si les interesa ver más fotos de mi aguerrida esposa, aquí está el enlace: http://www.flickr.com/photos/24796364@N08/)