sábado, 19 de junio de 2010

De "Días de familia" (2006)

DIAS DE FAMILIA (2006)

Es noche y mi hija duerme junto a mi esposa
en la blanda y amplia cama
cubiertas por el edredón de cuadros.

La noche es silenciosa y fría
la oscuridad del cuarto quebrada por la tenue luz de una lámpara
la quieta nieve descansa sobre las calles
bajo el resplandor de la luna
frente a mí pasa el irremediable pretérito:
el río de mi infancia y el viento del verano
mi barrio y los que me precedieron
la voz de mi madre llamándome.
Mi madre era una mujer blanca y diminuta
y dentro de ella también vivía un río
mientras de sus labios fluía la tarde
ahora ella duerme en el alma de Fabia Matilde
mi hija, la gota de Dios.

Cuando ella nació su corazón latía débil
su corazón de pan y yerbabuena
y rezamos y suplicamos a Dios por ella
y en ese momento temí a Dios
y pedimos que el regalo no nos fuera arrebatado
y nuestra súplica fue escuchada
ahora todo es como un interminable juego
y ella crece con su sonrisa, agitando sus bracitos extendidos
como si fuera un pequeño helicóptero de fantasía.
Fabia y yo bailamos música de Sinatra antes de dormir
y también tangos y algunos pasillos que cantaba mi viejo
en el teatro Bogotá, al pié del Cerro Santa Ana.

Pasa la noche con el pretérito y con mi padre
con su traje blanco, el bigote corto, bien delineado
y el pelo negro con brillantina.
Mi padre era uno de esos cholos guapos
que sabía llevar una conversación amena
y tomarse una botella de aguardiente para aplacar el trueno
lo veo en un recorte de periódico de los años cincuenta
anunciando hora y fecha de su presentación
trabajaba en una imprenta
jugaba a las cartas y cantaba cada mañana
con la radio a todo volumen
y cometía los errores más monstruosamente humanos.
Ya retirado, al caer la tarde en la Ciudadela 9 de Octubre
salía al parque del barrio
a recordar su juventud con otros viejos
y nosotros decíamos que eran La Sonora Matancera
y Don Rocafuerte era Caíto y Don Carabalí Don Rogelio
y mi viejo era Daniel Santos.

Ahora, el barrio es como un tapiz que tejen los indios
en las calladas montañas de los Andes
un tapiz en el cual se graban escenas diarias.
Allí aparecen también nuestro primer paseo en bicicleta
la lista de las mejores canciones de año
el beso inaugural, la primera pelea y las traiciones
los partidos de índor
la quema de los añoviejos y el llanto de sus viudas
la dictadura militar y el colegio Eloy Alfaro
las frutas del trópico y el interminable sol de Guayaquil.

El sur era nuestro y aferrados vivíamos a ese tiempo.
Sonaban canciones de Cat Stevens, Serrat y los Inti Illimani
como si sonaran pertardos junto con violines
¿Dónde estará Grace Bustamante
vestida de uniforme escolar
cantando canciones de Claudia e Hilda Murillo?
¿Qué historias seguirá inventando Carlos Medina?
¿Cuántos nuevos crímenes habrán cometido mis amigos?

La noche sigue callada mientras duermen mis mujeres
la lámpara en la sala
sigue encendida y muda en su rincón
Fabiola sueña y se ve sembrando veraneras en el jardín de su casa
mientras Fabia Matilde corre entre las flores
y se dibujan ríos y esteros abriéndose al océano.

Frente a mí transcurre mi pecado
de cuando era joven y confundido
en el tiempo y la geografía del mundo
en un mediodía del cual me quedan sólo anónimas calles de Paris
un paseo en bicicleta en Amsterdam
una tienda de armaduras en Londres
los largos días de Oregon y los bares de la Lima colonial
las rieles del tren antes de llegar al Desierto de Palmira
la interminable lluvia de Guayaquil una noche de febrero
mis alumnos y mis compañeros
la última conversación que tuve con Eduardo López
un domingo por la noche.

Eduardo murió sin tener un hijo, que era lo que más deseaba
era raro que un poeta quisiera tener un hijo
porque los poetas no quieren tener hijos
ni tener tiempo para los hijos que ya tienen
los poetas quieren solamente escribir un gran poema
en vez de preparar una teta o cambiar pañales
“Para eso están las madres o las empleadas”, nos dicen
mientras se sientan a reflexionar sobre los misterios de la poesía
(como si la poesía tuviera misterios)
y en esas confusiones, los poetas terminan creyéndose superiores
porque nadie los entiende
y se ven como Saturno devorando a sus hijos
casi con orgullo porque ahora ya son dioses y poetas.
Los poetas quieren encontrarse a sí mismos
ser por fin lo que siempre han buscado
pero sin ajustarse cuentas sin verse frente al espejo
hablando de Dios en sus poemas sin creer en Dios.
Eduardo López, en cambio, dijo en un verso
“fui vencido por niños sonrientes”
que es un verso que los poetas nunca podrán escribir.
Eduardo, en verdad, se llevó consigo la sonrisa de esos niños.
En parte, por eso cuestiono la poesía.

Junto a mi esposa, ahora me dedico a Fabia Maltide
la más hermosa flor guayaquileña
“Fragancia de los trigales”
y a todas partes quiero ir con mis mujeres de grandes ojos
ahora yo también podré descansar junto a ellas
sobre la blanda y amplia cama.

jueves, 15 de abril de 2010

"El libro del barrio" y "Los patriotas del sur" gratis

Noticia sobre 2 de mis best-sellers de bodega.

"El libro del barrio", publicado por el CEN en el 2009, se encuentra aquí, gratis:
http://www.mediafire.com/?mvmgdbne1m5

Igualmente, "Los patriotas del sur" (CEN 2007): http://www.mediafire.com/?lzmgj4ij3rt

jueves, 28 de enero de 2010

De "El regreso del Cholo Cepeda"

Del cuento "El Nazareno me dijo"

"Yo que me voy lejos a olvidarla y lo que hago es recordarla más y más por lo chucha que fue conmigo. En la gaver y cachudo, abandonado por esa meca de mala muerte, me tuve que ir de Guayaquil, cholo varón, dejar el Puerto Principal varón, el Puerto. Tá chévere me dije, de todos modos, por allá también debe haber un buen camello y un vacilón grifil. Así me encamó una vez mi pana el colorado Minguche, un aniñado de Los Ceibos. Lorenzo, me dijo, ándate a la Amazonía. Allá la grifa es riquísima y te puedes meter cualquier cantidad de hongos en el mate, a vaca mú. Ve, varón, hablando de aniñados de Los Ceibos, por allí trajeron a la Bandita de Ceibos Norte, los culicagados tirados a malos que choreaban las caletas de sus mismos panas. Hasta psicólogos les han puesto, como si estuvieran locos. Y lo que pasa es que están locos pero por pegarse una fumiza. Buen sable les espera, ya verán. Pero sigo mi relato, cholo varón. Te decía que la Amazonía es el paraíso de los hippies fumones, las petroleras y un cerro de hijueputas que para qué te cuento, varón, porque allá no se sabe quién es quién ni para quién trabajas.  Y eso que estamos en territorio patrio, como bien dijo el presi: limitamos al norte con las FARC y somos un país de vocación pacífica. O sea: estamos en la verga y cualquiera nos ve la cara de cojudos. Pero vayamos al bollo cholo varón y pásame esa grifa en corto antes de que los muchachos del pabellón se la quieran fumar entre ellos. Yo, que tanto les he acolitado estos meses de soledad compartiendo la mafafa, ahora no quieren dejarme gozar la soledad de la grifera, ni un ratito, ahora que el Nazareno me dijo que cuidara a mis amigos. No hay derecho, varón, no hay derecho. Dime por qué/ dime por qué me abandonaste/ no me atormentes/ amor no me mates/ ten compasión dime por qué."

domingo, 1 de noviembre de 2009

Cielo de otoño en Plattsburgh, NY

[Estas fotos las tomó mi fotógrafa privada y esposa: Fabiola Ayala-Poggi -también llamada Japioleta Japioleta]







jueves, 3 de septiembre de 2009

De “Trápala del Minotauro y “De Maitines y Laudes” (1981-1983) [en "Rumor de inventario"]

[Pasado el fervor y transición del colegio y a la Universidad Católica, pasados los años de militancia política en búsqueda de justicia social, y pasado mi período de “realismo social” en poesía -en el cual produje un libro que luego destruí, y otros ejercicios de diversión que se perdieron o fueron a dar a manos de gente que jamás volví a ver- entré en una etapa de introspección y abundantes lecturas, sobre todo de los clásicos, tanto “universales” como contemporáneos. Dicho examen interior nunca dejó de estar marcado por un sentido de frustración existencial. Al mismo tiempo, volví a la vida diaria, a disfrutar de mis amigos de barrio y todo lo que eso encierra, pero en mis poemas me centré lo que más pude en un vocabulario que, siendo a veces impersonal y rebuscado, me permitía expresarme de manera íntima. El otro felíz evento de este segundo período fue la entrada al taller literario de Miguel Donoso Pareja, en donde aprendí a ser consistente en organizar un texto, comentarlo, madurar ideas, recibir y hacer crítica positiva a otros integrantes, corregir, toda una revelación para mí.]

a Miguel Donoso Pareja

ese enlutable 13 de Julio, sobre las hierbas y a la sombra de un amigo
descubrí que para mí no volvería a transcurrir el tiempo
que empezaba a morirme de tristeza llevando agolpadas en el corazón
a todas las mujeres
esa mañana tarde y noche me estuve encontrando siempre con el Destino
y no sé aún si tuve frente a mí a la Vida o a la Muerte
porque gente olvido lugares que transité rostros y brujas
se estuvieron confundiendo irreconocibles todos ellos
¿en qué cuerpo habito y camino cuando no estoy atrapado de carne?
¿en qué beso se agarrará mi alma?
todo desde ahora es un hondísimo agujero
lecturas abundantes y apresuradas para ver si es posible encontrarme
en algún libro en alguna cita o frase subrayada
sé que debo estar por alguna parte
guardo entonces mi lucidez y expongo una teoría del destierro para mantenerme incesante
desde ese día no transcurro y el maldito aún no pasa aún no pasa
me consagro entonces como ventrílocuo pero sin manos
sin voces ni rodillas que me aguanten
como una cosa arrimada por allí
confundida como paja y escoba
como perdición y laberinto

* * *

Secamente digo que se trata de un archipiélago de sombras:
Alma alborotada y juego de cuchillos encima del blanco
Desvanecimiento y formación de un temporal de rondas
La mano que detiene al sol es un guijarro sobre el pecho
Esta esquina que nos recibe con atuendos y serpentinas a veces falla
La casa descolorida que bordea lo eterno y siempre nos remite al pasado se derrumba.
Ociosos los cuerpos sobre las escaleras que nos hablan de gitanos
Brinca el estupor en estos rostros y cada cita acude a la cita
Todo predestinado todo elaborado pero inadmisible
Los círculos así lo confirman: del polvo al polvo nos dijeron
Hallarse cortando silencios sobre el ojo.
Efectivamente: las contradicciones tienen olor a leche tibia
Dónde mierda el dador. Ahora sólo un ruidito los justifica:
La ventana no se puede cerrar por la persistencia del viento
Nada será ni proximidad ni lejanía tampoco taladros del ahora
Así renacerá la conquista del desencanto: abrazando piedras
“Ya no tendrán en qué pensar estos mortales”
El héroe con su cabeza extraviada iniciará cientos de viajes para encontrarse
Debajo de las ruinas yace el recuerdo del filo y de la sangre
Escondido entre matorrales este sapo vulgar se presenta:
“A nosotros tampoco nos maravillan los nevados o los mares”
Qué invocaciones qué sordera más precisa qué errores
La soledad que yo nombro pertenece al desconcierto

* * *

Los piqueros tristemente me van abandonando con sus cantos
Y soy como un caracol rebosante de algas
Hablo siempre desde el fondo de esta oscura caja muerta
Cuando miro y cambio de rumbo yo sé que una vela más se enciende en mi velorio
¿Será por esto que en mis sueños aparecen aquellos que hace mucho fallecieron?
Están presentes: la ceniza y el agua detrás del manuscrito las botellas vacías
En las frías bodegas los periódicos pasados
¿Será que aún las cosas profundamente se ingenian una manera de acercarme al
exterminio?
Yo les hablo siempre a los demonios, les digo que a cada rato
Entro y salgo de la muerte y ellos no me escuchan, desprestigian mis honores:
“Mortal, si creyéramos en ti, creeríamos en nosotros”
Mi vida entonces es como un islote poblado por iguanas
Es la crónica de “un sombrío muchacho medio loco”
¿Quiero volver a las ruinas amarradas a voces y a palomas?
¿Cómo saltarán las ratas y los sapos cuando pierda el triste equilibrio del sujeto?
Volver a neblina huir de los faroles
Es descansar por cuenta propia
Cedo al enjuiciamiento de los otros: salgo de las imágenes y empiezo a correr
Sobre la acera
Por fin renacen mis horarios

* * *

Armaré los retazos de los que un día me maldijeron
El día en que pierda el triste equilibrio del sujeto saldré a buscar diarios revistas fechas
Ese lúgubre día de la pérdida total del Firmamento podré dedicarme a secuestrar mujeres
y a quererlas
Arrojaré las cenizas de los que me precedieron
Y la borrachera de la esquina será el cedazo de las bondades
Y los hombres anexarán sus cataclismos y virtudes
Las brutales permanencias golpearán los urinarios
Esas orejas concentrarán todas las voces. Gemirán el descontento
Críticas arropadas que emergen a la inundación del abrazo
Mis deudas contribuirán a la edificación del rompeolas
Habrá cuidados posteriores (que la advertencia siga el curso de los ríos)
El día en que la razón se me extravíe una inocente figura poblará las manos
Invirtiendo y destruyendo toda recluída destreza
Haciendo que los muertos persistan
¡Ya pondremos nombres a estas calles!

* * *

Carros vi que llevaban multitudes para ser exterminadas
¡Asimílate lengua a la boca de los desarparecidos
Bajo el techo de esta casa familiar!
¡Asimílate!
Y sostén aún el secreto rito por la eterna duda de la salvación
Que no sea un solo hombre el descubridor de la basura y lo profano
¡Asimílate!
Para exterminar el privado placer del que discierne
Destruye el temor al castigo batiéndote contra él
Guardián de ovejas
Que el temblor de las arterias sea propicio en la advertencia
En el contraste de la paz y el perdón
Que no venza otra vez la mercancía
No se construye la playa añadiendo de uno en uno sus elementos
Deja que el mar arroje constelaciones desde el fondo
Que la hormiga bruta se consagre en esa hazaña
Que la bofetada del tiempo descarne
Todo oficio tiene lugar y recompensa

* * *

Para mí Leoncio Datus siempre fue un torpe misántropo
Ahora sus palabras resuenan en mis oídos:
“Yo no persigo los encierros
pero tampoco me desvaneceré en las manos del que amasa”

* * *

No permitan refererir mi tiempo al tiempo de los otros
Ni al tiempo de las cosas
Ni al propio tiempo mío
Necesito destrozar los verbos terrenales
Codificar los panales y la sangre
Más allá del movimiento de la palabra
Sin reposo
Fusiónense el beso y el cataclismo
Incluídos el tambor y la luz de los desvelos

* * *

No es el anciano pordiosero el que debe responder
El señor fenece en su mansión y sus propiedades
Mas la cosa banal no se trasmuta cuando anhela
Sino cuando en su límite visualiza el descalabro
Eterna es la batalla por romper el pétreo encierro
Fortaleza con altares torres y habitaciones
Resiste el empeño el exterminio
Pero sucumbe en su rajadura
No es el sitiar lo que derrota

* * *

De la voz articulada a la trápala inaudita
Festina todo lo que puedas eunuco esclavo de ciudades
Mientras los espías descubren el castigo sigiloso
¡Pueblo de caldeos!
No olviden la ceremonia y la sepultura
Reliquia y atavismos son presentes merecidos
El viento arruinador sopla y filtra grietas
Reposa el cuerpo
Y el sueño se apodera de los ojos

* * *

Como cruce de aguas es el terreno humano
Como himno vacío sin hazaña
Guardándose del predar del enemigo

* * *

Y toda expedición está incrustada de sorpresas
Creciendo bajo el silencio y la confesión inconstante
Buscando el estómago vital
No el sol muerto sino el alborotado ojo de la vigilia
-milenaria parábola del lagarto mordiendo amapolas-
Ejemplo constante de la ecusetsre o canina silueta de espoma
Del cangrejo danzando en torno al agujero
Nada igual al fondo del océano
Nada igual a la sombra de reptiles en el pozo
Ni a la grieta erosionada por las bestias
Ni al camino dividido y clasificado en categorías de alimañas
Hombre contra hombre maldiciendo y arrojándose balas y comida
En la ciudad también muriendo de sueño
Reposando en el borde de los días
Acostumbrado a que un día solamente haya celebraciones

* * *

Vuelve a los brazos el hijo
Registra cuentas la carne
Línea en el espacio que deja ver más líneas
Olfato que deduce alimento y peligro
Pájaro acabado por pájaro
Fruta consumida por animal silvestre
Hospedado
El monje escribe el paisaje esplendoroso
Consagra el recuerdo:
Cima del alba donde ocurren los límites
Hora que fluye mientras unifica e interroga
Trilogía inverosímil de la estupidez
El rostro engaña cuando muestra un camino concluído

* * *

a Luis Cepeda,
Iván Zavala y
Leoncio Datus

En el centro del fuego hay otro fuego
Como crucigrama de palabras
Como formas inconclusas y ejercicios matemáticos
Otro tiempo sin sombras ni alegorías
Un puente y detrás de ese puente otro más
Y al final más tiempo y territorio
¿Es esta la inverosímil tierra de los esclavos y los amos?
Llegué a un punto de arena
En las dunas, en los montículos de cactus
Entre los viejos epitafios de un cementerio de Data
Para ver sentidos y razones anteriores
Y solo hallé otro fuego y otro tiempo infinito
Lo demás era un pasado que se magnificaba inútilmente a sí mismo
Palabras que reflejaban inmóviles figuras

* * *

de leche de cabra, de pimienta y cal
cara de rinoceronte herido: verás cómo la muerte se arruga se hace hormiga
cercarla y arrancarle el mar y el cielo de los ojos: el olvido seguro lo tiene
cerveza y bambalina para las fiestas. ocaso del buitre solo
qué hubo de la última fiesta de los palos y los libros
“jirafa en la cabeza” me dice. esto es pared mosaico pizarra zapatos cafés ojos y orejas.
eso es todo.
hacer una muñeca de cera y enterrarle agujitas: beberle la vida y la muerte
irle a dar serenos con los lagarteros en media semana.
saca su aliento. lo toma en sus manos, lo corta lo hace pelotita y lo lanza
¡estalla! se ríe y lo hace otra vez. se levanta, cruza y vuelve
se toma ahora el pensamiento.
no la visito. no le digo que la quiero. no le hablo. no me ve
esta mariposa sabe que yo existo
cabe que existo

* * *

a Juan Carlos Josse y Urías Fuenzalida

Cargábamos gruesos árboles derribados por el tiempo
En medio del préstamo de cobijas contra el frío
De la protección contra el aullido de los animales
En campo abierto
Uno de nosotros empezó a arrancar hierbas de la tierra
Despejando la cal
El viento trajo aves vencidas por el extenuante aleteo
El sol marcó nueva hora
“Trata de salir por otro camino”
Tocando las piedras
Apropiándose de sus formas mis manos conocieron el lugar
Detrás de la pared la bestia intuía mientras bufaba
La lluvia ausente en la represa deja los artificios en el fondo
Al doblar la primera esquina escuché:
“Regresa, eso no tiene salida”
Contra las horas vencidas se levantan los muros
Aumentando el agujero del fin de las bandadas de pájaros
La abulia descubría la dirección
Llevándonos a cualquier parte para alejarnos
La gente maldice el camino final de sus semejantes
Perdidos entre los puntos cardinales el dueño del hotel nos invitó al descanso
Y allí pasamos algunas horas
Palo en la carne cuando caen el ojo y el dinero
El viejo usurero cobró el hospedaje
Adjudicándose a su eterna aventura de posesión
Olvidamos ese acontecimiento jurando no regresar
En la plaza la vendedora los timadores los mendigos
Hablan y horadan los recuerdos de las sentencias inscritas y borradas
Se testimonia en medio del delatador ruido
Cómplice el que obra y el que calla
Mientras hubo el abrazo fueron cifrando los mensajes
“En la frente del traidor”
Nosotros mirábamos el camino por el que vendrían
Contagiados por la validez de la marca
Refundidos en una casa
Conociendo las habitaciones irrepetibles
Esperamos que otros temerosos vinieran
Pero sólo divisamos intercambiarios en el horizonte
Trayendo la oscuridad de pandillas sus desafueros
Amando la cadena la rendición y el desengaño
Proponiendo la felicidad bajo el compromiso y la firma
¡Ah! Traficantes del amor
Bajo el imperio sucumbe la esencia fatua
“No tienes otras excusa para detenerte, síguelos”
Los otros ya habían salido del territorio y yo tras ellos
El mercader persiguiéndonos para continuar el nuevo préstamo
Mientras que la muchedumbre cargada de animales y santuarios
se situaba alrededor
No hay recipiente que soporte el pasado de sus días
Ejecutaron una caravana con el progreso del viento y el sol
Y he aquí los cuerpos vencidos por las pisadas de los camaleones
Nuestro inicial temor aún era la prudencia y el consejo
Inventaron en el festín la muerte
Cuando partieron
Solo quedó la inmensidad del campo con las lápidas destruídas
Hacia él regresamos para revisar si las hojas secas habían reverdecido
O si todo era cueva de roedores
En campo abierto
Habitado por forasteros de turno preparando el asesinato
Silenciosos ante las miradas
Arrancando la hierba
Escudriñando los lugares vacíos
Buscando otras razones en los mismos agujeros

domingo, 23 de agosto de 2009

El libro del barrio

Muchos escritores logran fraguar en su obra una identidad comunitaria que llega a trascender los límites nacionales y, de alguna manera, le permite al lector de otras geografías identicarse con dicho autor, en una especie de reconciliación autor/a-lector/a, como hace tantos años lo estableció Roman Jackobson, al hablarnos del esquema comunicativo y las funciones del lenguaje. Esta complicidad entre quien escribe y quien lee contribuye a forjar la “comunidad imaginaria” de la cual nos habla Anderson-Imbert y que se caracteriza por tener un proyecto histórico común, a veces una misma lengua pero, sobre todo, un mismo sueño y búsqueda de sentido e identidad históricos. Cuando dicha relación va tomando cuerpo, la literaratura nos da escritores que representan un país, un período o una escuela, como son los casos de Cervantes y España, Lope de Vega y Madrid, Borges y Buenos Aires, Onetti y Santa María, García Márquez y Macondo, Faulker y Yoknapatawpha, James Joyce y Dublín, Lezama Lima y la Habana, Juan Rulfo y Comala. Entre los ecuatorianos tendríamos a Medardo A. Silva, Gallegos Lara, Fernando Nieto Cadena y Guayaquil, José de la Cuadra y el litoral ecuatoriano, Jorge Ycaza y Quito o el indigenismo, por citar algunos.

En una aproximación más cercana a la organización urbana de los lugares mencionados, como si se tratara de un close-up de cámara satelital, encontraremos barrios, calles, cuadras, esquinas y rincones en los cuales transitan los personajes literarios que captan nuestra atención y nos representan o tienen algo de nosotros. Este acercamiento detalla el espacio y concreta la obra. Parte fundamental de la composición de la obra literaria es la trama: lo que ocurre, con sus pasiones, deseos y frustraciones, y los personajes que las vehiculan. Así, a lo largos de párrafos, capítulos, cuentos, crónicas, sketches o poemas, los nombres de dichos personajes y sus voces cobran vida y, al hacerlo, los asumimos como nuestras. Todo lo que ocurre en el libro es lo que nos ocurre a nosotros mismos, o es lo que podemos imaginar le puede ocurrir a otros. En esta dimensión de consumo del texto existe lo que llamo, acaso de manera poco original, el libro del barrio.

En este sentido, debemos recordar que el arte y la literatura son la expresión estilizada de una necesidad por mantener viva la memoria y la imaginación de los pueblos, de los seres humanos concretos, y de testimoniar nuestro paso por este mundo. A dicho esfuerzo total se lo llama Libro, a secas, y su primer autor en un ser al que muchos llaman Dios. El gran medievalista Ernest Curtius articula el concepto del Libro a la Edad Media occidental y lo ve como un ejercicio divino en el cual la mano del autor transcribe lo que El conoce desde siempre. Así, los supuestos afanes totalizadores de la Modernidad son, a la postre, y de manera sencilla y práctica, simplemente destellos de un proyecto mucho mayor, el mismo que Jorge Luis Borges percibió como una tarea infinita, sea en forma de memoria eterna (Funes, el memorioso), visión simultánea (El Aleph), escritura infinita (El Libro de Arena), espacios irrepetibles (El jardín de los senderos que se bifurcan), o acciones déjà-vu (El Evangelio según Marco, Guayaquil o Pierre Menard, autor del Quijote ).

Pero esta percepción del paso de los seres humanos por el tiempo no sólo existe en las grandes obras sino, sobre todo, en la vida concreta de la gente concreta, en sus deseos, tareas y rutinas, en los movimientos de sus cuerpos y en sus emociones. La prueba de la existencia de las personas son tanto sus huellas como los sonidos, la respiración y las palabras articuladas. Y esta gente es tan variada como la vida misma. Esta gente es todas las razas y las clases sociales, y lo que vivieron y dejaron pasar en la vida (y la vida misma, que los pasó sin ellos dares cuenta, como dice Pablo Milanés).

Entonces, ¿Por qué creer que sólo un número reducido de estilos o autores similares representa al complejo grupo o comunidad? ¿Cuál es el temor a aceptar que la riqueza de la vida está más allá de lo nosotros vemos o creemos? Temo que las respuestas sean sólo un indicio más de nuestro exagerado personalismo post-moderno. En lo personal, espero sinceramente navegar en otras aguas.

Si todo libro es una memoria social y ésta una mínima e instantánea formalización de las parcialidades de la historia, justo es que pensemos en la inclusión de los demás como norma de trabajo. Así, podremos decir con certeza que "El libro del barrio" (por mantener el títitulo de mi libelo) somos todos y todo, con todo lo que llevamos dentro: las buenas y malas cosas, o, para decirlo con Gilles Deleuze: todo lo que fluye. Lo que con tanto esfuerzo logró Edgar Lee Masters en su Spoon River Anthology, al contar en retrospectiva la vida de cada uno de los habitantes de un pueblito de los Estados Unidos, así como el empecinamiento legendario del poeta Fernando Nieto Cadena en asumirse solamente como guayaquileño (en detrimento de una ecuatorianidad que no siente), y cuya poesía gravita sobre la manera de ser de un hombre de clase media popular del trópico (ecuatorial y/o caribe), son ejemplos de que se puede articular un libro desde la asunción de lo que dice una comunidad, o de ser la voz de la misma comunidad pero de manera individualizada. En ambos casos, se trata de un colectivo que testimonia su paso por el mundo.